Confirman procesamiento de Tree Nix, cerebro del hackeo a bases de datos estatales

Un imperio digital construido desde las sombras de Telegram
Tobías S., alias Tree Nix, operaba una red criminal sofisticada que vendía acceso a bases de datos estatales a través de herramientas automatizadas.

A los veinte años, Tobías S. construyó desde Telegram una red criminal que convirtió los datos del Estado argentino en mercancía. La Cámara Federal de San Martín confirmó su procesamiento, reconociendo en su organización una estructura jerárquica con roles definidos, herramientas automatizadas y pagos en criptoactivos. El caso plantea una pregunta que trasciende lo judicial: hasta dónde llega la vulnerabilidad de la información pública cuando la tecnología se pone al servicio del crimen organizado.

  • Un joven de veinte años operaba desde Telegram una red que vendía datos de jubilados, propiedades y comunicaciones policiales como si fueran productos de un catálogo digital.
  • La investigación se aceleró cuando un agente encubierto digital logró infiltrarse en los grupos y documentar transacciones, jerarquías y métodos de pago en criptoactivos.
  • La defensa intentó reducir a Tree Nix a un simple administrador de comunidades online, pero los camaristas encontraron evidencia de una 'sistematización interna' que lo señala como fundador y jefe de la organización.
  • Con nueve procesados, bienes embargados por 115 millones de pesos y la confirmación judicial en firme, el caso cierra una etapa pero deja abierta la pregunta sobre qué ocurrió con los datos ya vendidos y quiénes los compraron.

A los veinte años, Tobías S. —alias Tree Nix— había construido desde Telegram un negocio criminal de alcance estatal. Operaba grupos llamados Dictadores y Sherlock Group, donde vendía acceso a bases de datos del Estado argentino: registros de propiedades de autos, información de jubilados de ANSES, comunicaciones del sistema policial federal. Todo se pagaba en criptoactivos, y la herramienta central era Sherlock Alerts, un bot automatizado que permitía consultar esos datos en tiempo real mediante planes de suscripción.

La organización no era obra de un programador solitario. Tree Nix había diseñado una estructura con roles diferenciados: programadores, vendedores y difusores, con él en el centro. La investigación comenzó en marzo de 2025, cuando detectives de la Policía Federal detectaron la oferta en un grupo público de Telegram. Un mes después, desplegaron un agente encubierto digital que logró infiltrarse, comprar acceso a las herramientas y documentar el funcionamiento interno de la red.

A fines de octubre de 2025, el juez federal Adrián González Charvay procesó a Tobías S. por ser jefe de una asociación ilícita, sustracción de registros públicos y acceso ilegal a bancos de datos personales, con el agravante de haber reclutado menores. Se embargaron bienes por 115 millones de pesos y fueron procesados nueve sospechosos en total.

La defensa apeló, argumentando que el juez había confundido la administración de comunidades digitales con la conducción criminal. Pero la Sala IV de la Cámara Federal de San Martín confirmó el procesamiento: los camaristas Barral y Lugones encontraron evidencia clara de sistematización interna, finalidad delictiva y venta sostenida de información estatal. El propio Tobías S. había reconocido su rol fundador. La confirmación cierra una etapa, pero deja pendiente saber cuántos datos fueron vendidos, a quién, y si la red ya busca operar bajo nuevos alias en otras plataformas.

A los veinte años, Tobías S. había construido un imperio digital de crimen organizado desde las sombras de Telegram. Bajo el alias Tree Nix, operaba grupos llamados Dictadores y Sherlock Group, espacios donde vendía acceso a información que no le pertenecía: registros de propiedades de autos, datos de jubilados, comunicaciones policiales. Todo tenía precio, y todo se pagaba en criptoactivos.

La operación funcionaba como un negocio sofisticado. Tree Nix había construido una estructura jerárquica con roles diferenciados: programadores que escribían el código, vendedores que cerraban transacciones, difusores que ampliaban el alcance. En el centro estaba él, orquestando todo. La herramienta principal se llamaba Sherlock Alerts, un bot automatizado que permitía consultar en tiempo real bases de datos del Estado. Los usuarios pagaban créditos para hacer búsquedas. Era eficiente, descentralizado, y casi invisible.

La investigación comenzó el 10 de marzo de 2025, cuando detectives del Departamento Inteligencia Contra el Crimen Organizado de la Policía Federal Argentina detectaron a Tree Nix ofreciendo su herramienta en un grupo público de Telegram. Lo que vendía era acceso a información de la Dirección Nacional de Registros de la Propiedad Automotor, de ANSES, del Sistema Federal de Comunicaciones Policiales. Datos que pertenecían al Estado, que pertenecían a ciudadanos. Un mes después, en abril, los investigadores desplegaron un agente encubierto digital para infiltrarse en la red.

