Los koalas australianos bajan de los árboles en busca de agua ante olas de calor extremo

Poblaciones locales de koalas están al borde de la extinción; miles mueren anualmente por atropellos, deshidratación y enfermedades como la clamidia que causa infertilidad y ceguera.
Los koalas intentan aparentar que están bien aunque tengan fracturas graves
Veterinarios del hospital de fauna silvestre descubren que los koalas heridos ocultan sus lesiones, complicando el tratamiento y la supervivencia.

Los koalas bajan de los árboles para beber de aspersores y botellas de agua, comportamiento nunca antes documentado que alarma a investigadores especializados. Australia se ha calentado 1,5 grados desde 1910; en Gunnedah, declarada capital mundial del koala, el 75% de las hembras son infértiles y apenas quedan tres ejemplares.

  • Los koalas bajan de los árboles para beber de aspersores, piscinas y botellas de agua, comportamiento nunca antes documentado
  • En Gunnedah, capital mundial del koala en 2006, el 75% de las hembras son infértiles y apenas quedan tres ejemplares
  • Australia se ha calentado 1,5 grados desde 1910; las olas de calor son ahora más frecuentes, largas e intensas
  • El Programa Nacional de Monitoreo estima entre 398.000 y 569.000 koalas en Queensland, Nueva Gales del Sur y Territorio de la Capital Australiana
  • El Hospital de Fauna Silvestre de la Universidad de Sídney atiende más de mil animales al año, el 40% koalas

Los koalas australianos muestran comportamientos inusuales de búsqueda de agua debido a olas de calor extremas, desafiando décadas de creencias científicas sobre su hidratación y revelando vulnerabilidades críticas de la especie.

En las últimas semanas, algo extraordinario ha comenzado a ocurrir en los bosques australianos. Los koalas, esos animales icónicos que pasan sus vidas encaramados en las ramas del eucalipto, están bajando a tierra en busca de agua. Se acercan a los aspersores de los jardines, beben de las piscinas de los vecinos, aceptan botellas de agua ofrecidas por manos humanas. Para los científicos que llevan años estudiando a la especie, este cambio de comportamiento representa algo más que una curiosidad: es una señal de alarma sobre cómo el calor extremo está reescribiendo las reglas de supervivencia de estos marsupiales.

Durante décadas, la ciencia dio por sentado que los koalas obtenían toda el agua que necesitaban de las hojas de eucalipto que consumían. Los agricultores locales insistían en que esto no era cierto, que veían a los animales sedientos, pero sus observaciones chocaban contra la certeza académica. Valentina Mella, investigadora italiana de la Universidad de Sídney especializada en comportamiento animal, fue una de las primeras en tomar en serio esas advertencias. Cuando comenzó a trabajar en Gunnedah, una pequeña localidad rural de Nueva Gales del Sur, instaló cámaras junto a estaciones de agua para documentar lo que estaba sucediendo. Los videos no dejaban lugar a dudas: los koalas bebían constantemente, no solo durante los días más sofocantes sino de manera regular. La vieja certeza científica se desmoronaba.

Gunnedah tiene una historia particular en la historia del koala. En 2006, fue proclamada la capital mundial de la especie porque su población crecía mientras en otros lugares disminuía. Pero en 2009, una ola de calor extrema cambió todo. Aproximadamente el 25 por ciento de la población local murió durante ese evento. Lo que vino después fue peor: la propagación de la clamidia, una bacteria que causa infertilidad y ceguera, comenzó a devastar a los animales restantes. Para 2023, el 75 por ciento de las hembras eran infértiles. Hoy apenas quedan tres koalas en la zona que una vez fue considerada su bastión.

Australia se ha calentado aproximadamente 1,5 grados desde 1910, según la Oficina de Meteorología del país. Las olas de calor no solo son más frecuentes sino también más largas e intensas. Los koalas han desarrollado mecanismos fisiológicos notables para enfrentar estas condiciones: pueden tolerar temperaturas corporales cercanas a los 41 grados, algo extraordinario para un mamífero. En los días más sofocantes, se abrazan a los troncos de los árboles para disminuir su temperatura corporal, buscan zonas de sombra más densa e intentan localizar fuentes de agua. Pero estos mecanismos tienen límites, y el cambio climático está empujando a la especie hacia esos límites con velocidad creciente.

