Los dejaron encerrados como si fueran unos ladrones, unos matones
147 venezolanos deportados de EE.UU. llegaron a Caracas horas antes de terremotos que destruyeron el hotel donde fueron alojados por el Sebin. Solo 12 sobrevivientes confirmados entre los deportados; familias denuncian que funcionarios no abrieron puertas durante el sismo y rescates han sido lentos.
- 147 venezolanos deportados llegaron a Caracas el 24 de junio, horas antes de terremotos catastróficos
- El Hotel Santuario La Llanada, donde fueron alojados, colapsó durante los sismos
- Solo 12 sobrevivientes confirmados entre los deportados; familias denuncian que puertas no fueron abiertas durante el terremoto
- El Gobierno venezolano no ha publicado listas oficiales de víctimas o sobrevivientes del vuelo 164
- En 2025 hubo 73 vuelos de deportación hacia Venezuela operados dos veces por semana con casi 14.000 personas
Un vuelo de deportación desde EE.UU. llegó a Venezuela el mismo día de terremotos catastróficos. Los 147 migrantes fueron alojados en un hotel que colapsó, dejando decenas de muertos y desaparecidos sin confirmación oficial de víctimas.
El vuelo 164 desde Texas aterrizó en Caracas a media mañana del miércoles 24 de junio. A bordo viajaban 147 venezolanos deportados por el Gobierno estadounidense: 120 hombres, 19 mujeres y siete niños que regresaban a casa después de meses o años en centros de detención. Melvin Maldonado, jefe de la misión de repatriación, publicó un video celebrando su llegada. Pocas horas después, antes de que el atardecer cayera sobre Caracas, Venezuela fue sacudida por los terremotos más violentos que ha sentido en más de un siglo. El Hotel Santuario La Llanada, donde el Sebin había trasladado a los deportados para trámites de registro y vacunación, se derrumbó sobre ellos.
Yamil Caldera, de 32 años, había sido detenido junto a su esposa en un Walmart de Arizona meses atrás. Su cuñada Verónica Nieves lo reconoció en el video de Maldonado: pantalón negro, pulóver rojo, ansioso por llegar a Cumaná. Desde el aeropuerto llamó a su familia para confirmar que había aterrizando. Anderson Antonio Pérez, de 33 años, quien vivía en Montgomery, Alabama, llamó a su esposa alrededor de las cuatro de la tarde. Dijo que habían llegado y que lo traerían a Barquisimeto al día siguiente. Nadie volvió a saber de él. Joan, de 28 años, había sido detenido en Florida el 13 de junio cuando se dirigía a su trabajo, dejando atrás a su hija de seis años y su esposa Daniela. En el hotel, después de bañarse, se disponía a dormir cuando sintió el primer movimiento. Alcanzó a ponerse los zapatos y una camisa, dio tres pasos largos, gritó que era un terremoto. El techo colapsó. Una litera le cayó encima; los colchones amortiguaron el peso. Pasó tres horas excavando entre los escombros antes de lograr salir por sus propios medios.
Los sobrevivientes que emergieron de las ruinas eran apenas cuerpos cubiertos de polvo, gente que se conocía solo por apodos del encierro estadounidense: El Gocho, Pelo Pintado, El Caraqueño. No eran vecinos ni familia ni amigos. Juan Manuel Fernández Quintero, uno de los 147, describió después cómo intentaban rescatar a otros atrapados bajo un techo que pesaba casi mil kilos. No tenían herramientas. Anderson Daniel Salcedo Lozano, de 21 años, fue encontrado con ambas piernas amputadas. Sus padres lo mantuvieron en guardia en el Hospital José María Vargas mientras su pronóstico permanecía crítico. Otros sobrevivientes, ingresados en la Unidad de Cuidados Intensivos, contaron que durante el terremoto los deportados gritaban a los funcionarios del Sebin que abrieran las puertas. Los funcionarios no las abrieron. Los dejaron encerrados.
La madre de Anderson Daniel, Yulis Salcedo, lloraba mientras hacía preguntas que nadie respondía: ¿Por qué los traen de Estados Unidos si van a entregarlos al Sebin? ¿Por qué no los soltaron si no tenían antecedentes penales? ¿Por qué no abrieron la puerta cuando sabían que estaba temblando? Ningún funcionario se había acercado al hospital a preguntar por ninguno de los deportados. Arturo José Morales no supo que su hijo había sido deportado en el vuelo 164 hasta que un compañero de detención que llegó en el mismo avión le contó, después del terremoto, que estaban juntos en el hotel y nunca lo vio salir. El jueves 25 de junio, cuando su hijo cumplía 25 años, Morales se enteró de que era una de las víctimas.
Hasta cuatro días después de la tragedia, el Gobierno venezolano no había emitido un listado oficial con los nombres de las víctimas o sobrevivientes del vuelo 164. Algunos de quienes salieron con vida del hotel afirmaban que solo 12 personas habían sobrevivido. Los funcionarios de la Gran Misión Vuelta a la Patria dijeron que estaban trabajando en ello pero no compartieron información. Verónica Nieves, buscando a su cuñado Yamil Caldera, denunció que apenas había llegado refuerzo de rescate al hotel y que funcionarios del Sebin no permitían que familiares fueran a socorrer a los atrapados bajo el derrumbe. Las labores de rescate habían sido lentas y escasas.
