Sin estímulo correcto, no alcanzarán su rendimiento óptimo
En torno al dos por ciento de la humanidad posee lo que llamamos altas capacidades, y sin embargo pocos colectivos han sido tan malinterpretados por el imaginario colectivo. La profesora Verónica Marina Guillén Martín, de la UOC, ha trazado con rigor la línea que separa el mito de la realidad sobre estos estudiantes, recordándonos que la excepcionalidad intelectual no exime de necesitar guía, afecto y entornos que sepan reconocerla. Comprender a estos niños no es solo una cuestión educativa: es un ejercicio de justicia hacia quienes, paradójicamente, corren el riesgo de ser invisibles precisamente por brillar de una manera que el sistema no siempre sabe ver.
- El estereotipo del niño superdotado —solitario, aburrido y torpe— persiste con fuerza en escuelas y familias, distorsionando la detección y la respuesta educativa.
- Las niñas con altas capacidades son especialmente vulnerables al infradiagnóstico porque aprenden a adaptarse y a no sobresalir, volviéndose invisibles para un sistema que detecta el talento cuando viene acompañado de conflicto.
- Muchos de estos estudiantes fracasan al llegar a contenidos complejos porque nadie les enseñó a estudiar ni a autorregularse, al asumir erróneamente que su capacidad los hace autosuficientes.
- Los expertos reclaman flexibilidad curricular, retos motivadores y atención socioafectiva como respuesta real, advirtiendo que tanto la negligencia como la sobreestimulación pueden truncar el potencial de estos niños.
Alrededor del dos por ciento de la población mundial tiene altas capacidades —un cociente intelectual superior a 130 o una capacidad de aprendizaje muy por encima de la media—, pero ese porcentaje tan reducido ha alimentado una imagen casi caricaturesca de quiénes son estos niños. Verónica Marina Guillén Martín, profesora de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, ha dedicado su trabajo a desmontar diez creencias muy extendidas sobre ellos.
El aburrimiento en clase tiene algo de cierto, pero solo cuando la enseñanza se basa en la repetición mecánica de contenidos ya dominados. El problema no es la capacidad del niño, sino la ausencia de estímulo real. Tampoco es verdad que tengan dificultades sociales por naturaleza: son tan sociables como cualquier otro, aunque pueden sentirse incomprendidos si no encuentran intereses comunes con sus compañeros de edad, algo que requiere atención emocional, no resignación.
La creencia de que son buenos en todo es igualmente falsa. Las altas capacidades abarcan desde la sobredotación general hasta talentos específicos en una sola disciplina. Algunos pueden mostrar una disincronía entre su desarrollo intelectual y psicomotriz, pero otros destacan precisamente en el deporte. La heterogeneidad dentro del grupo es la norma, no la excepción.
Uno de los datos más preocupantes tiene que ver con el género. No nacen más niños que niñas con altas capacidades, pero sí se identifican muchos más niños. Las niñas tienden a adoptar conductas adaptadas y a pasar desapercibidas, lo que las aleja del radar de un sistema que suele detectar el talento cuando va acompañado de conductas disruptivas.
Quizás el mito más dañino es el de la autosuficiencia: la idea de que estos estudiantes no necesitan ayuda porque pueden aprender solos. Sin orientación en autorregulación, organización y técnicas de estudio, muchos fracasan cuando los contenidos se vuelven exigentes. Su potencial no es completamente innato ni inmutable: se desarrolla —o se marchita— según la estimulación que reciban. El equilibrio entre el reto y el acompañamiento es, en definitiva, la clave para que ese potencial se convierta en realidad.
Alrededor del dos por ciento de la población mundial posee lo que los expertos llaman altas capacidades: un cociente intelectual superior a 130 o una capacidad de aprendizaje muy por encima de la media. Ese porcentaje tan reducido ha generado una imagen casi de caricatura sobre quiénes son estos niños y niñas. El estereotipo más común los retrata como solitarios, aburridos en clase, torpes en los deportes. Pero ¿cuánto hay de verdad en esa percepción? Verónica Marina Guillén Martín, profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, ha dedicado tiempo a separar la realidad de la ficción en torno a diez creencias muy extendidas sobre estos estudiantes.
Comencemos con el aburrimiento en clase. Sí, hay algo de cierto aquí, pero con matices importantes. Cuando la enseñanza se basa en la repetición mecánica de contenidos y ejercicios que no representan ningún desafío real, es probable que muchos de estos niños pierdan interés. El problema no es su capacidad, sino la falta de estímulo. Guillén Martín subraya que las escuelas deberían permitir que cada estudiante avance a su propio ritmo y evitar tareas repetitivas sobre temas ya dominados, que pueden generar rechazo activo en el alumnado con altas capacidades.