El problema va más allá del calor. Los koalas enfrentan una tormenta convergente de amenazas. La destrucción del hábitat fragmenta sus poblaciones en pequeñas islas de árboles aisladas unas de otras. Las carreteras, especialmente la Pacific Highway que conecta Sídney con Brisbane en la costa este, se han convertido en barreras mortales. Los perros atacan a los animales que descienden a tierra. Y la clamidia continúa propagándose. En 2022, el Gobierno australiano declaró oficialmente a los koalas como una especie en peligro.

Con el objetivo de entender si la especie tiene futuro, genetistas como Carolyn Hogg de la Universidad de Sídney están secuenciando genomas completos de koalas. Su equipo ya ha analizado más de 800 genomas procedentes de 78 ubicaciones diferentes en Australia. Lo que descubren es preocupante: las poblaciones urbanas están quedando cada vez más aisladas, lo que reduce la diversidad genética y limita la capacidad de los animales para adaptarse a enfermedades o cambios ambientales. Sin flujo genético entre poblaciones, la especie se vuelve más vulnerable.

En el Hospital de Salud y Conservación de Fauna Salvaje de la Universidad de Sídney, inaugurado en 2023, veterinarios y estudiantes trabajan para salvar a los koalas que llegan heridos, deshidratados o atropellados. El centro atiende más de mil animales al año, de los cuales aproximadamente el 40 por ciento son koalas. Cada uno recibe radiografías completas, ecografías y pruebas de clamidia antes de ser liberado. La directora del hospital, Annabelle Olsson, señala que muchos koalas intentan ocultar sus lesiones, aparentando estar bien aunque tengan fracturas graves.

Las estimaciones sobre la población total varían según la metodología utilizada. El Programa Nacional de Monitoreo del Koala sitúa la población entre 398.000 y 569.000 ejemplares en Queensland, Nueva Gales del Sur y el Territorio de la Capital Australiana. Pero estas cifras nacionales ocultan una realidad más sombría: algunas poblaciones locales están al borde de la extinción. Los investigadores creen que aún existe una ventana para salvar a la especie si se protege el hábitat y se garantiza el acceso al agua durante los períodos de calor extremo. Pero esa ventana se está cerrando rápidamente.

Los agricultores nos decían que los koalas tienen sed, pero la ciencia nos decía exactamente lo contrario
— Valentina Mella, investigadora de la Universidad de Sídney
Los koalas intentan cruzar la Pacific Highway y ahí es donde vemos muchas muertes por atropello
— Carolyn Hogg, genetista de la Universidad de Sídney
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Por qué los científicos tardaron tanto en reconocer que los koalas necesitaban beber agua?

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Porque durante décadas la literatura científica se basó en observaciones limitadas. Los koalas viven en los árboles, pasan casi toda su vida allí, y nadie pensó en documentar sistemáticamente si bajaban a beber. Los agricultores lo sabían, pero sus observaciones no tenían el peso de la ciencia formal.

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¿Qué cambió en Gunnedah que permitió a Mella descubrir la verdad?

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Las cámaras. Cuando instaló estaciones de agua y las monitoreó con video, no había forma de negar lo que estaba sucediendo. Los koalas llegaban constantemente, no solo en días de calor extremo. La tecnología hizo visible lo que siempre había estado ocurriendo.

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El colapso de la población en Gunnedah parece casi total. ¿Cómo se recupera una especie de eso?

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Esa es la pregunta que mantiene despiertos a los científicos. Una ola de calor mató al 25 por ciento. Luego vino la clamidia. Luego la fragmentación genética. Cada golpe reduce las opciones de recuperación. Sin diversidad genética, sin conexión entre poblaciones, sin hábitat protegido, es difícil ver un camino claro.

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¿Qué significa que el 75 por ciento de las hembras sean infértiles?

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Significa que incluso si protegieras a todos los koalas que quedan, la mayoría no podría reproducirse. La clamidia no solo enferma a los animales individuales, destruye la capacidad de la población para regenerarse. Es una extinción lenta pero casi inevitable sin intervención.

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¿El hospital puede realmente hacer diferencia a escala de población?

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Puede salvar individuos, puede tratar enfermedades, puede recopilar datos. Pero un hospital no puede detener el cambio climático, no puede restaurar hábitat fragmentado, no puede hacer que las carreteras desaparezcan. Es un salvavidas en un navio que se hunde.

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¿Hay algo que sugiera esperanza?

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Los investigadores dicen que si se protege el hábitat y se garantiza agua durante las olas de calor, aún hay margen. Pero eso requiere decisiones políticas que van más allá de la biología. La ciencia puede mostrar el camino, pero la sociedad tiene que elegir seguirlo.

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