EE.UU. usó avión camuflado como civil en ataque letal contra narcolancha en el Caribe

Once personas fueron asesinadas en el ataque inicial del 2 de septiembre; dos supervivientes fueron rematados en un segundo ataque. Más de 100 muertes extrajudiciales en más de 35 operaciones bajo la misión 'Lanza del Sur'.
Fingir ser civil para engañar al adversario es un crimen de guerra
Los especialistas en derecho internacional señalan que la táctica del Pentágono viola explícitamente las leyes del conflicto armado.

En las aguas del Caribe, el 2 de septiembre pasado, el Pentágono lanzó un misil desde un avión camuflado como aeronave civil contra una embarcación sospechosa de narcotráfico, matando a once personas y rematando a dos supervivientes en un segundo ataque. Lo que comenzó como una operación táctica se convierte en una pregunta moral y jurídica de alcance histórico: ¿puede una nación declararse en guerra y al mismo tiempo fingir ser lo que no es para matar? Los expertos en derecho internacional señalan que esta táctica —conocida como 'perfidia'— está prohibida incluso en tiempos de conflicto armado, y que los propios manuales militares estadounidenses así lo reconocen.

  • Un avión pintado como civil voló lo suficientemente bajo para ser visto, ocultó sus municiones dentro del fuselaje y atacó en el momento en que el barco bajó la guardia.
  • Once personas murieron en el primer impacto; dos sobrevivientes que se aferraban al casco volcado fueron eliminados minutos después en un segundo bombardeo deliberado.
  • Especialistas en derecho de la guerra advierten que la táctica encaja con precisión en la definición de 'perfidia', un crimen de guerra explícitamente prohibido por las leyes del conflicto armado.
  • La Administración Trump sostiene que los ataques son legales porque el presidente declaró un conflicto armado con los cárteles, pero esa justificación no suspende las restricciones internacionales sobre cómo se libra ese conflicto.
  • Desde septiembre, más de 35 operaciones bajo la misión 'Lanza del Sur' han dejado más de cien muertos extrajudiciales, y la pregunta sobre la legalidad de los ataques posteriores permanece sin respuesta clara.

El 2 de septiembre, el Pentágono lanzó un misil desde un avión pintado para parecer civil contra lo que describía como una narcolancha en el Caribe. Once personas murieron en el impacto inicial. Dos sobrevivientes que lograron aferrarse a los restos del casco fueron asesinados minutos después en un segundo ataque. Según reportes del New York Times, el avión volaba lo suficientemente bajo para ser visto desde la embarcación, que había girado su proa hacia Venezuela al detectarlo. Las municiones iban ocultas dentro del fuselaje, no montadas visiblemente bajo las alas como es práctica estándar.

La táctica abre una cuestión jurídica de fondo. Los especialistas en derecho de la guerra señalan que lo ocurrido encaja en la definición de 'perfidia': fingir condición civil para engañar al adversario y hacerlo bajar la guardia antes del ataque. Los propios manuales militares estadounidenses establecen que los combatientes deben actuar 'sin recurrir a la perfidia' y tienen el deber de distinguir sus fuerzas de la población civil. La Administración Trump argumenta que los ataques son legales porque el presidente declaró un conflicto armado con los cárteles, pero esa justificación no anula las restricciones internacionales sobre los métodos permitidos.

Desde ese primer ataque, las fuerzas estadounidenses han ejecutado más de 35 operaciones bajo la misión 'Lanza del Sur', con un saldo que supera los cien muertos extrajudiciales. Posteriormente se pasó a usar aeronaves claramente militares, aunque no está claro si volaban lo suficientemente bajo para ser detectadas desde el agua. El ataque del 2 de septiembre, con su avión disfrazado y sus supervivientes rematados en el mar, marca el punto de partida de una campaña que ha redefinido los límites de lo que esta administración considera permisible en su guerra contra el narcotráfico.

El Pentágono lanzó un misil desde un avión pintado para parecer civil el 2 de septiembre pasado contra lo que describía como una narcolancha en el Caribe. Once personas murieron en el primer ataque. Dos sobrevivientes que lograron trepar a un fragmento del casco volcado fueron asesinados minutos después en un segundo bombardeo. Según reportes del New York Times, el avión volaba lo suficientemente bajo como para ser visto desde el barco, que había girado su proa hacia Venezuela aparentemente después de detectarlo. Las municiones iban ocultas dentro del fuselaje, no montadas visiblemente bajo las alas como es práctica militar estándar.

