El viento sur no se espera y no se sabe gestionar
En los últimos días de octubre, cuando el imaginario colectivo ya ha guardado el miedo al fuego junto con el calor del verano, la cornisa cantábrica recuerda que sus estaciones no obedecen al calendario común. Un incendio en Balmaseda consumió más de 500 hectáreas y obligó a movilizar a la UME, no como anomalía, sino como expresión fiel de un patrón antiguo: el viento sur, seco y cálido, que llega del interior peninsular y convierte el otoño en la verdadera temporada del fuego en el norte. La naturaleza, una vez más, desmiente las certezas que la costumbre nos había prestado.
- Un incendio declarado en Balmaseda se extendió al Valle de Mena quemando más de 500 hectáreas, forzando la activación del nivel 2 de emergencia y la intervención de la UME en pleno octubre.
- El viento sur —cálido, seco, procedente del interior peninsular— bloqueó la humedad atlántica y creó condiciones explosivas que sorprendieron a quienes asocian los grandes incendios únicamente con el verano.
- La sequía acumulada en la península, combinada con la reactivación agrícola otoñal y la parada vegetativa del bosque, multiplica la vulnerabilidad del terreno justo cuando el riesgo es menos esperado.
- Las autoridades vascas advirtieron que nuevos vientos fuertes estaban previstos para los días siguientes, manteniendo alertas amarillas y reconociendo que la situación del domingo podría repetirse.
- Expertos forestales subrayan que la cornisa cantábrica vive su mayor peligro entre octubre y enero, un calendario invertido que los dispositivos de emergencia aún no gestionan con la misma preparación que el verano.
El pasado domingo, un incendio en Balmaseda, Vizcaya, cruzó hacia el Valle de Mena en Burgos y arrasó más de 500 hectáreas de monte. Las autoridades elevaron la alerta a emergencia 2 y llamaron a la Unidad Militar de Emergencias. Lo que sorprendió no fue el fuego en sí, sino su momento: finales de octubre, cuando la mayoría da por cerrada la temporada de incendios. En la cornisa cantábrica, sin embargo, ese momento marca el inicio del verdadero peligro.
La explicación reside en el viento sur. A diferencia de las brisas atlánticas cargadas de humedad, este viento llega del interior peninsular trayendo aire cálido y profundamente seco. José Ramón González Pan, portavoz del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales, recuerda que el norte de España sigue un calendario opuesto al del resto del país: los meses críticos no son julio y agosto, sino octubre a enero. El bombero forestal Alfonso Ferrero lo resume con precisión: ese viento del sur impide que la humedad marina penetre en la costa y dispara la sequedad ambiental.
A este factor se suman otros que se refuerzan entre sí: años de precipitaciones por debajo de lo normal han dejado el terreno más seco de lo habitual incluso tras el verano, y el otoño reactiva la actividad ganadera, con quemas deliberadas de matorral para preparar pastos. Cuando el viento sur llega sobre ese escenario, las condiciones se vuelven explosivas.
Tras el incendio de Balmaseda, el consejero vasco de Seguridad, Josu Erkoreka, aseguró que el fuego estaba bastante controlado, pero advirtió que nuevos vientos fuertes estaban previstos para mitad de semana. El servicio meteorológico vasco mantenía aviso amarillo por riesgo de incendios, con el peligro clasificado como relativamente alto. La cornisa cantábrica, fiel a su propio ritmo, seguía en plena temporada de fuego.
El domingo pasado, un incendio declarado en Balmaseda, en la provincia de Vizcaya, se propagó rápidamente hacia el Valle de Mena en Burgos, consumiendo más de 500 hectáreas de monte. Las autoridades elevaron el nivel de alerta a emergencia 2 y solicitaron la intervención de la Unidad Militar de Emergencias. Lo inusual no fue el incendio en sí, sino su timing: estamos a finales de octubre, cuando la mayoría de la gente asocia los grandes fuegos con el verano. Sin embargo, en la cornisa cantábrica, octubre marca el comienzo de la verdadera temporada de riesgo.
