El terrorismo yihadista sigue siendo una amenaza grave para España, advierte el Ministerio del Interior

El yihadismo ha provocado una crisis humanitaria de más de 5 millones de personas desplazadas, con ataques terroristas que causaron 5.000 víctimas en 2019.
La amenaza no se detiene en las fronteras, ya hay presencia en Libia
Los grupos terroristas operan en múltiples países del Sahel e intentan expandirse hacia el norte de África.

En un momento en que la pandemia acapara la atención colectiva, España recuerda que las amenazas no esperan: el secretario de Estado de Seguridad, Rafael Pérez Ruiz, compareció ante el Foro Elcano para subrayar que el terrorismo yihadista sigue exigiendo vigilancia máxima, con el país en alerta 4 antiterrorista. El Sahel, donde las víctimas de ataques casi se duplicaron entre 2017 y 2019, se ha convertido en el epicentro de una crisis que desplaza a millones y desafía la estabilidad de continentes enteros. La respuesta, insisten Madrid y sus aliados, no puede ser solitaria ni improvisada: requiere coordinación internacional, inteligencia compartida y una visión de largo plazo que transforme las raíces del extremismo.

  • España permanece en el nivel de alerta antiterrorista más alto mientras gestiona simultáneamente una pandemia histórica, sin poder permitirse apartar la mirada del yihadismo.
  • En el Sahel, los ataques terroristas pasaron de 2.700 víctimas en 2017 a 5.000 en 2019, dejando más de cinco millones de desplazados y convirtiendo la región en el foco más explosivo del extremismo global.
  • Grupos vinculados a Al Qaeda y al Daesh se expanden más allá de Mali, Burkina Faso y Níger, con presencia confirmada en Libia y tentáculos que buscan afianzarse en Túnez, Argelia y Marruecos.
  • Operaciones como Barkhane, la EUTM-Malí y el marco del G5 representan la apuesta coordinada de Europa y sus aliados para contener la escalada antes de que cruce definitivamente el Mediterráneo.
  • España impulsa su 'Plan África' como palanca estratégica para liderar el acercamiento europeo al continente y atacar las causas profundas del terrorismo, convirtiendo la amenaza en una oportunidad de política exterior.

Rafael Pérez Ruiz, secretario de Estado de Seguridad, se presentó ante el 8º Foro Elcano sobre Terrorismo Global con un mensaje sin ambigüedades: la pandemia no suspende las amenazas. España mantiene su alerta 4 antiterrorista —la máxima— y el yihadismo sigue siendo una prioridad que no admite pausa. El funcionario insistió en que este fenómeno muta constantemente, golpea tanto a la sociedad como a las instituciones, y no tiene solución posible desde una sola nación.

El Sahel concentra las mayores preocupaciones. Los datos son elocuentes: los ataques terroristas en la región causaron 2.700 víctimas en 2017 y casi 5.000 en 2019, generando una crisis humanitaria con más de cinco millones de desplazados. El coronel Jesús Díez Alcalde, del Departamento de Seguridad Nacional, advirtió que los grupos operativos responden mayoritariamente a Al Qaeda o al Daesh, y que su expansión ya alcanza Libia, con intentos activos de establecerse en Túnez, Argelia y Marruecos.

Frente a esta escalada, la respuesta internacional se articula a través de la Operación Barkhane, la misión europea EUTM-Malí y el G5 Sahel, que agrupa a cinco países de la región en un marco de seguridad y desarrollo reconocido por la ONU. Conrad Tribble, de la Embajada de Estados Unidos en España, coincidió en que la crisis es, en el fondo, una cuestión de legitimidad estatal.

España, con más recursos y capacidades que antes, apuesta además por el 'Plan África': una estrategia que busca posicionar al país como puente entre Europa y el continente africano, transformando una región asociada al terrorismo en un espacio de oportunidades. Una visión que va más allá de la seguridad inmediata y apunta directamente a las raíces del problema.

Rafael Pérez Ruiz, secretario de Estado de Seguridad del Ministerio del Interior, se presentó ante el 8º Foro Elcano sobre Terrorismo Global con un mensaje directo: España no puede permitirse el lujo de distraerse. Aunque el país sigue enfrentándose a la pandemia de Covid-19, la amenaza del terrorismo yihadista permanece como una prioridad que no admite pausa. España mantiene su nivel de alerta 4 antiterrorista, el más alto de la escala, y Pérez Ruiz insistió en que la lucha contra el extremismo islamista debe continuar con o sin crisis sanitaria de por medio.

La violencia yihadista, explicó el funcionario, no es un problema simple ni estático. Se trata de un fenómeno que muta constantemente y que golpea tanto a la sociedad como a las instituciones del estado de manera directa y profunda. Por eso, sostuvo, requiere respuestas que vayan más allá de las fronteras nacionales, que sean coordinadas entre diferentes actores y que funcionen de manera conjunta. No hay solución unilateral posible.