La táctica plantea una cuestión jurídica fundamental. Los especialistas en derecho de la guerra consultados por el Times señalan que lo que el Pentágono hizo encaja en la definición de "perfidia": un crimen de guerra que consiste en fingir condición civil para engañar al adversario y hacerlo bajar la guardia antes del ataque. Las leyes del conflicto armado, incluso cuando una nación sostiene estar en guerra, prohíben explícitamente esta clase de engaño. La Administración Trump ha argumentado que los ataques son legales porque el presidente determinó que Estados Unidos se encuentra en conflicto armado con los cárteles de drogas. Pero esa justificación no anula las restricciones internacionales sobre cómo se puede librar ese conflicto.

Los propios manuales militares estadounidenses tratan ampliamente el tema. Un manual de la Marina de Estados Unidos establece que los combatientes legales en el mar deben usar la fuerza "dentro de los límites del honor militar, en particular sin recurrir a la perfidia". El mismo documento subraya que los comandantes tienen el deber de "distinguir a sus propias fuerzas de la población civil". Otro manual militar estadounidense sobre derecho de la guerra define la perfidia como los casos en que un combatiente finge ser civil para que el adversario "descuide tomar las precauciones que de otro modo serían necesarias". Eso es exactamente lo que ocurrió en el Caribe cuando el barco vio lo que parecía ser un avión civil y bajó su vigilancia.

Desde ese primer ataque en septiembre, el Ejército de Estados Unidos ha ejecutado más de 35 operaciones contra embarcaciones en aguas internacionales bajo una misión denominada "Lanza del Sur". El saldo de esas operaciones supera los cien asesinatos extrajudiciales. Después del ataque inicial, las fuerzas estadounidenses pasaron a utilizar aviones claramente identificables como militares, incluyendo drones MQ-9 Reaper, aunque no está claro si esas aeronaves volaban lo suficientemente bajo como para ser detectadas visualmente desde el agua. La pregunta sobre si esos ataques posteriores también violarían el derecho internacional permanece sin respuesta clara.

La operación ocurrió en un contexto de escalada. Estos ataques continuaron durante meses hasta que el 3 de enero pasado, por orden del presidente Trump, el Ejército estadounidense atacó Venezuela y capturó a Nicolás Maduro, quien desde entonces permanece encarcelado en una prisión federal de Nueva York. El ataque del 2 de septiembre, con su avión disfrazado y sus supervivientes rematados en el agua, marca el punto de partida de una campaña que ha redefinido los límites de lo que la Administración Trump considera permisible en su guerra contra el narcotráfico.

Los combatientes legales en el mar deben usar la fuerza dentro de los límites del honor militar, en particular sin recurrir a la perfidia
— Manual de la Marina de Estados Unidos sobre derecho de la guerra
Los comandantes tienen el deber de distinguir a sus propias fuerzas de la población civil
— Manual militar estadounidense sobre derecho de la guerra
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Inventor

¿Por qué importa que el avión pareciera civil si de todas formas estaban atacando un barco?

Model

Porque las leyes de la guerra existen precisamente para limitar cómo se libran los conflictos, incluso los conflictos armados. Si permites que un lado finja ser civil para engañar al otro, desaparece cualquier distinción entre combatientes y no combatientes. El barco vio lo que parecía un avión civil y bajó la guardia. Eso es lo que la perfidia prohíbe.

Inventor

Pero la Administración Trump dice que esto es guerra contra los cárteles. ¿No tienen derecho a usar cualquier táctica?

Model

Eso es lo interesante. Incluso si aceptas que hay un conflicto armado, las leyes de la guerra siguen aplicándose. Los propios manuales militares estadounidenses lo dicen claramente. No es que no puedas atacar. Es cómo atacas. No puedes engañar fingiendo ser civil.

Inventor

¿Qué pasó con los dos sobrevivientes?

Model

Treparon a un fragmento del casco después del primer misil. Parecieron saludar al avión. Luego vino el segundo ataque que hundió los restos. No sabemos si entendían que lo que había destruido su barco fue un misil, o si pensaban que había sido un accidente.

Inventor

¿Cambió algo después de ese primer ataque?

Model

Sí. El Pentágono pasó a usar aviones claramente militares después. Drones Reaper, aviones que no pueden confundirse con civiles. Pero eso no borra lo que pasó el 2 de septiembre, y tampoco está claro si esos aviones posteriores volaban lo suficientemente bajo como para ser vistos.

Inventor

¿Cuántos ataques ha habido desde entonces?

Model

Más de 35 operaciones en aguas internacionales. Más de cien muertes. Todo bajo la misión llamada Lanza del Sur. Y esto continuó hasta que en enero atacaron Venezuela directamente y capturaron a Maduro.

Inventor

Entonces esto es parte de algo más grande.

Model

Exactamente. El ataque del 2 de septiembre no fue aislado. Fue el primero de una campaña que cambió la forma en que Estados Unidos opera en el Caribe.

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