Investigación gallega analiza cómo la degradación ambiental favorece pandemias futuras

El incidente del buque Hondius detectó varios portadores de hantavirus, evidenciando el riesgo creciente de transmisión zoonótica a través de actividades humanas.
Las pandemias no son accidentes de la naturaleza, son consecuencias predecibles
La investigación gallega revela que la degradación ambiental y nuestros hábitos crean condiciones para que enfermedades animales salten a humanos.

Desde las costas de Galicia, un equipo de investigadores europeos ha comenzado a trazar el mapa invisible que conecta la deforestación, la expansión humana y la aparición de enfermedades que saltan de animales a personas. El proyecto ZOE, liderado por la Universidade da Coruña, parte de un incidente revelador —varios portadores de hantavirus detectados a bordo del buque Hondius— para plantear una pregunta que trasciende la medicina: ¿en qué medida son las pandemias una consecuencia de las decisiones que tomamos sobre cómo habitamos el planeta? La respuesta, construida a partir de cinco países en dos continentes, apunta a que la próxima crisis sanitaria no llegará por azar, sino por elección.

  • El hallazgo de portadores de hantavirus en el buque Hondius encendió una alarma que los científicos llevan años esperando: los virus zoonóticos ya no son una amenaza lejana ni exótica.
  • La deforestación, la fragmentación de hábitats y el cambio climático están destruyendo las barreras naturales que durante siglos mantuvieron a la fauna salvaje separada de los asentamientos humanos.
  • Hábitos cotidianos aparentemente inocuos —el senderismo, el turismo rural, alimentar animales silvestres— multiplican el contacto entre personas y potenciales transmisores de enfermedad de forma casi invisible.
  • Las zonas rurales de Latinoamérica concentran el mayor riesgo: viviendas precarias, ausencia de servicios sanitarios y escasa vigilancia epidemiológica amplifican el impacto cuando una zoonosis emerge.
  • El proyecto ZOE propone que la verdadera prevención exige restaurar el equilibrio con el mundo natural, no solo desarrollar vacunas o protocolos de contención reactivos.

Un buque de expedición en aguas canarias se convirtió en escenario inesperado cuando varios tripulantes del Hondius resultaron ser portadores de hantavirus. El incidente no fue un brote aislado: fue la señal que llevó a los científicos a preguntarse con renovada urgencia por qué las enfermedades zoonóticas emergen cada vez con mayor frecuencia, y cómo anticiparse a la próxima crisis antes de que se desate.

Desde Galicia, la Universidade da Coruña lidera el proyecto ZOE —Emergencia zoonótica a través de ecosistemas forestales degradados y restaurados—, un esfuerzo europeo que investiga las raíces profundas del problema. La profesora Adina Dumitru dirige un equipo que trabaja simultáneamente en México, Costa Rica, Guatemala, Eslovenia y Eslovaquia, con una premisa clara: el riesgo zoonótico no depende solo de la existencia de un patógeno, sino de la presión creciente que ejercemos sobre el mundo natural. La deforestación, la expansión urbana y la pérdida de biodiversidad destruyen las barreras que durante siglos limitaron el contacto entre fauna salvaje y humanos, mientras el cambio climático amplía el territorio donde prosperan mosquitos, garrapatas y otros vectores.

Pero el equipo ha identificado otro factor igualmente decisivo: nuestros propios hábitos. El auge del senderismo, el turismo rural, la recolección en bosques o permitir que mascotas interactúen con fauna silvestre multiplican exponencialmente las oportunidades de transmisión. En Europa, los trabajadores forestales se exponen a garrapatas portadoras de virus de forma casi rutinaria.

La investigación también revela una brecha profunda entre regiones. Frente a los mecanismos de vigilancia europeos, las zonas rurales latinoamericanas presentan una vulnerabilidad mucho mayor: viviendas precarias, ausencia de servicios sanitarios y condiciones laborales agrícolas deficientes amplifican el impacto de cualquier zoonosis emergente. A esto se suma un vacío en el conocimiento público sobre los riesgos asociados a roedores e insectos vectores.

Lo que emerge de ZOE es una verdad incómoda: las pandemias no son accidentes de la naturaleza, sino consecuencias predecibles de cómo hemos elegido vivir. La prevención real, concluye el proyecto, exige algo más ambicioso que vacunas o protocolos reactivos: requiere restaurar el equilibrio entre las personas y el planeta, y cambiar las decisiones que tomamos sobre cómo usamos la tierra y nos relacionamos con la fauna salvaje.

Un buque de expedición navegaba por aguas canarias cuando sus tripulantes comenzaron a mostrar síntomas de hantavirus. El incidente del Hondius no fue simplemente un brote aislado, sino una señal de alerta que ha puesto en primer plano una pregunta que los científicos llevan años formulándose: ¿por qué emergen enfermedades zoonóticas con tanta frecuencia? ¿Y qué podemos hacer para anticiparnos a la próxima crisis sanitaria antes de que se desate?

Desde Galicia, la Universidade da Coruña está liderando un esfuerzo europeo para responder precisamente eso. El proyecto ZOE —Emergencia zoonótica a través de ecosistemas forestales degradados y restaurados— representa un cambio fundamental en cómo pensamos sobre las pandemias. En lugar de esperar a que aparezca una enfermedad para reaccionar, el equipo dirigido por la profesora Adina Dumitru está investigando las raíces profundas del problema: cómo nuestras decisiones económicas, sociales y culturales crean las condiciones perfectas para que virus y bacterias salten de animales a humanos.

