Director del Israel: «A los chicos les escupían en las presentaciones»

Los ciclistas del equipo Israel han sufrido agresiones físicas y verbales, incluyendo escupitajos e insultos diarios, generando un ambiente de inseguridad que afecta su participación en eventos públicos de la carrera.
Los chavales iban por el pasillo y algunos les escupían
Guerrero explica por qué el equipo Israel dejó de participar en las presentaciones de salida de la Vuelta.

En el corazón de la Vuelta a España, uno de los eventos deportivos más emblemáticos del mundo, el equipo Israel ha tenido que librar una batalla paralela y silenciosa: la de su propia seguridad. Óscar Guerrero, su director, ha transformado su rol en el de coordinador de protección, negociando con fuerzas policiales, anticipando rutas y absorbiendo insultos diarios, mientras sus ciclistas aprenden a volverse invisibles en las carreteras de un país que, en algunos tramos, los recibe con hostilidad. El deporte, una vez más, refleja las fracturas del mundo que lo rodea.

  • Los ciclistas del equipo Israel son escupidos, insultados y atacados con tomates y pintura en plena competición, convirtiendo cada etapa en un ejercicio de supervivencia tanto física como emocional.
  • La tensión ha obligado al equipo a abandonar las presentaciones de salida, y en Bilbao los corredores subieron al autobús sin ducharse ni comer, huyendo antes de que la multitud llegara desde la meta.
  • La Vuelta ha desplegado recursos de seguridad sin precedentes —helicópteros, drones y el doble de agentes policiales— para proteger a un equipo que compite bajo una presión que ningún otro participante enfrenta.
  • Guerrero recibe hasta 60 insultos y 50 llamadas al día, coordina movimientos con múltiples cuerpos de seguridad y advierte a sus ciclistas que ciertas etapas serán diez veces más hostiles que las anteriores.
  • La estrategia del equipo se ha reducido a una consigna táctica: pasar desapercibidos, mantenerse en el centro del pelotón y evitar las calles estrechas donde la vulnerabilidad es mayor.

Óscar Guerrero llegó a la Vuelta a España como director deportivo del equipo Israel. Terminó ejerciendo, en gran medida, como coordinador de seguridad. Antes de que comenzara la carrera ya había contactado con la Ertzaintza, con fuerzas policiales de todo el norte de España y con autoridades de otras regiones, coordinando detalles de protección que nada tenían que ver con el ciclismo.

Mientras manifestantes con banderas palestinas gritaban consignas en las salidas, Guerrero aprendió a anticipar cada movimiento del equipo: a qué hora saldrían, dónde estacionarían los vehículos, dónde repartirían los bidones. La Vuelta puso a su disposición recursos extraordinarios —un helicóptero de vigilancia, drones, el doble de agentes policiales— y él los coordinaba todos. Recibía 50 llamadas al día. Hablaba español, y eso, decía, lo hacía indispensable.

Los insultos se habían vuelto rutina: entre 50 y 60 diarios, incluso en su propia casa en Navarra. Pero los ataques iban más allá de las palabras. En Cerler, alguien lanzó tomates al autobús del equipo. En otra ocasión, echaron pintura contra el vehículo. Lo más grave ocurría en las montañas, cuando los corredores quedaban rezagados en los puertos.

Fue esa acumulación la que llevó al equipo a dejar de participar en las presentaciones de salida. Algunos espectadores escupían a los ciclistas mientras caminaban por los pasillos. En Bilbao, el autobús no esperó a que los corredores se ducharan ni comieran: en cuanto llegó el último, Guerrero dio la orden de arrancar de inmediato. Tenían miedo de que la gente viniera desde la meta. Sin ducha, sin comida. Solo salir.

Guerrero también preparaba mentalmente a sus ciclistas para lo que vendría. Les advertía que Navarra sería diez veces más intensa que lo anterior, y Bilbao diez veces más que Navarra. La instrucción era clara: pasar desapercibidos, mantenerse en la mitad del pelotón, evitar las calles estrechas. Ser invisibles. Llegar a la meta sin incidentes.

Óscar Guerrero llegó a la Vuelta a España como director del equipo Israel. Terminó funcionando, en gran medida, como coordinador de seguridad. En las semanas previas a la carrera, había hablado con la Ertzaintza, con fuerzas de seguridad de prácticamente todo el norte de España, con autoridades italianas y catalanas, y había llegado casi hasta Vigo coordinando detalles de protección. Su trabajo había mutado completamente.

