En medio del ritual político, el negocio fue breve, pero seguro.
En la Tribuna Antimperialista de La Habana, decenas de miles de cubanos se reunieron para honrar a treinta y dos militares caídos en el enfrentamiento que culminó con la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero. El Gobierno de Díaz-Canel recuperó así una práctica de movilización masiva que parecía haber quedado atrás con la muerte de Fidel Castro, convirtiendo el duelo en declaración política. Entre la firmeza soberana y la puerta entreabierta al diálogo, Cuba vuelve a escenificar ante el mundo su antigua liturgia de resistencia.
- Treinta y dos militares cubanos murieron en un enfrentamiento con fuerzas estadounidenses, y el Gobierno convirtió su duelo en una demostración de fuerza política frente a la embajada de EE.UU.
- Los autobuses llegaron antes del amanecer, agentes de paisano revisaban cada pancarta letra por letra, y el dispositivo de seguridad cerró el tránsito en toda la zona aledaña al Malecón.
- Díaz-Canel, vestido de militar, advirtió que la operación del 3 de enero 'no fue el paseo que le han vendido al mundo' y prometió que algún día se conocerá la verdad completa.
- Frente a la misión diplomática estadounidense, algunos militares realizaron gestos de desafío hacia la bandera; en menos de dos horas, la concentración se disolvió como un ritual cumplido.
- Cuba rechaza cualquier 'rendición o claudicación' ante las advertencias de Trump, pero mantiene abierta la puerta al diálogo bajo condiciones de igualdad y respeto mutuo.
Decenas de miles de cubanos convergieron el viernes en la Tribuna Antimperialista de La Habana para rendir homenaje a treinta y dos militares muertos en el enfrentamiento con fuerzas estadounidenses que terminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa el 3 de enero. Fue el mayor despliegue de movilización masiva que el Gobierno cubano exhibía desde hacía años, recuperando una práctica que parecía haber quedado en el pasado tras la muerte de Fidel Castro.
Los autobuses comenzaron a llegar antes del amanecer bajo un estricto dispositivo de seguridad. Agentes de paisano revisaban carteles letra por letra mientras la multitud avanzaba hacia la intersección de la avenida 23 y el Malecón, con el mar agitado y el viento húmedo como telón de fondo. Era el mismo escenario que el día anterior había acogido las honras fúnebres en el Ministerio de las Fuerzas Armadas bajo una lluvia persistente.
Díaz-Canel encabezó el acto vestido de militar. Su discurso fue breve y estuvo marcado por las consignas habituales. Caracterizó la operación estadounidense como algo que 'no fue el paseo que le han vendido al mundo' y prometió que algún día se conocerá toda la verdad. Mencionó a dos oficiales convertidos ya en figuras del relato oficial: el teniente coronel Jorge Márquez, a quien atribuyó el impacto contra un helicóptero estadounidense, y el coronel Lázaro Evangelio Rodríguez, muerto durante un intento de rescate alcanzado por un dron.
La marcha fue acortada por el estado del mar. Frente a la misión diplomática estadounidense, algunos militares realizaron gestos de desafío hacia la bandera, y en menos de dos horas la concentración se disolvió, dejando la sensación de un ritual cumplido con eficiencia. Cerca del punto final, una anciana vendía café caliente y cigarrillos sueltos desde un puesto improvisado; en medio del peso de esos días, al menos alguien encontró motivo de satisfacción.
La recuperación de estas concentraciones responde a una estrategia más amplia: en el último año, el Gobierno las ha convocado para denunciar la guerra en Gaza, expresar apoyo a Venezuela o reafirmarse internamente. Ante las advertencias de Trump, Díaz-Canel fue claro: Cuba no aceptará rendición ni claudicación, pero mantiene abierta la puerta al diálogo con Estados Unidos en igualdad de condiciones y sobre la base del respeto mutuo.
Decenas de miles de cubanos convergieron en la Tribuna Antimperialista de La Habana el viernes para un acto de homenaje a treinta y dos militares muertos en un enfrentamiento con fuerzas estadounidenses que terminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores el 3 de enero. Fue un despliegue de poder de movilización que el Gobierno cubano no exhibía con esta regularidad desde hace años, una práctica que parecía haber quedado en el pasado después de la muerte de Fidel Castro hace una década.
Los autobuses comenzaron a llegar antes del amanecer. Decenas de ellos descargaban pasajeros bajo un dispositivo de seguridad que cerró el tránsito en las zonas aledañas. Los agentes de paisano revisaban carteles y pancartas letra por letra mientras la multitud avanzaba por calles laterales hacia la intersección de la avenida 23 y el Malecón. El mar estaba agitado. El viento húmedo se colaba entre los asistentes. Era el mismo escenario que había marcado la jornada anterior, cuando miles asistieron a las honras fúnebres en el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias bajo una lluvia persistente.
