Huawei sigue siendo un gigante de cien mil millones de dólares
En el cruce entre la soberanía tecnológica y la interdependencia global, la administración Biden contempla cerrar definitivamente la última puerta que conecta a Huawei con el ecosistema de semiconductores estadounidense. Lo que comenzó como una restricción cautelosa bajo Trump se transforma ahora en una posible prohibición absoluta, impulsada por sospechas persistentes sobre los vínculos de la empresa con el aparato militar y político de Beijing. Este movimiento no es solo una decisión comercial: es una declaración sobre cómo Occidente intenta rediseñar las fronteras invisibles de la era digital.
- La Casa Blanca evalúa negar todas las licencias de exportación a Huawei, eliminando incluso la posibilidad de excepciones caso por caso que existían desde 2019.
- La presión republicana en el Congreso y los acuerdos recientes con Países Bajos y Japón para restringir semiconductores avanzados aceleran el impulso hacia una postura más dura.
- Beijing reaccionó con alarma ante las restricciones coordinadas, aunque la portavoz Mao Ning no especificó represalias concretas, dejando la tensión suspendida.
- El golpe económico para empresas como Qualcomm, Intel y AMD sería hoy marginal: Huawei representa menos del 1% de sus ingresos, muy lejos de su peso de hace apenas cuatro años.
- Mientras se debate la prohibición total, la mayoría de las nuevas solicitudes de licencia ya están paralizadas, creando de facto un bloqueo parcial sin decisión formal.
La administración Biden se encuentra ante una decisión que podría marcar el punto más agresivo de su confrontación tecnológica con China: cortar por completo el acceso de Huawei a proveedores estadounidenses como Intel, Qualcomm y AMD. Desde que Trump incluyó a la empresa en la Lista de Entidades en 2019, los proveedores podían solicitar licencias individuales, aunque muchas eran rechazadas. Ahora, algunos funcionarios quieren eliminar esa posibilidad por completo, argumentando que Huawei mantiene vínculos profundos con el gobierno de Beijing y las fuerzas armadas chinas.
El contexto es de tensión creciente. Los republicanos presionan al presidente para endurecer las medidas contra el avance tecnológico chino, y la semana previa a estos reportes, Washington logró que Países Bajos y Japón se sumaran a las restricciones sobre maquinaria para fabricar semiconductores avanzados. La portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Mao Ning, calificó las acciones de abuso del poder estatal, sin precisar una respuesta concreta.
Lo paradójico es que el impacto económico real sería hoy mucho menor que en años anteriores. Huawei, otrora uno de los mayores compradores de componentes electrónicos del mundo, ahora representa menos del 1% de los ingresos combinados de Qualcomm, Intel y AMD. La empresa ha reducido su negocio de smartphones y se ha enfocado en redes para operadores chinos y proyectos internacionales de infraestructura, desde África hasta Oriente Medio.
Aun así, Huawei sigue siendo un gigante de cien mil millones de dólares que ha demostrado resiliencia: acumula componentes estratégicamente y busca alternativas a los circuitos estadounidenses. Las conversaciones en Washington están en fase temprana, sin fecha definida para una decisión. Lo que sí es evidente es que, con o sin prohibición formal, la administración Biden ya intensifica su postura: la mayoría de las solicitudes de nuevas licencias permanecen paralizadas, configurando de hecho un bloqueo parcial mientras se debate el total.
La administración Biden está considerando un movimiento que marcaría el punto más agresivo hasta ahora en su enfrentamiento tecnológico con China: cortar completamente el acceso de Huawei a los proveedores estadounidenses. Funcionarios en Washington están evaluando una política que negaría todas las solicitudes de licencia para que empresas como Intel, Qualcomm y Advanced Micro Devices vendan componentes a la compañía de telecomunicaciones con sede en Shenzhen.
Esta medida representaría una escalada respecto a las restricciones que ya existen desde hace cuatro años. Cuando Donald Trump incluyó a Huawei en la Lista de Entidades estadounidense en 2019, argumentando preocupaciones de seguridad nacional, el acceso no se cerró completamente. Los proveedores estadounidenses podían solicitar licencias caso por caso, aunque muchas eran denegadas. Ahora, algunos funcionarios de la administración Biden quieren eliminar esa posibilidad por completo, bajo la sospecha de que Huawei mantiene vínculos profundos con el gobierno de Beijing y las fuerzas armadas chinas.
