Desaparece placa de bronce dedicada a José María Heredia en Matanzas

La desaparición del patrimonio cultural afecta la memoria histórica colectiva y refleja el deterioro institucional que impacta la identidad cultural de la población cubana.
La metáfora es la desmemoria, la traición a la memoria de una isla
El fotógrafo Julio César García reflexiona sobre lo que significa la desaparición de la placa dedicada a Heredia.

En la calle Río de Matanzas, el vacío que dejó una placa de bronce dedicada a José María Heredia —primer gran romántico de Cuba y América— habla de algo más profundo que un robo: habla de una sociedad que, empujada por la desesperación económica, consume su propia memoria. Lo que fue arrancado del muro no es solo metal, sino la huella de un poeta que soñó con la libertad de su isla y partió al exilio desde ese mismo puerto. En Cuba, donde el bronce de los monumentos desaparece para convertirse en chatarra, la pregunta que queda no es quién lo hizo, sino qué condiciones lo hicieron posible.

  • El fotógrafo Julio César García documentó en Facebook la ausencia de la placa conmemorativa de Heredia en la calle Río de Matanzas, dejando visible solo un parche de cemento con dos agujeros vacíos.
  • El robo se inscribe en un patrón sistemático: en los últimos meses han desaparecido placas históricas, rejas de mausoleos y hasta la espada de una estatua en Holguín, todo fundido o vendido como chatarra ante la crisis económica extrema.
  • La denuncia encendió las redes sociales, con usuarios y el propio Museo Farmacéutico de Matanzas calificando el hecho de 'vergonzoso', advirtiendo que un día no quedará nada de la memoria histórica colectiva.
  • García señaló que la crisis no solo destruye el patrimonio material, sino también el tiempo y la energía que la gente necesitaría para protegerlo: 'Mi gente se dedica apenas a sobrevivir', escribió, acusando al poder de aprovecharse de esa desesperación.

En la calle Río de Matanzas, donde una placa de bronce honraba al poeta José María Heredia, ahora solo quedan dos agujeros en el cemento. El fotógrafo Julio César García documentó la ausencia el domingo pasado en Facebook, sin querer especular demasiado: tal vez fue restaurada, tal vez convertida en llaves, tal vez vendida como chatarra. En Cuba, donde la escasez ha alcanzado niveles extremos, el robo de metales en monumentos y edificios se ha vuelto práctica corriente. Para García, sin embargo, lo perdido era más que material: "La metáfora es la desmemoria", escribió, señalando la traición a la memoria de una isla por quienes gobiernan.

Heredia no era un poeta menor. Considerado el primer gran romántico de Cuba y de América, vivió y creó en Matanzas, donde en 1823 escribió "La estrella de Cuba", texto que algunos consideran el primer grito independentista de la literatura cubana. Meses después partió clandestinamente al exilio desde ese mismo puerto. Décadas más tarde, José Martí diría que Heredia despertó en los cubanos "la pasión inextinguible por la libertad".

La denuncia de García movilizó las redes. El Museo Farmacéutico de Matanzas respondió con una sola palabra: "Vergonzoso". Otros lamentaron que la placa era el último recordatorio de que Heredia vivió entre ellos, y advirtieron que pronto no quedará nada. Alguien atribuyó el caos a "un sistema que falló hace rato".

El caso no es aislado. En mayo pasado fue robada la placa del parque infantil Armando Carnot en Matanzas; la reja del mausoleo a los mártires de la independencia en Cárdenas fue sustraída; en Holguín, la espada de la estatua del mayor general Julio Grave de Peralta ha desaparecido al menos tres veces. El patrón es claro: las instituciones culturales no protegen el patrimonio, y la crisis empuja a una parte de la población a arrancar cualquier metal que encuentre. "Hasta el cableado se están llevando", advirtió un usuario. "Esto no parará hasta que no quede nada".

En la calle Río de Matanzas, donde una vez estuvo anclada una placa de bronce en honor al poeta José María Heredia, ahora solo queda un rectángulo de cemento con dos agujeros vacíos. El fotógrafo Julio César García documentó la ausencia el domingo pasado en Facebook, compartiendo la imagen de lo que quedó atrás: la huella de una memoria sustraída.

García no quiso especular demasiado sobre qué sucedió. Tal vez la placa estaba siendo restaurada. Tal vez fue transformada en llaves. O tal vez, como sugirió con cuidado, fue vendida como chatarra. En Cuba, donde la escasez económica ha alcanzado niveles extremos, el robo de metales —bronce, cobre, aluminio— se ha convertido en una práctica extendida. Los metales desaparecen de monumentos, de edificios, de cualquier lugar donde puedan ser arrancados y vendidos por su peso. Pero para García, director del Festival FOTOCANÍMAR y del Coloquio Internacional de Fotografía de Matanzas, lo que se perdió fue más que material. "La metáfora es la desmemoria", escribió. "La falta de identidad, el desarraigo, el fin justifica los medios, la desvergüenza, la traición a la memoria de una isla y su pueblo por quienes gobiernan y heredan poder".