La investigación se desarrolla simultáneamente en cinco países: México, Costa Rica y Guatemala en Latinoamérica, y Eslovenia y Eslovaquia en Europa. Lo que el consorcio internacional ha descubierto en sus primeros encuentros es que el riesgo zoonótico no depende únicamente de la existencia de un patógeno. Depende de la presión creciente que ejercemos sobre el mundo natural. La deforestación arrasa con bosques que durante siglos mantuvieron separadas a las poblaciones de fauna salvaje de los asentamientos humanos. La fragmentación de hábitats, la expansión de ciudades y granjas, la pérdida acelerada de biodiversidad: todo esto destruye las barreras naturales que limitaban el contacto. Mientras tanto, el cambio climático amplía el territorio donde pueden prosperar mosquitos, garrapatas y otros vectores de enfermedad.

Pero el equipo de la UDC, que incluye especialistas en psicología y sociología, ha identificado otro factor igualmente importante: nuestros propios hábitos. El auge del senderismo, el turismo rural, la recolección en bosques, alimentar animales silvestres sin control, permitir que mascotas interactúen constantemente con fauna salvaje en espacios naturales. Estas actividades, que muchos consideran inofensivas o incluso beneficiosas, multiplican exponencialmente nuestro contacto con potenciales transmisores de enfermedad. En Europa, trabajadores forestales están expuestos a garrapatas portadoras de virus de manera casi rutinaria, como parte de su vida laboral diaria.

La investigación también ha puesto al descubierto una brecha profunda entre regiones. Mientras que Europa cuenta con mecanismos de regulación y vigilancia sanitaria relativamente robustos, las zonas rurales de Latinoamérica presentan una vulnerabilidad mucho más elevada. Las viviendas precarias, la ausencia de servicios sanitarios y veterinarios adecuados, las condiciones laborales agrícolas deficientes: todo esto amplifica el impacto potencial de una zoonosis cuando finalmente aparece. Además, existe un vacío importante en el conocimiento público. Muchas campañas de salud se concentran en enfermedades específicas y bien conocidas, dejando fuera los riesgos asociados a roedores, insectos y otros vectores menos visibles pero igualmente peligrosos.

Lo que emerge de esta investigación es una verdad incómoda: las pandemias no son accidentes de la naturaleza. Son consecuencias predecibles de cómo hemos elegido vivir. La degradación ambiental, las desigualdades económicas, nuestras prácticas cotidianas de interacción con la naturaleza, todo converge para crear oportunidades cada vez más frecuentes para que enfermedades animales encuentren nuevos hospedadores humanos. El proyecto ZOE sugiere que la prevención real requiere algo más ambicioso que vacunas o protocolos de contención: requiere restaurar el equilibrio entre las personas y el mundo natural, cambiar las decisiones que tomamos sobre cómo usamos la tierra, cómo trabajamos, cómo nos relacionamos con la fauna salvaje. Sin ese cambio más profundo, el hantavirus en el Hondius será solo el primero de muchos incidentes que seguirán recordándonos que nuestro futuro sanitario está inextricablemente ligado al estado del planeta que habitamos.

No basta con reaccionar cuando aparece una enfermedad, sino que resulta imprescindible prevenirla restaurando el equilibrio entre las personas y el medio natural
— Enfoque central del proyecto ZOE
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué un buque de expedición en aguas canarias se convierte en el punto de partida para una investigación sobre pandemias futuras?

Model

Porque el hantavirus en el Hondius no fue un accidente aislado. Fue una evidencia de que nuestras actividades —incluso las que consideramos seguras o educativas— nos ponen en contacto constante con patógenos que antes estaban confinados a espacios remotos. El buque fue simplemente el lugar donde eso se hizo visible.

Inventor

La investigación menciona que el riesgo zoonótico no depende únicamente de virus o bacterias. ¿Qué quiere decir eso exactamente?

Model

Significa que un virus puede existir en la naturaleza durante siglos sin causar una pandemia. Lo que cambia es nuestro comportamiento. Cuando deforestamos, cuando expandimos ciudades hacia bosques, cuando salimos a hacer senderismo en territorios donde antes no íbamos, estamos creando oportunidades nuevas para que esos virus nos encuentren.

Inventor

¿Cuál es la diferencia entre cómo Europa y Latinoamérica están preparadas para estos riesgos?

Model

Europa tiene sistemas de vigilancia, servicios veterinarios, regulaciones. Pero incluso así, trabajadores forestales están expuestos a garrapatas infectadas como parte de su rutina diaria. En zonas rurales de Latinoamérica, esa exposición existe sin ninguno de esos sistemas de protección. Las viviendas son precarias, no hay servicios sanitarios cercanos. El riesgo es exponencialmente mayor.

Inventor

¿Entonces la solución es simplemente dejar de hacer senderismo o de vivir cerca de bosques?

Model

No. La solución es más compleja. Requiere restaurar ecosistemas, cambiar cómo usamos la tierra, reducir desigualdades, mejorar servicios sanitarios en zonas vulnerables. Pero también requiere que las personas comprendan realmente qué riesgos existen. Muchas campañas de salud hablan de dengue o malaria, pero ignoran los roedores que portan hantavirus. Ese vacío de conocimiento es peligroso.

Inventor

¿Qué hace diferente al proyecto ZOE de otros esfuerzos para prevenir pandemias?

Model

Que no espera a que aparezca una enfermedad para reaccionar. Estudia las condiciones que la hacen posible. Y lo hace mirando el factor humano: nuestras decisiones económicas, culturales, sociales. No es solo biología. Es sociología, psicología, ecología, todo junto.

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