El mecanismo directo que se había establecido era apenas el primer paso
En las montañas suizas, dos potencias que parecían destinadas al choque encontraron, por primera vez en mucho tiempo, una mesa común. El encuentro entre representantes de Estados Unidos e Irán en Bürgenstock no resolvió nada, pero estableció algo que la historia diplomática valora por encima de los acuerdos: un canal directo de comunicación. En el fondo de esta frágil apertura persisten las mismas fracturas de siempre —el átomo, los proxies, el petróleo— recordándonos que el diálogo, aunque necesario, no es sinónimo de paz.
- Trump amenazó públicamente con destruir el régimen iraní y apoderarse del estrecho de Ormuz si las negociaciones fracasan, elevando la presión justo cuando los diplomáticos intentaban construir confianza.
- La delegación iraní rechazó posar para una foto conjunta y guardó silencio ante las cámaras, señal inequívoca de que Teherán participa en las conversaciones sin ceder un ápice de su postura soberana.
- Irán trazó una línea roja inamovible: el enriquecimiento de uranio no está sobre la mesa, cerrando de antemano uno de los capítulos más críticos de cualquier acuerdo nuclear posible.
- Mientras los negociadores deliberaban en Suiza, Israel reanudó sus ataques contra posiciones de Hizbulá en el sur del Líbano, y Netanyahu dejó claro que no retirará sus fuerzas, amenazando con descarrilar todo el proceso.
- El único logro concreto de la cumbre fue la consolidación de un mecanismo directo de negociación entre ambos gobiernos, un primer paso modesto pero significativo en un camino sembrado de trampas.
En el complejo de Bürgenstock, entre los Alpes suizos, representantes de Estados Unidos e Irán se sentaron por primera vez en semanas a negociar cara a cara. El vicepresidente JD Vance se reunió con el presidente del Parlamento iraní y el ministro de Exteriores Abbas Araqchi, con Qatar y Pakistán como testigos. La ausencia de una fotografía oficial conjunta resumió el clima: desconfianza profunda, voluntad mínima de mostrar cercanía.
Vance preguntó directamente si Irán estaba dispuesto a abandonar su papel desestabilizador en la región y sus ambiciones nucleares. Los líderes iraníes no respondieron ante las cámaras. Desde Washington, Trump añadía presión con declaraciones en Fox News: si Teherán cerraba el estrecho de Ormuz o las conversaciones fracasaban, el régimen sería aniquilado. Llegó a sugerir que Estados Unidos podría tomar el control del estrecho y quedarse con parte del petróleo que transita por él.
El presidente iraní Pezeshkian anunció la liberación de 6.000 millones de dólares en activos congelados, pero dejó claro que el enriquecimiento de uranio era una línea roja innegociable. Según el analista Daniel Bashandeh, lo más valioso del encuentro no fue ningún acuerdo concreto, sino la consolidación de un canal directo de comunicación entre ambos gobiernos.
Sin embargo, la realidad sobre el terreno amenazaba con destruir ese frágil hilo. Israel reactivó sus ataques contra Hizbulá en el sur del Líbano, y Netanyahu reafirmó que sus fuerzas permanecerían en la zona de seguridad el tiempo que fuera necesario. La delegación iraní denunció estos ataques como el tema central de las conversaciones. El acuerdo existía, pero flotaba sobre un vacío: el enriquecimiento nuclear, los proxies regionales y el estrecho de Ormuz seguían sin resolverse, y cualquier escalada podía romper lo poco que se había construido.
En las montañas suizas de Bürgenstock, dos potencias que hace semanas parecían condenadas al enfrentamiento se sentaron por primera vez a una mesa de negociación. Estados Unidos e Irán firmaron el acuerdo más improbable de los últimos meses: el de simplemente hablar. Pero lo que sucedió en esa sala reveló que la distancia entre ambos sigue siendo casi insalvable.
El vicepresidente estadounidense JD Vance se reunió con el presidente del Parlamento iraní Mohamed Baquer Qalifab y el ministro de Exteriores Abbas Araqchi, acompañados por representantes de Qatar y Pakistán. La delegación iraní no permitió una foto oficial conjunta, un detalle que hablaba por sí solo sobre el nivel de desconfianza que reinaba en el encuentro. Mientras Vance expresaba públicamente el deseo de "pasar página" y evitar volver a los "viejos métodos", formuló preguntas directas a los negociadores iraníes: ¿estaban dispuestos a dejar de impulsar la inestabilidad regional? ¿Renunciarían a sus ambiciones nucleares a largo plazo? Los líderes iraníes no respondieron ante las cámaras. Se mantuvieron en una esquina de la sala, en silencio.
