El silencio se convierte en lujo: cómo el ruido urbano nos obliga a pagar por desconectar

El silencio está casi extinguido en la era del ruido
Reflexión del explorador Erling Kagge sobre cómo las interrupciones constantes han transformado la vida moderna.

En las ciudades contemporáneas, el silencio ha dejado de ser una condición natural del ser humano para convertirse en un bien escaso que se compra y se vende. Lo que Pascal consideraba una capacidad fundamental —permanecer quieto consigo mismo— ha sido desplazado por una avalancha de estímulos digitales que hemos invitado voluntariamente a nuestras vidas. Madrid, como tantas otras urbes, ve surgir centros de meditación, tanques de flotación y retiros de desconexión como respuesta a una necesidad que antes se satisfacía sin esfuerzo ni coste. La conciencia del ruido acumulado se perfila, paradójicamente, como el primer acto de resistencia hacia la quietud.

  • La contaminación acústica y digital ha alcanzado tal intensidad que el silencio ya no se encuentra: ahora hay que pagarlo, buscarlo y reservarlo con antelación.
  • Centros como Más que silencio o Flotexperience en Madrid revelan una demanda creciente de personas que necesitan escapar del zumbido constante de notificaciones, alertas y redes sociales.
  • La 'economía de la atención' fragmenta la capacidad de reflexión y autorregulación, convirtiendo el descanso mental en un lujo al alcance de pocos.
  • Tecnologías como los auriculares con cancelación de ruido, aplicaciones de meditación y tanques de aislamiento sensorial han construido una industria millonaria alrededor de lo que antes era gratuito.
  • Exploradores, artistas y neurocientíficos coinciden: recuperar el silencio interior es hoy un acto deliberado de resistencia frente a un mundo que no cesa.

En el quinto piso de la calle Princesa de Madrid existe un espacio casi vacío con grandes ventanales que miran hacia la ciudad. Se llama Más que silencio, y su propósito es tan simple como radical: devolver a las personas algo que antes era gratuito. Las voluntarias que lo sostienen explican que nació de una necesidad observable: demasiados estímulos, demasiado ruido. No solo el de los coches o las obras, sino el zumbido invisible de las notificaciones de WhatsApp, los correos y las redes sociales. Desde su apertura hace quince años, al menos cinco centros similares han surgido en la capital. El silencio se ha convertido en mercancía.

Blaise Pascal advirtió en el siglo XVII que toda la infelicidad humana proviene de la incapacidad de permanecer en silencio a solas. No pudo imaginar que tener un teléfono en la mano haría imposible estar verdaderamente solo. El explorador noruego Erling Kagge, que caminó cincuenta días hasta el Polo Sur sin teléfono ni contacto humano, lo resume con claridad: el silencio está casi extinguido, y es ya un privilegio. La escritora Jenny Odell añade que las distracciones acumuladas no solo nos impiden hacer lo que queremos, sino que, a largo plazo, socavan nuestra capacidad de reflexión y autorregulación.

En Madrid, Flotexperience ofrece una de las experiencias más extremas de desconexión: tanques de aislamiento sensorial donde el cuerpo flota en oscuridad completa. Inventados en 1954 para estudiar la conciencia humana, reducen el cortisol, relajan la musculatura y generan una desorientación temporal tan profunda que es imposible saber si han pasado veinte minutos o varias horas. Su propietario observa que, fuera del tanque, las personas tienden a llenar el vacío con series, redes sociales o compras: ruido sobre ruido. Al salir a la ciudad con los músculos y la mente destensados, el sonido de un claxon o siete mensajes sin responder resultan insoportables. Quizá el gran descubrimiento es que para encontrar el silencio, basta con tomar conciencia del ruido.

En el quinto piso de la calle Princesa, en pleno centro de Madrid, existe un espacio casi vacío con grandes ventanales que miran hacia la ciudad. Se llama Más que silencio, y su propósito es tan simple como radical: ofrecer un refugio donde las personas puedan experimentar lo que antes era gratuito y abundante. Las clases de meditación silenciosa funcionan sin matrícula fija ni compromiso de permanencia. El precio depende de lo que cada visitante pueda aportar. Elena Hernández y María Sánchez, dos de las voluntarias que cuidan este espacio, explican que el proyecto nació de una necesidad que observaban crecer alrededor: demasiados estímulos, demasiado ruido. "Queríamos ofrecer un oasis en mitad de la ciudad para descansar de esos ruidos, trabajar el silencio interior y facilitar así el silencio exterior", dice Hernández. Pero el ruido que buscan combatir ya no es solo el de los coches o las obras. Es el zumbido constante de las notificaciones de WhatsApp, los avisos de correo electrónico, las alertas de redes sociales. Es el ruido de nueva generación que hemos invitado voluntariamente a nuestros hogares.

Desde que Más que silencio abrió sus puertas hace quince años, al menos cinco centros similares han surgido en Madrid. La meditación, el mindfulness, los retiros silenciosos se han multiplicado. Apple lanzó los Airpods Pro con cancelación de ruido en 2019, una función que se convirtió en estrella. Netflix estrenó Headspace en 2021, una guía de meditación audiovisual que fue un éxito inmediato. En Spotify, las listas de meditación y ruido blanco acumulan más seguidores que muchos artistas. El silencio se ha convertido en mercancía. En una sociedad donde la prisa es estilo de vida, la ausencia de ruido es ahora un bien de lujo.

