Cómo acompañar a los niños cuando la obsesión por la musculatura afecta su bienestar

Niños y adolescentes varones experimentan trastornos de imagen corporal y alimentarios que afectan su calidad de vida, con síntomas que frecuentemente pasan desapercibidos en contextos familiares y escolares.
Los músculos importan menos que si la vida se expande o se restringe
La pregunta clave que los especialistas sugieren que los padres hagan para distinguir interés saludable de obsesión.

Desde edades sorprendentemente tempranas, los niños varones internalizan ideales sobre el cuerpo masculino mucho antes de que las pantallas entren en escena. Especialistas advierten que la obsesión por la musculatura —amplificada pero no creada por las redes sociales— puede derivar en trastornos de imagen corporal y alimentarios que permanecen invisibles porque la cultura los confunde con disciplina y salud. En una sociedad que históricamente asoció estos sufrimientos con las mujeres, uno de cada siete hombres habrá experimentado un trastorno alimentario completo hacia los cuarenta años, con raíces que se hunden en la infancia.

  • Los niños absorben mensajes sobre musculatura desde la escuela, los videojuegos y las conversaciones entre pares, antes de tocar una red social.
  • Las señales de alarma —aislamiento, rigidez con la comida, rutinas de ejercicio compulsivas— se confunden con dedicación y responsabilidad, lo que retrasa cualquier intervención.
  • Los criterios clínicos fueron diseñados con muestras femeninas, dejando a los varones jóvenes sin diagnósticos que capturen su realidad; la dismorfia muscular sigue siendo un territorio mal clasificado.
  • Las plataformas digitales no crearon el problema, pero lo volvieron omnipresente y constante a través de algoritmos que empujan ideales corporales a cualquier hora.
  • Especialistas proponen la 'curiosidad respetuosa' —preguntar sin juzgar— como herramienta familiar para distinguir un interés genuino en el bienestar de una obsesión que restringe la vida.

Un niño de seis años que muestra sus brazos a su padre casi cada día no está siendo vanidoso: está aprendiendo, sin saberlo, que los músculos importan. Esa lección llega antes de Instagram, antes de cualquier influencer, a través de la escuela, los videojuegos, la televisión y las conversaciones entre compañeros. El investigador Kyle Ganson advierte que los niños absorben mensajes sobre dietas y apariencia desde la infancia más temprana, incluso cuando sus familias no hablan de esos temas.

Lo que más preocupa a los especialistas es que las señales de alerta pasan desapercibidas. El aislamiento, la baja autoestima, las rutinas de ejercicio cada vez más rígidas o la obsesión con proteínas y suplementos suelen leerse como disciplina o interés en la nutrición. Pero cuando el ejercicio se vuelve compulsivo y la vida entera se organiza alrededor del cuerpo, algo ha cambiado de naturaleza.

La creencia de que los trastornos de imagen corporal afectan principalmente a mujeres es, según Ganson, sencillamente falsa. Las investigaciones muestran que uno de cada siete hombres habrá experimentado un trastorno alimentario completo hacia los cuarenta años, con síntomas que comienzan durante la adolescencia como insatisfacción corporal y evolucionan hacia atracones, purgas o restricción severa. El problema adicional es que los criterios clínicos fueron desarrollados con muestras femeninas, por lo que los síntomas masculinos quedan mal clasificados o invisibles.

Ganson introduce el concepto de dismorfia muscular —técnicamente un especificador del trastorno dismórfico corporal— para nombrar una obsesión que, en la práctica, se parece mucho a un trastorno alimentario masculino. Batidos de proteínas, ciclos de volumen y definición, suplementos: todo esto se percibe como responsabilidad con la salud, y está bien hasta que la práctica deja de expandir la vida y empieza a restringirla.

Frente a esto, los especialistas no proponen vigilancia sino presencia. La estrategia que Ganson llama 'curiosidad respetuosa' invita a los adultos a preguntar —¿por qué te importa esto?, ¿de dónde sacaste esa idea?— en lugar de juzgar. El diálogo abierto y temprano en familia es la herramienta más poderosa para distinguir un interés genuino en el bienestar de una obsesión que, silenciosamente, impone una jaula.

Un niño de seis años le muestra los brazos a su padre casi cada día. No es vanidad. Es que está aprendiendo, sin saberlo, que los músculos importan. Que el cuerpo masculino debe verse de cierta manera. Y esto sucede antes de que abra una red social, antes de que vea un influencer, antes de que sepa qué es Instagram.

Especialistas en salud mental infantil advierten que la obsesión por la musculatura en varones comienza mucho más temprano de lo que la mayoría de los padres imagina. No es un problema que nace en las pantallas. Las pantallas lo amplifican, lo aceleran, lo vuelven omnipresente. Pero la semilla ya estaba plantada en la escuela, en los videojuegos, en la televisión, en las conversaciones entre compañeros. El investigador Kyle Ganson, quien estudia estos fenómenos, explica que los niños absorben mensajes sobre dietas, músculos y apariencia desde la infancia más temprana, incluso cuando sus propias familias no hablan de esos temas. En su casa no enfatizan los músculos como lo central del cuerpo, pero el tema aparece de todas formas. Entonces él y su esposa intentan ampliar la perspectiva: le dicen a su hijo que su cerebro es fuerte, que su cuerpo puede hacer cosas extraordinarias más allá de cómo se vea.

