El ébola se expande en la República Democrática del Congo mientras el M23 consolida su control

Más de 180 muertes confirmadas por ébola; desplazamientos masivos de población; violencia sexual sistemática contra mujeres y niñas; 83.820 congoleños refugiados en Uganda desde enero de 2025; colapso económico y de servicios básicos.
La guerra y el ébola son amenazas simultáneas
Marie-Dolorose Masika, enfermera en Butembo, resume cómo dos crisis avanzan juntas en el este de la RDC.

La OMS declaró emergencia sanitaria internacional el 17 de mayo; hasta junio se reportan 782 casos confirmados y 181 muertes, con expansión a Uganda. El conflicto armado destruye infraestructura sanitaria, desplaza poblaciones y facilita propagación viral en contextos de hacinamiento y falta de agua potable.

  • 782 casos confirmados de ébola y 181 muertes hasta junio de 2026
  • OMS declaró emergencia sanitaria internacional el 17 de mayo de 2026
  • M23 tomó control de Goma y Bukavu a principios de 2025
  • 83.820 congoleños refugiados en Uganda desde enero de 2025
  • 657.223 personas refugiadas y solicitantes de asilo congoleños en Uganda en marzo de 2026

Un brote de ébola se propaga en el este de la RDC mientras el M23 consolida control militar, agravando una crisis humanitaria marcada por desplazamientos, violencia sexual y colapso de servicios sanitarios.

En el este de la República Democrática del Congo, dos crisis avanzan simultáneamente. Mientras el grupo armado M23 consolida su control sobre las ciudades de Goma y Bukavu —capitales de las provincias de Kivu Norte y Kivu Sur— un brote activo de ébola se expande por la región, llevando consigo una enfermedad que encuentra en la guerra el terreno perfecto para propagarse.

El conflicto en Kivu no es nuevo. Durante más de tres décadas, decenas de grupos armados han operado en estas provincias fronterizas con Uganda, Ruanda y Burundi, alimentados por la disputa por recursos minerales como el cobalto y el coltán, tensiones sobre la tierra y reformas de seguridad que nunca llegaron. Pero la toma de control por parte del M23 a principios de 2025 marcó un punto de quiebre. Las ciudades cayeron. Los bancos cerraron. Los salarios públicos se suspendieron. Las familias perdieron sus fuentes de ingresos. Y en medio de este colapso económico y político, llegó el ébola.

La cepa Bundibugyo comenzó a circular principalmente en la provincia de Ituri, pero rápidamente se extendió a Kivu Norte y Sur, y cruzó las fronteras hacia Uganda. Hasta mediados de junio, las autoridades congoleñas habían notificado 782 casos confirmados y 181 muertes. Las cifras suben cada día. El 17 de mayo, la Organización Mundial de la Salud declaró la epidemia como una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional, el nivel más alto de alerta sanitaria que puede emitir la OMS. Pero para quienes viven en Kivu, esta declaración llegó tarde. Ya estaban viviendo en una emergencia.

Marie-Dolorose Masika, enfermera y coordinadora de FEPSI, una organización que trabaja con mujeres supervivientes de violencia sexual y comunidades desplazadas en Butembo, lo resume con claridad: "La guerra y el ébola son amenazas simultáneas". Lleva más de veinte años acompañando a personas atrapadas en este ciclo de violencia. Lo que ve es que los desplazamientos provocados por la guerra facilitan la propagación del virus, mientras exponen a las personas desplazadas a nuevas formas de explotación y abuso. El doctor Espoir Fazili, médico congoleño de Goma que ahora reside en Kampala, explica el mecanismo: el conflicto armado reduce drásticamente el personal sanitario, destruye o cierra estructuras de salud, y dificulta el acceso a medicamentos. Cuando una epidemia como el ébola llega a un sistema ya debilitado, tareas esenciales como el rastreo de contactos o la vigilancia epidemiológica se vuelven extremadamente complejas.

La ocupación militar ha atravesado todos los ámbitos de la vida cotidiana. Landry Maheshe, activista y defensor de derechos humanos en Goma, documenta cómo muchas familias han perdido sus fuentes de ingresos por saqueos y cierres de negocios. La participación ciudadana se ha reducido drásticamente. Numerosos activistas han tenido que abandonar la región o limitar sus actividades. En este contexto de empobrecimiento, las comunidades más vulnerables enfrentan mayores barreras para acceder a información y atención médica. El deterioro económico tiene efectos directos sobre la salud. Las desigualdades que ya existían antes se hacen mucho más visibles cuando una persona enferma debe ser aislada y la economía familiar colapsa, agravando la inseguridad alimentaria y la malnutrición.

