Cubana denuncia restaurante en Matanzas: gastó 16 mil pesos y recibió platos equivocados y una mosca

La clienta sufrió una experiencia frustrante que la dejó sin poder comer adecuadamente, viéndose obligada a comprar comida adicional.
Gastó dieciséis mil pesos y se fue a casa con hambre
Yuliet Rojas tuvo que comprar pizza adicional después de que su plato principal llegara crudo, resumiendo la crisis económica y gastronómica de Cuba.

En Matanzas, Cuba, una mujer pagó dieciséis mil pesos —más de dos salarios mensuales promedio— por una comida que llegó equivocada, con carne cruda y una mosca en el plato. No reclamó en el restaurante; en cambio, publicó un video en Facebook que casi cien mil personas vieron en pocos días. Su historia no es una anécdota de mal servicio: es el retrato de una economía en crisis donde comer bien se ha convertido en un lujo que ni siquiera el lujo garantiza.

  • Dieciséis mil pesos gastados en un restaurante de Matanzas equivalen a más de dos meses de salario promedio en un país donde cubrir la canasta básica exige catorce veces el salario mínimo.
  • Los platos llegaron equivocados, la carne estaba cruda y una mosca apareció en el plato principal, dejando a la clienta sin poder comer lo que había pagado.
  • En lugar de confrontar al establecimiento, Yuliet Rojas canalizó su frustración en redes sociales, donde su video acumuló casi cien mil visualizaciones en pocos días.
  • El caso no es aislado: denuncias similares —cucarachas en postres, platos en mal estado— se multiplican en Cuba, reflejando la escasez de insumos y el deterioro generalizado del sector gastronómico.
  • Rojas concluyó su relato sin esperanza de cambio, convirtiendo su experiencia personal en un síntoma colectivo de una crisis que no tiene solución a la vista.

Yuliet Rojas entró a un restaurante en Matanzas con hambre y dinero. Salió con un video viral y sin haber comido.

Los dieciséis mil pesos que gastó ese día necesitan contexto: el salario promedio en Cuba ronda los seis mil novecientos treinta pesos mensuales, y cubrir la canasta básica requiere aproximadamente noventa y seis mil pesos al mes. Lo que Rojas pagó equivalía a más de dos meses de sueldo. Era una inversión seria.

Lo que recibió fue una cadena de errores. Pidió tostones rellenos de ropa vieja y queso; le trajeron jamón. Decidió no reclamar y se los comió, pero la cuenta llegó al precio del plato más caro. Luego vino el uruguayo especial: relleno equivocado, carne cruda con partes rojas visibles. Intentó comerlo porque tenía hambre, pero no pudo. Tuvo que pedir una pizza adicional para no irse completamente sin comer.

Antes de salir, revisó el plato que había dejado intacto. Encontró una mosca. En el video que publicó en Facebook, Rojas muestra el plato y señala dónde estaba el insecto. El restaurante le retiró esa porción. El resto se lo llevó a casa para su mascota.

Lo más revelador es que Rojas nunca reclamó en el local. No pidió hablar con nadie. «Obviamente no me quejé, ni dije nada», reconoció ella misma. Su malestar encontró salida únicamente en las redes sociales, donde el video acumuló casi cien mil visualizaciones en pocos días.

Esta historia no es excepcional. En los meses anteriores, otras cubanas habían denunciado cucarachas en postres y experiencias similares en distintos establecimientos. Las quejas se multiplican como reflejo de algo más profundo: la escasez de insumos y la crisis económica que atraviesa la isla, donde incluso un restaurante económico en La Habana ya cuesta alrededor de trece mil pesos por persona.

Rojas cerró su video sin ilusiones. «No sé si a lo mejor lo mejore, pero no creo», dijo sobre el restaurante. Dieciséis mil pesos, dos meses de salario, una mosca, carne cruda, y la certeza de que nada va a cambiar.

Yuliet Rojas entró a un restaurante en Matanzas con hambre y dinero. Salió con un video que casi cien mil personas verían en pocos días, y sin haber comido.