Heredia no era un poeta cualquiera. Es considerado el primer gran romántico de Cuba y de toda América. Su conexión con Matanzas fue profunda y generativa: vivió allí, ejerció como abogado, dirigió la revista La Biblioteca de las Damas, escribió parte de su obra más importante. En octubre de 1823 compuso en esa ciudad "La estrella de Cuba", un poema que algunos estudiosos consideran el primer texto abiertamente independentista de la literatura cubana. Meses después, en noviembre de ese mismo año, partió clandestinamente hacia el exilio desde el puerto de Matanzas. Décadas más tarde, en 1889, José Martí lo consagró en un discurso pronunciado en Nueva York, diciendo que Heredia fue "el que acaso despertó en mi alma, como en la de los cubanos todos, la pasión inextinguible por la libertad".

La denuncia de García encendió las redes sociales. El Museo Farmacéutico de Matanzas respondió con un comentario breve pero contundente: "Vergonzoso el tratamiento al Patrimonio". Otros usuarios lamentaron que la placa era "el lugar que nos recordaba a duras penas que José María Heredia vivió y creó entre nosotros", advirtiendo que "un día no quedará nada de esa memoria histórica, y habrá que volver desde el principio". Alguien más señaló que lo que se pierde no es solo la historia, sino también "los valores, los principios, la educación, la solidaridad", atribuyendo el caos a "un sistema que falló hace rato y que se aferra hasta lo último pasándole por encima al pueblo".

García conectó la desaparición directamente con la crisis que sofoca a los cubanos. "Mi gente ya no tiene tiempo para pensar, mi gente se dedica apenas a sobrevivir y no enfermar física y mentalmente. ¿Qué tiempo tendrá entonces para la memoria?", escribió. De esa desesperación, agregó, se aprovechan quienes detentan el poder.

Esta no es una historia aislada. En mayo pasado fue denunciado el robo de la placa histórica del parque infantil Armando Carnot en Matanzas, dedicada al "Médico de los Pobres". También en mayo, la reja del mausoleo a los mártires de la independencia en Cárdenas fue sustraída, dejando el monumento vulnerable al saqueo. En Holguín, la espada de la estatua del mayor general Julio Grave de Peralta fue robada por lo menos tres veces. Cinco esculturas en la Plaza de la Marqueta presentan riesgo de colapso por deterioro severo. El patrón es claro: las instituciones culturales del régimen han mostrado incapacidad o desinterés para proteger el patrimonio nacional, mientras la crisis económica sin precedentes empuja a una parte de la población a sustraer cualquier elemento de valor que encuentre. Como advirtió un usuario en los comentarios: "hasta el cableado se están llevando, mejor dicho, esto no tiene cuándo parar, o parará cuando no quede nada".

La metáfora es la desmemoria. La falta de identidad, el desarraigo, el fin justifica los medios, la desvergüenza, la traición a la memoria de una isla y su pueblo por quienes gobiernan y heredan poder
— Julio César García, fotógrafo y director del Festival FOTOCANÍMAR
Mi gente ya no tiene tiempo para pensar, mi gente se dedica apenas a sobrevivir y no enfermar física y mentalmente. ¿Qué tiempo tendrá entonces para la memoria?
— Julio César García
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué importa tanto una placa de bronce? Es solo metal.

Model

Porque es lo que queda cuando la gente no puede estar presente. Es la promesa de que alguien importante vivió aquí, que sus palabras importaron. Sin ella, es como si nunca hubiera existido.

Inventor

Pero la gente sabe quién fue Heredia, ¿no? No necesita una placa para recordarlo.

Model

Cuando tienes hambre, cuando estás tratando de sobrevivir, no tienes lujo de recordar. La placa era el recordatorio físico. Era el lugar donde la memoria se hacía tangible, donde podías tocar la historia.

Inventor

¿Entonces el problema es solo la pobreza? ¿Si la gente tuviera dinero, no robaría el bronce?

Model

La pobreza es el instrumento, pero no es la causa completa. Es que nadie está protegiendo nada. Las instituciones han desaparecido de la ecuación. Cuando eso sucede, todo se vuelve disponible, todo se vuelve materia prima.

Inventor

¿Crees que volverán a poner una placa?

Model

Probablemente no. Y si lo hacen, desaparecerá de nuevo. Porque mientras la gente esté en crisis, mientras el sistema no pueda garantizar ni lo básico, el patrimonio será siempre lo más fácil de sacrificar.

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