El diseño de Trionda podría acortar los pases largos en el Mundial 2026

Los pases largos podrían ser unos metros más cortos
El investigador John Eric Goff sobre cómo la Trionda alterará el juego en el Mundial 2026.

Cada vez que el mundo se reúne alrededor del fútbol, el balón mismo se convierte en protagonista silencioso. La Trionda, pelota oficial del Mundial 2026 en Estados Unidos, Canadá y México, ha sido sometida a dos décadas de análisis aerodinámica en túneles de viento, y los investigadores concluyen que su diseño de cuatro paneles con surcos profundos podría acortar los pases largos y redefinir ciertas decisiones tácticas. Como tantas veces en la historia del deporte, la física dicta sus propias reglas antes de que el primer silbato suene.

  • Los pases largos podrían recorrer menos distancia con la Trionda que con balones anteriores, lo que obliga a arqueros, defensores y tiradores de distancia a recalibrar su juego.
  • El fantasma de la Jabulani de 2010 —con su trayectoria errática que desesperó a porteros de todo el mundo— reaparece como advertencia histórica cada vez que se presenta un nuevo diseño.
  • Veinte años de investigación en túneles de viento en la Universidad de Tsukuba respaldan las conclusiones, dotando al debate de un peso científico que va más allá de la queja anecdótica de los jugadores.
  • La FIFA responde con tecnología: un sensor de 500 hertzios integrado en el balón envía datos en tiempo real al VAR, convirtiendo a la Trionda en un artefacto tanto deportivo como digital.
  • Los equipos ya entrenan con el balón desde las últimas fechas FIFA, apostando a que la familiaridad previa reducirá las sorpresas tácticas cuando el torneo arranque en serio.

Cada Mundial deja su huella en la memoria colectiva, y el balón suele ser parte de esa marca. Para el torneo de 2026 en Estados Unidos, Canadá y México, la pelota oficial es la Trionda, y un análisis reciente de física deportiva sugiere que su diseño podría alterar la forma en que se juega, sobre todo en los pases de larga distancia.

Investigadores que llevan dos décadas estudiando la aerodinámica de balones mundialistas realizaron pruebas exhaustivas en túneles de viento de la Universidad de Tsukuba, en Japón. Midieron resistencia y sustentación a distintas velocidades, y encontraron que los lanzamientos largos con la Trionda podrían resultar más cortos y complejos que con balones anteriores. John Eric Goff, investigador de física deportiva, señaló que el balón penalizaría ligeramente los tiros de distancia, pero recompensaría la técnica precisa y las trayectorias predecibles.

Para entender el fenómeno hay que mirar atrás. La Jabulani de Sudáfrica 2010, con ocho paneles y superficie muy lisa, se volvió un caso de estudio por su trayectoria impredecible: cuando perdía velocidad, su coeficiente de resistencia aumentaba bruscamente, desconcertando a porteros y jugadores. Las texturas rugosas —surcos, costuras— retrasan esa transición y permiten que el balón recorra mayor distancia de forma más estable. La Trionda, con cuatro paneles y tres ranuras profundas en cada uno, busca ese equilibrio, aunque los análisis indican que los tiros largos podrían quedar unos metros cortos respecto a diseños previos.

La FIFA destacó que las costuras deliberadamente profundas de la Trionda garantizan estabilidad y resistencia aerodinámica uniforme. Además, el balón incorpora un sensor de 500 hertzios que envía datos en tiempo real al sistema VAR. Los jugadores ya han tenido contacto con él en fechas FIFA recientes, lo que podría reducir las sorpresas tácticas cuando el torneo comience.

Cada Mundial deja una huella en la memoria de los aficionados, y buena parte de esa marca la imprime el balón. Las pelotas históricas —la Tango de los años setenta y ochenta, la Jabulani de Sudáfrica 2010— se recuerdan con la misma intensidad que los goles y los campeones. Para el torneo de 2026 en Estados Unidos, Canadá y México, la pelota será la Trionda, y un análisis reciente sugiere que su diseño podría cambiar la forma en que los futbolistas juegan, especialmente en los pases de larga distancia.

Investigadores de física deportiva han estado estudiando la aerodinámica de los balones mundialistas durante dos décadas. Su trabajo, difundido por MIT Technology Review, incluyó pruebas exhaustivas en túneles de viento de la Universidad de Tsukuba en Japón, donde fijaban el balón a una varilla metálica conectada a una balanza de fuerzas. Midieron la resistencia aerodinámica y la sustentación a velocidades que oscilaban entre siete y treinta y cinco metros por segundo. Lo que encontraron fue una particularidad notable en la Trionda: los lanzamientos largos podrían resultar más difíciles y recorrer menos distancia que con balones anteriores.