Desde adentro, el agente vio cómo funcionaba la máquina. Los grupos de Telegram servían como espacios de coordinación donde los miembros intercambiaban conocimientos, resolvían dudas, compartían datos hackeados. Los bots se vendían mediante planes de suscripción. La operatoria aprovechaba las características de seguridad de Telegram: chats privados, canales cerrados, cambios constantes de nombres y alias. Era un sistema diseñado para ser rastreado lo menos posible. El agente encubierto logró comprar acceso a esas herramientas, documentando cada transacción.

A fines de octubre de 2025, el juez federal Adrián González Charvay procesó a Tobías S. sin prisión preventiva. Lo acusó de ser jefe u organizador de una asociación ilícita, de sustracción y alteración de registros públicos, de acceso ilegal a bancos de datos personales. Agravante: había reclutado a menores de dieciocho años. El magistrado embargó bienes por ciento quince millones de pesos. Nueve sospechosos fueron procesados en total.

La defensa de Tree Nix apeló. Su abogado argumentó que el juez había confundido el rol de un administrador de comunidad digital con el de un jefe criminal, que había extendido indebidamente la autoría. Sostuvo que la resolución se basaba en presunciones, no en pruebas sólidas. Pero la Sala IV de la Cámara Federal de Apelaciones de San Martín confirmó el procesamiento. Los camaristas Néstor Barral y Alberto Lugones escribieron que la evidencia mostraba una "sistematización interna" clara: roles diferenciados, una finalidad delictiva determinada, acceso ilegal a bases de datos estatales y privadas, venta de esa información a cambio de dinero. Tobías S. era el fundador y administrador de esos espacios. Él mismo lo había reconocido.

Lo que quedó claro en el expediente de cincuenta y ocho fojas es que Tree Nix no era un programador solitario. Era el arquitecto de una red criminal que funcionaba como empresa: tenía clientes, productos, métodos de pago, canales de distribución. Usaba la tecnología no para innovar, sino para robar. Y lo hacía a escala estatal, comprometiendo la privacidad de millones de argentinos. La confirmación del procesamiento cierra una etapa de la investigación, pero abre otras preguntas: cuántos datos fueron vendidos, a quién, y qué se hará ahora con una organización que probablemente ya está buscando nuevas plataformas, nuevos alias, nuevas formas de operar en la oscuridad.

Se verificó una sistematización interna, con roles diferenciados —programadores, vendedores, difusores— en la que se verificó una finalidad delictiva determinada: acceder ilegítimamente a bases de datos estatales y, mediante el pago de un precio, habilitar su consulta.
— Camaristas Néstor Barral y Alberto Lugones, Sala IV de la Cámara Federal de Apelaciones
Tobías S. es el fundador y administrador de los grupos de Telegram Dictadores y Sherlock Group, inaugurando los entornos digitales propios para la circulación y difusión de herramientas informáticas que permitían la accesibilidad a datos personales restrictos.
— Tribunal de alzada, confirmando el procesamiento
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Por qué Telegram? ¿Qué tiene esa plataforma que la hace tan atractiva para estos grupos?

Model

Telegram ofrece privacidad real. Chats privados, canales cerrados, mensajes que desaparecen. Para una organización criminal, eso significa que pueden cambiar de nombre, de alias, de grupo, constantemente, y es casi imposible seguirles el rastro. La plataforma está diseñada para proteger la privacidad de usuarios legítimos, pero los criminales la usan como escudo.

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¿Cómo logró infiltrarse la policía si todo era tan secreto?

Model

Usaron un agente encubierto digital. Alguien que se hizo pasar por cliente, que compró acceso a los bots, que se sumó a los grupos. Desde adentro, pudo ver cómo se organizaban, quién hacía qué, cómo se comunicaban. Eso es lo que permitió identificar a Tree Nix como el cerebro, no solo como un miembro más.

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¿Qué tan grave es que haya menores involucrados?

Model

Es un agravante legal, pero también señala algo más oscuro: que la organización estaba reclutando gente joven, probablemente porque son más difíciles de rastrear, más fáciles de manipular. Sugiere que esto no era un proyecto de corta duración, sino algo pensado para crecer.

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¿Cómo se pagaba? ¿Realmente usaban criptoactivos?

Model

Sí, principalmente. Los criptoactivos son casi imposibles de rastrear si se usan correctamente. El usuario paga en Bitcoin o similar, y la transacción queda registrada en una cadena de bloques, pero sin nombres reales. Para una operación como esta, es perfecto: dinero sin identidad.

Inventor

¿Qué pasa ahora? ¿Tree Nix va a prisión?

Model

No inmediatamente. Fue procesado sin prisión preventiva, lo que significa que sigue en libertad mientras continúa el juicio. La confirmación del procesamiento es un paso importante, pero el caso sigue en movimiento. Y probablemente hay más investigación por hacer: cuántos datos se vendieron, quiénes los compraron, si hay otras redes operando de la misma forma.

Inventor

¿Esto es un caso aislado o hay más organizaciones como esta?

Model

Probablemente hay más. Este caso fue detectado porque alguien denunció, porque la policía estaba monitoreando. Pero en Telegram hay miles de grupos privados. Es imposible saber cuántos otros están operando en este momento, vendiendo datos, haciendo lo mismo que Tree Nix.

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