Los nombres de los desaparecidos circulaban en redes sociales, en fichas desesperadas que las familias difundían esperando localizarlos en hospitales o entre los escombros. Rosiangel Álvarez buscaba a Eduardo José Osal Mujica, de 31 años. Primero le dijeron que estaba muerto, luego que estaba vivo. Finalmente confirmaron lo peor. De Javier Alejandro León nadie supo nada durante días; su padre buscaba desesperado en Caracas, preguntando en hospitales sin respuesta. Más tarde lo hallaron muerto. De Alejandro José Lizarazo tampoco había noticias. De Anderson Antonio Pérez, quien había llamado a su esposa desde el aeropuerto, no había pistas. Su hermana Yujaby Elizabeth Díaz Pérez dijo que la familia fue a Caracas a buscarlo, que lo buscaron en hospitales, que no aparecía, que no habían tenido respuesta de nadie. Los nombres seguían: Daniel Enrique Caraballo, desaparecido. Javier Alejandro, fallecido. Kleiber Daniel Montangut, fallecido. Jorge Luis González, desaparecido. Adalberto Rincón Franco, desaparecido. Angelo David Mejía, fallecido. La lista continuaba.
Mientras tanto, la presidenta encargada Delcy Rodríguez mantenía conversaciones con Donald Trump y su Secretario de Estado Marco Rubio, quienes se comprometieron con el envío de rescatistas y asistencia humanitaria. Trump reafirmó en su red Truth Social que Estados Unidos estaba preparado y dispuesto a ayudar. Pero sus palabras no resonaban en los oídos de los familiares de los deportados. El Gobierno de Trump había convertido en indocumentados a unos 650.000 venezolanos, despojándolos de amparo legal. Había enviado a más de 250 al Centro de Confinamiento del Terrorismo en El Salvador. Les había dicho que eran pandilleros, terroristas y criminales. Ahora, después de deportarlos, el mismo Gobierno ofrecía ayuda mientras Venezuela se convertía en un cementerio colectivo de concreto y cuerpos sepultados, y las familias seguían buscando a sus muertos sin respuesta oficial, sin confirmación, sin nombres.
Citas Notables
Cuando ya estaba por llegar a la puerta, el hotel colapsó, él quedó bajo los escombros. Estuvo tres horas bajo los escombros, escarbando, y logró salir por sus propios medios.— Daniela, esposa de Joan, uno de los deportados que sobrevivió
¿Por qué no les abrieron la puerta si sabían que no tenían antecedentes penales? Si hoy muchos están muertos, es porque el Sebin no les quiso abrir la puerta.— Yulis Salcedo, madre de Anderson Daniel Salcedo Lozano, cuyo hijo perdió ambas piernas en el colapso
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Cómo es posible que un vuelo de deportación llegue justo el mismo día de terremotos catastróficos?
No fue coincidencia de calendario. El acuerdo de deportación entre Trump y el Gobierno chavista lleva meses en marcha. En 2025 hubo 73 vuelos hacia Venezuela operados dos veces por semana. Este era solo uno más. Nadie predijo los terremotos.
Pero ¿por qué los alojaron en ese hotel específico?
El Hotel Santuario La Llanada ha sido el lugar designado desde que comenzó el acuerdo. Antes fue colegio, después albergue para personas sin hogar, luego centro de aislamiento por Covid. Ahora es donde recalan todos los deportados para chequeos médicos, vacunación, trámites de cédula.
¿Y por qué no abrieron las puertas durante el terremoto?
Eso es lo que preguntan los padres. Los sobrevivientes dicen que gritaban pidiendo que abrieran, que estaba temblando. El Sebin no abrió. Algunos creen que fue protocolo de seguridad. Otros creen que fue negligencia. Lo cierto es que quedaron encerrados mientras el techo se derrumbaba.
¿Cuántos murieron realmente?
Nadie sabe. El Gobierno no ha publicado listas oficiales. Los sobrevivientes hablan de solo 12 personas con vida. Eso significaría que 135 de los 147 están muertos o desaparecidos. Pero es un número que circula en redes, no confirmado.
¿Qué pasa ahora con los que sobrevivieron?
Algunos están en cuidados intensivos con amputaciones, pronósticos críticos. Otros salieron de los escombros y ayudaron a rescatar gente sin herramientas, sin equipos. Todos están en shock. Y sus familias siguen buscando a los desaparecidos sin respuesta oficial de nadie.
¿Hay algo más cruel que esto?
Sí. Que Trump ahora ofrece ayuda humanitaria a Venezuela mientras su Gobierno fue el que los deportó. Que convirtió a 650.000 venezolanos en indocumentados. Que los llamó pandilleros y terroristas. Y que ahora dice que está preparado y dispuesto a ayudar.