John Eric Goff, investigador de física deportiva y futuro profesor de ingeniería práctica en la Universidad de Purdue, explicó el fenómeno con claridad. La Trionda, afirmó, podría penalizar ligeramente los tiros de larga distancia, pero debería recompensar la técnica precisa y las trayectorias predecibles. Los arqueros, los defensores que realizan pases largos y los tiradores de distancia serían los primeros en notar diferencias visibles. El balón tiene cuatro paneles de color rojo, verde y azul, con una textura de surcos profundos y emblemas que representan a los tres países anfitriones: hoja de arce, águila verde y estrella.

Para entender por qué esto importa, hay que remontarse a la historia de los balones mundialistas. Durante décadas, los cambios fueron principalmente visuales: diseños inspirados en templos aztecas para México 1986, gráficos espaciales para 1994. Estructuralmente, la mayoría seguía un patrón de treinta y dos paneles pentagonales cosidos. El quiebre llegó en Alemania 2006 con el +Teamgeist, que redujo la estructura a catorce paneles curvos unidos térmicamente en lugar de cosidos. Esto ayudó a evitar que la humedad entrara en el balón y ganara peso durante el partido. Desde entonces, los diseños han incorporado menos paneles y superficies distintas.

La Jabulani de Sudáfrica 2010 se convirtió en un caso de estudio obligatorio. Con ocho paneles y una superficie muy lisa, recibió críticas severas de jugadores, especialmente arqueros, por una trayectoria impredecible. El análisis aerodinámica explica por qué: aunque su coeficiente de resistencia era relativamente bajo a altas velocidades, cuando el balón disminuía su velocidad hasta cierto punto, ese coeficiente aumentaba bruscamente, provocando una pérdida rápida de velocidad. Los jugadores de 2010 denunciaban exactamente eso. Esta transición repentina se conoce como crisis de resistencia aerodinámica, y ocurre a velocidades más altas en pelotas lisas. Con texturas adicionales como costuras y ranuras, se puede evitar hasta que el balón alcance velocidades más bajas, permitiendo que recorra mayor distancia y se comporte de forma más predecible.

Goff comparó el fenómeno con otros deportes: las pelotas de golf tienen hoyuelos y las de béisbol esas ciento ocho costuras dobles precisamente por esta razón. Sin esas características rugosas, no se alcanzaría ni de lejos la distancia que se ve al lanzar o golpear esas pelotas. Los diseños posteriores a la Jabulani redujeron el problema. La Brazuca de 2014 tenía seis paneles pero una longitud total de costuras mucho mayor, añadiendo rugosidad a la superficie. La Trionda baja a cuatro paneles y suma tres ranuras profundas en cada uno. Según el análisis, las trayectorias de los tiros largos podrían ser unos metros más cortas con este nuevo balón.

La FIFA, en su presentación oficial de la Trionda, enfatizó que su composición de cuatro paneles incorpora costuras deliberadamente profundas que confieren una estabilidad óptima cuando se desplaza por el aire, garantizando una excelente resistencia aerodinámica distribuida de manera uniforme. El balón también está equipado con tecnología de conectividad, incluyendo un sensor de movimiento de quinientos hertzios que proporciona información de cada elemento y envía datos precisos al sistema VAR en tiempo real, ayudando a los árbitros en decisiones como las de fuera de juego. Los jugadores ya han tenido oportunidades para familiarizarse con las nuevas características del balón en las últimas fechas FIFA y en entrenamientos, lo que podría minimizar sorpresas tácticas cuando comience el torneo.

La Trionda podría penalizar ligeramente los tiros de larga distancia, pero debería recompensar la técnica precisa y la trayectoria predecible
— John Eric Goff, investigador de física deportiva
Es la misma razón por la que las pelotas de golf tienen hoyuelos y las de béisbol esas ciento ocho costuras dobles
— John Eric Goff, comparando la aerodinámica con otros deportes
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué importa tanto que un balón sea liso o rugoso? Parece un detalle menor.

Model

No es menor. La diferencia entre una superficie lisa y una con surcos determina cómo se comporta el aire alrededor del balón en vuelo. Un balón liso puede hacer cosas impredecibles a ciertas velocidades. Un balón con textura se comporta de forma más controlada.

Inventor

¿Y eso afecta el juego de verdad?

Model

Completamente. Si los pases largos recorren metros menos de lo esperado, los equipos tienen que repensar sus tácticas. Los defensores no pueden confiar en los mismos patrones de juego que usaban antes.

Inventor

¿Los jugadores se quejarán como lo hicieron con la Jabulani?

Model

Probablemente no. La Jabulani era impredecible. La Trionda es más predecible, solo que más corta. Es una penalización, no una sorpresa desagradable. Además, ya han entrenado con ella.

Inventor

¿Entonces el Mundial 2026 será un torneo de pases cortos?

Model

No exactamente. Será un torneo donde la técnica precisa y el control importan más que los lanzamientos largos aventurados. Los equipos que jueguen con paciencia y construcción lenta podrían tener ventaja.

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