Cuba lucha por restaurar electricidad tras nuevo apagón general en crisis energética

9,6 millones de cubanos sufren apagones diarios de hasta 30 horas, afectando trabajo, acceso a servicios básicos y calidad de vida en medio de crisis económica.
Es agónico vivir así, sin saber cuándo volverá la luz
Una trabajadora independiente describe la incertidumbre de los apagones diarios que pueden durar hasta treinta horas.

En la oscuridad de un lunes por la noche, Cuba vivía su octavo apagón total desde finales de 2024, dejando a casi diez millones de personas sin electricidad durante horas que se extendían hasta días. Detrás del colapso convergían décadas de infraestructura envejecida y el corte de suministro petrolero impuesto por Washington desde enero, una presión que el gobierno de La Habana describe como asfixia deliberada. En este cruce entre la fragilidad técnica y la confrontación geopolítica, Cuba lleva el conflicto a la ONU mientras sus ciudadanos aprenden a vivir —y a trabajar, y a sobrevivir— en la penumbra.

  • Nueve millones seiscientos mil cubanos enfrentan cortes de hasta treinta horas diarias, sin que las autoridades ofrezcan un cronograma claro de recuperación.
  • La central eléctrica más importante del país lleva semanas paralizada y ha sufrido más de quince averías sucesivas en lo que va del año, arrastrando consigo a todo el sistema.
  • Desde enero, el bloqueo estadounidense al petróleo venezolero con destino a Cuba ha convertido cada intento de restaurar la red en una carrera sin combustible.
  • Trabajadores independientes, programadores y familias enteras reorganizan su vida alrededor de la incertidumbre: sin wifi, sin luz, sin forma de sostener una jornada normal.
  • El gobierno cubano solicita una sesión especial en la ONU y acusa a Washington de presionar a otros países para silenciar el debate sobre el impacto del bloqueo.
  • Un programa de parques solares lanzado hace dos años avanza demasiado lento para compensar el derrumbe de las centrales térmicas, y no hay solución inmediata en el horizonte.

El lunes por la noche, Cuba se quedó a oscuras por octava vez desde finales de 2024. Nueve millones seiscientos mil personas perdieron el suministro eléctrico mientras las autoridades trabajaban para restaurar una red que, según el director de Electricidad del Ministerio de Energía, era casi imposible de reconstruir sin combustible. No hubo cronograma oficial. La Unión Eléctrica guardó silencio.

El presidente Díaz-Canel señaló directamente a Washington, describiendo las sanciones como un intento de provocar un colapso social mediante la asfixia económica. Desde enero, cuando la administración Trump interrumpió los envíos de petróleo venezolano a la isla, los apagones se intensificaron hasta alcanzar treinta horas diarias en La Habana y días enteros en el interior. La crisis energética se sumaba a una escasez ya extendida de alimentos y medicinas.

En las calles, el impacto era concreto y cotidiano. Una trabajadora independiente de 51 años describió la situación como agónica. Un programador de La Habana Vieja regresaba a casa sin poder cumplir su jornada: sin electricidad, sin conexión, sin trabajo posible. La infraestructura que los fallaba tenía más de cuarenta años; siete centrales térmicas obsoletas sostenían casi toda la generación del país, y la más importante llevaba semanas paralizada por averías repetidas.

El gobierno decidió trasladar el conflicto a la arena internacional. Solicitó una sesión especial de la Asamblea General de la ONU para debatir las sanciones estadounidenses, mientras el canciller Bruno Rodríguez acusaba a Washington de presionar a otros gobiernos para bloquear ese mismo debate. Un programa de energía solar lanzado dos años atrás no avanzaba lo suficiente para compensar el colapso térmico. Cuba permanecía atrapada entre una infraestructura que se desmoronaba y un bloqueo que le impedía mantenerla viva.

El lunes por la noche, Cuba enfrentaba otro apagón total. Era el tercero en seis meses, el octavo desde finales de 2024. Nueve millones seiscientos mil personas se quedaron sin luz mientras las autoridades trabajaban para restaurar la red. No había explicación oficial sobre qué había causado el colapso.

Lázaro Guerra, director de Electricidad del Ministerio de Energía y Minas, apareció en televisión estatal para reconocer lo obvio: sin combustible, reconstruir el sistema eléctrico se vuelve casi imposible. Dijo que avanzarían según la capacidad de generación disponible, pero no ofreció ningún cronograma. La Unión Eléctrica de Cuba guardó silencio sobre cuándo volverían las luces.

