Centro Psicopedagógico de Cienfuegos celebra fin de curso con emotivo espectáculo artístico

El centro atiende a 96 estudiantes con discapacidad mental que enfrentan limitaciones económicas y materiales, pero reciben educación inclusiva y apoyo comunitario.
Lo dan todo de sí y yo lo disfruto con felicidad
Mayra Sánchez Escobar, defectóloga y directora del proyecto artístico del centro, sobre el desempeño de los estudiantes.

En Cienfuegos, un grupo de jóvenes con discapacidad mental subió al escenario no para ser observados con lástima, sino para ser reconocidos con genuino asombro. El Centro Psicopedagógico Gregorio Toribio Morgan Hernández cerró su año lectivo con una celebración artística que convirtió las limitaciones en punto de partida, recordándonos que la inclusión no es un ideal abstracto sino un acto concreto que ocurre cuando alguien decide ver capacidad donde otros ven carencia. En tiempos de escasez material, este centro sostuvo la dignidad de 96 estudiantes con el apoyo de su comunidad y la convicción de que el arte es también una forma de pertenencia.

  • Noventa y seis estudiantes con discapacidad mental enfrentan cada día un doble desafío: sus propias limitaciones y las carencias materiales que el contexto económico del país impone sobre su institución.
  • A pesar de ello, el centro logró montar un espectáculo de dos horas que arrancó lágrimas genuinas a familiares e invitados, demostrando que el trabajo pedagógico había calado hondo.
  • La subdirectora reconoció públicamente las dificultades del año, mientras organizaciones de masas, cooperativas y trabajadores privados tejieron una red de apoyo para cubrir necesidades básicas de alimentación, vestuario y educación.
  • El proyecto artístico ha salido de las aulas para recorrer comunidades, haciendo visible ante la sociedad la capacidad real de estos jóvenes para contribuir a la vida cultural.
  • La entrega del carné de membresía a Dani Arteaga en la Asociación Cubana de Personas en Situación de Discapacidad Intelectual marcó un momento de transición simbólica: no un cierre, sino una nueva pertenencia.

La tarde comenzó con una pantomima de "Cienfuegos", el clásico de Benny Moré, interpretada por Ángel Calderón, residente del centro. Desde ese primer instante quedó claro que el acto de fin de curso del Centro Psicopedagógico Gregorio Toribio Morgan Hernández no sería una formalidad escolar. Era una celebración con peso propio.

Durante dos horas, en el restaurante El Ranchón, estudiantes con discapacidad mental presentaron danzas, canciones y sketches conducidos por el payaso Platanito. Los aplausos de los familiares no eran de cortesía: eran reconocimiento genuino. Hubo lágrimas. Lo que el público veía en cada actuación no era solo desempeño, sino inclusión en movimiento.

Yanet Morejón Barrueto, subdirectora del plantel, habló del año con honestidad: retos reales, carencias materiales concretas, pero también un equipo que no cedió. La Federación de Mujeres Cubanas, cooperativas y entidades privadas contribuyeron a sostener las necesidades de los 96 estudiantes internos y seminternos que dependen de la institución.

La defectóloga Mayra Sánchez Escobar, quien dirige el proyecto musical, explicó que el trabajo parte de identificar las potencialidades de cada alumno. "Lo dan todo de sí y yo lo disfruto con felicidad", dijo. Ese proyecto ya no se queda en el aula: recorre comunidades y le muestra a la sociedad lo que estos jóvenes son capaces de ofrecer.

El acto cerró con reconocimientos individuales y un momento de particular significado: Dani Arteaga recibió su carné como nuevo miembro de la Asociación Cubana de Personas en Situación de Discapacidad Intelectual. Una pertenencia formalizada, una dignidad reconocida. El año terminó, pero el trabajo —y la determinación de quienes lo sostienen— apenas hace una pausa.

La canción que abrió la tarde fue "Cienfuegos", aquella composición de Benny Moré que Ángel Calderón, residente del centro, interpretó en pantomima. Desde ese primer momento, quedó claro que lo que estaba por suceder no sería un acto escolar cualquiera. El Centro Psicopedagógico Gregorio Toribio Morgan Hernández de Cienfuegos había convocado a su comunidad para celebrar el cierre del año lectivo, y la energía en el aire prometía algo más profundo que aplausos de cortesía.

Durante dos horas, estudiantes con discapacidad mental subieron al escenario del restaurante El Ranchón "Cuando a Cienfuegos llegué" para mostrar lo que habían aprendido. El payaso Platanito condujo el espectáculo mientras cada acto —danzas, canciones, sketches— arrancaba reacciones genuinas de los familiares presentes. No faltaron las lágrimas. Lo que importaba era que cada presentación recibía aplausos sinceros, no los aplausos automáticos que a veces acompañan estos eventos, sino el reconocimiento real de quienes veían en esas actuaciones algo más que un desempeño: veían inclusión en acción.

