Psicóloga Murcia: pedir perdón y reparar es más efectivo que justificarse eternamente

Es mucho más fácil reparar que justificarse eternamente
La psicóloga Deborah Murcia contrasta dos formas de responder ante un error cometido en una relación.

En toda relación existe un instante decisivo: el momento en que alguien reconoce haber causado daño. La psicóloga Deborah Murcia señala que la respuesta a ese instante —disculpa genuina o avalancha de justificaciones— revela si una persona busca reparar el vínculo o simplemente escapar de la incomodidad de ser señalada. Su reflexión, compartida en redes sociales, ha resonado porque nombra algo que muchos experimentan pero rara vez logran articular: que justificarse sin límite no es arrepentimiento, sino una forma sutil de desplazar la culpa hacia quien ya fue herido.

  • Cuando alguien responde al dolor ajeno con explicaciones en lugar de reflexión, la conversación se invierte y la víctima termina justificando su propia herida.
  • Murcia identifica este patrón como un indicador claro de ausencia de arrepentimiento genuino, una señal de alerta en cualquier vínculo personal o profesional.
  • La energía invertida en defensas interminables podría destinarse a lo único que realmente repara: reconocer el error, comprender el daño y cambiar la conducta.
  • La dinámica genera una jerarquía silenciosa donde las razones del que dañó pesan más que el sufrimiento del que fue dañado, erosionando la confianza con el tiempo.
  • El debate que generó la reflexión de Murcia no es teórico: miles de personas se reconocieron en ambos lados de la ecuación, como quien exige responsabilidad y como quien eligió justificarse.

Hay un momento en toda relación donde alguien comete un error y la otra persona lo señala. Lo que ocurre después, según la psicóloga Deborah Murcia, lo determina casi todo. Su observación, compartida en redes sociales, parte de una distinción aparentemente simple: hay una diferencia enorme entre quien siente genuinamente haber dañado y quien solo quiere escapar de la incomodidad de ser señalado.

Cuando alguien responde al dolor expresado por otra persona no con reflexión sino con una cascada de explicaciones, algo fundamental falla. La conversación deja de girar en torno al daño causado y comienza a orbitar las razones, las circunstancias y las intenciones de quien lo causó. En ese movimiento, la víctima termina siendo quien pide perdón. Murcia lo identifica como un indicador claro de que no hay arrepentimiento real: la persona no dice «entiendo que te lastimé», sino «déjame explicarte por qué no es tan grave».

Lo que la psicóloga propone es una reorientación profunda. Las justificaciones repetidas consumen una energía que podría invertirse en algo mucho más efectivo: reconocer el error, comprender el daño causado y cambiar el comportamiento que lo originó. Eso es reparación. Eso es lo que reconstruye.

Detrás de esta dinámica hay también una cuestión de poder. Quien se niega a asumir responsabilidad y levanta en cambio una barrera de explicaciones está estableciendo una jerarquía implícita: sus razones importan más que el sufrimiento ajeno. Es una forma de manipulación emocional que puede parecer razonable en el momento pero que, con el tiempo, erosiona la confianza de manera irreversible.

Lo que separa una relación sana de una dinámica tóxica es, precisamente, la capacidad de decir «me equivoqué» sin condiciones. Un acto de vulnerabilidad que requiere más coraje que cualquier justificación elaborada y que, paradójicamente, es lo que más repara. La reflexión de Murcia tocó un nervio porque todos hemos estado en ambos lados: necesitando que alguien asumiera responsabilidad, y eligiendo, en algún momento, justificarnos en lugar de reparar.

Hay un momento en toda relación donde alguien comete un error y la otra persona lo señala. Lo que sucede después determina casi todo. La psicóloga Deborah Murcia ha puesto nombre a algo que muchos reconocen pero pocos articulan: la diferencia entre alguien que realmente siente haber dañado y alguien que simplemente quiere escapar de la incomodidad de ser señalado.

