Cómo responder a comentarios despectivos sobre el cuerpo: escucha sin reforzar inseguridades

Lo importante no es cómo contestar, sino estar ahí y ser un espacio de escucha
La psicóloga Denise Praje redefine cómo deberíamos responder a los comentarios despectivos sobre el cuerpo.

Los comentarios negativos sobre el cuerpo dejan huella profunda en la autopercepción, como demostró el caso de Kylie Jenner y su decisión de modificar sus labios tras una crítica adolescente. La belleza femenina es un campo donde es imposible ser neutral; las inseguridades resultan de presiones sociales, industriales y digitales que se refuerzan mutuamente en múltiples canales.

  • Un comentario sobre los labios de Kylie Jenner en la adolescencia la llevó a inyectarse ácido hialurónico, transformando después los estándares de belleza de millones de mujeres
  • La inseguridad corporal es resultado de presiones simultáneas de la industria, amigos, familia e internet, no de una única fuente
  • Los psicólogos recomiendan escucha empática y validación de la persona más allá de su aspecto físico, no refutación de inseguridades

Expertos analizan cómo gestionar comentarios despectivos sobre la apariencia física, enfatizando que la escucha empática y el reconocimiento de inseguridades compartidas son más efectivos que refutar o reforzar prejuicios estéticos.

Cuando Kylie Jenner era adolescente, alguien hizo un comentario casual sobre sus labios durante un beso. Ese comentario aparentemente insignificante se convirtió en una obsesión que la llevó a inyectarse ácido hialurónico, convencida de que sus labios eran demasiado finos. Lo que comenzó como una crítica de un adolescente desconocido terminó transformando no solo su rostro, sino también el de millones de mujeres en todo el mundo que buscaban emular sus labios redefinidos, ahora convertidos en un ícono de belleza y en motor de un imperio cosmético multimillonario. Una observación negativa, un efecto mariposa, una vida alterada.

Esta historia ilustra una verdad incómoda: la forma en que nos relacionamos con nuestro propio cuerpo no surge en el vacío. Se construye en conversación constante con el mundo exterior. La autovigilancia de nuestro rostro y cuerpo es íntima, pero siempre nace de presiones que ejercen no solo la publicidad, el cine y la moda, sino también amigos, familiares y conocidos con sus comentarios casuales. En la era digital, esa presión se multiplica. Ahora debemos presentar nuestra imagen a través de múltiples canales simultáneamente, comparando constantemente nuestra vida real con la versión que mostramos en internet. La inseguridad se despliega en más planos que nunca, con una intensidad sin precedentes, porque cualquiera se enfrenta a una audiencia potencialmente infinita.

Pero aquí surge una paradoja incómoda: la belleza femenina es un territorio donde parece imposible ser neutral. Si criticas a una mujer por su apariencia, eres cruel. Si la elogias, refuerzas la idea de que su valor depende de cómo se ve. Si guardas silencio, pareces indiferente. No hay salida limpia. La escritora Leticia Sala lo describe así en su ensayo reciente: una amiga le recomendó bótox cuando expresó preocupación por su piel durante el confinamiento. Ese consejo bien intencionado abrió una puerta a una pregunta más profunda: ¿cómo puede una mujer contemporánea lidiar con el miedo a envejecer y la presión estética sin transmitirle esos mismos miedos a su hija? "Uno de los grandes misterios es que ya no sabemos qué parte de nuestra preocupación tiene que ver con cómo nos ven los demás y qué parte con cómo nos vemos nosotras", reflexiona Sala. "Se trata de una línea difusa muy difícil de marcar".

La psicóloga Denise Praje, especialista en problemas de imagen corporal, va más allá: afirma que no tiene sentido distinguir entre las miradas externas e internas. Aprendemos a relacionarnos con nosotros mismos siempre en referencia al otro. Los comentarios que hacen los demás dejan huella en la historia que construimos sobre nosotros mismos. Sabemos cómo se nos percibe, qué esperan los demás de nosotros, qué ocurrirá si nos alejamos o acercamos al canon de belleza. Todo eso crea un conjunto de reglas y creencias que no se pueden separar. Praje también señala algo crucial: la insatisfacción con uno mismo es un motor de consumo. Pensar que todo lo que nos molesta puede o debe ser arreglado es, en realidad, una trampa diseñada para vendernos soluciones.