Lo que preocupa a los especialistas es que las señales de alerta pasan desapercibidas. Los padres y maestros no saben qué buscar. Un niño que se aísla, que muestra baja autoestima, que dedica cada vez más tiempo a rutinas de ejercicio o que se vuelve rígido con la comida. Un adolescente que habla constantemente de proteínas, creatina, suplementos. Estas conductas suelen interpretarse como disciplina, como interés en la nutrición, como algo positivo. Pero cuando se vuelven obsesivas, cuando el ejercicio es compulsivo, cuando hay ciclos de aumento y restricción calórica, cuando la vida se organiza alrededor del cuerpo, entonces algo ha cambiado.

Lo que la sociedad ha ignorado durante años es que estos problemas no son solo cosa de niñas. La doctora Sheryl Ziegler, que entrevistó a Ganson en su pódcast, señala que existe una creencia generalizada de que los trastornos de imagen corporal y los trastornos alimentarios afectan principalmente a mujeres. Es falso. Ganson presenta datos que lo contradicen: investigaciones muestran que uno de cada siete hombres habrá experimentado un trastorno alimentario completo hacia los cuarenta años, con el pico de inicio alrededor de los veinte. Eso significa que los síntomas comienzan mucho antes, durante la adolescencia, como insatisfacción corporal que luego evoluciona hacia atracones, purgas o restricción severa.

El problema es que los criterios clínicos fueron desarrollados principalmente con muestras femeninas. Los síntomas en hombres jóvenes se ven diferentes, se llaman de otra manera, se clasifican bajo categorías que no capturan su realidad. Ganson introduce el concepto de dismorfia muscular, que define como un especificador del trastorno dismórfico corporal, no como un trastorno alimentario. Pero si uno mira los síntomas, la obsesión, el impacto en la vida diaria, se parece mucho a un trastorno alimentario masculino. La diferencia es que nadie lo llama así.

Las prácticas cotidianas que alimentan esto están normalizadas. Un batido de proteínas después del entrenamiento. Una rutina rígida de gimnasio. Suplementos. Ciclos de volumen y definición. Fases de aumento calórico para ganar masa, fases de restricción para perder grasa. Todo esto se ve como dedicación, como responsabilidad con la salud. Y está bien hacer ejercicio. Está bien ir al gimnasio. El problema es cuando la línea se borra, cuando la práctica se vuelve el centro de la vida, cuando restringe en lugar de expandir.

Ganson propone una estrategia que llama curiosidad respetuosa. En lugar de juzgar o descalificar lo que el niño o adolescente está haciendo, los adultos deben preguntar. ¿Por qué te importa esto? ¿De dónde sacaste esa idea? ¿Quién te lo mostró? Este enfoque abre el diálogo, permite identificar si el interés responde a una búsqueda genuina de bienestar o a una presión externa. Y es crucial porque las plataformas digitales han transformado todo. El ideal muscular para los hombres existía antes de internet, pero las redes sociales lo volvieron ubicuo. Ahora llega de manera pasiva, constante, a través de recomendaciones algorítmicas. Influencers semicalificados venden transformaciones basadas en anécdotas y pseudociencia. Muchos jóvenes toman la experiencia de otros como prueba suficiente de lo que deberían hacer.

Ziegler resume su postura con una advertencia que suena simple pero es profunda: no hay que entrar en pánico ni vigilar cada entrenamiento, cada mirada al espejo, cada batido de proteínas. La pregunta que importa es si esas prácticas amplían la vida del niño o la restringen. Si lo conectan con otros o lo aíslan. Si le dan libertad o le imponen una jaula. El diálogo temprano en familia, la curiosidad genuina, la conexión constante: esas son las herramientas que los especialistas ofrecen. No es vigilancia. Es presencia.

A esta edad tan temprana, ya está siendo socializado en la masculinidad y la muscularidad como algo profundamente entrelazado
— Kyle Ganson, investigador
No tenemos que entrar en pánico ni vigilar cada entrenamiento, cada mirada al espejo, cada batido de proteínas
— Doctora Sheryl Ziegler
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué un niño de seis años estaría preocupado por sus músculos si nadie en su casa habla de eso?

Model

Porque el mensaje viene de todas partes. La escuela, los compañeros, los videojuegos, la televisión. Los niños absorben lo que la cultura valora sin que nadie tenga que decírselo explícitamente. Es como el aire que respiran.

Inventor

Pero eso siempre fue así. ¿Qué cambió?

Model

Las redes sociales no crearon el ideal muscular, pero lo amplificaron exponencialmente. Antes, un niño veía a otros en la escuela o en la televisión. Ahora recibe recomendaciones constantes, imágenes de transformaciones, promesas de cambio. Es omnipresente.

Inventor

¿Cuándo deja de ser interés saludable y se convierte en un problema?

Model

Cuando se vuelve obsesivo, cuando restringe la vida en lugar de expandirla. Cuando el ejercicio es compulsivo, cuando la comida se vuelve un cálculo constante, cuando el niño se aísla o su autoestima depende de cómo se vea.

Inventor

¿Por qué los padres no ven estas señales?

Model

Porque se ven como cosas positivas. Disciplina. Interés en la nutrición. Responsabilidad. Nadie piensa que un adolescente que va al gimnasio está en riesgo. Pero cuando eso se vuelve la única cosa que importa, algo cambió.

Inventor

¿Qué pueden hacer los padres?

Model

Curiosidad respetuosa. Preguntar sin juzgar. ¿Por qué te importa esto? ¿De dónde vino esa idea? Mantener la conexión, el diálogo. No vigilancia, sino presencia genuina.

Inventor

¿Y si el niño ya está obsesionado?

Model

Entonces necesita ayuda profesional. Pero la mayoría de los casos se pueden prevenir o detectar temprano si los adultos saben qué buscar y mantienen las puertas abiertas para hablar.

Quer a matéria completa? Leia o original em Infobae ↗
Fale Conosco FAQ