Lo que gastó ese día —dieciséis mil pesos— es una cifra que necesita contexto para que un lector entienda realmente qué pasó. El salario promedio en Cuba ronda los seis mil novecientos treinta pesos mensuales. Eso significa que Rojas pagó más de dos meses de sueldo por una comida. El salario mínimo, apenas elevado a tres mil doscientos diez pesos en junio, es tan insuficiente que cubrir la canasta básica requiere aproximadamente noventa y seis mil pesos al mes —catorce veces ese mínimo, según cálculos del economista Javier Pérez Capdevila. En ese contexto, los dieciséis mil pesos no son un número cualquiera. Son una inversión seria.

Lo que recibió a cambio fue una sucesión de errores que comenzó antes de que el plato principal llegara a la mesa. Pidió tostones a la cubana, una variante rellena de ropa vieja y queso. Lo que le trajeron tenía jamón. Decidió no armar escándalo. Se comió los tostones tal como vinieron. Pero cuando llegó la factura, el restaurante le cobró como si fuera ropa vieja, el plato más caro. Ella no dijo nada.

El uruguayo especial grande fue donde todo se desmoronó. No solo llegó con el relleno equivocado. La carne estaba cruda, con partes rojas visibles, y el empanizado no le gustó. Intentó comerlo. Tenía hambre. Pero no pudo. Así que pidió una pizza adicional para llevar, solo para no irse del restaurante completamente sin haber comido nada.

Antes de irse, revisó el plato que había dejado intacto. Encontró una mosca. En el video que después publicaría en Facebook, Rojas muestra el plato, señala dónde estaba el insecto, y cuenta que le quitaron esa parte. El resto lo llevó a casa para su mascota.

Lo notable es que Rojas nunca reclamó en el restaurante. No levantó la voz. No pidió hablar con un gerente. Canalizó todo su malestar a través de las redes sociales, donde el video acumuló casi cien mil visualizaciones en pocos días. «Obviamente no me quejé, ni dije nada», reconoce en su propio relato.

Esta no es una historia aislada. En septiembre de dos mil veinticinco, otra cubana encontró una cucaracha en un postre. En julio de ese mismo año, una clienta denunció una experiencia similar en otro establecimiento. Las quejas sobre la calidad gastronómica se multiplican en redes sociales, reflejando un problema más profundo: la escasez de insumos y la crisis económica que atraviesa la isla. Comer en un restaurante económico en La Habana ya cuesta alrededor de trece mil pesos por persona.

Yuliet concluyó su video sin esperanza. «Yo la verdad, no sé si a lo mejor lo mejore, pero no creo», dijo sobre el restaurante matancero. No tiene intención de volver. Dieciséis mil pesos, dos meses de salario, una mosca, carne cruda, y la certeza de que nada va a cambiar.

Gastamos 16 mil pesos en una comida que vino con sorpresitas
— Yuliet Rojas, en su video de denuncia
Yo la verdad, no sé si a lo mejor lo mejore, pero no creo
— Yuliet Rojas, sobre el futuro del restaurante
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué Yuliet decidió no reclamar en el momento, si había pagado tanto dinero?

Model

Porque en Cuba, reclamar en un restaurante es una batalla que muchas personas sienten que ya han perdido antes de empezar. El dinero ya está gastado. El cansancio es real.

Inventor

Pero esos dieciséis mil pesos representan más de dos meses de trabajo. ¿Eso no justificaría hacer ruido?

Model

Justificaría, sí. Pero hay algo en la forma en que las personas responden a la frustración cuando la crisis es sistémica. No es un restaurante malo. Es que todo está malo. Entonces publicas un video en lugar de gritar.

Inventor

¿Crees que el video cambió algo?

Model

Probablemente no en el restaurante. Pero casi cien mil personas vieron lo que pasó. Eso es un registro. Es una forma de decir: esto sucedió, y no estoy sola.

Inventor

¿Qué te sorprende más de esta historia?

Model

Que Yuliet tuvo que comprar comida adicional para poder comer algo ese día. Gastó dieciséis mil pesos y se fue a casa con hambre. Eso resume todo.

Inventor

¿Esto refleja un problema más amplio en Cuba?

Model

Completamente. No es solo sobre restaurantes malos. Es sobre un sistema donde gastar dos meses de salario en una comida es posible, pero recibir comida de calidad no lo es.

Quieres la nota completa? Lee el original en CiberCuba ↗
Contáctanos FAQ