El pueblo en las calles está haciendo renunciar al gobierno golpista, uno por uno
En las primeras horas del domingo, el presidente salvadoreño Nayib Bukele se sumó al coro de voces que cuestionaban la legitimidad del gobierno de Manuel Merino en Perú, negándole reconocimiento formal tras la destitución parlamentaria del presidente constitucional. Su postura no fue solo un gesto diplomático: fue una lectura moral de lo que ocurría en Lima, donde el pueblo pagaba con sangre su derecho a disentir. En ese cruce entre la voluntad popular y la maniobra institucional, Bukele eligió un bando, recordándonos que la democracia no se sostiene únicamente en los recintos del poder, sino también en las calles.
- El Congreso peruano destituyó al presidente constitucional y designó a Manuel Merino, desatando una crisis de legitimidad que sacudió al país entero.
- Las protestas en Lima fueron reprimidas con violencia: tres personas murieron y trece resultaron heridas, convirtiendo la indignación ciudadana en tragedia.
- Bukele rompió el silencio diplomático desde Twitter, declarando que El Salvador no reconoce al gobierno de Merino y alentando a los manifestantes con un directo '¡Fuerza Perú!'
- El gobierno salvadoreño emitió un comunicado oficial exigiendo que las instituciones peruanas respeten el Estado de Derecho y escuchen el clamor popular.
- La presión se acumulaba desde adentro y afuera: el propio jefe del Congreso peruano, Luis Valdez, pidió la renuncia inmediata de Merino, quien apenas llevaba cinco días en el cargo.
En la madrugada del domingo, Nayib Bukele tomó partido públicamente en la crisis peruana: a través de Twitter, anunció que El Salvador no reconocería a Manuel Merino como presidente legítimo, calificando su gobierno de golpista y expresando solidaridad con quienes protestaban en las calles de Lima.
La crisis había estallado luego de que el Congreso peruano destituyera al presidente constitucional y designara a un empresario como mandatario interino. Las manifestaciones que siguieron fueron reprimidas con violencia, dejando tres muertos y trece heridos. Bukele compartió videos de esas protestas y escribió que el pueblo estaba logrando que los miembros del gobierno golpista renunciaran uno a uno.
Más allá de las redes sociales, la administración salvadoreña emitió un comunicado oficial en el que rechazaba categóricamente lo ocurrido, describiendo la destitución como una vulneración del Estado de Derecho. El gobierno exigió que las instituciones peruanas reconocieran el clamor popular y respetaran la democracia.
La voz de Bukele llegó en un momento de máxima presión para Merino: el jefe del Congreso peruano, Luis Valdez, ya pedía su renuncia inmediata. El respaldo internacional al movimiento ciudadano añadía peso político a las demandas que resonaban en las calles de Lima, donde la disputa sobre quién gobierna legítimamente aún no había encontrado respuesta.
En la madrugada del domingo, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, tomó una posición clara sobre la crisis política que sacudía a Perú: anunció públicamente que su gobierno no reconocería a Manuel Merino como presidente legítimo. A través de Twitter, Bukele calificó al gobierno de Merino como golpista y expresó su solidaridad con los peruanos que descendían a las calles para protestar.
La situación en Perú había llegado a ese punto tras una maniobra del Congreso que destituyó al presidente constitucional y designó a un empresario como presidente interino. Bukele, quien había estado siguiendo de cerca los eventos en Lima, compartió videos de medios de comunicación que documentaban las protestas contra Merino. Esas manifestaciones habían sido reprimidas con violencia, dejando un saldo de tres muertos y trece heridos.
Desde su cuenta de redes sociales, Bukele escribió que el pueblo en las calles estaba logrando que los miembros del gobierno golpista renunciaran uno a uno. Su mensaje fue directo: "¡Fuerza Perú!" El presidente salvadoreño no se limitó a comentarios en redes sociales. Su administración emitió un comunicado oficial en el que rechazaba categóricamente lo que describió como una maniobra de las fuerzas políticas del Congreso peruano que había vulnerado el Estado de Derecho al expulsar ilegalmente a un presidente constitucional y legítimo.
El gobierno de El Salvador fue más allá de la condena retórica. Pidió explícitamente que las instituciones peruanas reconocieran el clamor del pueblo y respetaran la democracia. Esta postura de Bukele se alineaba con la presión interna que ya existía en Perú. El jefe del Congreso peruano, Luis Valdez, había pedido la renuncia inmediata de Merino, quien apenas llevaba cinco días en el cargo.
La intervención de Bukele reflejaba una solidaridad regional con los manifestantes peruanos y una clara posición contra lo que consideraba un quiebre del orden constitucional. En un momento en que Merino enfrentaba tanto presión interna como cuestionamientos internacionales, el respaldo explícito del presidente salvadoreño a las protestas añadía peso político a las demandas de cambio que resonaban en las calles de Lima.
Citas Notables
El pueblo en las calles están haciendo a todo el gobierno golpista renunciar, uno por uno— Nayib Bukele, presidente de El Salvador
El Salvador no reconoce al gobierno golpista de Merino— Nayib Bukele, a través de Twitter
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué un presidente de El Salvador se involucra en la política interna de Perú? ¿Qué le importa?
Bukele vio algo que reconoció: un congreso que derriba a un presidente elegido. Para él, eso no es política interna, es un patrón que amenaza la democracia en toda la región.
Pero Merino era impopular, ¿no? ¿No estaba el pueblo pidiendo su salida?
Sí, pero Bukele distingue entre el pueblo pidiendo cambio y una institución tomando el poder sin elecciones. Una cosa es democracia; la otra es lo que él llama golpismo.
¿Y el hecho de que haya muertos en las calles? ¿Eso cambió algo en su posición?
Lo hizo más urgente. Tres muertos, trece heridos. Para Bukele, eso no era un argumento para retirarse, sino para hablar más fuerte. El pueblo pagaba un precio; su voz tenía que contar.
¿Qué esperaba lograr con un comunicado oficial?
Legitimidad internacional para lo que los peruanos ya estaban haciendo. Si otros gobiernos no reconocen a Merino, la presión sobre él crece. Es diplomacia en servicio de la calle.