El consumo no es inocuo: daña cerebros que aún se están desarrollando
Las vacaciones favorecen contextos sociales donde jóvenes prueban drogas por primera vez, especialmente cannabis, generando picos de consultas en septiembre y enero. El 46,58% de adicciones en menores de 25 años en Madrid son por cannabis; aumenta consumo en chicas, aunque los hombres buscan más ayuda (78,93% vs 21,07%).
- El 14% de pacientes de Proyecto Hombre Madrid tiene menos de 25 años
- El 46,58% de adicciones en menores de 25 años son por cannabis
- El 78,93% de quienes buscan ayuda son hombres, frente al 21,07% de mujeres
- El 62% de pacientes menores de 25 años presenta problemas de control de impulsos
- El 61% de pacientes lleva consumiendo dos años o menos cuando llega al centro
Proyecto Hombre Madrid advierte que el verano es época de riesgo para el consumo de drogas en jóvenes, con el 14% de sus pacientes menores de 25 años y el cannabis como principal sustancia (46,58% de casos).
Cuando llega el verano a Madrid, los teléfonos de Proyecto Hombre comienzan a sonar con mayor frecuencia. No es casualidad. Las vacaciones escolares crean un escenario donde los jóvenes menores de 25 años tienen más tiempo libre, más oportunidades para reunirse con amigos, y —en muchos casos— más ocasiones para probar drogas por primera vez. El cannabis es la puerta más común. Según los datos que maneja la organización, el 14% de sus pacientes en la Comunidad de Madrid tienen menos de 25 años, y casi la mitad de ellos llegaron buscando ayuda por problemas relacionados con la marihuana.
Mercedes Rodríguez, directora general de Proyecto Hombre Madrid, lo explica con claridad: el consumo de drogas en España ocurre principalmente en contextos sociales y de ocio, no en soledad como sucede en otros países. "Los jóvenes pasan más tiempo con los amigos, esos contextos lúdicos favorecen el consumo", dice. Esta dinámica se ve reflejada en los picos de llamadas que la organización recibe cada septiembre y enero, cuando terminan los períodos vacacionales y las familias comienzan a notar cambios en el comportamiento de sus hijos. La cultura mediterránea, con su énfasis en la socialización y el contacto directo, amplifica este fenómeno: necesitamos estar juntos, y en esa cercanía, el consumo encuentra terreno fértil.
Los números revelan un patrón preocupante. Entre los menores de 25 años que atiende Proyecto Hombre en Madrid, el 46,58% presenta adicción al cannabis, seguido del alcohol con un 33,97% y la cocaína con un 8,08%. Lo que llama la atención es la tendencia reciente: en el último año, el consumo de marihuana y cocaína entre chicas ha aumentado notablemente, replicando los patrones de ocio y socialización que históricamente han caracterizado el consumo masculino. Sin embargo, los hombres siguen siendo quienes más buscan ayuda profesional: el 78,93% de las consultas provienen de varones, frente al 21,07% de mujeres. Rodríguez atribuye esta brecha a la estigmatización social que rodea el consumo femenino, lo que hace que muchas chicas oculten su adicción, retrasando la búsqueda de tratamiento y profundizando el problema en silencio.
Detrás de estas adicciones se esconde un panorama más complejo. Entre los pacientes menores de 25 años, el 62% presenta problemas de control de impulsos, el 54% muestra comportamientos disruptivos, y el 43,5% sufre trastornos del estado de ánimo como depresión o ansiedad. También aparecen trastornos de personalidad en el 39% de los casos, TDAH en el 15,4%, trastornos psicóticos en el 14% y trastornos alimentarios en el 5,7%. No se trata simplemente de jóvenes que fuman marihuana: son adolescentes cuyo desarrollo neurológico está siendo alterado por sustancias que muchos adultos consideran inofensivas.
Esta percepción de inocuidad es, precisamente, lo que más preocupa a Proyecto Hombre. "La gente lo ve más inofensivo que el tabaco porque dicen que es más natural", explica Rodríguez. Algunos padres le han confesado que ellos también consumían cannabis a esa edad sin sufrir consecuencias aparentes. Pero la realidad neurobiológica es distinta: el cerebro de un adolescente aún está en desarrollo, y el cannabis puede generar deficiencias cognitivas significativas. No es inocuo, advierte la directora. El consumo temprano de marihuana está directamente relacionado con el fracaso escolar, lo que crea una cascada de consecuencias: sin graduación, sin título, sin perspectivas laborales claras en la edad adulta. "Hay que romper este círculo", dice Rodríguez. "Si no pueden graduarse y obtener su título tienen mayor dificultad para encontrar trabajo de adultos, aumentan las papeletas para caminar hacia la marginalidad".
