Perú usa vacuna de menor cobertura contra influenza mientras contagios alcanzan récord histórico

Durante 2021 se registraron más de 6,535 defunciones por infecciones respiratorias agudas en personas de 60 años a más, con tendencia creciente en 2022.
Protección completa para quienes pueden pagar, parcial para el resto
La brecha entre la vacuna que usa el sector público y la que ofrecen laboratorios privados refleja una desigualdad más profunda.

En medio de una temporada de influenza que rompe récords históricos, Perú mantiene un programa de vacunación público que protege contra solo tres de las cuatro cepas del virus en circulación, mientras la Organización Mundial de la Salud recomienda la vacuna tetravalente desde 2015. El Colegio Médico del Perú advierte que esta brecha no es solo técnica: es una fractura de equidad, pues quienes pueden pagar en clínicas privadas ya acceden a la protección completa. Con más de 6,500 muertes en adultos mayores durante 2021 y contagios que crecen un 80% en 2022, la distancia entre la política pública y el conocimiento científico disponible tiene un costo humano medible y evitable.

  • Los contagios de influenza en Perú han alcanzado niveles sin precedente en 2022, con un incremento del 80% respecto al año anterior y más de medio millón de casos respiratorios registrados.
  • El sistema público aplica una vacuna trivalente que deja sin cobertura una de las dos variantes del virus de influenza B que circulan simultáneamente en la población.
  • La inequidad es doble: las regiones más vulnerables —Iquitos, Pucallpa, Ayacucho y Madre de Dios— concentran los peores brotes y tienen menor capacidad de acceder a la vacuna tetravalente disponible en clínicas privadas.
  • Más de 6,535 personas mayores de 60 años murieron por infecciones respiratorias agudas en 2021, y la tendencia sigue en ascenso durante 2022.
  • Adoptar la vacuna tetravalente evitaría más de 120 mil hospitalizaciones anuales, aliviaría un sistema de salud saturado y respondería a la recomendación explícita de la OMS para 2022.
  • La decisión pendiente no es científica sino política y presupuestaria: la vacuna existe, está disponible globalmente y ya se usa en gran parte del mundo.

Perú atraviesa una temporada de influenza sin precedentes y lo hace con una herramienta de protección incompleta. Mientras los contagios crecen un 80% respecto a 2021 y más de medio millón de peruanos han sido diagnosticados con enfermedades respiratorias en lo que va de 2022, el sector público continúa aplicando la vacuna trivalente, que cubre solo tres de las cuatro cepas del virus actualmente en circulación. El Colegio Médico del Perú, a través de su decano Raúl Urquizo, ha exigido una reestructuración urgente del programa nacional de vacunación.

La diferencia entre ambas vacunas es técnica pero con consecuencias reales. La trivalente protege contra las variantes H1N1 y H3N2 del virus de influenza A, más una cepa del tipo B. El problema es que dos variantes del tipo B circulan al mismo tiempo en la población peruana, y solo la vacuna tetravalente —recomendada por la OMS desde 2015 y ya utilizada en clínicas privadas del país— ofrece cobertura frente a ambas. Esto ha creado una división silenciosa: quienes pueden pagar acceden a la protección completa; quienes dependen del sistema público, no.

Las regiones más afectadas son también las más vulnerables: Iquitos, Pucallpa, Ayacucho y Madre de Dios, donde las condiciones económicas y el acceso limitado a servicios de salud amplifican el impacto de cada brote. En 2021, más de 6,535 personas mayores de 60 años murieron por infecciones respiratorias agudas, y la tendencia no ha cedido en 2022. Los expertos calculan que adoptar la vacuna tetravalente evitaría más de 120 mil hospitalizaciones al año, aliviando además un sistema de salud que ya opera al límite.

Lo que falta no es conocimiento ni disponibilidad: la vacuna tetravalente existe en el mercado global desde hace años. Lo que falta es la voluntad política y el presupuesto para incorporarla al programa nacional, de modo que la protección más efectiva no dependa de la capacidad de pago de cada ciudadano.

Mientras los casos de influenza en Perú alcanzan niveles nunca antes registrados, el sistema de salud pública sigue aplicando una vacuna que protege contra apenas tres de las cuatro cepas del virus en circulación. El Colegio Médico del Perú ha señalado esta brecha crítica: el país no está siguiendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, que desde 2015 ha respaldado el uso de la vacuna tetravalente, la cual ofrece cobertura completa. Mientras tanto, los laboratorios privados ya utilizan esta vacuna más efectiva, creando una división en el acceso a la protección según la capacidad de pago.

