El brillo también puede ser arquitectónico
La colección Ice Cubes de Chopard rompe con la tradición floral de la joyería, apostando por líneas rectas y superficies espejadas que evocan pureza arquitectónica. Caroline Scheufele ha liderado desde 2013 una transición hacia oro ético y cadenas de suministro sostenibles, posicionando a Chopard como pionera en responsabilidad ambiental.
- Colección Ice Cubes lanzada en 1999, reinventada en 2025 en Summit One Vanderbilt
- Caroline Scheufele lidera transición a oro ético desde 2013
- Chopard fundada en 1860 en Sonvilier, Suiza; adquirida por familia Scheufele en 1963
Chopard presenta su colección Ice Cubes de alta joyería con diseño minimalista y geométrico inspirado en cubitos de hielo. Caroline Scheufele, directora creativa, reafirma el compromiso de la marca con la sofisticación, sostenibilidad y expresión artística contemporánea.
En la Quinta Avenida de Nueva York, donde convergen las casas de joyería más prestigiosas del mundo, Chopard acaba de presentar Ice Cubes, una colección que desafía décadas de convención en el arte de adornar el cuerpo. Las piezas no son flores ni corazones ni arabescos. Son cubos. Líneas rectas. Superficies que reflejan la luz como si fueran bloques de hielo tallados con precisión quirúrgica, cada uno engastado con diamantes que capturan la pureza geométrica de su forma.
Caroline Scheufele, copresidenta y directora artística de Chopard, concibe su trabajo como un acto de generosidad emocional en tiempos de incertidumbre. "Mi desafío es hacer soñar al mundo", dice, rodeada de modelos que visten prendas que ella misma diseñó para que las joyas brillen sin competencia. "Las joyas no son necesarias para vivir, pero constituyen un regalo emocional, un destello de buen feeling". No encontraba los trajes adecuados para sus creaciones, así que los hizo ella misma: vestidos entallados que emulan el reflejo del cristal y el diamante, una extensión natural de su visión.
La historia de Ice Cube comienza en 1999, cuando Scheufele sorprendió a una industria acostumbrada a la ornamentación con algo radical: la ausencia de ella. Cada pieza está compuesta por pequeños cubos que recuerdan bloques de hielo, módulos geométricos que transforman una figura cotidiana en emblema de elegancia. En una industria dominada por los arabescos, Chopard eligió el ángulo recto. El resultado fue una joya minimalista que atrajo a una generación interesada en la sofisticación sin exceso, en la geometría como forma de expresión. "El brillo también puede ser arquitectónico", dice Scheufele, y esa frase resume la filosofía que ha guiado la colección durante más de dos décadas. Este otoño, las piezas de alta joyería se presentaron en el mirador Summit One Vanderbilt, llevando aún más lejos el lenguaje de la colección hacia el volumen, el movimiento y la expresión artística contemporánea.
La trayectoria de Chopard refleja una tensión creativa entre tradición y audacia. En 1860, Louis-Ulysse Chopard fundó un pequeño taller en el pueblo suizo de Sonvilier con una visión poco común: crear relojes de precisión que fueran tan confiables como bellos. La marca se consolidó como proveedora de relojes de alta precisión para ferrocarriles y cortes europeas, guiada por la meticulosidad helvética y el espíritu artesanal. Pero en 1963, la familia Scheufele, joyeros alemanes con una sensibilidad moderna, adquirió la empresa. Fue la unión entre la tradición suiza y la audacia creativa de una familia que entendía el lujo como emoción.
Scheufele creció rodeada de circo, animales y payasos. Su padre guardó algunos de sus dibujos infantiles y una Navidad le regaló un payaso que había transformado en joya, con botones de brillante donde ella había pintado. Esa pieza, que aún lleva colgada, marcó el comienzo de su carrera. "Se dice que con el paso del tiempo no tenemos derecho a jugar, pero es falso", afirma. Esa filosofía de juego creativo ha definido su aproximación a la joyería: libertad para los diamantes, libertad para reimaginar formas, libertad para soñar.
Dos objetivos han estructurado su liderazgo: otorgar libertad a los diamantes y garantizar la sostenibilidad. Desde 2013, Scheufele ha liderado una transición hacia oro ético, asegurando una cadena de suministro trazable y sostenible mucho antes de que la industria lo exigiera. "Todos los productos que utilizamos salen del planeta y por ello tenemos que respetarlo", dice. Al principio, la empresa diferenciaba el oro tradicional del oro ético, pero ahora todos están alineados. Fue un cambio profundo en la producción, en la manera de trabajar en toda la organización. Lejos de diluir el brillo de la marca, esta apuesta ha fortalecido su reputación como pionera en un sector históricamente reacio al cambio.
El cine es otra de sus grandes pasiones. Su alianza con el festival de Cannes la ha posicionado en un marco afín a las artes, aunque al principio algunos creían que Chopard hacía chocolates en lugar de relojes. Scheufele se reconoce admiradora de Charles Chaplin y ha tenido el honor de conocer a varios cineastas y talentos en Cannes. Una de las noches más mágicas de su vida fue cuando Elisabeth Taylor le mostró su colección de piezas Chopard, joyas que la actriz había comprado porque se había enamorado de ellas. En ese encuentro, Scheufele vio reflejado lo que siempre ha buscado: transformar el lujo en emoción, la joyería en arte, el sueño en algo que brilla en la muñeca de quien se atreve a llevarlo.
Citas Notables
Mi desafío es hacer soñar al mundo, porque todos tenemos necesidad de soñar en un mundo tan incierto y loco. Las joyas no son necesarias para vivir, pero constituyen un regalo emocional, un destello de buen feeling.— Caroline Scheufele, copresidenta y directora artística de Chopard
Se dice que con el paso del tiempo no tenemos derecho a jugar, pero es falso.— Caroline Scheufele
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué un cubito de hielo? ¿Qué vio Scheufele en algo tan efímero, tan destinado a desaparecer?
Precisamente eso. El hielo es puro, transparente, geométrico. No es ornamental. En 1999, cuando lanzó Ice Cube, la joyería estaba obsesionada con flores, con curvas, con la idea de que más era mejor. Ella vio en el hielo lo opuesto: la belleza en la austeridad, el brillo en la arquitectura.
Pero el hielo se derrite. ¿No hay algo melancólico en eso?
Sí, pero las joyas no. Eso es el punto. Toma la forma del hielo, su geometría, su pureza, pero la congelas en diamante y oro. Es una paradoja: algo que evoca lo temporal hecho eterno.
¿Y el cambio hacia oro ético? ¿Fue una decisión comercial o moral?
Scheufele lo describe como ambas cosas. Dice que al principio no era evidente, que fue un gran cambio en la producción. Pero no lo hizo porque fuera rentable. Lo hizo porque cree que todo lo que sacamos del planeta merece respeto. La reputación vino después.
¿Qué tiene que ver el circo con los diamantes?
Todo. Scheufele creció amando el circo, los payasos, el juego. Su padre le regaló un payaso convertido en joya. Ella cree que el lujo debe ser lúdico, que no debemos perder el derecho a jugar solo porque envejecemos. Eso es lo que hace: juega con formas, con materiales, con la idea de qué puede ser una joya.
¿Y Cannes? ¿Por qué el cine importa tanto?
Porque el cine es sueño. Scheufele dice que su desafío es hacer soñar al mundo en tiempos inciertos. Las joyas no son necesarias para vivir, pero son regalos emocionales. El cine entiende eso. Cuando Elisabeth Taylor le mostró su colección de Chopard, Scheufele vio que la actriz no había comprado joyas, había comprado momentos mágicos.