Otro mito frecuente sostiene que estos niños tienen dificultades para socializar. Los expertos lo niegan categóricamente. La mayoría son tan sociables como cualquier otro niño: algunos extrovertidos, otros tímidos, pero sin que esto esté vinculado a su capacidad intelectual. Lo que sí puede ocurrir es un desajuste entre su nivel intelectual y su desarrollo emocional. Cuando no encuentran intereses comunes con sus compañeros de edad, pueden sentirse incomprendidos y aislarse, pero esto es un problema que requiere atención emocional y socioafectiva desde la escuela, no una característica inherente a su condición.
La idea de que son "buenos" en todo es igualmente falsa. Altas capacidades es un término amplio que engloba múltiples formas de excepcionalidad: desde sobredotación intelectual general hasta talento específico en una única disciplina, o talentos complejos que abarcan varias áreas pero no todas. Tampoco es cierto que sean malos en deportes. Algunos pueden tener una disincronía entre su desarrollo intelectual y psicomotriz, lo que los hace menos destacados en actividades físicas. Pero otros poseen talento deportivo genuino y destacan precisamente en ese ámbito.
Un dato preocupante emerge cuando se examina la cuestión del género. No hay más niños que niñas con altas capacidades, pero sí hay más niños identificados. El infradiagnóstico en niñas es especialmente grave. Guillén Martín explica que el sistema educativo tiende a detectar altas capacidades cuando hay problemas asociados: comportamientos disruptivos, malestar evidente. Las niñas, en cambio, suelen adoptar conductas más adaptadas e intentan pasar desapercibidas, lo que las aleja aún más de la identificación.
Respecto a si deben acelerarse de curso o mantenerse en su grupo de edad, los expertos rechazan la idea de que una u otra opción sea automáticamente buena o perjudicial. Lo realmente importante es la flexibilidad curricular, proponer retos que mantengan la motivación y ofrecer enriquecimiento que permita profundizar en áreas de interés. Sí es cierto que el cerebro de estos niños funciona de manera diferente: la investigación ha demostrado que procesan y gestionan la información de forma distinta, tanto cuantitativa como cualitativamente. Pero lo relevante es reconocer la heterogeneidad dentro del grupo y adaptar la educación a las necesidades individuales.
Uno de los mitos más perjudiciales es la creencia de que estos estudiantes no necesitan ayuda porque pueden aprender por sí solos. Esto es falso y potencialmente dañino. Precisamente por su alto potencial, necesitan ayudas específicas y retos que vayan más allá de lo que ofrecen las escuelas convencionales. Sin orientación adecuada en autorregulación, organización y técnicas de estudio, muchos fracasan cuando llegan a contenidos más complicados. Sus capacidades tampoco son completamente innatas e inmutables. Como ocurre con todos los seres humanos, nacen con un potencial que se desarrollará según la estimulación ambiental que reciban. Sin estímulo correcto desde todos los ámbitos, no alcanzarán su rendimiento óptimo.
Finalmente, aunque estos niños necesitan estimulación adecuada, no basta con ello para identificarlos como personas con altas capacidades: se requiere potencial genético. Y aunque la estimulación familiar y escolar es fundamental, la sobreestimulación puede ser contraproducente, generando metas inalcanzables y presión que los desmotiva. El equilibrio es la clave.
Citações Notáveis
Lo realmente importante para asegurar el éxito educativo es que haya flexibilidad en el currículum, que se propongan retos que mantengan motivado al alumnado— Verónica Marina Guillén Martín, profesora colaboradora de la UOC
Hay más niños que niñas identificados con altas capacidades, aunque no hay más niños que niñas con esta condición— Verónica Marina Guillén Martín
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué creemos que los niños con altas capacidades se aburren automáticamente en clase?
Porque cuando la enseñanza es repetitiva y mecánica, sin desafíos reales, pierden interés. Pero el problema no es su capacidad, sino que la escuela no les ofrece estímulo suficiente.
¿Es verdad que tienen problemas para hacer amigos?
No necesariamente. Algunos son extrovertidos, otros tímidos, como cualquier niño. El problema surge cuando su nivel intelectual está muy por delante de su desarrollo emocional y no encuentran intereses comunes con sus compañeros.
¿Entonces por qué hay tantas más niñas sin identificar que niños?
Porque las niñas tienden a adaptarse mejor al sistema, a pasar desapercibidas. Los maestros detectan altas capacidades cuando hay problemas visibles, y las niñas evitan causar problemas.
¿Pueden realmente aprender a leer solos sin ayuda?
Ese es uno de los mitos más peligrosos. Necesitan ayuda específica y retos que vayan más allá de lo normal. Sin orientación, pueden fracasar cuando los contenidos se complican.
¿Nace con estas capacidades o se desarrollan?
Nacen con el potencial, pero se desarrolla según la estimulación que reciban. Sin estímulo adecuado, no llegarán a su rendimiento óptimo.
¿Qué pasa si los padres los sobreestimular?
Puede ser contraproducente. Genera metas inalcanzables y presión que los desmotiva. El equilibrio es fundamental.