Eclipse total en Chile: la ciencia y la cosmovisión mapuche ante "la muerte temporal del Sol"

El Sol temporalmente muerto, bajo ataque del wekufü
La cosmovisión mapuche interpreta el eclipse como una batalla cósmica donde una fuerza maligna ataca al Sol.

En La Araucanía, Chile, un eclipse solar total de poco más de dos minutos reunió dos formas de habitar el cosmos: la ciencia occidental, que vio en la oscuridad una ventana hacia los misterios de la corona solar, y la cosmovisión mapuche, que durante más de doce mil años ha interpretado ese mismo silencio del Sol como una batalla entre la luz y las fuerzas del mal. El mismo cielo, el mismo instante, dos humanidades distintas mirando hacia arriba con igual intensidad y propósito.

  • En apenas dos minutos y nueve segundos, el Sol desaparecería sobre Villarrica y Pucón, abriendo una ventana irrepetible para observar la corona solar y planetas normalmente invisibles.
  • La ciencia enfrenta uno de sus enigmas más persistentes: la corona solar alcanza casi un millón de grados Celsius, mucho más que el interior del Sol, y el eclipse ofrece la mejor oportunidad para estudiar ese misterio.
  • Para los mapuches, el eclipse no es un fenómeno neutro: es el 'wekufü' atacando al Sol, una amenaza cósmica que históricamente ha precedido sequías, conflictos sociales y pérdida de fertilidad en la tierra.
  • La respuesta ritual mapuche es urgente y colectiva: fogatas con canelo, laurel y boldo, piedras y flechas lanzadas al cielo, todo para ayudar al Sol a vencer en su batalla milenaria.
  • Cuando el Sol reaparece, la alegría no es metafórica: el mundo ha sido salvado una vez más, y doce mil años de memoria colectiva lo confirman.

El lunes por la tarde, el cielo sobre La Araucanía se volvería noche en pleno mediodía. Un eclipse solar total cruzaría Chile de oeste a este, alcanzando su máxima expresión sobre Villarrica y Pucón, ciudades ubicadas en la región donde habita la mayoría de las comunidades mapuches del país. La franja de oscuridad total cubriría unos 90 kilómetros de ancho durante dos minutos y nueve segundos.

Para la comunidad científica, esos instantes representaban una oportunidad única. Felipe Barrientos, astrónomo de la Universidad Católica, destacaba que Chile estaba justo donde la duración sería máxima. Durante la totalidad, sería posible observar la corona solar, esa capa gaseosa que normalmente permanece oculta bajo el brillo del Sol y que, paradójicamente, alcanza temperaturas cercanas a un millón de grados Celsius, mucho más que el interior de la estrella misma. También serían visibles planetas como Mercurio, Venus, Júpiter y Saturno, estrellas como Antares, e incluso un cometa que viajaba cerca del Sol.

Pero en el mismo territorio, la cosmovisión mapuche otorgaba al fenómeno un significado radicalmente distinto. Durante más de 12.400 años, los mapuches han interpretado los eclipses totales como generadores de cambios profundos. En mapuzungún, el eclipse se llama 'lan antü': el Sol temporalmente muerto. El sabio Juan Ñanculef explicaba que la observación acumulada a lo largo de los siglos permitió a su pueblo identificar patrones: tras los eclipses venían la sequía de quilas y colihues, conflictos sociales, y una tierra menos fértil.

Esa lectura no era exclusiva de los mapuches. Pueblos como los griegos también creyeron que el Sol era atacado por fuerzas del cosmos. Para los mapuches, esa fuerza maligna es el 'wekufü'. La respuesta ritual era encender fogatas con árboles sagrados como el canelo, el laurel y el boldo, y lanzar piedras y flechas al cielo para ayudar al Sol en su batalla. Cuando la luz regresaba, la victoria era real: el Sol había vencido, y el mundo continuaría.

Así, sobre la misma tierra y bajo el mismo cielo, dos formas de entender el universo coexistirían en un mismo instante: una buscando datos para resolver misterios de la física, la otra participando en un drama cósmico transmitido por más de doce mil años de memoria viva.

El lunes por la tarde, durante poco más de dos minutos, el cielo sobre La Araucanía se volvería noche en pleno mediodía. Un eclipse solar total atravesaría Chile de oeste a este, comenzando en el Pacífico y terminando cerca de las costas africanas del Atlántico, pero sería en territorio chileno donde el fenómeno alcanzaría su máxima expresión. La franja de oscuridad total cubriría aproximadamente 90 kilómetros de ancho, pasando directamente sobre Villarrica y Pucón, ciudades ubicadas a unos 800 kilómetros al sur de Santiago, en la región donde habitan la mayoría de las comunidades mapuches del país. El evento también sería visible en el sur de Argentina.

Para la comunidad científica internacional, esos dos minutos y nueve segundos representaban una ventana única hacia misterios del universo que permanecen ocultos el resto del tiempo. Felipe Barrientos, astrónomo de la Universidad Católica, explicaba que Chile ocupaba una posición privilegiada en la trayectoria del eclipse, justo donde la duración sería máxima. Durante la totalidad, físicos y astrónomos de todo el mundo tendrían la oportunidad de observar la corona solar, esa capa gaseosa que normalmente permanece invisible bajo el brillo intenso del Sol. Lo paradójico es que esta corona, que rodea la estrella, alcanza temperaturas cercanas a un millón de grados Celsius, mucho más caliente que el interior del Sol mismo, un enigma que la ciencia aún no lograba explicar completamente.

