La protección de la democracia se convirtió en control sin límites
En el corazón de Brasil, un magistrado que fue celebrado como guardián de la democracia enfrenta ahora preguntas incómodas sobre los límites del poder que ejerce. Alexandre de Moraes ordenó el bloqueo total de X en agosto de 2024, desatando una batalla pública con Elon Musk que va más allá de las redes sociales: toca la vieja tensión entre proteger las instituciones y convertirse, sin quererlo, en aquello que se combate. La historia advierte que los instrumentos forjados para defender la libertad pueden, con el tiempo, volverse contra ella.
- Moraes bloqueó X en Brasil tras la negativa de Musk a cerrar cuentas investigadas por desinformación, escalando la disputa hasta congelar activos de Starlink e imponer multas a quienes usen VPN para eludir el bloqueo.
- Agricultores y soldados en zonas remotas quedaron sin internet al verse arrastrados por una confrontación que no les pertenece, pagando el costo colateral de una guerra entre el juez y el magnate.
- Liberales que antes aplaudían a Moraes por frenar a Bolsonaro ahora expresan alarma: investigaciones sin límite temporal, censura de medios y allanamientos a empresarios por chats privados sugieren una expansión del poder sin contrapesos claros.
- La aprobación pública de la Corte Suprema se desplomó del 33% al 14% entre 2022 y mayo de 2024, señal de que la legitimidad institucional se erosiona incluso cuando las intenciones declaradas son democráticas.
- La paradoja central se vuelve cada vez más visible: al intentar asfixiar a la extrema derecha, Moraes podría estar alimentando las narrativas de persecución que le dan oxígeno.
En agosto de 2024, Alexandre de Moraes, juez de la Corte Suprema de Brasil, ordenó el bloqueo total de X en el país. La red social de Elon Musk desapareció de los dispositivos brasileños tras semanas de tensión, mientras Musk respondía con memes y comparaciones a Darth Vader. Pero detrás del espectáculo mediático late una pregunta más grave: ¿cuándo la autoridad judicial se convierte en abuso?
Moraes no siempre fue figura polémica. Nombrado a la Corte en 2017 por un presidente conservador, fue aclamado por liberales cuando enfrentó a Bolsonaro: presidió el tribunal que lo inhabilitó por ocho años tras difundir mentiras sobre las elecciones de 2022, e investigó a quienes saquearon las instituciones el 8 de enero de 2023. Su valentía era real; las amenazas de muerte que recibió, también.
El conflicto con X estalló cuando Musk se negó a cerrar cuentas señaladas en una investigación sobre desinformación y cerró la oficina local de la red social en Brasil. Moraes respondió congelando las cuentas bancarias de Starlink para cobrar multas de casi 19 millones de reales, amenazando con sanciones diarias a quienes usaran VPN, y exigiendo a Apple y Google que bloquearan descargas de X, orden que revocó horas después ante la protesta pública.
Lo que inquieta a juristas y periodistas no es solo este caso. Moraes acumula desde 2019 un rol sin precedentes: víctima, fiscal y juez en la misma investigación sobre desinformación, sin límite temporal ni definición legal del delito. Ordenó eliminar un artículo periodístico que calificó de falso; solo lo revocó bajo presión. Empresarios vieron sus casas allanadas y cuentas congeladas por conversaciones en un chat privado de WhatsApp.
El costo es visible en las cifras: la aprobación de la Corte Suprema cayó del 33% al 14% en menos de dos años. Incluso quienes celebraban a Moraes como escudo democrático temen ahora que se haya extralimitado. La ironía es cruel: al intentar contener a la extrema derecha, el juez podría estar validando precisamente las narrativas de persecución que la alimentan.
En agosto de 2024, Alexandre de Moraes, juez de la Corte Suprema de Brasil, tomó una decisión que lo catapultaría a la confrontación más pública de su carrera: ordenar el bloqueo total de X en el país. La red social, propiedad de Elon Musk, desaparecería de los dispositivos brasileños tras semanas de tensión entre el magnate y el magistrado. Musk respondió con comparaciones a Darth Vader y memes generados por inteligencia artificial. Pero detrás de este enfrentamiento de titanes mediáticos hay una pregunta más profunda: ¿cuándo la autoridad judicial se convierte en abuso?
Moraes no siempre fue el blanco de la derecha global. Fiscal de seguridad en São Paulo, fue nombrado a la Corte Suprema en 2017 por Michel Temer, un presidente conservador. Durante años, incluso los liberales brasileños lo aclamaron como héroe cuando enfrentó a Jair Bolsonaro, el expresidente autocrático que sembró caos durante su mandato. Cuando Bolsonaro difundió mentiras sobre máquinas de votación manipuladas antes de las elecciones de 2022, fue Moraes quien presidió el tribunal electoral que lo inhabilitó por ocho años. Cuando bolsonaristas saquearon el Congreso, el palacio presidencial y la Corte Suprema el 8 de enero de 2023, fue Moraes quien abrió la investigación contra los alborotadores. Su valentía era innegable: ha recibido numerosas amenazas de muerte por su trabajo.
