El escándalo de las pulseras hunde a la ministra de Igualdad: solo Marlaska está peor valorado

El fallo en el sistema de pulseras telemáticas comprometió la vigilancia de agresores de violencia machista, afectando potencialmente la seguridad de mujeres víctimas de violencia de género.
Redondo cae de sexta a vigésima primera en un año, hundida por un fallo en lo que debería ser su fortaleza
La ministra de Igualdad se desmorona en valoración tras el escándalo de las pulseras de vigilancia de agresores de violencia machista.

En el espacio donde la política y la protección de las más vulnerables se encuentran, la ministra de Igualdad Ana Redondo ha visto desmoronarse la confianza ciudadana que heredó al llegar al cargo. Los fallos del sistema Cometa de pulseras telemáticas —diseñado para vigilar a agresores de violencia machista— salieron a la luz en septiembre, y con ellos se derrumbó la imagen de una ministra elegida precisamente para devolver estabilidad a un ministerio en crisis. Su caída desde la sexta a la vigésima primera posición en el ranking del CIS no es solo un dato estadístico: es el reflejo de una promesa rota en el terreno donde más importaba cumplirla.

  • Los fallos graves del sistema Cometa, que debía garantizar la seguridad de mujeres víctimas de violencia de género, se hicieron públicos en septiembre y desataron una crisis de confianza inmediata en la ministra.
  • Las explicaciones de Redondo ante el escándalo fueron percibidas como confusas e insatisfactorias, agravando el daño en lugar de contenerlo.
  • En apenas un año, Redondo pasó de ser la sexta ministra mejor valorada a ocupar la penúltima posición del gabinete, con un 4,14 que la deja solo por encima de Grande-Marlaska.
  • La caída es especialmente reveladora porque ocurre incluso entre votantes del PSOE, quienes la valoran casi igual de mal que al ministro del Interior.
  • El Gobierno intenta recuperar el voto femenino con iniciativas sobre aborto y prostitución, pero la credibilidad de su principal figura en esa batalla está seriamente comprometida.

Ana Redondo llegó al Ministerio de Igualdad hace poco más de un año con un encargo preciso: calmar un departamento que había acumulado controversias bajo Irene Montero. Pedro Sánchez apostó por su perfil académico —catedrática de Derecho Constitucional— para contrastar con el activismo de su antecesora. La estrategia parecía razonable. Un año después, ha naufragado.

El detonante es el sistema Cometa de pulseras telemáticas para vigilar a agresores de violencia machista. A mediados de septiembre salieron a la luz fallos graves en el dispositivo, y las respuestas de Redondo fueron confusas. El Gobierno anunció una investigación interna y la posibilidad de licitar un nuevo contrato, pero el daño ya estaba hecho. Las entrevistas del CIS se realizaron entre el 1 y el 7 de octubre, con la polémica aún fresca, y el resultado fue una caída en picada: de la sexta posición con un 4,43 hace un año a la vigésima primera con un 4,14 ahora, siendo la segunda peor valorada del gabinete solo por detrás de Grande-Marlaska.

Lo que agrava la situación es que incluso entre los votantes del PSOE, Redondo es la segunda peor valorada, con un 6,03 casi idéntico al 6,01 de Grande-Marlaska. Su descenso ha sido casi lineal: séptima en enero, decimocuarta en abril, decimoquinta en julio, vigésima primera en octubre. Nunca estuvo en el podio de los más queridos, pero su caída desde la sexta posición resulta especialmente dramática para alguien elegida para estabilizar un ministerio problemático.

El momento no podría ser más delicado. El PSOE necesita reforzar su apoyo entre el voto femenino para compensar los escándalos de corrupción que rodean al Gobierno, y prepara iniciativas sobre el derecho al aborto y la prohibición de la prostitución. Pero la credibilidad de la ministra que debería liderar esa batalla está tocada. El fallo en las pulseras no es un escándalo abstracto: representa un fracaso en la protección de mujeres víctimas de violencia machista, exactamente el terreno donde Redondo más necesitaba demostrar su fortaleza.

Ana Redondo llegó al ministerio de Igualdad hace poco más de un año con una misión clara: traer calma a un departamento que había generado controversia tras controversia. Pedro Sánchez eligió a la catedrática de Derecho Constitucional vallisoletana para reemplazar a Irene Montero, apostando por un perfil académico que contrastara con el activismo de su antecesora. La estrategia parecía sensata. Redondo tenía que apagar incendios: la ley del solo sí es sí y sus consecuencias en las rebajas de penas a agresores sexuales, la ley trans, las batallas culturales que habían desgastado al Gobierno. Un año después, esa apuesta ha naufragado.

