El BIS advierte: la IA podría frenar el consumo privado y estancar el crecimiento

El desplazamiento laboral podría intensificarse a medida que la IA se aplique a más tareas y ocupaciones, afectando especialmente a trabajadores cuyas capacidades cognitivas compiten directamente con la inteligencia artificial.
Más máquinas capaces de producir, pero menos gente con dinero para comprar
El dilema central que identifica el BIS: la automatización expande la capacidad productiva mientras contrae la demanda de consumo.

El Banco de Pagos Internacionales, árbitro silencioso de la arquitectura financiera global, advierte que la inteligencia artificial encierra una paradoja que pocas voces se atreven a nombrar: la misma tecnología que promete multiplicar la riqueza podría erosionar la base humana que la sostiene. Cuando las máquinas desplazan trabajadores, no solo transforman el mercado laboral; eliminan consumidores, y sin consumidores la rueda de la economía pierde su razón de girar. El progreso técnico, desconectado del bienestar distribuido, corre el riesgo de construir una fábrica perfecta para un mercado que se vacía.

  • El BIS identifica una trampa estructural: la IA expande la capacidad productiva mientras contrae simultáneamente los ingresos de quienes deberían comprar lo que se produce.
  • El consumo privado representa más del 50% del PIB en las economías avanzadas, lo que convierte el desplazamiento laboral masivo en una amenaza directa al corazón del crecimiento.
  • Las grandes tecnológicas están invirtiendo más de un billón de dólares en infraestructura de IA entre 2025 y 2026, superando sus propios beneficios y endeudándose para financiar una apuesta cuya rentabilidad aún es incierta.
  • A diferencia de revoluciones industriales anteriores, la IA compite con las capacidades cognitivas humanas, cerrando las rutas de escape que permitían a los trabajadores desplazados reincorporarse en tareas de mayor valor.
  • Los cuellos de botella en electricidad, semiconductores y redes amenazan con presionar la inflación y empujar a las empresas hacia contratos a largo plazo que las dejarán más expuestas si la demanda decepciona.

El Banco de Pagos Internacionales ha lanzado una advertencia que trasciende el debate habitual sobre automatización: la inteligencia artificial podría generar un desequilibrio económico profundo al aumentar la capacidad productiva mientras reduce la base de consumidores que da sentido a esa producción. Cada trabajador desplazado es también un consumidor perdido, y en economías donde el gasto privado sostiene más de la mitad del PIB, esa ecuación tiene consecuencias sistémicas.

El razonamiento del BIS sigue una lógica casi implacable. Las empresas que automatizan reducen su masa salarial, lo que contrae el poder adquisitivo de los hogares. Si el mercado se encoge, la inversión en nuevas rondas de automatización pierde su justificación económica. El cuello de botella deja de ser tecnológico para volverse humano: no falta capacidad para producir, sino gente con dinero para comprar. En el escenario más extremo que contempla el informe, la participación de la mano de obra en la economía se reduciría casi a cero, arrastrando consigo la demanda interna.

Lo que distingue esta revolución de las anteriores es que la IA no solo reemplaza fuerza física, sino capacidad cognitiva. En el pasado, los trabajadores desplazados podían ascender hacia tareas más complejas. Ahora ese camino se estrecha. El BIS reconoce abiertamente que aún no hay certeza sobre si la IA generará suficientes empleos nuevos para compensar los que destruye, aunque en sectores estadounidenses con alta exposición a la tecnología ya se observa mayor productividad acompañada de menor crecimiento del empleo.

A esto se suma un riesgo financiero concreto: las cinco mayores empresas de computación en la nube planean invertir más de un billón de dólares en infraestructura de IA durante 2025 y 2026, una cifra que supera sus flujos de caja y que están financiando con deuda. La competencia feroz entre ellas las empuja a comprometer recursos en proyectos de rentabilidad incierta. Si los beneficios esperados no se materializan, el sector quedará expuesto. Y los cuellos de botella en electricidad y semiconductores, lejos de frenar la inversión, podrían intensificarla mediante contratos a largo plazo que amplifican la vulnerabilidad ante cualquier decepción futura.

El Banco de Pagos Internacionales, la institución que actúa como banco central para los bancos centrales del mundo, acaba de sonar una alarma que va más allá de los titulares habituales sobre inteligencia artificial. Sí, reconoce que la IA está mejorando la productividad. Pero hay un problema más profundo acechando bajo la superficie: mientras las máquinas se vuelven más capaces, los trabajadores desplazados dejan de ser consumidores, y sin consumidores no hay demanda que justifique seguir invirtiendo en más automatización.