Entonces llega el comentario despectivo. Alguien cercano o querido está despreciando su propio cuerpo y nosotros nos quedamos paralizados, sin saber qué hacer. ¿Damos la razón? ¿Cortamos de raíz? ¿Refutamos? Praje ofrece una respuesta que desplaza completamente el problema: "Lo importante no es cómo contestar, sino estar ahí y ser un espacio de escucha". No se trata de encontrar las palabras adecuadas. Se trata de preguntar qué necesita la otra persona. Cuando alguien dice "estoy gorda" o "tengo la nariz fea", nuestra reacción automática es tranquilizarla: "No, no estás gorda, no estás fea". Pero al hacerlo, seguimos reforzando la idea de que la belleza y el cuerpo son lo más importante. Lo relevante es transmitir algo diferente: independientemente de cómo se vea, yo te quiero y te elijo por quien eres tú.

La escritora Sala añade que estos comentarios negativos nunca nacen en la superficie. Siempre vienen de alguna otra frustración, dolor o pena. Si esa persona es cercana y existe amor, tal vez la siguiente frase del guion invisible podría dirigirse a encontrar el conflicto de fondo. El trabajo es cotidiano y comienza mucho antes de detectar el comentario despectivo: se trata de derribar tabúes, de contar con recursos y discursos que oponer a los mandatos verticales de la industria. "Ampliando la conciencia sobre estos temas podemos contribuir a crear interacciones menos tóxicas", dice Sala. "A menudo solo estamos repitiendo la forma en que nos trataron a nosotras. Quiero creer que podemos romper este patrón".

Uno de los grandes misterios es que ya no sabemos qué parte de nuestra preocupación tiene que ver con cómo nos ven los demás y qué parte con cómo nos vemos nosotras
— Leticia Sala, escritora
Aprendemos a relacionarnos con nosotros mismos no en el vacío, sino con respecto al otro. Los comentarios que hacen los demás dejan huella sobre la historia que construimos sobre nosotros mismos
— Denise Praje, psicóloga especialista en imagen corporal
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué un comentario casual sobre los labios de una adolescente termina redefiniendo la belleza de millones de mujeres?

Model

Porque ese comentario no fue realmente casual. Tocó algo que ya estaba ahí: la inseguridad de una persona joven en un mundo que mide constantemente su valor por su apariencia. Cuando ella decidió cambiar sus labios, no solo cambió los suyos. Mostró a otras mujeres que ese cambio era posible, deseable, aspiracional.

Inventor

Pero entonces, ¿quién tiene la culpa? ¿El adolescente que hizo el comentario? ¿La industria cosmética? ¿La sociedad?

Model

Esa es la trampa de la pregunta. No es un culpable singular. Es un sistema donde todos participamos: la publicidad, nuestros amigos, nuestras familias, internet, nuestras propias mentes. Cada comentario es una pieza de un rompecabezas mucho más grande.

Inventor

Entonces, cuando alguien me dice que se siente gorda o fea, ¿qué hago? ¿Miento y digo que no es verdad?

Model

No. Lo que haces es dejar de hacer que la belleza sea el punto central de la conversación. Preguntas qué necesita esa persona. Escuchas. Le haces saber que la quieres por quién es, no por cómo se ve. Eso es lo opuesto a mentir. Es ser honesto sobre lo que realmente importa.

Inventor

¿Y si yo misma soy la que tiene esos comentarios negativos en mi cabeza?

Model

Entonces necesitas reconocer de dónde vienen. No son observaciones objetivas sobre ti. Son juicios aprendidos, reglas que te enseñaron, presiones que interiorizaste. Una vez que lo ves así, tienes una oportunidad de cuestionarlos.

Inventor

¿Es posible romper ese patrón?

Model

Sí, pero no es un trabajo que hagas sola. Comienza cuando decides no repetir con otros lo que te hicieron a ti. Cuando creas espacios donde la gente se sienta segura siendo ella misma, sin que su valor dependa de su apariencia.

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