Murcia compartió recientemente en redes sociales una observación que resonó lo suficiente como para generar debate. Su punto de partida es simple pero incómodo. Cuando le dices a alguien que algo te ha lastimado, y esa persona responde no con reflexión sino con una cascada de explicaciones sobre por qué actuó así, algo fundamental está fallando. No está habiendo autocrítica. Lo que está ocurriendo es un desplazamiento: la persona que cometió el daño está intentando que la conversación gire en torno a sus razones, sus circunstancias, sus justificaciones. Y en ese movimiento, la víctima termina siendo quien pide perdón.

Este patrón es más común de lo que debería. Murcia lo identifica como un indicador claro de que no hay arrepentimiento genuino en juego. La persona no está diciendo "entiendo que te lastimé y quiero cambiar". Está diciendo "déjame explicarte por qué no es tan malo como parece". Son dos cosas completamente distintas, pero el lenguaje cotidiano a menudo las confunde.

Lo que la psicóloga propone es una reorientación radical en cómo procesamos nuestros errores. Las explicaciones eternas, las justificaciones que se repiten una y otra vez, la defensa exhaustiva de nuestras intenciones: todo eso consume energía que podría invertirse en algo mucho más efectivo. Reconocer que se cometió un error. Entender qué daño causó. Cambiar el comportamiento que lo originó. Eso es reparación. Eso es lo que reconstruye una relación.

La distinción que Murcia está trazando toca algo profundo sobre cómo funcionan las dinámicas de poder en las relaciones. Cuando alguien se niega a asumir responsabilidad y en su lugar genera una barrera de explicaciones, está estableciendo una jerarquía: sus razones importan más que el daño causado. La otra persona debe entender, debe contextualizar, debe ser más flexible. Es una forma de manipulación emocional que puede parecer razonable en el momento pero que, con el tiempo, erosiona la confianza.

Lo que separa una relación sana de una dinámica tóxica, según esta perspectiva, es precisamente esto: la capacidad de una persona de decir "me equivoqué" sin agregar condiciones, sin convertir eso en una oportunidad para explicar por qué en realidad no fue tan malo. Es un acto de vulnerabilidad que requiere más coraje que cualquier justificación elaborada. Y es, paradójicamente, lo que más repara.

La reflexión de Murcia ha circulado lo suficiente como para sugerir que toca un nervio. Muchas personas reconocen en ella dinámicas que viven o han vivido. El debate que generó no es académico: es profundamente personal. Porque todos hemos estado en ambos lados de esta ecuación. Todos hemos sido alguien que necesitaba que otro asumiera responsabilidad. Y todos hemos sido alguien que, en algún momento, eligió justificarse en lugar de reparar.

Cuando le dices a alguien que algo te duele y esa persona se dedica a justificarse, es una señal clara de que no está asumiendo su error
— Deborah Murcia, psicóloga
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué crees que la gente elige justificarse en lugar de simplemente disculparse?

Model

Porque la justificación te mantiene en el control de la narrativa. Si explicas por qué lo hiciste, estás diciendo que no eres una mala persona, solo una persona en circunstancias difíciles. La disculpa genuina requiere que aceptes que causaste daño sin condiciones.

Inventor

Pero ¿no es importante que la otra persona entienda tus intenciones?

Model

Sí, pero hay un orden. Primero reconoces el daño. Después, si es relevante, puedes hablar de intenciones. Si inviertes toda tu energía en explicar intenciones antes de reconocer daño, estás priorizando tu comodidad sobre la de quien fue lastimado.

Inventor

¿Cómo se ve una reparación real en la práctica?

Model

Es cambio de comportamiento. No es decir "lo siento, pero..." Es decir "lo siento, y aquí está lo que voy a hacer diferente". Y luego hacerlo. Sin esperar reconocimiento, sin esperar que la otra persona te diga que está bien.

Inventor

¿Hay personas que simplemente no pueden hacer eso?

Model

Hay personas que no quieren. Porque asumir responsabilidad significa aceptar que eres capaz de causar daño, y eso es incómodo. Es más fácil vivir creyendo que siempre tienes razones válidas.

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