El drama de los venezolanos: por qué prefieren arriesgar sus vidas hacia EE.UU.

Millones de venezolanos enfrentan muerte por falta de medicinas, violencia o hambre; migrantes arriesgan vidas cruzando fronteras; ancianos como Irma de 80 años son deportados tras intentos fallidos.
No tienen nada que perder, y cuando eso pasa, lo arriesgas todo
Un abogado defensor de derechos humanos explica por qué los venezolanos cruzan fronteras sabiendo que probablemente serán deportados.

Crisis humanitaria en Venezuela impulsa migraciones masivas: 5 millones de refugiados en el mundo buscan escapar de pobreza, inseguridad y colapso de servicios públicos. Venezolanos perciben a EE.UU. como única alternativa viable debido a desconfianza hacia gobiernos de izquierda en Sudamérica y legado histórico de vínculos con el país norteamericano.

  • Aproximadamente 5 millones de venezolanos dispersos en el mundo como refugiados y migrantes
  • Entre 25 mil y 27 mil muertes violentas anuales en Venezuela
  • Irma, mujer de 80 años, fue deportada tras cruzar el Río Grande a pesar de las protecciones anunciadas por Biden en marzo de 2021
  • 861 mil venezolanos en Perú, 1.8 millones en Colombia, 484 mil en Estados Unidos (hasta 2018)

Venezolanos prefieren el peligroso viaje a EE.UU. sobre migrar a Sudamérica debido a crisis económica, falta de servicios y violencia, combinado con percepciones políticas sobre gobiernos de izquierda en la región.

Una fotografía capturada en el Río Grande a finales de mayo mostró a un joven migrante venezolano atravesando las aguas fronterizas con una mujer de ochenta años en sus brazos. La imagen resume, en un solo instante, el cálculo desesperado que millones de venezolanos hacen cada día: el riesgo de muerte en el camino parece menor que la certeza de morir en casa.

La mujer de la foto, Irma, originaria de Maracaibo, representa una realidad más compleja que la que sugiere el heroísmo de su rescate. Aunque logró cruzar el río, su llegada a suelo estadounidense no significó salvación. Al ser identificada por agentes migratorios, enfrentó la deportación, quedando fuera del alcance de las protecciones que el presidente Joe Biden había anunciado en marzo para los venezolanos que huían de la crisis humanitaria. Esas garantías de residencia legal y permiso de trabajo no se extendían a quienes ya habían sido capturados en la frontera.

Según el Observatorio Venezolano de Migración, aproximadamente cinco millones de venezolanos se encuentran dispersos en el mundo, huyendo de un país donde la supervivencia se ha convertido en el único objetivo realista. En Perú residen alrededor de 861 mil; en Colombia, más de 1.8 millones; en Estados Unidos, cerca de 484 mil hasta 2018. Pero estas cifras no cuentan la historia completa. No registran los hospitales que funcionan con recursos mínimos, las ciudades sin agua corriente, los barrios donde la electricidad es un lujo, ni las 25 mil a 27 mil muertes violentas que Venezuela contabiliza anualmente.

José Vicente Haro, profesor de derecho constitucional en la Universidad Central de Venezuela y defensor de derechos humanos, identifica tres fuerzas que empujan a sus compatriotas hacia la frontera norte. La primera es el colapso económico: sin trabajo, sin dinero para comer, sin esperanza de que eso cambie. La segunda es la desaparición de servicios públicos básicos. Hospitales vaciados de medicinas, sistemas de agua que funcionan intermitentemente o no funcionan, electricidad racionada, gas inaccesible. La tercera es la violencia que permea cada aspecto de la vida cotidiana. Cuando Haro pregunta a sus compatriotas qué esperan del futuro, la respuesta es casi unánime: nada. El venezolano promedio ha dejado de creer en soluciones políticas. Lo único que importa es sobrevivir, cuidarse como sea posible, mantener vivos a los suyos.

Pero ¿por qué Estados Unidos y no los países vecinos? Haro señala que el béisbol, deporte nacional de Venezuela, es la primera pista. Durante décadas, el sueño de todo niño de barrio era jugar en las grandes ligas estadounidenses. Eso no es casualidad. Estados Unidos llegó a Venezuela en los años veinte para explotar el petróleo, y esa presencia dejó una marca profunda. Durante la época democrática, los venezolanos aprendieron a ver al país del norte como el lugar donde los servicios funcionan, donde se prospera, donde existen libertades. Ese imaginario persiste incluso ahora, cuando la realidad es mucho más complicada.

La política regional refuerza esa preferencia. En Perú, un candidato de izquierda genera preocupación. Chile parece encaminarse hacia un gobierno similar. Argentina está gobernada por aliados de Chávez y Maduro. Brasil podría rechazar a Bolsonaro. Colombia enfrenta un futuro incierto. Para un venezolano que ya ha vivido 22 años bajo un régimen socialista, la idea de huir hacia otro país latinoamericano gobernado por la izquierda es insoportable. Mejor ir más lejos, a un lugar donde esa ideología no tiene espacio. Y así, familias ahorran dinero durante meses, lo entregan a un pariente, y ese pariente emprende el viaje hacia el norte.

La información incompleta acelera el proceso. Alguien escuchó que Biden apoyaría la migración, que regularizaría a indocumentados, que habría oportunidades. Eso fue suficiente. Nadie explica los peligros reales del tránsito, los desafíos de llegar sin documentos, las probabilidades de deportación. Cuando Haro reflexiona sobre por qué alguien se anima a cruzar el río sabiendo que probablemente será deportado, su respuesta es cruda: porque no tienen nada que perder. En Venezuela, la muerte es casi segura de todas formas. Sin medicinas, sin comida, sin seguridad. Si alguien les dice que existe la posibilidad de llegar a Estados Unidos, la respuesta es obvia: ¿por qué no? Y lo hacen.

Aquí en Venezuela, ellos tienen la muerte casi asegurada porque no pueden acceder a las medicinas, por la violencia o porque no tienen dinero para comer. Si a esas personas les dices que existe la posibilidad de ir a Estados Unidos, te van a decir: '¿por qué no?'
— José Vicente Haro, profesor de derecho constitucional de la Universidad Central de Venezuela
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué un hombre carga a una anciana a través de un río en lugar de simplemente quedarse en un país vecino donde al menos habla el mismo idioma?

Model

Porque después de 22 años de crisis, los venezolanos no ven a Sudamérica como salvación. Ven gobiernos de izquierda que les recuerdan exactamente de dónde vienen.

Inventor

Pero eso es política. ¿No es más importante tener comida y medicinas?

Model

Claro que sí. Pero cuando has perdido todo, la política se convierte en la última cosa que controlas. Es la única razón que te queda para creer que algo puede ser diferente.

Inventor

¿Y si no lo es? ¿Si llega a Estados Unidos y descubre que no hay trabajo, que hay discriminación, que es deportado?

Model

Ya está muerto en Venezuela. Literalmente. Sin medicinas, sin dinero, sin seguridad. El riesgo de morir en el camino es menor que la certeza de morir en casa.

Inventor

Entonces la fotografía del joven cargando a la anciana no es heroísmo. Es desesperación.

Model

Es ambos. Es lo que sucede cuando la desesperación se convierte en la única opción que te queda.

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