Boticaria García desmonta el mito de adelgazar comiendo menos: acumulas más grasa

Tu cuerpo decide de dónde extrae la grasa, no tú
García explica por qué entrenar una zona específica no elimina grasa localizada en esa área.

Cada año, millones de personas emprenden la misma búsqueda: deshacerse de la grasa abdominal a fuerza de abdominales y restricción alimentaria. En el programa 'La roca', la farmacéutica Boticaria García recordó una verdad que la biología lleva décadas intentando enseñarnos: el cuerpo no obedece órdenes locales, y el hambre autoimpuesta no adelgaza, sino que acumula. Comprender cómo funciona realmente el metabolismo no es solo una cuestión de estética, sino de reconciliarse con la propia fisiología.

  • Hacer abdominales no elimina el flotador: el cuerpo decide autónomamente de dónde extrae la grasa, y el abdomen suele ser el último lugar en ceder.
  • Saltarse comidas o recortar calorías drásticamente dispara el cortisol, la hormona del estrés que, paradójicamente, ordena al cuerpo acumular más grasa justo en el abdomen.
  • El ciclo se vuelve trampa: sin energía para entrenar, sin músculo que quemar calorías, el metabolismo se ralentiza y el peso final supera al inicial.
  • La salida existe y es contraintuitiva: un déficit calórico progresivo, entrenamiento de fuerza global y descanso suficiente regulan el cortisol y permiten que el cuerpo libere grasa de forma sostenible.

En el plató de 'La roca', Nuria Roca formuló la pregunta que se hacen millones de personas cada año: ¿sirven los abdominales para eliminar la grasa de la cintura? Boticaria García respondió sin rodeos: no solo no sirven, sino que creer que entrenar una zona concreta elimina la grasa de esa misma zona es uno de los mitos más arraigados y dañinos del mundo del fitness.

El cuerpo humano no acepta instrucciones locales. Cuando alguien decide perder peso, es el organismo quien elige de dónde extrae la grasa almacenada. En las mujeres, por ejemplo, es habitual que el cuerpo empiece por el pecho antes que por el abdomen, independientemente de cuántas series de abdominales se hagan. Décadas de publicidad engañosa han alimentado la ilusión contraria.

Aún más peligrosa es la lógica de 'cuanto menos como, más adelgazo'. Cuando la restricción calórica es severa, el organismo interpreta la situación como una amenaza de supervivencia y libera cortisol de forma masiva. El abdomen concentra una densidad especialmente alta de receptores de esta hormona del estrés, por lo que el resultado es el opuesto al buscado: el cuerpo acumula más grasa abdominal como mecanismo de defensa ante lo que percibe como una hambruna.

El círculo se cierra de forma cruel: sin energía, no hay entrenamiento de calidad ni construcción muscular; sin resultados visibles, desaparece la motivación; y con el metabolismo ralentizado, el peso final termina siendo mayor que el de partida.

La alternativa que señalan endocrinólogos y nutricionistas es más pausada pero efectiva: un déficit calórico progresivo que no active las alarmas del cuerpo, combinado con entrenamiento de fuerza de todo el cuerpo y descanso adecuado. Cuando estas tres piezas encajan, el cortisol desciende de forma natural y el organismo libera la grasa acumulada sin comprometer la salud física ni el equilibrio mental.

En el plató de 'La roca', Nuria Roca planteó una pregunta que miles de personas se hacen cada año: ¿sirven realmente los abdominales para eliminar ese depósito de grasa que se acumula alrededor de la cintura? La respuesta de Boticaria García fue directa y sin matices. No solo no sirven, sino que la creencia de que entrenar una zona específica elimina grasa de esa misma zona es, en sus palabras, un mito de proporciones enormes.

El cuerpo humano no funciona como un menú a la carta. Cuando decides perder peso, tu organismo es quien decide de dónde va a extraer esa grasa almacenada, no tú. García explicó que en las mujeres, por ejemplo, el cuerpo probablemente comenzará quitando grasa del pecho antes que del abdomen. Por mucho que hagas series infinitas de abdominales o que fortalezcas el tríceps hasta el agotamiento, la grasa abdominal seguirá ahí si tu cuerpo ha decidido que no es el primer lugar de donde extraerla. Este es uno de los malentendidos más persistentes en el mundo del fitness, alimentado por décadas de publicidad engañosa y promesas imposibles.