Yanet Morejón Barrueto, subdirectora del plantel, tomó la palabra para reflexionar sobre lo que el año había significado. Habló de retos, de satisfacciones, de crecimiento en conocimientos y valores. Pero luego, en una conversación aparte con la prensa, fue más directa sobre la realidad que el centro enfrenta. El período lectivo que terminaba había transcurrido bajo el peso de las dificultades económicas del país. A pesar de eso, el equipo de trabajadores se había esforzado por atender a los 96 estudiantes internos y seminternos que dependen de la institución. Las carencias materiales eran reales, pero también lo era el apoyo: la Federación de Mujeres Cubanas, cooperativas, trabajadores por cuenta propia, y entidades estatales habían contribuido a cubrir necesidades de alimentación, educación y vestuario.

Uno de los aspectos que más orgullo genera en el centro es cómo ha logrado fusionar la atención psicopedagógica con el arte. Mayra Sánchez Escobar, defectóloga que ahora dirige el proyecto de música, explicó que el trabajo se basa en identificar las potencialidades de cada estudiante. "Lo dan todo de sí y yo lo disfruto con felicidad", dijo. Este proyecto ha trascendido las paredes del aula. Las presentaciones artísticas ahora recorren comunidades, permitiendo que la sociedad vea el resultado del trabajo y, más importante aún, que reconozca la capacidad de estos jóvenes para contribuir a la vida cultural.

El acto incluyó momentos de reconocimiento individual. Estudiantes destacados por su constancia y talento recibieron menciones. Hubo un instante de particular significado cuando Dani Arteaga recibió su carné como nuevo miembro de la Asociación Cubana de Personas en Situación de Discapacidad Intelectual. Estos detalles importan porque marcan transiciones, pertenencias, dignidad.

Lo que quedó en el aire al final de la tarde fue la sensación de que el fin de curso no era un cierre, sino una pausa. Los estudiantes volverían en unos meses. El trabajo continuaría. Las limitaciones económicas seguirían siendo un desafío. Pero también seguiría la determinación de un equipo que ha decidido que la discapacidad mental no es una razón para renunciar a la educación de calidad, a la expresión artística, o a la participación plena en la comunidad.

Este curso ha estado lleno de retos y también de grandes satisfacciones. Hemos visto crecer a nuestros estudiantes en conocimientos, habilidades y valores.
— Yanet Morejón Barrueto, subdirectora del Centro Psicopedagógico
El colectivo de trabajadores del Centro Psicopedagógico se ha crecido para brindar la atención que merecen los 96 alumnos, a pesar de las limitaciones y carencias materiales.
— Yanet Morejón Barrueto
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué un acto de fin de curso en una escuela para estudiantes con discapacidad mental genera tanta emoción?

Model

Porque lo que ves en el escenario no es solo una presentación. Es el resultado de un año de trabajo de gente que decidió que estos estudiantes merecen lo mismo que cualquier otro: educación, arte, reconocimiento. Las lágrimas vienen de ahí.

Inventor

Mencionas que el centro enfrenta carencias materiales. ¿Cómo logran hacer esto sin recursos suficientes?

Model

No lo hacen solos. La Federación de Mujeres Cubanas, cooperativas, restaurantes privados, trabajadores por cuenta propia. Es un tejido de apoyo comunitario. Pero también es voluntad: el equipo de trabajadores se "crece", como dijo la subdirectora. Deciden que las limitaciones no son excusa.

Inventor

El proyecto cultural que recorre comunidades parece ser algo importante. ¿Qué cambia cuando estos estudiantes salen del aula?

Model

Cambia la narrativa. Cuando solo están dentro de la escuela, son estudiantes con discapacidad. Cuando actúan en público, la gente ve sus talentos. La sociedad aprecia lo que pueden hacer, no solo lo que no pueden hacer.

Inventor

¿Hay algo que te sorprenda de esta historia?

Model

Que en medio de una crisis económica, una institución no reduzca sus ambiciones para sus estudiantes. Podrían haber cancelado el espectáculo. En cambio, lo hicieron más grande, lo llevaron a un restaurante, invitaron a la comunidad. Eso habla de prioridades.

Inventor

¿Qué sucede después del fin de curso?

Model

Vuelven en unos meses. El trabajo continúa. Los desafíos económicos no desaparecen. Pero ahora hay un registro de lo que es posible, y eso es difícil de ignorar.

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