La intervención temprana es clave. La mayoría de las llamadas que recibe Proyecto Hombre provienen de padres o familiares (96,02% de los casos), y cuando los jóvenes llegan al centro, el 61% lleva consumiendo dos años o menos. Esto significa que hay una ventana de oportunidad, aunque estrecha. El trabajo no se limita a lo psicológico o neurológico: también aborda la dimensión social del consumo. Rodríguez recomienda que los niños cultiven varios grupos de amigos desde temprano, de modo que cuando lleguen a la adolescencia, si uno de esos círculos se ve envuelto en dinámicas de consumo, tengan otras relaciones donde apoyarse. Con los jóvenes ya en tratamiento, el desafío es ayudarles a distanciarse de los espacios donde se consume y a descubrir formas de ocio saludable que no dependan de las drogas.
Para las familias, los signos de alerta incluyen irritabilidad, cambios de humor abruptos e aislamiento social. Pero aquí está la dificultad: estos comportamientos pueden confundirse fácilmente con los típicos de la adolescencia. Por eso la asociación insiste en que ante cualquier indicio, es mejor pedir asesoramiento profesional. El verano no es solo una época de descanso: es un período de riesgo donde las puertas al consumo se abren más fácilmente, y donde la intervención temprana puede cambiar trayectorias de vida.
Citas Notables
Los jóvenes pasan más tiempo con los amigos, esos contextos lúdicos favorecen el consumo— Mercedes Rodríguez, directora general de Proyecto Hombre Madrid
El consumo de cannabis puede generar deficiencias cognitivas en cerebros que aún no están desarrollados del todo. No es inocuo— Mercedes Rodríguez
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué el verano específicamente? ¿No hay consumo de drogas en otras épocas del año?
Lo hay, claro, pero el verano concentra factores que lo amplifican. Los jóvenes tienen más tiempo libre, más oportunidades de estar juntos. En España, la socialización es central en la cultura. El consumo no ocurre en soledad, sino en grupos, en contextos de ocio. El verano es cuando esos contextos se multiplican.
Mencionas que el 46,58% de los casos son por cannabis. ¿Eso es alto comparado con otras drogas?
Es el principal. Le sigue el alcohol con 33,97% y la cocaína con 8,08%. Pero lo preocupante no es solo que sea el más frecuente, sino que muchas personas lo ven como inofensivo. Los padres dicen: "Yo también fumaba a esa edad". Pero el cerebro de un adolescente no es el de un adulto. El daño cognitivo es real.
Hay una brecha grande entre hombres y mujeres que buscan ayuda. ¿Qué explica eso?
La estigmatización. El consumo femenino es más silencioso, más oculto. Las chicas tienen más presión social para no admitirlo. Eso significa que muchas están consumiendo sin que nadie lo sepa, sin acceso a tratamiento. Es un problema invisible.
¿Cuál es el daño real del cannabis en adolescentes?
Deficiencias cognitivas, fracaso escolar, problemas de control de impulsos. El 62% de los pacientes menores de 25 años tiene problemas para controlar impulsos. Eso afecta todo: el rendimiento académico, las relaciones, las perspectivas laborales futuras. Es un efecto dominó.
¿Hay esperanza? ¿Qué funciona en el tratamiento?
La intervención temprana es crucial. El 61% de los pacientes lleva consumiendo dos años o menos cuando llega al centro. Eso es una ventana. También ayuda que los jóvenes tengan múltiples grupos de amigos desde antes de la adolescencia, para que si uno está inmerso en dinámicas de consumo, tengan otras relaciones donde apoyarse. No es solo psicología; es reconstruir la vida social.
¿Qué deberían notar los padres?
Irritabilidad, cambios de humor abruptos, aislamiento. Pero es complicado porque eso también es típico de la adolescencia. Por eso la recomendación es simple: ante cualquier indicio, pedir asesoramiento. No esperar a que sea evidente.