Pero hay algo aún más peligroso que los abdominales inútiles: la idea de que cuanto menos comas, más adelgazarás. Esta es la lógica que sustenta la mayoría de las dietas milagro, y es profundamente errónea. Cuando restriccionas severamente tu alimentación, saltándote comidas o reduciendo drásticamente las calorías, tu cuerpo interpreta esto como una amenaza de muerte inminente. Entra en estado de alarma biológica. Y aquí es donde la biología se vuelve en tu contra.

El abdomen posee una concentración particularmente alta de receptores de cortisol, la hormona del estrés. Cuando tu organismo detecta que está siendo privado de alimento, libera cortisol masivamente. Este estrés metabólico no solo bloquea la pérdida de peso; hace exactamente lo opuesto. Tu cuerpo, en modo supervivencia, comienza a acumular más grasa, especialmente en la zona abdominal, como si estuviera preparándose para una hambruna. Es un mecanismo evolutivo que funcionaba bien cuando nuestros antepasados enfrentaban períodos reales de escasez. Hoy, cuando la escasez es autoimpuesta, el resultado es un círculo vicioso de frustración.

Esta frustración es el siguiente paso del proceso. Cuando el cuerpo está bajo estrés severo, carece de la energía necesaria para entrenar con intensidad o para construir músculo. Los resultados visibles no llegan. La motivación desaparece. Abandonas el ejercicio. Y mientras tanto, el metabolismo ralentizado por el ayuno mal gestionado sigue acumulando grasa. Terminas con más peso y más grasa de la que tenías cuando empezaste, atrapado en una trampa metabólica de tu propio diseño.

Los endocrinólogos y nutricionistas coinciden en que existe un camino diferente. No se trata de comer menos, sino de comer de forma inteligente. Un déficit calórico progresivo y controlado, que no genere alarma en tu cuerpo, es la estrategia que funciona. Además, el entrenamiento de fuerza de todo el cuerpo activa el metabolismo de manera mucho más efectiva que enfocarse obsesivamente en abdominales. Cuando combinas una alimentación equilibrada con descanso adecuado, tu cuerpo regula sus hormonas de estrés naturalmente. El cortisol baja. Y entonces, finalmente, el cuerpo libera la grasa acumulada de forma sostenible, sin poner en riesgo ni tu salud física ni tu estabilidad mental.

El cuerpo humano es quien decide de forma autónoma de dónde va a extraer la grasa almacenada
— Boticaria García
Cuando una persona restringe su alimentación en exceso, el organismo entra en un estado de alarma biológica
— Boticaria García
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué entonces tanta gente sigue creyendo que los abdominales eliminan la grasa del vientre?

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Porque es lo que ves en la publicidad, en las redes sociales, en los anuncios de máquinas de ejercicio. Es simple, es visual, parece lógico. Pero la biología no funciona así.

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Y respecto a comer menos, ¿en qué momento el cuerpo decide que está en peligro?

Model

Casi inmediatamente. Cuando saltas comidas o reduces drásticamente las calorías, el cuerpo lo interpreta como una amenaza. No necesita que sea una hambruna real; la restricción severa es suficiente para activar esos mecanismos de supervivencia.

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¿Entonces por qué el cortisol se acumula específicamente en el abdomen?

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Porque el abdomen tiene más receptores de cortisol que otras partes del cuerpo. Es como si tuviera una antena más sensible a esa hormona del estrés. Cuando el cortisol sube, el cuerpo prioriza almacenar grasa ahí.

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¿Cuál es el verdadero camino entonces?

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Un déficit calórico moderado y sostenible, combinado con entrenamiento de fuerza integral y descanso real. No es dramático, pero funciona porque no pone al cuerpo en modo pánico.

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¿Cuánto tiempo toma ver resultados de esta forma?

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Más tiempo que una dieta milagro, pero los resultados son reales y duraderos. Y no terminas más gordo que cuando empezaste, que es lo que ocurre con la mayoría de las restricciones extremas.

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