Embargos por impuesto vehicular generan polémica en Antioquia; Gobernación defiende cobro coactivo

Aproximadamente 565.000 personas de 180.000 hogares antioqueños lograron salir de condiciones de vulnerabilidad extrema por hambre gracias a la inversión de recursos del impuesto vehicular en 2025.
El dinero permanece dentro de la cuenta, pero no puedes tocarlo
La Gobernación aclaró que las cuentas están congeladas, no vaciadas, mientras se resuelve la deuda.

En Antioquia, la tensión entre el deber fiscal y el derecho ciudadano a la información se hizo visible cuando cientos de propietarios de vehículos descubrieron sus cuentas bancarias congeladas por deudas acumuladas entre 2018 y 2023. La Gobernación defiende el proceso como cobro coactivo legítimo, respaldado por notificaciones previas y por un propósito social concreto: los recursos recaudados financian programas que sacaron a más de medio millón de personas de la inseguridad alimentaria extrema. El episodio plantea una pregunta que trasciende lo administrativo: ¿puede el bien colectivo justificar medidas que el individuo siente como arbitrarias, incluso cuando la ley ha sido seguida al pie de la letra?

  • Cientos de antioqueños amanecieron con sus cuentas bancarias congeladas sin haber recibido —según ellos— ningún aviso previo, desatando una ola de indignación en redes sociales durante junio.
  • La deuda acumulada asciende a 672.576 millones de pesos correspondientes a 280.106 vehículos, con casos individuales que superan los 100 millones y contribuyentes que llevan más de dos décadas sin pagar.
  • La Gobernación insiste en que cumplió todos los protocolos legales: cobro persuasivo, mandamientos de pago formales y notificaciones por correo físico, electrónico y aviso en el portal oficial antes de congelar los fondos.
  • Los recursos en disputa no son un fin en sí mismos: desde 2024, el impuesto vehicular financia exclusivamente programas contra el hambre que redujeron la inseguridad alimentaria en 7,8 puntos porcentuales durante 2025.
  • El reloj corre: hasta el 31 de julio los deudores pueden acogerse a un descuento del 70% en sanciones e intereses; pasada esa fecha, los fondos congelados serán trasladados definitivamente al fisco departamental.

Cientos de propietarios de vehículos en Antioquia se encontraron en junio con una sorpresa que nadie esperaba: sus cuentas bancarias bloqueadas de un día para otro. Las denuncias se multiplicaron en redes sociales, con ciudadanos que aseguraban no haber recibido ningún aviso previo. La indignación fue inmediata.

La Gobernación salió a defender las medidas con cifras contundentes. La cartera morosa del impuesto vehicular acumulada entre 2018 y 2023 alcanza los 672.576 millones de pesos, repartidos entre más de 280.000 vehículos cuyos dueños no han pagado lo que deben. Algunos casos individuales superan los 100 millones de pesos, y hay contribuyentes que llevan más de veinte años sin realizar un solo pago.

Más allá de la deuda, la administración subrayó el destino de esos recursos: desde 2024, cada peso del impuesto vehicular se destina exclusivamente a combatir la inseguridad alimentaria. El resultado, según cifras del DANE, es que en 2025 Antioquia redujo ese indicador en 7,8 puntos porcentuales, permitiendo que aproximadamente 565.000 personas de 180.000 hogares salieran de la vulnerabilidad extrema por hambre.

Frente a la queja de falta de notificación, el subsecretario de Tesorería, Martín Jaramillo, fue enfático: se agotaron las fases de cobro persuasivo, se emitieron mandamientos de pago formales y se notificó a los deudores por correo físico, electrónico y aviso en el portal oficial, tal como exige la ley. Aclaró además que los fondos no han desaparecido: permanecen en las cuentas de los contribuyentes, pero congelados mientras se resuelve la situación legal.

La Gobernación ofrece una salida con fecha límite: un descuento del 70% en sanciones e intereses disponible hasta el 31 de julio. Después de esa fecha, los embargos se ejecutarán de forma definitiva y los fondos pasarán al fisco departamental. Para quienes quieran verificar su situación, la administración habilitó una línea telefónica, un correo electrónico y atención presencial en el Centro Administrativo Departamental.

Cientos de propietarios de vehículos en Antioquia se despertaron con una sorpresa desagradable: sus cuentas bancarias congeladas. Las denuncias comenzaron a multiplicarse en redes sociales a lo largo de junio, con ciudadanos reportando que habían sido objeto de embargos sin aviso previo aparente. La indignación fue rápida y generalizada. Nadie esperaba que sus fondos fueran bloqueados de la noche a la mañana.

