El amigo de ayer se convierte en el enemigo de hoy
Una comunidad cohesionada de chimpancés se dividió en dos facciones rivales tras cambios en la jerarquía de dominancia y pérdida de conectores sociales clave entre 2014-2015. El grupo occidental más pequeño ejecutó al menos 24 ataques coordinados, matando 7 machos adultos y 17 crías, con participación de hembras en la violencia sistemática.
- 24 ataques coordinados entre 2018 y 2024 en Ngogo, Uganda
- 7 machos adultos y 17 crías asesinadas en la guerra civil
- Grupo occidental: 76 individuos; grupo central: 116 individuos
- División comenzó en 2015 tras muerte de conectores sociales clave en 2014
Un estudio publicado en Science documenta una guerra civil sin precedentes entre chimpancés salvajes en Ngogo, donde 24 ataques coordinados entre 2018 y 2024 resultaron en muertes de adultos e infanticidios sistemáticos tras la división del grupo.
En 2018, una comunidad de chimpancés salvajes que había vivido unida durante décadas se fracturó en dos bandos rivales. Lo que siguió fue una escalada de violencia sistemática documentada ahora en la revista Science: al menos 24 ataques coordinados a lo largo de seis años, la muerte de siete machos adultos y diecisiete crías, ejecutados por un grupo más pequeño pero más cohesionado que invadía territorio ajeno. Los investigadores que observaron este fenómeno en Ngogo, Uganda, durante más de tres décadas, lo describen como una guerra civil sin precedentes en el registro científico de estos primates.
La ruptura no fue repentina. Durante veinte años, los chimpancés de Ngogo funcionaron como una unidad flexible, dividiéndose en subgrupos que se separaban y reunían constantemente mientras mantenían vínculos sociales fuertes. Pero en 2015 comenzaron a aparecer grietas. La comunidad se polarizó en dos facciones —occidental y central— que evitaban cada vez más el contacto mutuo. Dejaron de encontrarse regularmente. Cesó la reproducción entre grupos. Los investigadores identificaron dos catalizadores críticos: un cambio en la jerarquía de dominancia entre los machos y la muerte de varios individuos en 2014, algunos por infección, que aparentemente funcionaban como puentes sociales manteniendo la cohesión del grupo. Sin esos conectores, la fragmentación se aceleró.
Para 2018, la división era completa. El grupo occidental contaba con aproximadamente setenta y seis individuos; el central, con ciento dieciséis. Lo que sucedió después fue una campaña de incursiones territoriales sistemáticas. El bando occidental, más pequeño pero más unido, comenzó a patrullar el territorio rival. Esos patrullajes derivaron en ataques organizados. Los machos adultos del grupo rival fueron asesinados. Luego, a partir de 2021, la violencia se extendió a las crías. Se documentaron diecisiete infanticidios, varios por año, ejecutados principalmente por machos aunque con participación de hembras. Los investigadores sospechan que el número real es mayor: varios chimpancés desaparecieron sin causa aparente, sugiriendo muertes no registradas en el contexto del conflicto.
Aaron Sandel, de la Universidad de Texas en Austin, quien lidera el estudio, explica que los investigadores esperaron años antes de publicar sus hallazgos para confirmar que la fisión era permanente. "Nuestro trabajo proporciona evidencia sólida de que los chimpancés parecen tener identidades de grupo. No solo tienen un sentido de quién pertenece a su comunidad y quién no, sino que estas identidades pueden cambiar", dice. John Mitani, profesor emérito de la Universidad de Michigan y coautor, reflexiona sobre la paradoja central del fenómeno: "Uno de los misterios para mí es precisamente por qué el amigo de ayer se convierte en el enemigo de hoy. En este caso, los individuos crecieron juntos, se conocieron durante toda su vida y cooperaron y colaboraron para beneficiarse mutuamente de formas importantes".