Las mujeres cargan con una vulnerabilidad desproporcionada. El doctor Fazili señala que muchas se ven obligadas a tomar decisiones imposibles: respetar las medidas de prevención o encontrar cómo alimentar a sus familias. Han perdido sus hogares, sus medios de vida, familiares cercanos, y continúan siendo responsables del cuidado de hijos e hijas en condiciones extremadamente precarias. En el hospital de FEPSI, Masika observa historias que están atravesadas simultáneamente por el conflicto, el desplazamiento forzado, la violencia sexual, la pobreza y las barreras de acceso a la atención sanitaria. Algunas mujeres son víctimas de violencia sexual durante el trayecto hacia las zonas urbanas donde existen servicios médicos. Maheshe subraya que esta vulnerabilidad no puede explicarse únicamente por la guerra. Está relacionada también con estructuras sociales preexistentes que limitan los derechos y la autonomía de las mujeres. La violencia sexual continúa siendo una de las expresiones más constantes de esta realidad, impulsada tanto por la impunidad como por la ausencia de mecanismos efectivos de justicia.

La expansión del brote ha tenido consecuencias regionales. Uganda, el principal país de acogida de personas refugiadas en África, ha impuesto restricciones en varios pasos fronterizos con la RDC. El país alberga más de dos millones de personas refugiadas y solicitantes de asilo. Desde que el M23 consolidó su control sobre Kivu en 2025, la población congoleña que huye de la violencia hacia Uganda ha crecido: desde enero de 2025, las llegadas acumuladas de personas congoleñas registradas en Uganda alcanzaron las 83.820, y el total de personas refugiadas y solicitantes de asilo congoleñas en Uganda ascendía a 657.223 personas en marzo de 2026. Pero el endurecimiento de los controles complica aún más las posibilidades de quienes intentan escapar. Las mujeres que buscan protección o atención médica se ven obligadas a recorrer distancias más largas para acceder a servicios, lo que retrasa los tratamientos y aumenta los riesgos asociados a la enfermedad.

Para Maheshe, que se vio obligado a refugiarse en Uganda durante unos meses por amenazas constantes a causa de su labor como defensor de derechos humanos, el cierre de las fronteras tiene una dimensión profundamente política. Goma y Bukavu se han convertido en una especie de prisión. La posibilidad de huir, buscar refugio, o simplemente mantener redes económicas transfronterizas, se reduce cada vez más. Pese a todo, tanto Masika como Maheshe y el doctor Fazili coinciden en que las comunidades continúan desarrollando estrategias de resistencia. Organizaciones locales como FEPSI mantienen servicios de salud y acompañamiento a mujeres supervivientes. Activistas y defensores de derechos humanos siguen documentando abusos, a menudo poniendo en riesgo su propia seguridad. La historia de Kivu no es únicamente la de una guerra persistente ni la de una epidemia. Es la historia de cómo distintas formas de violencia se superponen y se refuerzan mutuamente. Y también la de una población que continúa defendiendo sus derechos y su capacidad de decidir sobre su propio futuro.

El conflicto armado provoca una reducción drástica del personal sanitario, la destrucción o el cierre de numerosas estructuras de salud y dificultades para acceder a medicamentos y atención médica
— Doctor Espoir Fazili, médico congoleño
Las mujeres suelen verse obligadas a tomar decisiones imposibles. Tienen que escoger entre respetar las medidas de prevención o encontrar cómo alimentar a sus familias
— Doctor Espoir Fazili
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Por qué el ébola se propaga tan rápidamente en una zona de conflicto armado?

Model

Porque la guerra destruye todo lo que contiene una epidemia. Sin hospitales funcionando, sin personal sanitario, sin agua potable, sin la capacidad de rastrear contactos, el virus encuentra caminos abiertos. Las personas desplazadas viajan sin saber que están enfermas, duermen en espacios hacinados, comparten recursos escasos.

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¿Y las mujeres? ¿Por qué aparecen tan centralmente en esta crisis?

Model

Porque enfrentan todas las capas simultáneamente. No solo están desplazadas y empobrecidas como todos. Además soportan violencia sexual sistemática, y son ellas quienes sostienen los cuidados de las familias. Cuando deben elegir entre prevenir el contagio o alimentar a sus hijos, no hay elección real.

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¿Qué significa que Goma y Bukavu se hayan convertido en una "prisión"?

Model

Significa que las fronteras se cerraron. Los aeropuertos cerraron. Las personas que quieren huir de la violencia no pueden. Los suministros médicos no llegan. Es un aislamiento que agrava todo: la epidemia, el hambre, la violencia. Nadie entra, nadie sale.

Inventor

¿Hay algo que la gente en Kivu esté haciendo para resistir?

Model

Sí. Organizaciones como FEPSI siguen funcionando, siguen atendiendo a mujeres supervivientes de violencia. Los activistas siguen documentando abusos a pesar del riesgo. No es resistencia espectacular, pero es resistencia real. Están diciendo: nuestra historia no es solo de víctimas.

Inventor

¿Qué debería entender alguien que lee esto desde lejos?

Model

Que esto no es una catástrofe natural. Es el resultado de decisiones políticas, de conflictos por recursos, de estructuras de violencia que preexisten a la guerra. El ébola es solo lo más visible. Lo más profundo es cómo la violencia se superpone y se refuerza a sí misma.

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