La iniciativa se inscribe en un contexto más amplio de tensión creciente con China. Los republicanos que controlan la Cámara de Representantes presionan constantemente al presidente para que intensifique las medidas contra el avance tecnológico chino. La semana anterior a estos reportes, la administración Biden logró que Países Bajos y Japón se unieran a Estados Unidos en la restricción de exportaciones de maquinaria para fabricar semiconductores avanzados. Beijing respondió con alarma. La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Mao Ning, declaró que su país se opone firmemente a lo que calificó como un abuso del poder estatal estadounidense, aunque no especificó cómo respondería.
Lo que hace interesante esta coyuntura es que el impacto económico real sería mucho menor que en años anteriores. Huawei fue alguna vez uno de los mayores compradores de componentes electrónicos del mundo, un pilar de la cadena de suministro global. Las restricciones de Trump causaron daños significativos a empresas como Broadcom. Pero en 2023, Huawei representa menos del uno por ciento de los ingresos combinados de Qualcomm, Intel y AMD. La empresa se ha desprendido de gran parte de su negocio de teléfonos inteligentes y ahora ofrece principalmente dispositivos 4G bajo su propia marca. Su reputación ha sido golpeada por la campaña estadounidense en su contra.
Aun así, Huawei sigue siendo un gigante de cien mil millones de dólares. Obtiene enormes ingresos de operadores inalámbricos chinos como China Mobile y de empresas estatales que dependen de ella para construir redes locales y corporativas. La empresa lidera la expansión de la red 5G más grande del mundo en China y participa en proyectos de banda ancha crítica desde África hasta Oriente Medio. En diciembre pasado, Huawei declaró que "todo sigue igual" después de sortear exitosamente las sanciones tecnológicas estadounidenses.
Parte de esa resiliencia proviene de una estrategia deliberada de almacenamiento. Huawei ha estado acumulando componentes extranjeros, particularmente chips, y buscando activamente alternativas a los circuitos estadounidenses. Mientras tanto, en Washington, las conversaciones sobre la nueva política se encuentran en una fase temprana. Los funcionarios que hablan sobre el tema pidieron anonimato porque no se ha tomado una decisión final. Tampoco está claro cuándo podría actuar la administración. Algunos sugieren que el momento podría coincidir con el cuarto aniversario de la inclusión de Huawei en la lista de entidades, previsto para mayo de este año.
Por ahora, la mayoría de las solicitudes actuales de nuevas licencias están estancadas en un proceso de aprobación paralizado, creando de facto una prohibición parcial mientras se debate la prohibición total. Intel, Qualcomm y AMD declinaron hacer comentarios. El Consejo de Seguridad Nacional y el Departamento de Comercio tampoco respondieron a las solicitudes de información. Lo que sí está claro es que la administración Biden continúa intensificando su postura hacia la tecnología china, con o sin una decisión formal sobre Huawei.
Citas Notables
China se opone firmemente a que Estados Unidos abuse del poder del Estado para obstaculizar a las empresas chinas estirando el concepto de seguridad nacional— Mao Ning, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino
Todo sigue igual tras sortear con éxito las sanciones tecnológicas de Estados Unidos— Huawei, en declaración de diciembre de 2022
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué ahora? Huawei ya estaba restringida desde 2019.
Porque las restricciones parciales no han detenido a Huawei. Sigue siendo rentable, sigue construyendo redes 5G, sigue siendo relevante. La administración Biden quiere cerrar completamente esa puerta.
¿Y eso le duele a Huawei realmente?
Menos de lo que le dolería hace cinco años. Huawei ya perdió su negocio de teléfonos inteligentes de alta gama. Ahora representa menos del uno por ciento de los ingresos de sus principales proveedores estadounidenses. Pero sigue siendo un gigante de cien mil millones de dólares.
¿Cómo sobrevive sin componentes estadounidenses?
Almacenando. Ha estado acumulando chips y buscando alternativas chinas. No es fácil, pero es posible si tienes dinero y paciencia.
¿Qué dice China al respecto?
Que Estados Unidos está abusando del concepto de seguridad nacional para bloquear empresas chinas. Pero no ha dicho exactamente cómo va a responder.
¿Cuándo podría suceder esto?
Todavía no hay decisión. Las conversaciones están en fase temprana. Algunos sugieren que podría coincidir con el cuarto aniversario de la inclusión de Huawei en la lista, en mayo.
¿Quién está presionando para que esto suceda?
Los republicanos en el Congreso, principalmente. Quieren que Biden sea más agresivo con China en tecnología. Y algunos funcionarios de su propia administración están de acuerdo.