La clave está en un viento que los especialistas describen como implacable: el viento sur. A diferencia de las brisas que llegan del Atlántico cargadas de humedad, este viento procede del interior peninsular, trayendo consigo aire cálido y profundamente seco. José Ramón González Pan, portavoz del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales, explica que la cornisa cantábrica sigue un calendario completamente distinto al del resto de España. Los Bomberos de Vizcaya lo dejaron claro en redes sociales: los meses de mayor peligro en la región no son julio y agosto, sino octubre a enero. Durante esos meses, cuando el bosque entra en parada vegetativa, el terreno está particularmente vulnerable, y cuando sopla el viento sur, las condiciones se vuelven explosivas.
Este patrón responde a una combinación de factores que se refuerzan mutuamente. Primero, la falta de precipitaciones normales que ha afectado a toda la península ibérica durante años ha dejado el terreno más seco de lo habitual incluso después del verano. Segundo, el otoño marca el reinicio de la actividad agrícola en la región, cuando los ganaderos preparan los pastos para el invierno. Tercero, y más determinante, el viento sur bloquea la humedad que normalmente llega desde el Cantábrico y el Atlántico, creando un ambiente de sequedad extrema. Un bombero forestal de la Comunidad de Madrid, Alfonso Ferrero, lo resume así: ese viento del sur impide que la humedad marina penetre en la costa y aumenta drásticamente la sequedad ambiental.
Los datos históricos confirman esta realidad regional. Según estadísticas del Ministerio para la Transición Ecológica correspondientes a 2006-2015, marzo registra el mayor número de incendios en España, pero esa cifra se debe principalmente a incendios intencionales en el noroeste y el Sistema Central, donde ganaderos queman deliberadamente el matorral para obtener pastos frescos. En la cornisa cantábrica, sin embargo, el patrón es distinto. Los dispositivos antiincendios se refuerzan entre febrero y mayo, pero el otoño es cuando realmente se concentra el riesgo. González Pan señala que cuando el viento sur sopla en otoño, nadie lo espera y nadie sabe cómo gestionarlo. Si ese mismo viento viniera del norte, cargado de humedad, frenería cualquier incendio. Pero del sur, seco y cálido, lo único que hace es avivar las llamas.
El incendio de Balmaseda ilustra precisamente esto. Lo extraordinario no fue que ocurriera, sino su magnitud. Más de 500 hectáreas quemadas en octubre es inusual incluso para una región acostumbrada a estos episodios. El consejero vasco de Seguridad, Josu Erkoreka, aseguró que el fuego estaba bastante controlado y que no había peligro de expansión, pero advirtió sobre lo que venía: la previsión meteorológica indicaba vientos fuertes nuevamente para el miércoles y jueves de esa semana. Con el monte en condiciones de sequía extrema, la posibilidad de una situación similar a la del domingo era real. El servicio vasco de meteorología mantenía un aviso amarillo por riesgo de incendios, clasificando el peligro como relativamente alto debido a la intensidad del viento sur, las temperaturas elevadas y el estado de la vegetación. La cornisa cantábrica, con su ritmo distinto, seguía en su verdadera temporada de fuego.
Citações Notáveis
La cornisa cantábrica tiene un ritmo distinto para los incendios— José Ramón González Pan, Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales
Los meses de mayor riesgo de incendios en la región son de octubre a enero, no en verano— Bomberos de Vizcaya
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué un incendio en octubre en el norte es más preocupante que uno en agosto en el sur?
Porque nadie lo espera. Los recursos antiincendios están concentrados en verano. Además, el viento sur que lo causa es impredecible en otoño, mientras que en verano ya se sabe cómo actúa.
¿El viento sur es siempre seco?
Sí, porque viene del interior de la península, no del mar. Bloquea la humedad del Atlántico y el Cantábrico. Es lo opuesto al viento del norte, que trae toda esa humedad marina y frena los incendios.
¿Entonces los ganaderos tienen culpa de estos incendios?
No exactamente. En marzo queman deliberadamente para pastos, pero eso está permitido y controlado. El problema en octubre es distinto: es el terreno seco, la falta de lluvia en años, y ese viento inesperado que nadie sabe gestionar.
¿Qué hace que Balmaseda fuera tan grave?
Que quemó 500 hectáreas. En la cornisa cantábrica hay incendios constantemente entre octubre y enero, pero normalmente son más pequeños. Este fue extraordinario en tamaño, aunque el patrón de viento sur fue el mismo de siempre.
¿Mejorará la situación esta semana?
No. La previsión es de más vientos fuertes el miércoles y jueves. Con el monte tan seco, existe riesgo real de que se repita una situación similar a la del domingo.