Los números son alarmantes. En lo que va de 2022, los contagios por influenza han crecido 80 por ciento en comparación con el año anterior, según datos del Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de Enfermedades del Ministerio de Salud. Más de medio millón de peruanos han sido diagnosticados con enfermedades respiratorias durante este año. Raúl Urquizo, decano del Colegio Médico del Perú, ha insistido en que es urgente reestructurar el programa nacional de vacunación para enfrentar esta situación.

La diferencia entre las dos vacunas es técnica pero sustancial. La vacuna trivalente que se aplica en el sector público protege contra el virus de influenza A en sus variantes H1N1 y H3N2, más una cepa del virus de influenza B. Sin embargo, existen dos variantes diferentes del tipo B circulando simultáneamente en la población. La vacuna tetravalente cubre todas estas variantes, ofreciendo una protección integral que la trivalente no puede proporcionar. En un país donde la exposición al virus es alta y múltiples variedades circulan al mismo tiempo, esta diferencia tiene consecuencias reales.

Las regiones más golpeadas por los brotes son precisamente aquellas con mayores vulnerabilidades: Iquitos, Pucallpa, Ayacucho y Madre de Dios. Estas zonas enfrentan históricamente mayores dificultades para acceder a servicios de salud y presentan condiciones económicas y sociales más precarias, lo que las expone de manera desproporcionada a enfermedades infecciosas como la influenza. La falta de una vacuna de cobertura completa agrava aún más esta inequidad.

Los expertos advierten sobre el costo humano de mantener el status quo. Durante 2021, se registraron más de 6,535 muertes por infecciones respiratorias agudas en personas mayores de 60 años, y la tendencia ha continuado al alza en 2022. Si el sector público adoptara la vacuna tetravalente, se evitarían más de 120 mil hospitalizaciones cada año, lo que también ayudaría a descongestionar un sistema de salud ya saturado. La recomendación de la OMS para la temporada 2022 fue explícita: considerar seriamente la adopción de la vacuna tetravalente con protección completa.

La pregunta ahora es si el Ministerio de Salud evaluará esta adquisición. El cambio no es técnicamente complicado: la vacuna tetravalente existe, está disponible en el mercado global desde hace años, y ya se utiliza en gran parte del mundo. Lo que falta es la decisión política y presupuestaria de implementarla en el programa nacional de vacunación, para que todos los peruanos, no solo quienes pueden pagar en clínicas privadas, tengan acceso a la protección más efectiva disponible.

Es urgente reestructurar el programa de vacunación para enfrentar los brotes de influenza
— Raúl Urquizo, decano del Colegio Médico del Perú
La OMS evaluó y recomendó para 2022 que se considere la vacuna tetravalente con protección completa
— Organización Mundial de la Salud
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué Perú sigue usando una vacuna inferior si la mejor opción existe desde 2015?

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Es una pregunta que el Colegio Médico también se hace. La vacuna tetravalente está disponible globalmente, pero requiere una decisión de compra y presupuesto del Ministerio de Salud. A veces la inercia institucional es más fuerte que la evidencia científica.

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¿Quién se beneficia con esta situación actual?

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Los laboratorios privados, que ya ofrecen la vacuna tetravalente a quienes pueden pagarla. Crea un sistema de dos velocidades: protección completa para los que tienen recursos, protección parcial para el resto.

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¿Qué tan grave es la diferencia entre tres y cuatro cepas?

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En un año normal, quizás manejable. Pero cuando tienes medio millón de casos de enfermedades respiratorias y contagios de influenza en máximos históricos, esa cepa que falta es la que puede hospitalizar o matar a alguien que la vacuna trivalente no protege.

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¿Por qué las regiones más pobres son las más afectadas?

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Porque tienen menos acceso a todo: a servicios de salud, a vacunas privadas, a tratamientos. Son las primeras en enfermarse y las últimas en recibir protección. Iquitos, Pucallpa, Ayacucho, Madre de Dios cargan el peso más pesado.

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¿Cuál es el costo real de no cambiar?

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Más de 120 mil hospitalizaciones evitables cada año. Más muertes en mayores de 60 años. Un sistema de salud colapsado. Y la perpetuación de una desigualdad que podría resolverse con una decisión administrativa.

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¿Qué necesita pasar para que esto cambie?

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Que el Ministerio de Salud escuche al Colegio Médico y evalúe la adquisición. La OMS ya lo recomendó. La evidencia está ahí. Solo falta voluntad política y presupuesto.

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