El ideal estadounidense cumple 250 años en crisis, entre el revisionismo y la nostalgia

La esclavitud de más de 600 personas bajo Jefferson y el genocidio indígena permanecen como cicatrices no resueltas en la historia estadounidense que afectan la identidad nacional actual.
No se puede ser fiel a ese doble compromiso sin caer en la contradicción
Eddie Glaude Jr. sobre la imposibilidad de que Estados Unidos sea simultáneamente un faro de libertad y una república blanca.

Solo el 31% de estadounidenses se sienten muy orgullosos de su país, frente al 78% en 2015, reflejando una erosión histórica de la identidad nacional. Los historiadores advierten que los intentos de Trump de blanquear la historia ignoran las contradicciones fundamentales de Jefferson y otros fundadores que poseían esclavos.

  • Solo el 31% de estadounidenses se sienten muy orgullosos de su país, frente al 78% en 2015
  • Jefferson poseyó al menos 607 personas esclavizadas a lo largo de su vida
  • De los 56 firmantes de la Declaración, 15 no eran esclavistas
  • Un quinto de la población de las colonias vivía esclavizada el 4 de julio de 1776
  • Jefferson mantuvo una relación de 30 años con Sally Hemings, a quien nunca reconoció públicamente

EE UU conmemora el 250 aniversario de su Declaración de Independencia en medio de una profunda crisis sobre sus ideales fundacionales, mientras el Gobierno de Trump intenta reescribir la historia y la sociedad cuestiona el legado de los Padres Fundadores.

Estados Unidos se prepara para celebrar el 4 de julio los 250 años de su Declaración de Independencia, pero la conmemoración llega en un momento de profunda fractura. El movimiento No Kings protesta contra lo que ve como autoritarismo presidencial, mientras circulan copias del documento revolucionario que enumera 27 abusos contra un tirano—acusaciones que, leídas hoy, parecen dirigidas al presente tanto como al pasado. La ironía es tan evidente que casi duele: el texto que Thomas Jefferson escribió en 1776 con sus palabras sobre hombres creados iguales y dotados de derechos inalienables se ha convertido en un espejo incómodo para una nación que no sabe qué hacer con su propio reflejo.

La salud del ideal estadounidense se ha deteriorado de manera visible. Solo el 31 por ciento de los ciudadanos se declara muy u extremadamente orgulloso de serlo, según Gallup, una caída dramática desde el 78 por ciento en 2015. Tres cuartas partes de la población creen que los Padres Fundadores estarían decepcionados con lo que sus descendientes han hecho de su creación. El historiador Robert Parkinson, que acaba de publicar un ensayo titulado Tiranos y Truhanes enfocado en los agravios específicos listados en la Declaración, señala que esa lista habla de corrupción judicial, órdenes ejecutivas sin límite, control civil de las fuerzas armadas e inmigración. La pregunta que plantea es simple: ¿no suena familiar? Parkinson escribía su libro antes de que Trump regresara a la presidencia, pero la vuelta del republicano lo apuró para terminarlo.

La contradicción fundamental que define a Estados Unidos desde su nacimiento sigue sin resolverse. Jefferson, un virginiano de 33 años cuando redactó el documento, fue también propietario de al menos 607 personas a lo largo de su vida. Un quinto de la población de las colonias vivía esclavizada el 4 de julio de 1776. El historiador Frank Cogliano, profesor en Edimburgo, describe la Declaración como un estándar imposible que debe leerse a la luz de las contradicciones de quienes la firmaron. De los 56 firmantes, 15 no eran esclavistas, lo que significa que había alternativa. Pero Jefferson no la eligió. Tampoco reconoció nunca a los cuatro hijos que tuvo con Sally Hemings, una mujer esclavizada a la que mantuvo una relación de treinta años. Escribió veinte mil cartas y llevó cinco diarios simultáneos, pero en ninguno de esos documentos mencionó a Hemings o a sus hijos, cuya propiedad legó a su hija blanca.

Monticello, la mansión que Jefferson construyó en las afueras de Charlottesville, permanece como un lugar donde esa historia incómoda no puede ser borrada. La fundación privada que la gestiona ofrece tours de dos horas y media en los que los guías cuentan sin dramatismo la vida de las personas esclavizadas y los detalles que empañan el legado del gran hombre. El domingo pasado, cuando visitantes estadounidenses recorrieron la propiedad, una mujer negra expresó su impotencia por todo lo que no se sabe sobre el resto de quienes vivieron subyugados allí. Una profesora de instituto blanca dijo que se había apuntado para poder enseñarles mejor a sus alumnos. Todos parecían tener la impresión de haber recibido información ignorada por la mayoría de sus compatriotas, aunque historiadores como Annette Gordon-Reed han documentado estas contradicciones desde los años noventa.

La batalla por el significado de 1776 se ha convertido en una guerra cultural entre dos visiones irreconciliables. De un lado está la Comisión 1776, renacida como Freedom 250, la entidad encargada por la Casa Blanca de organizar las celebraciones del semiquincentennial. Sus festejos en Washington incluyen dos mítines presidenciales, una carrera de coches, un combate de artes marciales mixtas en la Casa Blanca, un rodeo y una feria estatal. El consejero delegado de Freedom 250, Keith Krach, aliado de Trump, defiende el programa como una celebración de la libertad, la mayor exportación de Estados Unidos. Del otro lado está el Proyecto 1619, la iniciativa periodística de Nikole Hannah-Jones que propuso en 2019 retrasar el reloj de la fundación del país hasta la llegada de los primeros barcos de África, colocando la experiencia negra en el centro de la comprensión de la historia estadounidense.

