Los números no cuadran, hay un infradiagnóstico
En 2024, España no notificó ni un fallecimiento laboral por calor, pese a casos documentados en prensa y estimaciones de 2.012 muertes por calor en verano según el Ministerio de Sanidad. Los sindicatos atribuyen el infradiagnóstico a criterios muy restrictivos en autopsias y a que muertes desencadenadas por calor se asocian a otras causas como problemas cardiovasculares.
- España no notificó ni un fallecimiento laboral por calor en 2024, según estadísticas oficiales
- El Ministerio de Sanidad estimó 2.012 muertes por calor en verano de 2024
- Inspecciones de trabajo pasaron de 704 en 2021 a 11.500 en 2024
- Solo seis países europeos reportaron muertes por calor en 2023; Italia concentró el 73 por ciento
Los sindicatos denuncian que las estadísticas oficiales españolas no registran muertes de trabajadores por calor, mientras que estimaciones sanitarias cifran miles de fallecimientos anuales. El problema de subregistro afecta también a otros países europeos.
Esta semana, un trabajador temporal murió en Alcarràs, Lleida, mientras laboraba bajo intenso calor. El informe forense preliminar señaló insuficiencia cardiorrespiratoria aguda en contexto de estrés térmico. Es un caso más en una serie que se repite cada verano: personas que colapsan mientras trabajan en temperaturas extremas, historias que llegan a los titulares y luego desaparecen. Pero hay un problema que los sindicatos llevan años denunciando y que los números oficiales no logran captar: según las estadísticas del Ministerio de Trabajo, España no registró ni un solo fallecimiento laboral por calor en todo 2024. Expertos en salud laboral consideran esa cifra, simplemente, imposible.
El desfase es abismal. Mientras la estadística oficial permanece en cero, otras fuentes pintan un panorama radicalmente distinto. El Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria del Ministerio de Sanidad estimó 2.012 muertes por calor durante el verano de 2024. La aplicación Mace, desarrollada por el CSIC con metodología diferente, elevaba solo en junio de ese año la cifra a 4.128. Estas no son cifras administrativas simples, sino proyecciones resultantes de cruzar datos de mortalidad con umbrales de temperaturas peligrosas y comparaciones históricas. Aun así, contrastan de manera dramática con lo que registra la burocracia laboral. En 2024, el Ministerio de Trabajo contabilizó 111 accidentes por calor e insolación, todos ellos clasificados como leves. Ninguno mortal.
Patricia Ruiz, responsable de Salud Laboral en UGT, explica el mecanismo del ocultamiento. Los casos que trascienden en prensa, dice, representan apenas una fracción de lo que realmente sucede. Pero ni esos casos ni las cifras oficiales se corresponden con lo que los sindicatos saben que está pasando en el terreno. Hay trabajadores cuyas patologías se agravan por exposición al calor y quedan completamente fuera del registro. El problema es que muchas lesiones relacionadas con el trabajo —desde problemas musculoesqueléticos hasta salud mental— se niegan administrativamente su origen profesional. Con las muertes por calor ocurre algo parecido. UGT elaboró un informe en 2023 que documentaba este desfase: mientras la estadística oficial registraba tres fallecimientos por calor e insolación ese año, en los medios de comunicación aparecían más casos. No cuantificaban exactamente cuántos más, pero la brecha era evidente.
Mariano Sanz, secretario confederal de salud laboral de CC OO, profundiza en el mecanismo del infradiagnóstico. Para que una muerte en el trabajo se atribuya a un golpe de calor, la autopsia debe mostrar parámetros muy específicos respecto a la temperatura corporal. Esa lógica restrictiva hace que accidentes desencadenados por el calor terminen asociándose a otras causas. Si un trabajador se desmorona a doce metros de altura bajo el sol, se marea por la temperatura y cae, lo normal es que no quede registrado como muerte asociada al calor. Sanz señala que lo mismo ocurre con fallecimientos de origen cardiovascular que el calor activa pero que las estadísticas no vinculan. En 2024, estos accidentes por infartos, derrames cerebrales y otras patologías de causa natural fueron responsables de 266 muertes laborales, el 42 por ciento del total. Los sindicatos sospechan que en algunos de esos casos el calor fue determinante. La mayoría de las muertes por altas temperaturas ocurren en personas mayores con condiciones previas.
El problema no es exclusivamente español. Un análisis de las estadísticas de Eurostat sobre accidentes de trabajo en la Unión Europea revela un patrón inquietante. De los 27 países miembros, solo 21 reportan cifras de 2023 sobre muertes relacionadas con temperaturas extremas. La mayoría no notifica ningún deceso por estos motivos, incluso en casos donde las temperaturas alcanzan niveles muy altos. Grecia, por ejemplo, no ha reportado ninguna muerte laboral por calor desde 2008. Francia, el segundo país más poblado de la UE, solo notifica un deceso desde entonces. Solo seis países informaron de alguna muerte en 2023, elevando el total europeo a 80 fallecimientos. Pero el 73 por ciento de esas muertes, 53 casos, ocurrieron en un único país: Italia. España notificó cuatro decesos ese año. Marouane Laabbas el Guennouni, investigador del European Trade Union Institute, considera que cifras tan dispares carecen de sentido. Sin datos, es imposible conocer la verdadera magnitud del problema. Reclama definiciones claras sobre qué constituye exposición al calor y qué se considera una lesión o muerte causada por tal exposición en el contexto laboral.