El presidente Miguel Díaz-Canel culpó directamente a Washington. Escribió en redes que Estados Unidos intentaba provocar un colapso social mediante la asfixia económica, bloqueando el acceso al combustible. Llamó heroicos a los trabajadores eléctricos que operaban bajo lo que describió como un bloqueo energético genocida. Era un lenguaje de confrontación en un momento de crisis.

La realidad en las calles era más cruda. Meybol Font, trabajadora independiente de 51 años, explicó a la prensa que antes tenían tres o cuatro horas de electricidad al día. Ahora ni siquiera eso era seguro. "Es agónico vivir así", dijo. Un programador de 24 años que trabajaba en una empresa de software en La Habana Vieja regresaba a casa sin poder trabajar. Sin wifi, sin electricidad, sin forma de cumplir su jornada.

La infraestructura eléctrica cubana estaba colapsando bajo su propio peso. Siete centrales térmicas obsoletas —algunas con más de cuarenta años de funcionamiento— generaban casi toda la electricidad del país. La central Antonio Guiteras, la más importante, ubicada al oeste de la isla, llevaba varios días paralizada por una falla. Desde principios de año había sufrido más de quince paradas sucesivas por averías. Cuando estas plantas se detenían, todo se detenía. Los generadores diésel de respaldo dependían de combustible importado que simplemente no llegaba.

Desde enero, cuando la administración Trump cortó los envíos de petróleo desde Venezuela —el principal proveedor de Cuba—, la situación se había vuelto insostenible. Los apagones se intensificaron. En La Habana, los cortes llegaban a treinta horas diarias. En el interior de la isla, duraban días enteros. Esto ocurría mientras Cuba ya enfrentaba escasez de alimentos, medicinas e inflación galopante.

El gobierno cubano decidió llevar el conflicto a la ONU. Solicitó una sesión especial de la Asamblea General para el martes, con el objetivo de debatir las sanciones estadounidenses. El canciller Bruno Rodríguez acusó a Washington de presionar a otros gobiernos para impedir que la Asamblea se pronunciara sobre el impacto del bloqueo petrolero. Rodríguez viajaría a Nueva York para participar en la sesión. Se requería una votación de los Estados miembros para abrir ese debate.

Mientras tanto, en la isla, la gente seguía sin luz. El gobierno había lanzado hace dos años un ambicioso programa de parques solares, pero la construcción no avanzaba lo suficientemente rápido para compensar el colapso de las centrales térmicas. Cuba estaba atrapada entre una infraestructura que se desmoronaba y un bloqueo que le impedía obtener el combustible necesario para mantenerla funcionando. No había solución rápida a la vista.

Mientras EEUU trata de inducir un estallido social por asfixia, al bloquear los accesos de combustible a Cuba, la UNE se moviliza para revertir la caída del SEN. Es heroico lo que hacen los trabajadores eléctricos en medio de un bloqueo energético genocida.
— Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba
La falta de combustible complejiza indiscutiblemente el proceso de restauración de la red eléctrica. Vamos avanzando en función de la capacidad de generación que tenemos disponible en el país.
— Lázaro Guerra, director de Electricidad del Ministerio de Energía y Minas
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué un apagón en Cuba se convierte en noticia internacional?

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Porque afecta a casi diez millones de personas de una sola vez, y porque expone una tensión geopolítica real. No es solo un problema técnico.

Inventor

¿Cuál es el verdadero cuello de botella aquí?

Model

El combustible. Las plantas eléctricas cubanas son viejas, sí, pero podrían funcionar si tuvieran diésel. El bloqueo petrolero de Trump cortó el suministro desde Venezuela. Sin eso, todo colapsa.

Inventor

¿Y los paneles solares que mencionan?

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Existen, pero llevan dos años construyéndose. No generan suficiente energía todavía. Es como tener un plan B que no está listo cuando necesitas escapar.

Inventor

¿Qué significa esto para la gente común?

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Significa que un programador no puede trabajar. Una madre no puede refrigerar comida. Alguien con un respirador domiciliario está en riesgo. Es la vida cotidiana convertida en supervivencia.

Inventor

¿Por qué Cuba lleva esto a la ONU?

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Porque necesita legitimidad internacional. Si logra que la Asamblea General vote sobre el bloqueo, obtiene un registro de quién está de su lado. Es política, pero también es una forma de documentar el daño.

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¿Cuál es el final de esta historia?

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Todavía no existe. Depende de si Trump mantiene el bloqueo, de si Cuba logra combustible de otra fuente, de si los paneles solares se terminan. Por ahora, solo hay oscuridad.

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