La Gobernación de Antioquia respondió a la ola de críticas con una defensa clara: estas acciones son procesos legales de cobro coactivo completamente legítimos. El departamento apuntó a un problema específico: propietarios de vehículos que acumulan deudas en el impuesto vehicular desde hace años, algunos desde 2018. La cifra es contundente. Según la administración departamental, la cartera morosa asciende a 672.576 millones de pesos, distribuida entre 280.106 vehículos cuyos dueños no han pagado lo que deben, más los intereses y sanciones que se han acumulado con el tiempo. Hay casos extremos: contribuyentes que adeudan más de 100 millones de pesos individuales, y personas que llevan más de veinte años sin hacer un solo pago por este concepto.

La administración argumentó que el cobro es urgente porque los recursos son vitales para la región. Desde 2024, cada peso recaudado del impuesto vehicular se destina exclusivamente a financiar programas contra la inseguridad alimentaria. Los números que presenta la Gobernación, respaldados por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, sugieren que esta estrategia está funcionando. Durante 2025, Antioquia redujo la inseguridad alimentaria en 7,8 puntos porcentuales. Eso significa que aproximadamente 565.000 personas de 180.000 hogares lograron salir de condiciones de vulnerabilidad extrema por hambre. Es un impacto social medible.

Pero la defensa de la Gobernación también tuvo que abordar la queja más común: que los ciudadanos nunca fueron notificados adecuadamente. Martín Jaramillo, subsecretario de Tesorería, fue directo al respecto. Aseguró que se cumplió estrictamente con todos los protocolos legales. Antes de congelar las cuentas, explicó, la administración agotó las fases previas de cobro persuasivo, invitando a los deudores a regularizar su situación. Solo cuando no hubo respuesta, los casos pasaron a la fase coactiva y se emitieron mandamientos de pago formales. Jaramillo afirmó que todas las personas fueron notificadas a través de las direcciones de correo físico y electrónico que tienen registradas en el Registro Único Nacional de Tránsito, y que además se publicaron avisos en el portal web oficial de la Gobernación, tal como exige la ley.

La administración también aclaró un punto importante: las cuentas no han sido vaciadas. Los fondos permanecen dentro de los productos bancarios de los contribuyentes, pero están congelados temporalmente mientras se resuelve la situación legal de la deuda. Es una distinción que importa, aunque para muchos ciudadanos la diferencia práctica sea mínima.

Para ofrecer una salida, la Gobernación recordó que existe un beneficio tributario vigente: un descuento del 70% en sanciones e intereses de mora. Pero hay una trampa temporal. Este descuento solo estará disponible hasta el 31 de julio. Después de esa fecha, las autoridades advirtieron que reanudarán las acciones legales del proceso coactivo, lo que significa la ejecución definitiva de los embargos y el traslado de los fondos congelados directamente al fisco departamental. Es un ultimátum claro: pagar ahora con descuento o perder el dinero completamente.

Para los ciudadanos que sospechen tener un proceso en curso o quieran verificar su situación, la Gobernación habilitó canales de contacto: una línea telefónica, un correo electrónico y atención presencial en las oficinas del Centro Administrativo Departamental. El conflicto está lejos de resolverse. Lo que comenzó como sorpresa se ha convertido en una tensión entre la necesidad fiscal de financiar programas sociales y el derecho de los ciudadanos a ser informados antes de que sus activos sean congelados.

Todas las personas implicadas fueron notificadas formalmente a través de las direcciones de correo físico y electrónico que tienen registradas ante el Registro Único Nacional de Tránsito
— Martín Jaramillo, subsecretario de Tesorería de la Gobernación de Antioquia
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué la Gobernación decidió actuar ahora, después de años de deuda acumulada?

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Porque el dinero que recaudan va directamente a programas contra el hambre desde 2024. Necesitaban recursos urgentemente, y la cartera morosa de casi 673 mil millones de pesos era demasiado grande para ignorarla.

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Pero ¿cómo es posible que cientos de personas no supieran que estaban siendo demandadas?

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La Gobernación dice que notificó formalmente a través de correo electrónico, correo físico y publicaciones en su portal web. El problema es que muchas personas no revisan esos canales regularmente, o sus direcciones registradas estaban desactualizadas.

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¿Qué pasa si alguien no puede pagar ni siquiera con el descuento del 70%?

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Después del 31 de julio, sus cuentas serán embargadas definitivamente. El dinero congelado se transferirá al fisco departamental para cubrir la deuda. No hay otra opción después de esa fecha.

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¿Hay algo que justifique congelar cuentas sin aviso previo?

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La administración argumenta que cumplió con todos los protocolos legales requeridos. Pero la realidad es que para muchos ciudadanos, el aviso nunca llegó de manera clara. Eso es lo que genera la polémica.

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¿Y los resultados de estos programas contra el hambre? ¿Son reales?

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Según el DANE, sí. Antioquia redujo la inseguridad alimentaria en 7,8 puntos porcentuales en 2025, sacando a 565.000 personas de la vulnerabilidad extrema. El dinero está teniendo impacto, aunque el método para recaudarlo sea controversial.

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