Cada día adicional en el chenil impacta el bienestar del animal
Cada año, millones de perros aguardan en refugios un hogar que quizás nunca llega, y la ciencia ahora confirma que parte de esa espera puede acortarse con algo tan sencillo como las palabras que los describen. Un estudio publicado en Animal Welfare en 2025 demuestra que etiquetar a un perro con una raza reduce su atractivo ante posibles adoptantes, mientras que describirlo como afectuoso o tranquilo lo eleva considerablemente. En el fondo, la investigación nos recuerda que los prejuicios que proyectamos sobre los animales —como sobre las personas— a menudo dicen más de nuestras categorías mentales que de quienes realmente son.
- Cada día extra en un chenil deteriora el bienestar del perro y agota los recursos del refugio, convirtiendo la velocidad de adopción en una cuestión de urgencia real.
- Asignar una raza a un perro —aunque sea de forma imprecisa, como suele ocurrir— reduce sistemáticamente su puntuación de adoptabilidad, penalizando especialmente a cruces de chihuahua, chow chow y terrier.
- Las descripciones de personalidad positivas como 'afectuoso', 'tranquilo' o 'amistoso' aumentan el interés adoptivo de forma significativa, y ese efecto se mantiene incluso cuando el perro lleva una etiqueta de raza desfavorable.
- El adjetivo 'energético' es la única excepción que reduce el interés, lo que sugiere que los adoptantes buscan compañeros predecibles y manejables más que animales demandantes.
- Los refugios tienen ahora evidencia científica para justificar un cambio de bajo coste: retirar etiquetas de raza y sustituirlas por descripciones conductuales claras y positivas en perfiles digitales y fichas físicas.
Cada día que un perro pasa en un refugio tiene un coste real: para el animal, que sufre el estrés del confinamiento, y para las instalaciones, que operan con recursos limitados. El objetivo de cualquier protectora es claro —que cada perro encuentre hogar cuanto antes—, pero hasta ahora pocos se habían preguntado si la forma de presentar a esos perros al público podía marcar la diferencia.
Un estudio publicado en noviembre de 2025 en la revista Animal Welfare responde esa pregunta con datos. Los investigadores Courtney Archer, Nathaniel J. Hall y Allison Andrukonis trabajaron con 1.171 participantes que evaluaron fotografías de perros bajo distintas condiciones: solo la imagen, la imagen con una raza asignada, la imagen con una descripción de personalidad, o las tres cosas a la vez. A partir de 40 fotografías, 20 asignaciones de raza y nueve descriptores de personalidad, generaron 800 combinaciones para aislar qué factor movía realmente el interés adoptivo.
El hallazgo más llamativo fue la consistencia con que asignar una raza reducía la adoptabilidad percibida: una caída de 1,89 puntos sobre 100, pequeña pero estadísticamente significativa. Los cruces de chihuahua, chow chow, Jack Russell terrier, pinscher y terrier resultaron especialmente penalizados. Solo el cruce de labrador retriever mejoró la percepción. El problema es que esas etiquetas suelen ser inexactas: el personal de refugios identifica razas por observación visual sin formación especializada, un método que la investigación previa ha demostrado poco fiable.
En el lado opuesto, las descripciones de personalidad positivas —afectuoso, tranquilo, adaptable, amistoso, sociable— aumentaron significativamente el interés declarado por adoptar. Y lo hicieron incluso cuando el perro llevaba una etiqueta de raza desfavorable. La única excepción fue el adjetivo 'energético', que redujo la puntuación respecto a no incluir descripción alguna.
Los autores reconocen que el estudio midió intenciones hipotéticas, no adopciones reales, y que factores como la apariencia física del perro o las preferencias personales siguen siendo relevantes. Aun así, la conclusión práctica es directa: retirar las asignaciones de raza y reemplazarlas por descripciones conductuales claras y positivas es una medida sencilla, de bajo coste, aplicable tanto en perfiles online como en fichas físicas. En el trabajo diario de salvar vidas, a veces los cambios más pequeños producen los resultados más grandes.
Cada día que un perro pasa en un refugio cuenta. No solo por el espacio que ocupa o los recursos que consume, sino por lo que significa para el animal mismo: el estrés del confinamiento, la incertidumbre, el desgaste emocional de estar en espera. Los directores de perreras y protectoras lo saben bien. Su trabajo va más allá de proporcionar comida, atención veterinaria y limpieza diaria. El verdadero objetivo es que cada perro que entra por la puerta salga lo antes posible, ya sea reunido con su familia o colocado en un nuevo hogar. Y resulta que la forma en que presentamos a esos perros al público puede cambiar todo.
Un estudio publicado en noviembre de 2025 en la revista Animal Welfare ha puesto números a algo que muchos refugios intuían: la información que acompaña a una fotografía de un perro disponible para adopción influye directamente en cuántas personas querrán llevárselo a casa. La investigación, realizada por Courtney Archer, Nathaniel J. Hall y Allison Andrukonis, contó con 1.171 participantes que vieron fotografías de perros bajo diferentes condiciones. Algunos vieron solo la imagen. Otros vieron la imagen más una raza asignada. Otros vieron la imagen más una descripción de personalidad. Y otros vieron todo junto. El equipo generó 800 combinaciones distintas a partir de 40 fotografías, 20 asignaciones de raza y nueve descripciones de personalidad, lo que permitió aislar exactamente qué factor movía la aguja.
