El Salvador no reconoce a Manuel Merino como presidente del Perú

Las protestas contra el gobierno de Merino han dejado tres muertos y trece heridos por represión violenta de las fuerzas de seguridad.
El pueblo en las calles está haciendo renunciar al gobierno golpista, uno por uno
Bukele expresó su apoyo a los manifestantes peruanos que protestaban contra el gobierno de Merino.

En las horas más oscuras de un domingo de noviembre, el presidente salvadoreño Nayib Bukele alzó la voz desde San Salvador para nombrar lo que las calles de Lima ya gritaban: que la destitución de Martín Vizcarra por el Congreso peruano y la entronización de Manuel Merino constituían un golpe de Estado. Su negativa a reconocer al nuevo gobierno interino no fue solo un gesto diplomático, sino un recordatorio de que la legitimidad democrática no se decreta desde una legislatura, sino que se sostiene —o se derrumba— en el pulso vivo de los pueblos.

  • En apenas cinco días, el gobierno de Merino pasó de maniobra legislativa a crisis humanitaria: tres muertos y trece heridos por la represión violenta de manifestantes en Lima.
  • Bukele convirtió Twitter en tribuna diplomática, compartiendo videos de las protestas y declarando sin rodeos que El Salvador no reconoce a un gobierno al que llama golpista.
  • El comunicado oficial salvadoreño fue más lejos aún, calificando la destitución de Vizcarra de ilegal y exigiendo que las instituciones peruanas escuchen 'el clamor del pueblo'.
  • La presión se multiplicó desde adentro: el propio jefe del Congreso peruano pidió públicamente la renuncia inmediata de Merino, señal de que el edificio político comenzaba a resquebrajarse.
  • Lo que empezó como una disputa interna peruana se convierte en un precedente regional que varios gobiernos latinoamericanos observan con alarma creciente.

En la madrugada del 15 de noviembre de 2020, Nayib Bukele tomó partido desde San Salvador: El Salvador no reconocería al gobierno de Manuel Merino en Perú. La declaración llegó por Twitter, donde el mandatario salvadoreño había seguido en tiempo real las protestas en Lima, compartiendo imágenes de una represión que ya había cobrado tres vidas y dejado trece heridos.

Merino llevaba apenas cinco días en el poder, colocado allí por el Congreso peruano tras la destitución de Martín Vizcarra. Para Bukele, la fórmula era inequívoca: un empresario nombrado presidente sin elección popular era, simplemente, un golpe de Estado. "El Salvador no reconoce al gobierno golpista de Merino", escribió, y añadió su solidaridad con quienes protestaban en las calles: "¡Fuerza Perú!"

El gobierno salvadoreño formalizó su postura en un comunicado que repudió "de manera contundente" lo ocurrido, describió la destitución de Vizcarra como ilegal y llamó a las instituciones peruanas a respetar la democracia y escuchar a su pueblo.

Mientras tanto, la presión sobre Merino se acumulaba desde todos los frentes. Luis Valdez, jefe del propio Congreso que lo había encumbrado, pidió públicamente su renuncia inmediata. Con protestas que no cedían, víctimas mortales en las calles y gobiernos extranjeros negándole legitimidad, lo que había sido una maniobra legislativa se transformaba velozmente en una crisis de alcance regional.

En la madrugada del domingo 15 de noviembre de 2020, el presidente salvadoreño Nayib Bukele tomó una posición clara sobre la crisis política que sacudía al Perú: su país no reconocería al gobierno de Manuel Merino. La declaración llegó a través de Twitter, donde Bukele había estado siguiendo de cerca los eventos en Lima, compartiendo videos de medios que documentaban las protestas callejeras contra el nuevo mandatario.

Merino había asumido la presidencia apenas cinco días antes, después de que el Congreso peruano destituyera a Martín Vizcarra. En lugar de un proceso electoral, la legislatura nombró a un empresario como presidente interino, una maniobra que Bukele caracterizó sin ambigüedad como un golpe de Estado. "El Salvador no reconoce al gobierno golpista de Merino", escribió el mandatario salvadoreño en su cuenta de redes sociales.

Lo que sucedía en las calles de Lima daba sustancia a esa posición. Las protestas contra Merino habían sido reprimidas con violencia, dejando un saldo inicial de tres muertos y trece heridos. Bukele, observando desde San Salvador, vio en esas imágenes la confirmación de lo que consideraba una ruptura del orden democrático. "El pueblo en las calles, están haciendo a todo el gobierno golpista renunciar, uno por uno", escribió, expresando su solidaridad con los manifestantes peruanos.

La administración salvadoreña formalizó su postura a través de un comunicado oficial. El gobierno de Bukele repudió "de manera contundente" lo que describió como una vulneración del Estado de Derecho perpetrada por las fuerzas políticas presentes en el Congreso peruano. Según el comunicado, la destitución de Vizcarra había sido ilegal, una expulsión de un presidente constitucional y legítimo. El gobierno salvadoreño hizo un llamado a las instituciones peruanas para que reconocieran "el clamor del pueblo peruano" y respetaran la democracia.

Bukele cerró su mensaje con un gesto de apoyo directo: "¡Fuerza Perú!", dirigido a los ciudadanos que protestaban en las calles. Su intervención reflejaba una postura que varios gobiernos de la región comenzaban a adoptar ante lo que veían como un precedente peligroso en la política latinoamericana.

La presión sobre Merino crecía desde múltiples direcciones. En la noche del sábado anterior, Luis Valdez, jefe del Congreso peruano, había pedido públicamente la renuncia inmediata del presidente interino. Con las protestas intensificándose, la represión generando víctimas mortales, y ahora gobiernos extranjeros negando su legitimidad, la posición de Merino se volvía cada vez más insostenible. Lo que había comenzado como una maniobra legislativa se transformaba en una crisis política de alcance regional.

El pueblo en las calles, están haciendo a todo el gobierno golpista renunciar, uno por uno
— Nayib Bukele, presidente de El Salvador
El Salvador no reconoce al gobierno golpista de Merino
— Comunicado de la administración Bukele
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Por qué Bukele decidió intervenir públicamente en un asunto interno peruano?

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Porque vio algo que le parecía fundamental: un patrón de ruptura democrática. Cuando un Congreso destituye a un presidente elegido y lo reemplaza sin elecciones, eso no es un cambio de gobierno ordinario. Para Bukele, era importante que otros países no normalizaran esa práctica.

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¿Cómo supo tan rápido lo que estaba pasando en Lima?

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Estaba siguiendo en tiempo real. Twitter le permitía ver videos de las protestas, de la represión, de la gente en las calles. No necesitaba esperar reportes diplomáticos formales. Podía ver directamente lo que estaba ocurriendo.

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¿Qué significaba exactamente "no reconocer" un gobierno?

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Era una declaración política más que una acción legal inmediata. Decía que El Salvador no consideraría a Merino como presidente legítimo, que no lo trataría como tal en asuntos diplomáticos. Era una forma de presión internacional, de señalar que esto no era aceptable.

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¿Por qué importaba que otros países tomaran posición?

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Porque un gobierno aislado internacionalmente es más frágil. Si varios países decían que no reconocían a Merino, eso debilitaba su posición, le hacía más difícil gobernar, aumentaba la presión para que renunciara.

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¿Bukele estaba siendo consistente con su propia historia política?

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Eso es complejo. Bukele mismo había tenido conflictos con su propio Congreso. Pero en este caso, vio una diferencia clara: aquí el Congreso estaba destituyendo a un presidente elegido sin causa constitucional clara. Eso cruzaba una línea que él consideraba fundamental.

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