El miedo a la guerra no aparece aislado, convive con otras angustias
En el otoño de 2025, el Centro de Investigaciones Sociológicas ha revelado que casi ocho de cada diez españoles cargan con el peso silencioso del miedo a la guerra, un temor que ya no pertenece a los libros de historia sino a las conversaciones cotidianas. La invasión de Ucrania, el conflicto en Palestina y las turbulencias geopolíticas globales han disuelto la distancia psicológica que separaba a los ciudadanos europeos de la violencia armada. España, país que no ha vivido una guerra en décadas, descubre que la paz no es un estado permanente sino una condición que debe ser sostenida, y esa comprensión pesa.
- El 76,8% de los españoles identifica la guerra como su mayor preocupación para los próximos años, una cifra que convierte el miedo colectivo en un fenómeno sociológico de primer orden.
- Rusia, Marruecos y Estados Unidos forman el triángulo del temor: el Kremlin lidera con un 57%, seguido por el vecino del sur con un 42,2% y Washington con un 30,4% tras el regreso de Trump.
- La ansiedad no es abstracta: dos tercios de los encuestados admiten haber pensado concretamente que España podría verse arrastrada a un conflicto armado.
- El miedo al futuro convive con una paradoja reveladora: el 77% de los españoles se describe como optimista y el 71,7% cree que vive en la mejor época de la historia.
- La incertidumbre reordena también la política interior, con Santiago Abascal superando a Alberto Núñez Feijóo en preferencias presidenciales, señal de que el miedo reconfigura el voto.
Un estudio reciente del CIS ha puesto cifras a una inquietud que flotaba sin nombre en las conversaciones españolas: el 76,8% de la población teme que su país entre en guerra en los próximos años. La invasión de Ucrania, el conflicto en Palestina y las tensiones sostenidas entre grandes potencias han permeado la conciencia colectiva de una sociedad que creía haber dejado atrás esa clase de angustia.
Este miedo no aparece solo. Comparte espacio con preocupaciones por la salud, el bienestar familiar y la inseguridad ciudadana, todas ellas entre el 63% y el 72%. Pero la guerra destaca sobre todas. El 66,2% de los encuestados admite haber pensado alguna vez que España podría verse arrastrada a un conflicto armado, y solo uno de cada tres dice que nunca se lo ha planteado.
Cuando se pregunta por el origen de esa amenaza, tres países concentran los temores. Rusia encabeza la lista con un 57%, impulsada por su invasión de Ucrania y sus fricciones con la Unión Europea. Marruecos ocupa el segundo lugar con el 42,2%, sostenido por la proximidad geográfica, las tensiones históricas y los flujos migratorios. Estados Unidos cierra el podio con el 30,4%, cifra que resulta menos sorprendente tras el regreso de Donald Trump y sus presiones sobre el gasto militar europeo.
Lo más revelador del estudio es su contradicción interna: el mismo país que teme el futuro se describe mayoritariamente como optimista. El 71,7% considera que vive en la mejor época de la historia, y el 77% se define a sí mismo con optimismo. España parece habitar dos tiempos a la vez: uno donde la vida ha mejorado objetivamente, y otro donde el horizonte se percibe amenazante. En ese clima de ansiedad, el mapa político también se mueve, con Abascal adelantando a Feijóo en las preferencias ciudadanas para la presidencia.
Casi tres de cada cuatro españoles despiertan con una inquietud que antes parecía lejana: la posibilidad de que su país entre en guerra. Un estudio reciente del Centro de Investigaciones Sociológicas ha puesto números a ese miedo difuso que flota en las conversaciones de café y en las cenas familiares. El 76,8% de la población identifica el conflicto bélico como su principal preocupación para los próximos años, un dato que refleja cómo los eventos globales de los últimos tiempos —la invasión de Ucrania, el genocidio en Palestina, las tensiones entre gobiernos— han permeado la conciencia colectiva española.