Simón Ángel, del departamento de Astronomía de la Universidad Católica, señalaba que el eclipse permitiría observar también planetas como Mercurio, Venus, Júpiter y Saturno, así como estrellas brillantes cercanas al Sol como Antares, todas ellas normalmente invisibles por la intensidad de la luz solar. Incluso un cometa que viajaba cerca de la estrella podría ser visible durante esos momentos de oscuridad. Para los científicos, estos cambios drásticos en el sistema ofrecían la mejor oportunidad para estudiar qué ocurría en el espacio, ya que cuanto más violento fuera el cambio, mayores serían las posibilidades de comprender los mecanismos en juego.

Pero mientras la ciencia occidental veía en el eclipse una oportunidad de observación, la cosmovisión mapuche le otorgaba un significado profundamente diferente. Durante más de 12.400 años de existencia como pueblo, los mapuches habían interpretado los eclipses totales de sol como generadores de cambios significativos, tanto a corto como a largo plazo. En mapuzungún, la lengua mapuche, el eclipse se conocía como "lan antü", que literalmente significa "el Sol temporalmente muerto". Juan Ñanculef, sabio mapuche, explicaba que la observación cuidadosa a lo largo de los siglos había permitido a su pueblo identificar patrones: antes y después de los eclipses totales, aparecían señales en la tierra. Las quilas y los colihues, subespecies de bambú autóctonas del sur de Chile, se secaban. Después de un eclipse, según la tradición histórica mapuche, venían conflictos sociales y escasez. La tierra producía menos, las semillas no germinaban bien, la fertilidad del suelo se debilitaba.

Esta interpretación no era única de los mapuches. Ñanculef señalaba que pueblos antiguos como los griegos compartían una creencia similar: que el Sol estaba siendo atacado por monstruos del cosmos. Para los mapuches, esa fuerza maligna se llamaba "wekufü", y durante un eclipse, el wekufü atacaba al Sol intentando apagarlo para siempre. La respuesta ritual era directa y visceral: encendían fogatas y quemaban árboles naturales como el canelo, el laurel y el boldo para ayudar al Sol a defenderse en su batalla cósmica. Lanzaban piedras y flechas hacia el cielo, participando simbólicamente en la lucha. Cuando el Sol reaparecía, la alegría era genuina: el Sol había ganado, había vencido al wekufü, y el mundo continuaría.

Así, el eclipse del lunes reuniría dos formas radicalmente diferentes de entender el mismo fenómeno celeste. Mientras los astrónomos se preparaban para captar datos sobre la corona solar y resolver misterios de la física, los mapuches se disponían a participar en un drama cósmico milenario, uno que sus ancestros habían presenciado y transmitido durante más de doce mil años. Ambas perspectivas coexistirían en el mismo cielo, sobre la misma tierra, en el mismo momento.

La maravilla de que se convierta el día a noche de golpe es la posibilidad de ver partes del Sol que habitualmente no veríamos, como la corona
— Simón Ángel, departamento de Astronomía de la Universidad Católica
Habían observado que después de un Sol que se tapa se vienen conflictos sociales, escasez; la tierra produce menos, no salen bien las semillas
— Juan Ñanculef, sabio mapuche
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué importa que el eclipse sea visible precisamente en La Araucanía?

Model

Porque es donde vive la mayoría de los mapuches. No es casualidad que el fenómeno científico y el cultural converjan en el mismo lugar. Es el territorio donde esta cosmovisión ha existido durante más de doce mil años.

Inventor

¿Qué ven los mapuches que los científicos no ven?

Model

Los científicos ven la corona solar, los planetas ocultos, los mecanismos físicos. Los mapuches ven una batalla cósmica, un ataque del wekufü al Sol. Ambos están mirando el mismo evento, pero sus marcos de referencia son completamente distintos.

Inventor

¿Es la interpretación mapuche solo simbólica, o creen realmente que ocurren esos cambios después del eclipse?

Model

Para ellos no hay separación entre lo simbólico y lo real. Han observado durante milenios que después de los eclipses vienen sequías, conflictos, malas cosechas. Eso es evidencia empírica en su tradición, no metáfora.

Inventor

¿Qué harán durante el eclipse?

Model

Encenderán fogatas, quemarán árboles sagrados como el canelo y el laurel, lanzarán piedras y flechas hacia el cielo. No es un acto pasivo de observación, sino participación activa en la defensa del Sol.

Inventor

¿Creen que el Sol podría no volver?

Model

Históricamente, sí. Aunque saben que siempre ha vuelto, cada eclipse representa esa posibilidad. Es por eso que el ritual es tan importante: es su forma de asegurar que el Sol gane la batalla.

Inventor

¿Coexisten estas dos visiones en La Araucanía durante el eclipse?

Model

Sí. En el mismo lugar, al mismo tiempo, habrá astrónomos con telescopios y mapuches con fuego. Dos maneras de estar en el mundo, observando el mismo cielo.

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