La energía ha ido decayendo, pero no va a parar de golpe
Bajo el Teide, la tierra habla en susurros. Entre el 18 y el 19 de junio, el Instituto Geográfico Nacional registró 63 pequeños terremotos en la zona oeste de Las Cañadas de Tenerife, todos imperceptibles para sus habitantes. No es una alarma, sino un recordatorio: los volcanes tienen su propio tiempo, y el Teide lleva años murmurando con creciente frecuencia, aunque con decreciente intensidad. La ciencia observa, mide y advierte que este pulso lento continuará, sin que ello signifique una erupción inminente.
- En menos de veinticuatro horas, 63 eventos sísmicos sacudieron silenciosamente las entrañas del Teide, ninguno sentido por la población.
- La energía liberada es menor que en abril y mucho más débil que la crisis de febrero-marzo, que puso en alerta máxima a las autoridades canarias.
- Solo 14 de los 63 eventos pudieron localizarse con precisión, lo que revela la fragilidad de las señales y la dificultad de interpretar un volcán que habla en voz muy baja.
- El IGN advierte que no ha habido reversión en los parámetros: los pulsos sísmicos podrían repetirse en los próximos meses como parte de un proceso gradual de activación volcánica.
- La sismicidad de 2026 sigue por encima de lo normal para Tenerife, aunque los científicos insisten en que no se trata de una amenaza inmediata sino de un volcán que, lentamente, abre los ojos.
A las 5:14 del 18 de junio, los sismógrafos del Instituto Geográfico Nacional comenzaron a captar una sucesión de pequeños temblores bajo el Teide. En poco más de veinticuatro horas se acumularon 63 eventos sísmicos en la zona oeste de Las Cañadas, todos de magnitudes tan débiles —entre 0,4 y 1 mbLg— que ningún habitante de Tenerife los percibió. El primer pulso duró apenas once minutos y concentró dieciséis terremotos entre ocho y diecisiete kilómetros de profundidad. Los siguientes se extendieron a lo largo del jueves y la noche del viernes.
Itahiza Domínguez, director del IGN en Canarias, subrayó lo más relevante: la actividad persiste, pero con menos energía que en abril y mucho menos que durante la crisis de febrero y principios de marzo, que fue más intensa y sostenida. De los 63 eventos detectados automáticamente, solo 14 pudieron localizarse con precisión. La mayoría se concentraron en el oeste de Las Cañadas, aunque un terremoto de magnitud 0,3 mbLg apareció en Icod de los Vinos, a apenas dos kilómetros de profundidad.
Desde abril, el IGN ha registrado cinco pulsos de eventos híbridos en la misma zona, cada uno con apenas diez o quince terremotos. La energía parece ir decayendo, pero Domínguez fue claro: no ha habido ninguna reversión en los parámetros, y eventos similares a los de febrero podrían volver a producirse. Bajo la isla se acumulan reservorios de magma que rozan la corteza y generan gases en un proceso lento y gradual. El IGN prevé que estos pulsos continúen durante los próximos meses. El Teide no duerme, pero tampoco despierta del todo.
Bajo las faldas del Teide, la tierra no descansa. En las primeras horas de la madrugada del 18 de junio, a las 5:14, los sismógrafos del Instituto Geográfico Nacional comenzaron a registrar lo que vendría: una sucesión de pequeños temblores que se extendería durante más de veinticuatro horas, sumando un total de 63 eventos sísmicos detectados en la zona oeste de Las Cañadas. Fue el primer pulso de una actividad que, aunque continúa, ha perdido considerable fuerza respecto a las crisis anteriores que sacudieron la isla.
Esta nueva oleada de movimientos sísmicos no llegó sola. El primer pulso, breve y concentrado en apenas once minutos, registró dieciséis terremotos localizados entre ocho y diecisiete kilómetros de profundidad. Sus magnitudes fueron casi imperceptibles: entre 0,6 y 1 en la escala mbLg, tan débiles que ningún habitante de Tenerife los sintió. Luego vinieron más. A lo largo de la tarde del jueves y la noche del viernes, se produjeron varios pulsos adicionales que se prolongaron hasta las 5:21 del 19 de junio. De los 63 eventos detectados automáticamente, solo 14 pudieron ser localizados con precisión debido a su baja magnitud. Estos últimos fueron aún más débiles, oscilando entre 0,4 y 0,8 mbLg, y también se ubicaron entre ocho y quince kilómetros bajo tierra.