Este temor a la guerra no aparece aislado. Convive con otras angustias: la salud física y mental, el bienestar de los seres queridos, la inseguridad ciudadana. Todas ellas rondan entre el 63% y el 72% de preocupación. Pero la guerra destaca. Dos tercios de los encuestados —el 66,2%— admiten haber pensado alguna vez que España podría verse arrastrada a un conflicto armado. Solo uno de cada tres dice que nunca se lo ha planteado.
Cuando se pregunta por dónde vendría esa amenaza, tres países emergen con claridad. Rusia lidera de forma abrumadora: el 57% de los españoles la ve como el adversario más probable. La invasión de Ucrania y las tensiones sostenidas con la Unión Europea han colocado al Kremlin en el primer lugar de las quinielas de guerra. Marruecos ocupa el segundo puesto con el 42,2% de los temores. La proximidad geográfica, las tensiones históricas, los flujos migratorios y la persistencia de sentimientos islamófobos explican por qué el vecino del sur genera tanta inquietud. Estados Unidos cierra el podio con el 30,4%, una cifra que sorprende menos si se considera el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca y sus recientes fricciones con Madrid sobre gasto militar.
Más allá de estos tres países, existen temores más difusos: Asia preocupa al 14,8% de los encuestados, otros países europeos al 12,8%, y naciones africanas al 10,8%. El mapa del miedo español es, en realidad, un mapa del mundo.
Lo paradójico es que esta ansiedad sobre el futuro convive con una visión contradictoria del presente. El 41,2% de los españoles cree que vivirá peor en los años venideros, y el 13,4% mucho peor. Pero simultáneamente, el 71,7% considera que la época actual es mejor que cualquier otra en la historia, y el 77% se describe a sí mismo como optimista. Es como si la población española viviera en dos tiempos simultáneamente: uno donde la vida ha mejorado objetivamente, y otro donde el futuro se ve amenazante e incierto.
El estudio también ofrece un vistazo a las preferencias políticas. El Partido Socialista y Pedro Sánchez encabezan las valoraciones. En la derecha, Santiago Abascal de Vox aparece adelantando a Alberto Núñez Feijóo del Partido Popular en las preferencias ciudadanas para la presidencia, un resultado que subraya cómo la incertidumbre y el miedo pueden reconfigurar el mapa político. En momentos de ansiedad, los votantes buscan respuestas diferentes.
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¿Por qué crees que el miedo a la guerra ha saltado al primer lugar en las preocupaciones de los españoles ahora, en este momento concreto?
Porque de repente la guerra dejó de ser algo que sucedía en libros de historia o en lugares lejanos. Ucrania está a pocas horas de vuelo. Palestina está en las pantallas cada día. Y luego están las tensiones políticas reales: Trump vuelve, Sánchez se niega a aumentar el gasto militar, hay fricciones que antes parecían impensables.
Pero España no está en guerra. ¿No hay algo de irracionalidad en que casi el 77% tema algo que no está sucediendo?
No es irracional si entiendes que el miedo no funciona así. No es una evaluación fría de probabilidades. Es una sensación de que el mundo se está moviendo de formas que no controlas, y que tu país podría quedar atrapado en eso.
Entonces, ¿cómo explicas que el 77% de esa misma gente se considere optimista?
Porque están viviendo mejor que sus padres. Tienen más educación, más acceso a cosas, más libertad. Eso es real. Pero el futuro les asusta. Pueden sostener ambas cosas a la vez.
¿Y Marruecos en segundo lugar? ¿No es eso más sobre migración y religión que sobre una amenaza militar real?
Probablemente. Pero el miedo no distingue entre amenaza militar y amenaza cultural. Para muchos, son lo mismo. La proximidad, la historia, las tensiones recientes, todo se mezcla en una sola inquietud.
¿Qué te sorprende más de estos números?
Que Estados Unidos esté en el podio. Que un aliado de la OTAN, el socio más poderoso de Europa, sea visto como una amenaza potencial. Eso dice algo sobre cómo ha cambiado la confianza en el orden internacional.