Mientras manifestantes con banderas palestinas gritaban consignas en las salidas, Guerrero explicaba cómo había aprendido a anticipar cada movimiento del equipo. Decía a qué hora saldrían, dónde estacionarían los vehículos, dónde repartirían los bidones de agua, porque en esos lugares estaban los auxiliares y los corredores se sentían vulnerables. La Vuelta y las fuerzas de seguridad del Estado habían puesto recursos extraordinarios a su disposición: un helicóptero de vigilancia, el doble de agentes policiales, drones. Todo coordinado por Guerrero. Reconocía que el idioma era crucial en su rol. Si estuviera en Francia, sería diferente, decía. Pero aquí, hablando español, era indispensable. Recibía 50 llamadas telefónicas al día.

Los insultos habían pasado a ser parte de su rutina. Recibía entre 50 y 60 cada día: lo llamaban asesino, lo insultaban de formas que prefería no repetir. Incluso en su propia casa en Navarra. Pero los ataques no se quedaban en las palabras. En Cerler, alguien tiró tomates al autobús del equipo. En otro momento, echaron pintura contra el vehículo, obligando a los ocupantes a mantener las ventanillas cerradas. Lo peor ocurría en las montañas, cuando los corredores se quedaban rezagados en los puertos. Había de todo, decía Guerrero, sin especificar más.

Por eso el equipo Israel había dejado de participar en las presentaciones de salida. Los corredores caminaban por los pasillos y algunos les escupían. Llegó un momento en que Guerrero pensó que no podían seguir así. Ahora no hacían las presentaciones, y creía que era mejor para todos. El miércoles en Bilbao, el autobús ni siquiera esperó a que los corredores se ducharan y comieran después de la etapa, como era costumbre. En el momento en que llegaron los últimos del grupo, subieron al autobús. Guerrero le dio la orden a la Ertzaintza de arrancar inmediatamente. Tenían miedo de que la gente viniera desde la meta. Sin ducha, sin comida, sin nada. Solo salir.

Guerrero también preparaba a los ciclistas para lo que enfrentarían en carrera. Les había advertido que Navarra sería diez veces más intenso que lo que habían visto antes, y que Bilbao sería diez veces más que Navarra. Les recomendaba que intentaran pasar desapercibidos, que se mantuvieran en la mitad del grupo durante la salida neutralizada, que evitaran la zona antigua donde las calles eran estrechas. Se trataba de ser invisible. De pasar sin ser notados. De llegar a la meta sin incidentes.

Los chavales iban por el pasillo y algunos les escupían y llega un momento que dices que no puedo pasar por esto
— Óscar Guerrero, director del equipo Israel
Me llaman asesino o hijo de puta 50 o 60 veces al día
— Óscar Guerrero
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Cuándo supo que su trabajo había dejado de ser el de un director de equipo normal?

Model

Cuando empecé a contar los insultos diarios. Cuando pasaron de ser excepcionales a ser la norma. Cincuenta, sesenta veces al día. Eso no es ciclismo, eso es otra cosa.

Inventor

¿Y los corredores? ¿Cómo lo viven ellos?

Model

Con miedo. Eso es lo que más duele. Chavales que vinieron a correr una vuelta y terminan escondiéndose en un autobús sin ni siquiera poder ducharse después de una etapa.

Inventor

Usted habla de coordinar con la Ertzaintza, con policías, con drones. ¿Siente que está en una carrera o en una operación militar?

Model

Algunos días siento que es lo segundo. Pero es lo que hay que hacer. Si no coordinas esto, si no hablas 50 veces al día, ¿qué pasa? Alguien sale herido.

Inventor

¿Hay un momento en el que pensó en abandonar?

Model

No. Pero sí hay un momento en el que piensas que algo está muy mal. Cuando ves a un chico joven recibiendo escupitajos en un pasillo. Eso no debería pasar en una carrera de bicicletas.

Inventor

¿Cree que esto cambiará algo en el ciclismo?

Model

Espero que sí. Pero por ahora, lo que hago es intentar que mis corredores lleguen a la meta sanos. Lo demás vendrá después.

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