Los centros de datos de IA transforman Virginia: del paisaje rural a crisis energética y ambiental

Residentes como Gregory Pirio enfrentan contaminación sonora constante, preocupaciones por calidad del aire y exposición a metales pesados tóxicos, mientras que comunidades locales soportan costos de infraestructura eléctrica sin beneficios equitativos.
El ruido es constante, un zumbido que no cesa
Gregory Pirio vive a 125 metros de un centro de datos y ha tenido que colocar colchones contra las ventanas para dormir.

En los campos y bosques del norte de Virginia, una revolución silenciosa pero ensordecedora está redibujando el mapa de lo cotidiano: más de 250 centros de datos han convertido esta región agrícola en el epicentro mundial de la infraestructura de inteligencia artificial. Gigantes como Amazon, Microsoft y Google han elegido este territorio por su conveniencia económica, pero son los vecinos rurales quienes absorben el ruido, el calor, el agua consumida y las facturas eléctricas que se avecinan. La promesa del progreso tecnológico llega aquí con un costo distribuido de forma profundamente desigual.

  • Gregory Pirio duerme con colchones contra las ventanas: a 125 metros de su hogar, turbinas de gas y generadores diésel zumban sin pausa, día y noche.
  • Cada consulta a ChatGPT consume diez veces más electricidad que una búsqueda en Google, y el entrenamiento de modelos de IA exige decenas de miles de procesadores funcionando en paralelo.
  • Las emisiones de Amazon crecieron casi cuatro millones de toneladas métricas en un solo año, y las de Google aumentaron un 48% entre 2019 y 2023, impulsadas directamente por la expansión de sus centros de datos.
  • Las facturas eléctricas residenciales en Virginia podrían más que duplicarse para 2039, mientras los beneficios económicos de esta infraestructura fluyen hacia las corporaciones tecnológicas y no hacia las comunidades que la sostienen.
  • La demanda energética de la IA crece hasta un 33% anual, pero la capacidad renovable global solo avanzó un 15% en 2024, dejando a muchas instalaciones dependientes de combustibles fósiles por años.

Virginia ha dejado de ser lo que fue. Donde antes se extendían bosques y campos de cultivo, ahora se alzan estructuras industriales masivas que zumban sin descanso. Gregory Pirio vive a apenas 125 metros de uno de estos centros de datos: el ruido de las turbinas de gas y los generadores diésel es tan constante que ha tenido que colocar colchones contra las ventanas para poder dormir.

Esta transformación responde a una lógica económica precisa. Virginia alberga hoy más de 250 centros de datos, muchos de escala sin precedentes, operados por Amazon, Microsoft y Google para sostener sus plataformas de inteligencia artificial. La región ofrece proximidad a clientes, energía relativamente barata e infraestructura disponible. El resultado es que estos gigantes industriales se han instalado junto a escuelas, barrios residenciales y comunidades rurales.

El apetito energético es voraz: una sola consulta a ChatGPT consume diez veces más electricidad que una búsqueda en Google. Las consecuencias ya aparecen en los reportes corporativos: Amazon registró un aumento de casi cuatro millones de toneladas métricas en sus emisiones entre 2023 y 2024, y Google vio crecer las suyas un 48% en cuatro años. La red eléctrica de Virginia, abastecida principalmente por gas natural, carga con esta presión creciente.

Los residentes pagarán el precio de forma literal: un informe de Dominion Energy proyecta que las facturas eléctricas podrían más que duplicarse para 2039, mientras los beneficios económicos fluyen hacia las corporaciones. El consumo de agua agrava el panorama: en 2023, los centros de datos estadounidenses utilizaron directamente unos 66.000 millones de litros en sus sistemas de refrigeración.

Para Pirio y sus vecinos, las preocupaciones son inmediatas: ruido constante, incertidumbre sobre la calidad del aire y posible exposición a metales pesados como el mercurio. Aunque Vantage Data Centers afirma haber instalado sistemas que reducen las emisiones de óxidos de nitrógeno hasta en un 90%, la dependencia de la red eléctrica fósil persiste. Mientras tanto, la demanda de IA podría crecer un 33% anual, muy por encima del ritmo al que avanzan las energías renovables. Virginia sigue transformándose, y sus comunidades rurales cargan con el costo.

Virginia ha dejado de ser lo que fue. Donde antes había bosques y campos de cultivo, ahora se alzan estructuras industriales masivas que zumban día y noche. Gregory Pirio vive a apenas 125 metros de uno de estos centros de datos, alimentado por turbinas de gas y generadores diésel. El ruido es constante, un zumbido que no cesa. Ha llegado al punto de colocar colchones contra las ventanas para poder dormir.

Esta transformación no es accidental. En los últimos años, Virginia se ha convertido en el epicentro mundial de los centros de datos que impulsan la inteligencia artificial. La región alberga más de 250 instalaciones, muchas de ellas de una escala sin precedentes. Algunos de estos complejos superan los 92.900 metros cuadrados. Amazon, Microsoft y Google poseen más de la mitad de los centros de hiperescala, utilizándolos para ejecutar plataformas de inteligencia artificial de alto rendimiento. La ubicación estratégica responde a factores económicos simples: proximidad a clientes, costo de la energía e infraestructura disponible. Lo que significa que estos gigantes industriales se han instalado cerca de escuelas, barrios residenciales y comunidades de retiro.