El presidente Miguel Díaz-Canel encabezó el acto vestido de militar. Su discurso fue breve, interrumpido solo por aplausos esporádicos mientras la multitud escuchaba en silencio. Las consignas fueron las habituales: "¡Abajo el imperialismo!" y "¡Gloria a nuestros héroes y mártires!". Díaz-Canel caracterizó la operación estadounidense como algo que "no fue el paseo que le han vendido al mundo" y prometió que "algún día se sabrá toda la verdad". Washington había reconocido un número indeterminado de heridos entre sus fuerzas sin ofrecer más detalles. El mandatario relató episodios que ya circulaban entre la población como parte del relato oficial: mencionó al teniente coronel Jorge Márquez, a quien atribuyó el impacto contra un helicóptero estadounidense, y al coronel Lázaro Evangelio Rodríguez, muerto durante un intento de rescate tras ser alcanzado por un dron.
La marcha que siguió fue acortada por el estado del mar y avanzó sin incidentes. Frente a la misión diplomática estadounidense, algunos militares realizaron gestos obscenos hacia la bandera. Dos calles más adelante, las tropas rompieron filas y se retiraron. En menos de dos horas, la concentración se había disuelto, dejando la sensación de un ritual cumplido. Estos actos, observó quien presenció la jornada, se resuelven ahora con rapidez.
Antes de que los manifestantes se dispersaran, cerca del punto final del recorrido, una anciana vendía café caliente en termos y cigarrillos sueltos desde su puesto improvisado. Su expresión se transformó al verlos acercarse en busca de un primer sorbo para empezar la mañana. El negocio fue breve pero seguro. En medio del panorama de estos días, al menos alguien fue feliz.
La recuperación de estas concentraciones masivas responde a una estrategia más amplia del Gobierno cubano. En el último año, las autoridades las han convocado con frecuencia, ya sea para denunciar la guerra en Gaza, expresar apoyo a Venezuela o reafirmarse en clave interna. Ante las advertencias de la Administración de Donald Trump tras los hechos del 3 de enero, Díaz-Canel aseguró que Cuba no aceptará "rendición ni claudicación", ni tampoco "ningún entendimiento basado en la coerción o la intimidación". Al mismo tiempo, reiteró la disposición del Gobierno al diálogo con Estados Unidos, "en igualdad de condiciones y sobre la base del respeto mutuo". La postura es clara: defensa firme de la soberanía nacional, pero puerta abierta a la negociación.
Citas Notables
La operación estadounidense 'no fue el paseo que le han vendido al mundo' y 'algún día se sabrá toda la verdad'— Presidente Miguel Díaz-Canel
Cuba no aceptará 'rendición ni claudicación', pero mantiene disposición al diálogo con Estados Unidos 'en igualdad de condiciones y sobre la base del respeto mutuo'— Presidente Miguel Díaz-Canel
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué el Gobierno cubano decidió convocar esta concentración precisamente ahora, una semana después de los funerales?
Porque necesitaba transformar el duelo en un acto de poder político. Los funerales eran privados, en provincias. Esto era público, masivo, frente a la embajada estadounidense. Es una forma de decir: "Aquí estamos, somos muchos, no nos rendimos".
Pero el acto duró menos de dos horas. ¿No parece un ritual sin sustancia?
Exactamente. Y eso es lo interesante. Estos actos ya no son lo que eran en tiempos de Castro. Entonces la gente pasaba horas bajo el sol escuchando discursos. Ahora se resuelven rápido, como si ambos lados supieran que es un performance necesario pero agotador.
¿Qué significa que los agentes revisaran "letra por letra" los carteles?
Que el Gobierno controla el mensaje hasta en sus detalles. No quiere consignas espontáneas, no quiere que la gente diga cosas que no estén alineadas. Es movilización, pero movilización dirigida.
¿Y esa mujer vendiendo café al final? ¿Por qué importa?
Porque en medio de toda la retórica política, hay gente viviendo. Ella no estaba ahí por ideología. Estaba ahí porque sabía que habría multitud y podía vender. Es un recordatorio de que debajo de los rituales de Estado, la vida cotidiana sigue su curso.
¿Qué le dice al mundo la insistencia de Díaz-Canel en que "algún día se sabrá toda la verdad"?
Que la versión oficial cubana de lo que pasó el 3 de enero no es la que está circulando globalmente. Hay una brecha entre lo que Washington dice y lo que La Habana sostiene. Esa frase es una apuesta a que el tiempo le dará la razón.