La región del Sahel ocupa el centro de las preocupaciones españolas y europeas. Es allí donde el extremismo islamista ha echado raíces más profundas y donde la amenaza terrorista internacional se ha consolidado como la principal preocupación para la comunidad internacional en su conjunto. Los números hablan por sí solos: en 2017 los ataques terroristas en la zona causaron 2.700 víctimas. Para 2019, esa cifra se había casi duplicado, llegando a 5.000 muertes. Detrás de estos números hay una crisis humanitaria de proporciones enormes, con más de 5 millones de personas desplazadas por la violencia.

El coronel Jesús Díez Alcalde, jefe de la Unidad de Análisis del Departamento de Seguridad Nacional, subrayó la escala de esta escalada. Los grupos terroristas que operan en Sahel responden mayoritariamente a las órdenes de Al Qaeda o del Daesh. La región se ha convertido en uno de los territorios más inestables del continente africano, y la amenaza no se detiene en las fronteras de Mali, Burkina Faso o Níger. Ya hay presencia terrorista confirmada en Libia, y hay intentos activos de establecer células operativas en Túnez, Argelia y Marruecos.

Para contener esta expansión, España y sus aliados internacionales han desplegado operaciones de gran envergadura. La Operación Barkhane, liderada por Francia, y la EUTM-Malí, una misión de entrenamiento de la Unión Europea, son ejemplos de esta respuesta coordinada. También existe la iniciativa del G5, que agrupa a Burkina Faso, Chad, Mali, Mauritania y Níger en un marco de cooperación regional para acciones tanto de desarrollo como de seguridad. La ONU ha reconocido estos esfuerzos.

Conrad Tribble, ministro consejero de la Embajada de Estados Unidos en España, coincidió en que la crisis del Sahel es fundamentalmente una cuestión de legitimidad estatal. Para Washington, como para Madrid, la región es prioritaria. La cooperación policial y los servicios de inteligencia a nivel internacional juegan un papel crucial en esta batalla contra lo que Pérez Ruiz denominó la «lacra» del yihadismo.

España, según el secretario de Estado, ya cuenta con más recursos y mayores capacidades en su estrategia para combatir el terrorismo. Parte de esta estrategia es el llamado «Plan África», que el gobierno ve como una oportunidad única para que España lidere el acercamiento de la Unión Europea al continente africano. La idea es transformar África de un territorio asociado con la barbarie terrorista en un continente de oportunidades. Es una apuesta de política exterior que va más allá de la seguridad inmediata y busca atacar las raíces del problema.

El terrorismo yihadista continúa siendo una amenaza grave para España, y debe combatirse con o sin crisis sanitaria
— Rafael Pérez Ruiz, secretario de Estado de Seguridad
La crisis del Sahel es fundamentalmente una cuestión de legitimidad estatal
— Conrad Tribble, ministro consejero de la Embajada de EE.UU. en España
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué España mantiene específicamente el nivel 4 de alerta antiterrorista? ¿Qué significa eso en la práctica?

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Significa que el país considera la amenaza como inminente y grave. No es un nivel que se mantenga por costumbre; refleja una evaluación constante de que el riesgo es real y presente. Afecta a cómo operan los servicios de seguridad, a los recursos que se asignan, a la vigilancia.

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Los números del Sahel son alarmantes. ¿Cómo se explica que los ataques casi se duplicaran entre 2017 y 2019?

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La región se convirtió en un vacío de poder. Cuando los estados pierden legitimidad, cuando no pueden garantizar seguridad ni servicios básicos, los grupos extremistas encuentran espacio para crecer. El Sahel es especialmente vulnerable porque atraviesa crisis económicas, sequías, conflictos por recursos.

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¿Qué diferencia hay entre que España actúe sola y que participe en operaciones internacionales como Barkhane?

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Actuando sola, España sería un objetivo fácil y sus esfuerzos serían limitados. En operaciones coordinadas, hay inteligencia compartida, recursos multiplicados, legitimidad internacional. El terrorismo no respeta fronteras, así que la respuesta tampoco puede hacerlo.

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El «Plan África» suena ambicioso. ¿Es realista transformar una región tan compleja?

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No es ingenuo. Reconoce que la seguridad sin desarrollo es frágil. Si no hay oportunidades económicas, educación, gobernanza, los jóvenes seguirán siendo reclutables por grupos extremistas. Es una apuesta a largo plazo, no una solución rápida.

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¿Qué pasa con los 5 millones de desplazados? ¿Dónde están, qué necesitan?

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Están en campos de refugiados, en ciudades fronterizas, en países vecinos que ya están saturados. Necesitan comida, agua, educación, esperanza. Cada persona desplazada es un testimonio de que el estado no pudo protegerla. Eso es lo que el terrorismo deja atrás.

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