Blaise Pascal escribió en el siglo XVII que toda la infelicidad humana proviene de una sola cosa: la incapacidad de permanecer en silencio a solas en una habitación. Pascal no vivió el crecimiento de las grandes ciudades, ni la llegada de la radio, la televisión, internet. No pudo imaginar que estar en silencio en una habitación, con un teléfono móvil en la mano, ya no significaría estar completamente solo. El explorador noruego Erling Kagge, autor del bestseller Silencio en la era del ruido, lo expresa con claridad: "Los momentos de interrupción han aumentado dramáticamente durante el último siglo. Vivimos en la era del ruido. El silencio está casi extinguido". Kagge fue el primer hombre en alcanzar el Polo Sur caminando en solitario y sin asistencia. Durante cincuenta días y noches caminó sin teléfono, sin ruido humano excepto el de sus propios pasos. "La Antártida es el lugar más tranquilo en el que he estado", relata. Al regresar a casa, encontraba molesto prácticamente cualquier sonido. Considera el silencio un privilegio.

La artista y escritora Jenny Odell advierte en su ensayo Cómo no hacer nada sobre los peligros de las nuevas intromisiones que hemos dejado entrar en nuestros hogares. Paradójicamente, mientras mejorábamos el aislamiento de las ventanas para alejar el ruido exterior, abríamos las puertas a un ruido invisible: "A corto plazo, las distracciones pueden impedirnos hacer las cosas que queremos hacer. A más largo plazo, pueden acumularse y evitar que vivamos la vida que queremos vivir o, lo que es peor, socavar nuestra capacidad de reflexión y autorregulación". Kagge añade que esta inquietud que sentimos es nuestro estado natural, y que buscamos constantemente nuevos objetivos para llevar nuestra atención hacia afuera y lejos de nosotros mismos. La quietud y el silencio son, por tanto, un acto de resistencia.

En Madrid existe Flotexperience, uno de los pocos centros especializados en tanques de aislamiento sensorial. Estos tanques fueron inventados en 1954 por el neurocientífico John C. Lilly para estudiar la conciencia humana privada de estímulos externos. Son bañeras salinas cerradas donde el cuerpo flota en una solución de alta densidad. Los beneficios físicos están probados: mejora la tensión muscular, alarga la columna vertebral, aumenta el flujo sanguíneo, reduce el cortisol y la adrenalina. David Murcia, propietario del centro, explica que a nivel mental todo depende de la capacidad de cada persona para soltar en ese momento. El flotario de Flotexperience es una pequeña piscina en una habitación completamente a oscuras, sin tapa para no asustar a los claustrofóbicos. Se puede jugar con las luces, permanecer en completo silencio o dejarse envolver por sonidos blancos y ambientales. Después, simplemente, flotar.

Murcia observa algo importante sobre cómo desconectamos en la ciudad: "Las personas buscan llenar el espacio vacío con otra actividad: maratones de series, tardes enteras refrescando las redes sociales, compras, comidas. Es ruido sobre ruido". La experiencia de flotación permite entrar en un estado similar al de la vigilia mientras se pierde la propiocepción, lo que genera una desconexión temporal tan profunda que es imposible saber si se han flotado veinte minutos u varias horas. Es quizá una de las experiencias más extremas para un urbanita de vida acelerada: parar y flotar en un mundo que no para nunca, escuchando únicamente el sonido del agua y los propios pensamientos que tardan un tiempo indeterminado en desconectarse del ruido acumulado durante toda una vida. Al salir de la pequeña piscina a la ciudad, se comprende por qué Kagge afirma que el silencio es un privilegio. Con los músculos y la cabeza destensados, es más fácil advertir la molestia del sonido de un claxon o de los siete mensajes de WhatsApp sin responder. Quizá el gran descubrimiento es que para empezar a experimentar el silencio, tan solo es necesario tomar conciencia del ruido.

Sin silencio, perdemos libertad. Vivimos en la distracción continua, respondiendo a estímulos constantes que no sabemos cómo parar.
— Elena Hernández, voluntaria en Más que silencio
Las personas buscan llenar el espacio vacío con otra actividad: maratones de series, tardes enteras refrescando las redes sociales, compras, comidas. Es ruido sobre ruido.
— David Murcia, propietario de Flotexperience
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué crees que el silencio se ha convertido en algo que hay que pagar?

Model

Porque vivimos rodeados de ruido constante que no elegimos. Las ciudades son ruidosas, pero ahora el ruido viene también de nuestros bolsillos. Notificaciones, mensajes, alertas. Es un ruido que invitamos adentro.

Inventor

Pero la gente siempre ha buscado escapar del ruido. ¿Qué es diferente ahora?

Model

La diferencia es que antes podías simplemente irte a un lugar tranquilo. Ahora, aunque te vayas, el ruido te sigue. Y si logras escapar, descubres que ya no sabes cómo estar en silencio. Tu mente está acostumbrada a estar ocupada.

Inventor

¿Entonces estos centros de meditación y tanques de flotación son soluciones reales o solo parches?

Model

Son ambas cosas. Son parches porque no resuelven el problema de fondo. Pero también son importantes porque te enseñan algo: que el silencio existe, que es posible, y que vale la pena buscarlo. El primer paso es darte cuenta de cuánto ruido hay.

Inventor

¿Crees que la gente que va a estos lugares realmente cambia algo en sus vidas?

Model

Algunos sí. Pero muchos salen del tanque de flotación y vuelven a la misma vida. Llenan el vacío con otra cosa: series, redes sociales, compras. Es ruido sobre ruido. La verdadera desconexión requiere decisiones más profundas.

Inventor

¿Entonces Pascal tenía razón? ¿Es imposible estar en silencio en una habitación?

Model

Pascal no tenía un teléfono en la mano. Hoy es más difícil, pero no imposible. Lo que cambió es que ahora necesitas ser consciente de lo que estás haciendo. Necesitas elegir el silencio, en lugar de que simplemente ocurra.

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