Lo notable de esta actividad no es su intensidad, sino su contexto. Itahiza Domínguez, director del Instituto Geográfico Nacional en Canarias, lo expresó con claridad: sigue habiendo una actividad anómala, pero cada vez con menos energía. La energía liberada en estos eventos es incluso inferior a la registrada en abril, cuando ya había mostrado un descenso respecto a la crisis de febrero y principios de marzo que puso en alerta máxima a las autoridades de la isla. Aquella crisis fue diferente: más intensa, más sostenida, más preocupante. Esta es su sombra atenuada.
La mayoría de los epicentros se concentraron en la zona oeste de Las Cañadas, el mismo lugar donde se ha estado registrando actividad desde 2016. Sin embargo, hubo una excepción: un terremoto de magnitud 0,3 mbLg se registró en Icod de los Vinos a solo dos kilómetros de profundidad, prácticamente imperceptible para cualquier persona. Estos números, estos lugares, estos kilómetros de profundidad, cuentan una historia de un volcán que se remueve pero que, por ahora, no amenaza con despertar del todo.
Pero Domínguez fue enfático en un punto: esto no significa que no puedan volver a aparecer eventos sísmicos similares a los de febrero. Hasta el momento, no ha habido ninguna reversión en los parámetros de actividad bajo el Teide. Lo que sí ha cambiado es la magnitud. Desde abril, el IGN ha registrado cinco pulsos de eventos híbridos, todos localizados en la misma zona, todos con apenas diez o quince eventos sísmicos cada uno. La energía, según el científico, parece ir decayendo gradualmente.
Esta actividad volcánica es anómala para Tenerife. El año 2026 mantiene una sismicidad por encima de lo normal, comparada con los registros desde 2016. No es una gran actividad, aclaró Domínguez, pero sigue siendo superior a lo habitual. Los eventos que se están registrando son principalmente de baja frecuencia, clasificados como eventos híbridos, distintos de los eventos volcano-tectónicos convencionales. No forman patrones repetitivos en forma de familias, por lo que tampoco pueden considerarse enjambres en el sentido técnico.
La explicación científica es clara: bajo la isla se acumulan reservorios de magma que, ocasionalmente, pueden rozar la corteza terrestre, acumularse y generar gases. Es un proceso gradual, no una amenaza inminente. El IGN considera que lo más probable es que estos pulsos continúen repitiéndose en los próximos meses. No se trata de algo que vaya a detenerse de repente, sino de un proceso de aumento lento de la actividad volcánica. La isla sigue despierta, pero con los ojos apenas abiertos.
Notable Quotes
Sigue una actividad anómala, pero parece que cada vez tiene menos energía— Itahiza Domínguez, director del IGN en Canarias
Esto es un proceso de aumento de la actividad volcánica y no van a parar de golpe— Itahiza Domínguez, director del IGN en Canarias
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué estos 63 terremotos en 24 horas no asustaron a la gente si la crisis de febrero sí lo hizo?
Porque nadie los sintió. Magnitudes de 0,4 a 1 en la escala son imperceptibles. En febrero hubo eventos mucho más fuertes que la gente pudo sentir. Aquello fue diferente.
¿Entonces el Teide se está calmando?
Parece que sí, pero con cuidado. La energía ha bajado desde abril, y abril ya era menos intenso que febrero. Pero el director del IGN insiste en que esto no significa que no pueda volver a haber crisis como la de febrero.
¿Qué está pasando realmente bajo tierra?
Magma acumulándose en reservorios bajo la isla. A veces roza la corteza, se acumula, genera gases. Es un proceso lento, no una erupción inminente. Lleva pasando desde 2016, pero este año es más intenso que otros.
¿Cuándo podría parar esto?
No va a parar de golpe. El IGN espera que estos pulsos continúen en los próximos meses. Es un proceso gradual de aumento de actividad volcánica, no algo que se resuelva rápidamente.
¿Hay riesgo real de erupción?
No a corto plazo, según el IGN. Pero tampoco hay certeza absoluta. La actividad sigue siendo anómala y por encima de lo normal. Es una situación de vigilancia constante, no de alarma.