Pero algo cambió. El conflicto con X comenzó cuando Musk se negó a cumplir órdenes de Moraes para cerrar cuentas como parte de una investigación sobre desinformación. En lugar de obedecer, Musk cerró la oficina local de X en Brasil. Sin representación legal, la empresa no podía operar. Moraes respondió con medidas que estiraban los límites de la proporcionalidad. Congeló las cuentas bancarias brasileñas de Starlink, la empresa de satélites de Musk, supuestamente para cobrar multas de casi 19 millones de reales. Amenazó con multas diarias de hasta 50.000 reales (8.700 dólares) para cualquiera que accediera a X mediante redes privadas virtuales. Incluso exigió a Apple y Google que prohibieran descargas de X y VPN, aunque revocó esa orden horas después ante la protesta pública.
Las leyes brasileñas sobre libertad de expresión son severas, diseñadas para vigilar "delitos contra la democracia" y "delitos contra el honor". Pero la legislación es solo parte de la historia. Moraes es un hombre que entiende el poder y sabe cómo usarlo. Tiene amplios contactos en la policía federal, el ejército y los servicios de inteligencia. En 2019, fue puesto a cargo de investigar desinformación sobre la Corte Suprema, un rol que lo convirtió simultáneamente en víctima, fiscal y juez. No se estableció límite temporal. No existe definición legal de desinformación en Brasil. Moraes nunca ha hecho públicas qué cuentas ordenó cerrar y por qué. Cuando Crusoé, un medio de investigación, publicó un artículo sugiriendo que otro juez supremo había sido mencionado en correos sobre un permiso corrupto, Moraes lo calificó de "noticia falsa" y ordenó su eliminación. Solo fue revocada tras protesta pública.
En otro caso, empresarios que intercambiaron conversaciones vagas en un chat privado de WhatsApp sobre preferencias políticas vieron sus casas allanadas, sus cuentas bancarias congeladas y sus redes sociales cerradas temporalmente. Abogados como Ricardo Sayeg han cuestionado si el congelamiento de activos de Starlink viola derechos fundamentales. Luiz Augusto D'Urso, de la Fundação Getulio Vargas, calificó la orden sobre VPN de "absurda". Los agricultores y soldados en áreas remotas de Brasil dependen de Starlink para conectarse a internet, quedando atrapados en una disputa que no es suya.
La erosión de la confianza pública ha sido dramática. En diciembre de 2022, casi un tercio de los brasileños decía que la Corte Suprema hacía un trabajo "bueno" o "excelente". Para mayo, solo el 14% lo creía. Incluso los liberales que una vez celebraban a Moraes ahora temen que se haya extralimitado. Su cruzada contra la desinformación bolsonarista, que comenzó como defensa de la democracia, ha adquirido características que parecen autoritarias. El legado podría ser paradójico: al intentar contener la extrema derecha, Moraes podría estar fortaleciéndola, validando narrativas de persecución que sus seguidores han estado promoviendo todo este tiempo.
Citas Notables
La orden de VPN es absurda y viola derechos fundamentales de las empresas— Luiz Augusto D'Urso, Fundação Getulio Vargas, y Ricardo Sayeg, abogado
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué un juez brasileño se convierte en noticia global por bloquear una red social?
Porque representa una colisión entre dos fuerzas: un magistrado que cree que protege la democracia de la desinformación, y un multimillonario que ve cualquier restricción como censura. Pero el verdadero drama es que Moraes fue celebrado por enfrentar a Bolsonaro. Ahora sus propios aliados dudan de él.
¿Qué hizo Moraes que fue tan controvertido?
Tomó decisiones que van más allá de lo que normalmente haría un juez. Congeló cuentas bancarias de una empresa satelital para presionar a Musk. Amenazó con multar a ciudadanos por usar VPN. Investigó desinformación sin límite temporal, sin definición legal clara, sin transparencia sobre qué cuentas cerraba y por qué.
¿Pero no estaba tratando de proteger las elecciones de la desinformación?
Esa fue la justificación inicial, y era válida. Bolsonaro difundió mentiras sobre máquinas de votación. Moraes actuó. Pero luego la investigación se expandió indefinidamente. Cuando un medio publicó un artículo sobre otro juez, lo censuró. Cuando empresarios hablaron en privado, les allanó las casas. La protección se convirtió en control.
¿Qué pasa con los agricultores que dependen de Starlink?
Quedaron atrapados en una disputa que no es suya. Viven en áreas remotas donde Starlink es la única conexión a internet confiable. Moraes congeló los activos de la empresa para presionar a Musk, pero los que sufren son personas que necesitan esa conexión para trabajar.
¿Crees que Moraes abusó de su poder?
Lo que es claro es que sus decisiones estiraron los límites de la proporcionalidad. Un juez puede ser valiente y necesario, pero también puede cruzar una línea. La pregunta que Brasil debe hacerse es si la cura fue peor que la enfermedad.