El único precedente comparable ocurrió en Gombe, Tanzania, en la década de 1970, durante las investigaciones de Jane Goodall. Allí también se registró un conflicto letal tras la división de un grupo, aunque ese caso ha sido debatido por la posible influencia humana en la alimentación de los animales. En Ngogo, los chimpancés nunca fueron alimentados por investigadores, lo que fortalece la solidez de los datos. Sandel señala que ahora puede releer el caso de Gombe con nueva comprensión: en ambos casos, la pérdida de conectores sociales y cambios en la jerarquía de dominancia parecen desempeñar un papel crucial. Sin embargo, hay una diferencia importante. En Gombe, uno de los grupos terminó desapareciendo. En Ngogo, ambos continúan existiendo, aunque el grupo occidental ha expandido su territorio sobre el del otro sin ceder esas ganancias.
El hallazgo plantea una conclusión inquietante: la violencia colectiva puede surgir sin necesidad de ideologías, religiones o estructuras culturales complejas. Basta con cambios en las relaciones sociales y en la organización del grupo para desencadenar dinámicas de confrontación. Los chimpancés demuestran que las identidades de grupo son flexibles y pueden transformarse incluso entre individuos que han convivido toda su vida. Mitani, sin embargo, encuentra motivo para la esperanza en una comparación con la humanidad: "Aunque la agresión y las guerras aparecen ocasionalmente entre los humanos, en su mayor parte vivimos de forma pacífica unos junto a otros en un mundo con más de ocho mil millones de personas. Esta diferencia entre chimpancés y humanos es algo que me da esperanza, especialmente en un momento de creciente polarización".
Notable Quotes
Los chimpancés parecen tener identidades de grupo. No solo tienen un sentido de quién pertenece a su comunidad y quién no, sino que estas identidades pueden cambiar.— Aaron Sandel, Universidad de Texas en Austin
Aunque la agresión y las guerras aparecen ocasionalmente entre los humanos, en su mayor parte vivimos de forma pacífica unos junto a otros. Esta diferencia entre chimpancés y humanos es algo que me da esperanza.— John Mitani, Universidad de Michigan
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué tardaron tanto en publicar este estudio si llevaban observando a estos chimpancés durante décadas?
Necesitaban estar seguros de que la ruptura era permanente, no un conflicto temporal. Querían datos sólidos antes de hacer una afirmación tan radical sobre la guerra civil entre primates.
¿Qué cambió exactamente en 2014 y 2015 que provocó que un grupo unido durante veinte años se dividiera?
Murieron varios individuos clave —algunos por infección— que actuaban como puentes sociales. Al mismo tiempo, la jerarquía de dominancia entre machos se alteró. Sin esos conectores, la cohesión se desmoronó.
El grupo más pequeño atacó al más grande. ¿Por qué el bando occidental, siendo menos numeroso, fue el agresor?
Eso es lo interesante. La cohesión interna parece haber importado más que el número. El grupo occidental estaba más unido, mejor coordinado. Ejecutaban ataques organizados mientras el otro grupo, más grande pero fragmentado, no podía responder de la misma manera.
¿Cómo explican que hembras participaran en el infanticidio? Eso parece contrario a lo que sabemos sobre el comportamiento maternal.
No lo explican completamente. Documentaron la participación de hembras, pero el patrón sugiere que la identidad de grupo —el sentido de quién es "nosotros" y quién es "ellos"— puede anular incluso los instintos maternales cuando la polarización es extrema.
¿Qué diferencia hay entre lo que pasó en Ngogo y lo que Jane Goodall documentó en Gombe?
En Gombe, un grupo desapareció completamente. En Ngogo, ambos persisten, aunque el occidental ha ganado territorio. Además, en Ngogo nunca hubo alimentación humana, así que los datos son más puros. Pero en ambos casos, la pérdida de conectores sociales parece ser la clave.
¿Qué nos dice esto sobre los conflictos humanos?
Que la violencia colectiva no requiere ideología compleja ni religión. Solo cambios en cómo se organizan los grupos, cómo se definen las identidades. Pero Mitani también señala algo esperanzador: los humanos, a pesar de todo, vivimos mayormente en paz. Eso es una diferencia real.