Mientras tanto, desde Washington, Donald Trump enviaba un mensaje diferente. En una entrevista con Fox News, amenazó con aniquilar al régimen iraní si las conversaciones fracasaban o si Teherán decidía mantener cerrado el estrecho de Ormuz. "Les dije que si cerraban el estrecho se quedarían sin país. Ni siquiera podrían regresar a su país", declaró el presidente. No se trataba de una advertencia velada. Trump fue más allá, sugiriendo que Estados Unidos podría tomar por la fuerza el estrecho, actuar como "recaudador de peajes" e incluso quedarse con el 20 por ciento del petróleo, convirtiéndose en el "ángel de la guarda" de una de las rutas comerciales más críticas del mundo.
Desde Teherán, el presidente Masud Pezeshkian anunció a través de la radiodifusora estatal IRIB que Estados Unidos había aprobado la liberación inmediata de 6.000 millones de dólares en activos iraníes congelados en Qatar. Pero dejó clara una línea roja que Irán no cruzaría: el país seguiría enriqueciendo uranio. No había negociación posible en ese punto. El régimen había repetido esta posición de forma inamovible durante semanas, y no había señales de que fuera a cambiar.
Lo que hizo posible este encuentro fue el nuevo memorando de entendimiento que entró en vigor la semana anterior. Según Daniel Bashandeh, analista hispano-iraní, las negociaciones comenzaban bajo desconfianza mutua, pero ambas partes estaban dispuestas a darles una oportunidad porque volver a la confrontación resultaba costoso para Estados Unidos. Lo más importante, señaló, era que se había consolidado un mecanismo directo de comunicación entre ambos gobiernos.
Pero incluso mientras los negociadores estaban reunidos en Suiza, la realidad sobre el terreno amenazaba con descarrilar todo el proceso. Las Fuerzas de Defensa israelíes reanudaron sus ataques contra posiciones de Hizbulá en el sur del Líbano, golpeando Nabatiyé el-Faouqa y Kfar Tebnit. La delegación iraní denunció que Israel "seguía incumpliendo sus compromisos" y que este era el tema principal de las conversaciones. Horas después de que Trump exigiera a Irán detener a sus "abundantemente pagados proxies en Líbano", Benjamin Netanyahu respondió con firmeza: Israel mantendría su presencia en la "zona de seguridad" del sur de Líbano el tiempo que fuera necesario. No renunciaría a los avances logrados.
Lo que quedaba claro era que el acuerdo entre Washington y Teherán existía en un vacío frágil. Sobre la mesa había cuestiones fundamentales sin resolver: el enriquecimiento de uranio, el papel de los proxies regionales, el control del estrecho de Ormuz. Y por debajo de todo, la amenaza constante de que cualquier escalada podría romper el hilo delgado que mantenía a ambas potencias en la mesa de negociación. El mecanismo directo que se había establecido era un logro, pero apenas el primer paso en un camino lleno de trampas.
Notable Quotes
Les dije que si cerraban el estrecho se quedarían sin país. Ni siquiera podrían regresar a su país— Donald Trump, presidente de Estados Unidos
Seguimos firmes con nuestros intereses vitales. Vamos a seguir en la zona de seguridad del sur de Líbano el tiempo que sea necesario— Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué fue tan importante que simplemente se sentaran a hablar, si al final no parecen estar de acuerdo en nada?
Porque hace unas semanas esto era impensable. La amenaza de confrontación era real. El hecho de que haya un mecanismo directo significa que cuando las cosas se calienten —y se calentarán— hay un teléfono que pueden descolgar.
Pero Trump está amenazando con aniquilar a Irán. ¿Eso no destruye cualquier confianza que pudiera haber?
Claro que la destruye. Pero es también la razón por la que Irán sigue en la mesa. Saben que Trump habla en serio. La amenaza es parte de la negociación.
¿Y el uranio? Irán dice que no renunciará a enriquecerlo.
Eso es lo que hace que todo sea tan frágil. Es la línea roja que Teherán no cruzará. Si Estados Unidos insiste en que abandonen el programa nuclear, no hay acuerdo posible.
Entonces, ¿por qué Netanyahu sigue atacando Líbano? ¿No sabe que eso sabotea todo?
Netanyahu tiene sus propios intereses. Dice que no renunciará a los avances logrados. Para él, la seguridad de Israel es más importante que el acuerdo entre Washington y Teherán. Y eso es lo que realmente amenaza con romper todo.
¿Cuánto tiempo crees que durará esto?
Depende de si alguien comete un error. Si Irán cierra el estrecho, Trump cumplirá su amenaza. Si Israel sigue atacando, Irán se retirará de las negociaciones. El acuerdo existe en un equilibrio muy precario.