El apetito energético de estas instalaciones es voraz. Una sola consulta a ChatGPT consume diez veces más electricidad que una búsqueda tradicional en Google. El entrenamiento de modelos de inteligencia artificial requiere decenas de miles de unidades de procesamiento gráfico funcionando simultáneamente. Cada palabra procesada implica un análisis exhaustivo. La mayoría de estos centros dependen de la red eléctrica local, que en Virginia se abastece principalmente de gas natural. Las consecuencias ya son visibles en los reportes corporativos. Amazon registró un aumento en sus emisiones de 64,38 millones de toneladas métricas en 2023 a 68,25 millones en 2024, atribuido principalmente a los centros de datos. Google vio sus emisiones de gases de efecto invernadero aumentar un 48% entre 2019 y 2023, impulsado por la expansión de sus instalaciones.

La presión sobre la infraestructura eléctrica local es insostenible. Un informe de Dominion Energy proyecta que las facturas eléctricas residenciales en Virginia podrían más que duplicarse para 2039, principalmente por el crecimiento de los centros de datos. Los residentes cargarán con estos costos de actualización de la red eléctrica, mientras que los beneficios económicos fluyen hacia las grandes corporaciones tecnológicas.

El consumo de agua es igualmente preocupante. Los sistemas de refrigeración de estos centros requieren volúmenes masivos. En 2023, las instalaciones de centros de datos en Estados Unidos utilizaron directamente unos 66.000 millones de litros. El agua calentada por los ordenadores se evapora en torres de enfriamiento, y su retorno al ciclo hídrico es incierto. En regiones con escasez de agua, esto agrava una crisis ya existente. Además, la fabricación de las GPU que alimentan la inteligencia artificial requiere elementos de tierras raras, cuya extracción es intensiva en recursos y causa degradación ambiental.

Para Gregory Pirio y sus vecinos, las preocupaciones son inmediatas y tangibles. Vive con el ruido constante de las turbinas. No tiene información clara sobre las emisiones de estas máquinas. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos advierte que las plantas de energía basadas en combustibles fósiles pueden degradar significativamente la calidad del aire y liberar metales pesados tóxicos como el mercurio. Vantage Data Centers, responsable del centro cercano a su vivienda, afirma haber instalado sistemas de reducción catalítica selectiva que pueden disminuir las emisiones de óxidos de nitrógeno hasta en un 90%. Pero la dependencia de la red eléctrica para respaldo persiste, y la presión sobre la infraestructura local sigue siendo real.

La sostenibilidad de estos centros de datos se presenta como un objetivo complejo. El crecimiento de las energías renovables no avanza al ritmo necesario. La demanda de inteligencia artificial podría aumentar hasta un 33% anual, mientras que la capacidad global de energías renovables creció un 15,1% en 2024. Expertos coinciden en que gran parte de la expansión responde más a la especulación que a necesidades reales, lo que significa que muchas instalaciones seguirán dependiendo de generadores de gas u otras fuentes fósiles. La optimización de algoritmos podría reducir la huella de carbono, y la educación pública sobre los impactos de la inteligencia artificial podría permitir decisiones más informadas. Pero mientras tanto, Virginia sigue transformándose, y sus residentes rurales cargan con el costo.

Son más grandes, más altos; prácticamente solo se construyen hiperescalares
— Ann Bennett, representante del Sierra Club en Virginia
El crecimiento de las energías renovables no avanza al ritmo necesario para cubrir la demanda de la inteligencia artificial
— Benjamin Lee, científico informático de la Universidad de Pensilvania
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¿Por qué Virginia específicamente? ¿Qué la hace tan atractiva para estos centros de datos?

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Proximidad a clientes, costo de energía, infraestructura ya existente. Pero también, francamente, porque nadie esperaba que esto creciera tan rápido. Los centros de datos llevan décadas aquí, pero la inteligencia artificial cambió todo.

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Gregory Pirio colocó colchones contra las ventanas. ¿Eso es realmente lo que está pasando?

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Sí. El ruido es constante. Turbinas de gas, generadores diésel. No es algo que puedas ignorar o acostumbrarte. Y lo peor es que no sabe qué está respirando. No hay transparencia sobre las emisiones.

Inventor

¿Las empresas están haciendo algo al respecto?

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Vantage dice que instaló sistemas que reducen emisiones de óxidos de nitrógeno hasta en un 90%. Pero eso es solo una parte del problema. La verdadera cuestión es que estos centros dependen de gas natural, no de energía renovable.

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¿Cuánta energía estamos hablando realmente?

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Una consulta a ChatGPT consume diez veces más electricidad que una búsqueda en Google. Multiplica eso por millones de consultas diarias. Y luego está el agua: 66.000 millones de litros en Estados Unidos en 2023 solo para refrigeración.

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¿Quién paga por todo esto?

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Los residentes. Sus facturas eléctricas podrían duplicarse para 2039. Las corporaciones obtienen los beneficios económicos. Los pueblos cargan con los costos de infraestructura y los impactos ambientales.

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¿Hay alguna solución?

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Optimizar algoritmos podría ayudar. Educación pública sobre los impactos reales. Pero la realidad es que el crecimiento de energías renovables no acompaña la demanda. Mucho de esto es especulación corporativa, no necesidad real.

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