Los estudios disponibles sugieren que el problema está empeorando. La Organización Internacional del Trabajo estima un aumento del 42 por ciento en muertes laborales asociadas al calor entre 2000 y 2020. La Agencia Europea de Medio Ambiente indicó recientemente que las olas de calor en Europa han provocado un aumento de insolaciones y muertes entre trabajadores al aire libre, especialmente en agricultura, construcción, mantenimiento de calles y recogida de residuos. Laabbas el Guennouni subraya que el problema afecta desproporcionadamente a personas con menos recursos: una trabajadora que no puede costear un hogar climatizado, que labora en un sector con exposición continua y que presenta condiciones de vulnerabilidad adicionales, como la menopausia, sufre un riesgo muy distinto al de otras personas. Las soluciones, sostiene, deben contemplar dimensiones sociales, sectoriales, de género y de clase.
El Ministerio de Trabajo ha tomado medidas. En 2023 implementó cambios normativos que especificaban los riesgos asociados al calor. Las inspecciones se han intensificado: pasaron de 704 investigaciones en 2021 a 11.500 en 2024. Los requerimientos crecieron de 401 a 4.175 y las sanciones se multiplicaron de 175.000 euros a 1,4 millones. Las empresas que incumplan enfrentan multas superiores a 980.000 euros. Pero Mariano Sanz cree que España debe mejorar la calidad general de la prevención de riesgos laborales, que ha decaído en años recientes. Considera que esa caída refleja que no es prioridad empresarial y que demasiadas compañías derivan la responsabilidad a terceros. España tiene algunas de las mejores normas preventivas de Europa, pero no se cumplen. El Defensor del Pueblo, bajo la dirección de Ángel Gabilondo, abrió una investigación de oficio el 14 de julio tras conocer por los medios varias muertes de trabajadores por exposición a temperaturas extremas. Los sindicatos mayoritarios y las patronales negocian con el ministerio una modificación más profunda de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. Patricia Ruiz de UGT reconoce que la reforma de 2023 fue un paso importante, pero insiste en que no es suficiente. Los trabajadores tienen derecho a pausar tareas ante ciertos umbrales de temperatura, pero esa información debe llegar efectivamente a las personas, los delegados de prevención deben conocer los protocolos, y las empresas deben estar obligadas claramente a formar a sus plantillas. Sin eso, la norma permanece en el papel.
Citas Notables
Ni lo que trasciende en los medios ni los datos oficiales se corresponden con lo que sabemos que está pasando— Patricia Ruiz, UGT
Si un empleado está trabajando a 12 metros de altura a pleno sol, se marea por la alta temperatura y se cae, lo normal es que no quede registrado como una muerte asociada al calor— Mariano Sanz, CC OO
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué una muerte documentada en prensa no aparece en las estadísticas oficiales?
Porque para que una muerte se registre como laboral por calor, la autopsia debe mostrar parámetros muy específicos de temperatura corporal. Si alguien se cae desde una altura porque se mareó por el calor, queda registrado como caída, no como muerte por calor. El criterio es tan restrictivo que muchos casos se pierden.
Entonces, ¿cuántas personas mueren realmente por calor en España cada año?
Nadie lo sabe con precisión. Las estimaciones del Ministerio de Sanidad hablan de 2.012 muertes en verano de 2024. Otras metodologías dan cifras mucho más altas. Pero la estadística laboral oficial dice cero. El infradiagnóstico es sistemático.
¿Es un problema solo de España?
No. En toda Europa ocurre algo parecido. Grecia no reporta ninguna muerte laboral por calor desde 2008, aunque hace calor. Francia solo una desde entonces. Parece que nadie está midiendo realmente lo que está pasando.
¿Quién sufre más?
Los trabajadores sin recursos. Alguien que no puede costear un hogar climatizado, que trabaja en agricultura o construcción con exposición continua, y que tiene vulnerabilidades adicionales —como una mujer en menopausia— enfrenta un riesgo muy distinto al de otros.
¿Qué está haciendo el gobierno?
Ha intensificado inspecciones y sanciones. Pero los sindicatos dicen que las normas existen pero no se cumplen. Negocia una reforma más profunda de la ley de prevención, aunque aún no hay acuerdo con las patronales.
¿Cuál es el verdadero obstáculo?
Que no se conoce la magnitud real del problema. Sin datos precisos, es imposible enfrentarse a él como se debe. Y mientras tanto, cada verano, trabajadores siguen muriendo sin que nadie lo cuente.