El razonamiento del BIS es casi matemático en su frialdad. A medida que la inteligencia artificial automatiza más tareas, los ingresos que antes iban a los trabajadores ahora se desplazan hacia operaciones relacionadas con la IA. Las personas tienen menos dinero para gastar en bienes y servicios. Simultáneamente, la capacidad productiva sigue expandiéndose. El resultado es un desequilibrio creciente: más máquinas capaces de producir, pero menos gente con dinero para comprar lo que producen. El consumo privado representa más del 50% del PIB en las economías avanzadas, así que esto no es un detalle marginal. Es el corazón del sistema económico.

Las empresas, viendo este futuro, enfrentan un dilema. Si el mercado de bienes y servicios se contrae porque hay menos consumidores con poder adquisitivo, ¿por qué invertir en la siguiente ola de automatización? La respuesta racional es no hacerlo. Y cuando las empresas dejan de invertir en innovación, la productividad se estanca. No por falta de capacidad tecnológica, sino porque la demanda simplemente desaparece. El cuello de botella se desplaza: ya no es la tecnología la que nos limita, sino la falta de gente dispuesta a comprar.

En el escenario que pinta el BIS, el crecimiento económico sigue un patrón perturbador. Al principio, la producción se expande rápidamente gracias a la automatización. Pero luego cae por debajo de su tendencia histórica de alrededor del 2% anual. Cada trabajador desplazado es un consumidor perdido, y cada consumidor perdido es menos gasto que recompensa la innovación. La desaceleración se convierte en inevitable. En el escenario más transformador, donde la IA se convierte en el motor principal del crecimiento, la participación de la mano de obra se reduciría casi a cero, lo que explica la caída de la demanda interna.

Lo que hace que esto sea especialmente preocupante es que la IA compite directamente con las capacidades cognitivas humanas. En revoluciones tecnológicas anteriores, los trabajadores desplazados podían ascender en la cadena de valor o encontrar nuevas tareas que no estuvieran automatizadas. Con la IA, ese camino de escape se cierra. El BIS admite honestamente que aún no sabemos si la IA creará suficientes empleos nuevos para compensar los desplazamientos. Hasta ahora, estos desplazamientos masivos no han ocurrido a gran escala, pero hay señales de lo que viene. En Estados Unidos, los sectores más expuestos a la IA están experimentando mayores ganancias de productividad, pero con un crecimiento del empleo más lento que en otros sectores.

Hay otro riesgo que el BIS identifica, uno que toca directamente el sistema financiero. Las cinco mayores empresas de servicios en la nube invertirán más de un billón de dólares en gastos de capital relacionados con la IA entre 2025 y 2026. Esto supera sus beneficios y flujos de caja libre, así que algunas están emitiendo deuda para financiar estas inversiones. El resultado es que solo un puñado de empresas con tecnología superior dominará finalmente el mercado. Pero hay un problema: la competencia feroz entre ellas las está empujando a sobrecargar sus recursos con proyectos cuya rentabilidad aún es incierta. Si esos beneficios esperados no llegan, estas empresas quedarán vulnerables. El superávit económico neto del sector podría volverse negativo.

Finalmente, está el problema de la cadena de suministro. La IA ya está chocando contra cuellos de botella en electricidad, semiconductores avanzados y equipos de red. Los centros de datos que alimentan la IA están presionando los precios de la electricidad y los costos de los insumos, con posibles consecuencias para la inflación. Y aquí viene lo irónico: estas carencias temporales podrían intensificar aún más la sobreinversión, porque las empresas intentarán asegurar su capacidad futura mediante contratos a largo plazo. Eso las expone aún más a cualquier decepción en la demanda que finalmente llegue.

La base de consumidores podría reducirse a medida que se expande la capacidad productiva
— Banco de Pagos Internacionales
El cuello de botella de la demanda se convierte en la principal limitación para el crecimiento
— Banco de Pagos Internacionales
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué el BIS se preocupa tanto? La IA crea productividad, ¿no debería eso ser bueno?

Model

Sí, pero solo si hay gente con dinero para comprar lo que se produce. Cuando automatizas trabajos, reduces los ingresos de los consumidores. Más máquinas, menos compradores.

Inventor

Pero las nuevas tecnologías siempre han creado empleos nuevos. ¿Por qué sería diferente esta vez?

Model

Porque la IA compite directamente con el pensamiento humano. En el pasado, un trabajador desplazado podía aprender una nueva habilidad. Ahora, la máquina ya sabe hacer eso también.

Inventor

Entonces, ¿qué sucede si nadie invierte en más automatización?

Model

La productividad se estanca. No por falta de tecnología, sino porque no hay demanda que justifique la inversión. Es un círculo vicioso.

Inventor

¿Y las empresas que invierten ahora en IA? ¿Están en peligro?

Model

Sí. Están gastando más de lo que ganan, endeudándose para financiar proyectos cuya rentabilidad es incierta. Si esos beneficios no llegan, quedan vulnerables.

Inventor

¿Cuál es el peor escenario?

Model

Que la IA cumpla todas sus promesas de productividad, pero que nadie tenga dinero para comprar nada. Crecimiento sin consumo. Eso es estancamiento.

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