El hundimiento de Redondo en las valoraciones ciudadanas es abrupto y casi total. Hace doce meses ocupaba la sexta posición en el ranking de ministros mejor valorados del CIS, con una puntuación de 4,43. Ahora, en el barómetro publicado el lunes, aparece en la vigésima primera posición con un 4,14. Solo Fernando Grande-Marlaska, el ministro del Interior que ha sido durante años el farolillo rojo de estas clasificaciones, está peor valorado con un 4. La caída es especialmente significativa porque ha ocurrido en un contexto favorable para el Gobierno: el sondeo del CIS que acaba de publicarse muestra una estimación de voto muy generosa con los socialistas, colocándolos a 15 puntos del PP. Aun así, Redondo se hunde.

El culpable tiene nombre: el sistema Cometa de pulseras telemáticas para vigilar a agresores de violencia machista. A mediados de septiembre salieron a la luz fallos graves en el dispositivo que debería garantizar la seguridad de mujeres víctimas de violencia de género. Las explicaciones que ofreció Redondo fueron confusas. El Gobierno anunció una investigación interna y la posibilidad de licitar un nuevo contrato. Pero el daño ya estaba hecho. Las entrevistas del CIS se realizaron entre el 1 y el 7 de octubre, cuando la polémica aún estaba fresca y las respuestas de la ministra seguían siendo insatisfactorias. El resultado fue una caída en picada de su valoración.

Lo que hace más grave la situación es que incluso entre los votantes del PSOE, Redondo es la segunda peor valorada. Los simpatizantes socialistas le dan un 6,03, prácticamente idéntico al 6,01 que recibe Grande-Marlaska. Es inusual que los afines a un partido sean más generosos con ministros de Sumar que con una ministra de su propio color político. En abril, cuando el CIS preguntó por última vez antes de esta oleada, Redondo tenía por debajo a siete compañeros de gabinete: Grande-Marlaska, Félix Bolaños, María Jesús Montero, Óscar López, Óscar Puente y Ángel Víctor Torres. Todos ellos han mejorado su desempeño en los últimos meses. Redondo ha ido en dirección contraria.

La trayectoria de su caída es casi lineal. En enero de 2025 bajó a la séptima posición. En abril cayó a la decimocuarta. En julio a la decimoquinta. Ahora, en octubre, está en la vigésima primera. Nunca ha estado en el podio de los ministros más queridos, un espacio que suelen ocupar Carlos Cuerpo y Pablo Bustinduy. Pero su descenso desde la sexta posición es particularmente dramático para alguien que fue elegido precisamente para estabilizar un ministerio problemático.

Esta caída llega en un momento delicado para el Gobierno. El PSOE intenta recuperar iniciativa tras los escándalos de corrupción que rodean a Pedro Sánchez, y parte de esa estrategia de recuperación pasa por reforzar su apoyo entre el voto femenino. Ya en las elecciones de julio de 2023 los socialistas se apoyaron en las mujeres para intentar remontar sus malos datos. Ahora, tras los casos Cerdán y las revelaciones sobre José Luis Ábalos y Koldo García Izaguirre, la necesidad es aún mayor. El Gobierno prepara iniciativas sobre el derecho al aborto en la Constitución y avances en la prohibición de la prostitución. Pero la credibilidad de su ministra de Igualdad, la persona que debería liderar esa batalla por el voto femenino, está tocada. El fallo en las pulseras de vigilancia de agresores no es un escándalo abstracto: representa un fracaso en la protección de mujeres víctimas de violencia machista, exactamente el terreno donde Redondo necesitaba ser más fuerte.

El Gobierno anunció una investigación interna y la posibilidad de licitar un nuevo contrato tras los fallos en las pulseras
— Respuesta del Gobierno al escándalo de las pulseras telemáticas
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Por qué cae tan rápido alguien que fue elegido para traer estabilidad?

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Porque la estabilidad requiere que las cosas funcionen. Redondo fue elegida para no generar polémicas, pero cuando el sistema que supervisa falla en algo tan grave como vigilar a agresores de violencia machista, la ausencia de polémica se convierte en ausencia de credibilidad.

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¿Es solo el escándalo de las pulseras, o hay algo más?

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El escándalo es el detonante, pero el problema más profundo es que Redondo nunca fue la ministra que el Gobierno necesitaba. Fue elegida para apagar fuegos, no para liderar. Cuando llega el fuego, eso se nota.

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¿Qué significa que votantes del PSOE la valoren peor que a ministros de Sumar?

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Significa que incluso los suyos sienten que ha fallado en lo fundamental. No es una cuestión de color político. Es que en un ministerio de Igualdad, cuando falla la vigilancia de agresores, los propios votantes socialistas entienden que algo ha ido muy mal.

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¿Puede recuperarse de esto?

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Técnicamente sí, pero es difícil. Ha pasado de sexta a vigésima primera en un año. Eso no es una fluctuación, es un colapso. Y ocurre justo cuando el Gobierno necesita que su ministra de Igualdad sea fuerte para competir por el voto femenino.

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¿Qué le pasa al Gobierno si no recupera ese voto?

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Que pierde una de sus pocas ventajas electorales. Los socialistas han construido parte de su estrategia en ser percibidos como más progresistas en temas de género. Si eso se erosiona, pierden un pilar importante de su coalición electoral.

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