Lo que encontraron fue sorprendente en su claridad. Cuando se asignaba una raza a un perro —fuera pura o cruce— la puntuación media de adoptabilidad bajaba ligeramente en comparación con mostrar solo la foto. La caída no era dramática: apenas 1,89 puntos sobre 100. Pero era consistente y estadísticamente significativa. Ciertos cruces sufrían más que otros. Los cruces de chihuahua, chow chow, Jack Russell terrier, pinscher y terrier recibían valoraciones particularmente bajas. Curiosamente, solo una asignación de raza mejoró realmente la percepción: el cruce de labrador retriever. El equipo señala que esta imprecisión probablemente refleja cómo funciona en la realidad: el personal de refugios identifica razas mediante observación visual, sin formación especializada, un método que investigaciones previas han demostrado que es notoriamente inexacto.
Pero si asignar una raza restaba puntos, las descripciones de personalidad hacían exactamente lo opuesto. Términos como afectuoso, tranquilo, adaptable, amistoso, sociable, no dominante, risueño o ansioso por complacer aumentaban significativamente el interés declarado por adoptar. Hubo una única excepción: el adjetivo energético redujo la puntuación en comparación con no incluir descripción alguna. Lo más importante es que estos efectos positivos se mantenían independientemente de qué raza se hubiera asignado al perro. Un perro descrito como tranquilo y afectuoso generaba más interés incluso si llevaba una etiqueta de raza que normalmente reducía su adoptabilidad.
Los autores son cuidadosos al señalar las limitaciones de su trabajo. El estudio se basó en valoraciones hipotéticas, no en adopciones reales. Las personas que vieron las fotos no estaban tomando decisiones con implicaciones legales o de vivienda, lo que puede explicar por qué los pit bulls no sufrieron la penalización que otros estudios han documentado. Además, existe una variabilidad considerable entre participantes y entre fotografías: las preferencias personales y la apariencia física del perro siguen siendo factores relevantes.
Aun así, las implicaciones prácticas son claras. Los refugios podrían retirar las asignaciones de raza, especialmente aquellas que cargan con estigmas históricos, y reemplazarlas o complementarlas con descripciones claras, positivas y realistas del comportamiento del perro. Es una medida sencilla, de bajo coste, que funciona tanto en perfiles online como en las fichas físicas dentro de las instalaciones. En un contexto donde cada día adicional en el chenil impacta el bienestar del animal y consume recursos limitados, ajustar la forma de presentar a los perros puede convertirse en una herramienta estratégica real. No es una solución mágica. Pero en el trabajo cotidiano de salvar vidas, a veces los cambios más pequeños producen los resultados más grandes.
Notable Quotes
Incluso pequeños incrementos en la percepción de adoptabilidad pueden traducirse en estancias más cortas en los centros y mejores resultados de bienestar— Autores del estudio (Archer, Hall, Andrukonis)
La identificación de razas por parte del personal de perreras se realiza mediante observación visual con escasos conocimientos previos, un método muy poco preciso— Hallazgo del estudio
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué importa tanto cómo describimos a un perro en un refugio? Al final, la gente ve la foto.
La foto es solo el primer paso. Cuando alguien entra en un refugio o abre un perfil online, tiene segundos para decidir si le interesa. En esos segundos, la información que ve puede inclinar la balanza. Si lee que el perro es energético, quizá piense que es demasiado para él. Si lee que es tranquilo y afectuoso, se imagina una vida juntos.
Pero el estudio dice que asignar una raza reduce la adoptabilidad. ¿Eso significa que la raza es un problema?
No exactamente. El problema es que muchas razas cargan con prejuicios. Un cruce de chihuahua o de terrier lleva consigo asociaciones negativas que la gente trae de otras experiencias o de lo que ha oído. Cuando ves solo la foto, eres libre de formar tu propia impresión. Cuando ves la etiqueta de raza, esa etiqueta interfiere.
¿Y si simplemente no mencionamos la raza?
Eso es exactamente lo que sugiere el estudio. No es que la raza sea irrelevante para los adoptantes que realmente quieren saber. Pero para la mayoría de las personas que están navegando opciones, lo que importa es: ¿es este perro tranquilo? ¿Es amistoso? ¿Puedo vivir con él? Esas preguntas se responden mejor con descripciones de comportamiento que con nombres de razas.
¿Funciona esto para todos los perros?
No. El estudio encontró que los cruces de labrador retriever en realidad mejoraban su adoptabilidad cuando se mencionaba la raza. Eso tiene sentido: los labradores tienen una reputación positiva. Pero para la mayoría de los otros cruces, especialmente los que históricamente han sido estigmatizados, retirar la mención de raza y enfatizar el comportamiento real del perro abre más puertas.
¿Esto es solo teoría o los refugios ya lo están haciendo?
Por ahora es principalmente teoría basada en un estudio. Pero es teoría que los refugios pueden implementar mañana mismo. No cuesta nada cambiar cómo escribes una descripción. Y si incluso pequeños cambios en la percepción de adoptabilidad se traducen en que los perros pasen menos tiempo en los cheniles, eso mejora su bienestar. Ese es el punto real.