Los historiadores consultados advierten que los intentos de Trump de blanquear la historia son simplistas y subestiman la inteligencia de los ciudadanos. Steve Levitsky, coautor del ensayo Cómo mueren las democracias, señala que los Padres Fundadores diseñaron un sistema altamente fragmentado pensado para limitar el poder ejecutivo y permitir la supervivencia ante un demagogo como Trump. Pero no pudieron prever los partidos políticos modernos ni que un solo líder controlaría personalmente uno de esos partidos y dominaría todas las ramas del Gobierno. ¿Sobrevivirá la democracia? Probablemente, dice Levitsky, pero no gracias al diseño original sino porque las instituciones echaron raíces robustas. Michael Kazin, profesor de Georgetown, pide que la izquierda estadounidense aparque su cinismo y reclame una forma de patriotismo práctico, defendiendo la idea original de que cualquiera que llegue aquí y suscriba los ideales estadounidenses puede integrarse tan bien como quienes comparten orígenes étnicos con los colonos.

Eddie Glaude Jr., uno de los intelectuales negros más respetados del país, ve en esta conmemoración otra oportunidad perdida. Estados Unidos, explica, siempre tuvo un alma dividida que se imagina a sí misma como un faro de libertad y como una república blanca. No se puede ser fiel a ese doble compromiso sin caer en la contradicción. Su nuevo ensayo, America, U.S.A., examina cómo el asunto de la raza ha ensombrecido los grandes cumpleaños de Estados Unidos desde el primero, el cincuentenario de 1826, día en que murieron Jefferson y John Adams. Las conmemoraciones, concluye Glaude, siempre acaban convertidas en momentos para hacer la vista gorda sobre los males del pasado y el presente. El bicentenario de 1976 se recuerda como una fiesta que reconcilió a un país dividido tras Vietnam, Watergate y la renuncia de Nixon. Incorporó perspectivas de los movimientos civiles de los años sesenta, del feminismo a la lucha por los derechos de los nativos. Esta vez no se espera nada parecido. El historiador Daniel Immerwahr cree que el semiquincentennial perdurará como el primero en el que el cambio climático era el factor global más importante y el primero con el poder mundial de Estados Unidos en retroceso. Quienes miren atrás estarán mucho más interesados en lo que se hizo o dejó de hacer respecto al calentamiento global que en las extravagancias presidenciales. Mientras tanto, Trump tiene sus propias obsesiones de constructor: un Arco de Triunfo de 250 pies de altura en el Mall y un Jardín Nacional de los Héroes Estadounidenses con cientos de estatuas a orillas del Potomac, cuyas aguas fueron vitales hace dos siglos y medio para el éxito de la revolución contra un tirano.

Esa lista habla de la corrupción del poder judicial, de la pasión por las órdenes ejecutivas, del control civil de las fuerzas armadas y de la necesidad de la inmigración. ¿Le suena?
— Robert Parkinson, historiador, sobre los agravios listados en la Declaración de Independencia
Jefferson es Estados Unidos en miniatura. Su complejidad puede explicarse como la disyuntiva entre esas elocuentes palabras y su negación de los derechos de las personas de ascendencia africana. Si resolvemos el problema de Jefferson, podemos resolver el problema de Estados Unidos. Buena suerte con eso.
— Frank Cogliano, historiador, sobre las contradicciones fundamentales de la nación
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué importa tanto cómo celebramos este aniversario?

Model

Porque la forma en que contamos nuestra historia determina quiénes creemos que somos. Si blanqueamos los hechos incómodos, nos mentimos a nosotros mismos sobre qué necesita arreglarse.

Inventor

Pero Jefferson escribió palabras hermosas sobre la igualdad. ¿No cuenta eso?

Model

Cuenta, pero solo si lo leemos junto con el hecho de que poseía 607 personas. Las palabras sin la verdad son solo propaganda.

Inventor

¿Entonces los Padres Fundadores fueron hipócritas?

Model

Fueron hombres complejos que escribieron un estándar imposible que ni ellos mismos cumplieron. Lo interesante es que otros firmantes eligieron no ser esclavistas. Había alternativa.

Inventor

¿Puede sobrevivir la democracia estadounidense a esto?

Model

Probablemente sí, pero no porque el sistema esté bien diseñado. Sobrevivirá porque las instituciones echaron raíces profundas. Eso es más suerte que ingeniería.

Inventor

¿Qué debería hacer Estados Unidos ahora?

Model

Dejar de elegir entre ignorar los males o obsesionarse con ellos. Necesita entender realmente su pasado, con humildad, sin excusas fáciles.

Inventor

¿Y si no lo hace?

Model

Entonces seguirá siendo una nación dividida que se imagina a sí misma como un faro de libertad mientras construye muros. Eso es lo que ha hecho durante 250 años.

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