Casi uno de cada cinco adultos en España consume psicofármacos para depresión y ansiedad

El 14,5% de la población ha tenido ideas suicidas o ha intentado suicidarse, con tasas especialmente críticas en jóvenes de 18-24 años (31,8%), y el 60,1% de hospitalizados psiquiátricos fueron ingresados de forma involuntaria.
La falta de psicólogos obliga a medicar porque no hay terapia
Nel González, presidente de la Confederación Salud Mental España, explica por qué el sistema recurre a los fármacos.

Más de un año después del fin mediático de la pandemia, España enfrenta una crisis silenciosa que vive en el interior de sus ciudadanos: casi seis de cada diez adultos conviven con miedo, tristeza o ansiedad crónica, y uno de cada cinco recurre a psicofármacos para sostenerse. Un informe elaborado por la Confederación Salud Mental España y la Fundación Mutua Madrileña revela que el sistema sanitario, desbordado y escaso en especialistas, ha optado por medicar donde debería acompañar. En el horizonte más sombrío, los jóvenes de 18 a 24 años cargan con tasas de ideación suicida que interpelan a toda una sociedad sobre el tipo de futuro que está construyendo.

  • Casi uno de cada cinco adultos españoles consume psicofármacos a diario, no porque haya más especialistas, sino precisamente porque no los hay.
  • El 31,8% de los jóvenes de 18 a 24 años ha tenido ideas o intentos de suicidio, una cifra que convierte la salud mental juvenil en una emergencia sin declarar.
  • El médico de cabecera prescribe más de la mitad de los psicofármacos en España, asumiendo un rol terapéutico para el que el sistema no le ha dado los recursos ni el tiempo necesarios.
  • El 60,1% de los ingresos psiquiátricos fueron involuntarios, y casi la mitad de los hospitalizados nunca supo qué tratamientos alternativos existían, revelando un sistema que actúa más que explica.
  • La ciudadanía sabe lo que necesita —más profesionales, más centros, más prevención en las escuelas— pero el país aún no ha traducido ese diagnóstico colectivo en acción concreta.

Más de un año después de que la pandemia dejara de ocupar portadas, España arrastra una crisis de salud mental que no se ve pero se siente en casi cada hogar. El 57% de la población vive con preocupación constante, miedo o tristeza, y casi uno de cada cinco adultos —el 18,9%— consume psicofármacos para sobrellevar su estado. Así lo revela un informe elaborado por la Confederación Salud Mental España y la Fundación Mutua Madrileña, basado en más de dos mil entrevistas realizadas durante 2022.

Las cifras más graves hablan de daño real: el 14,5% de la población ha tenido ideas suicidas o ha intentado quitarse la vida. En los jóvenes de 18 a 24 años, esa proporción asciende al 31,8%, y el 30,7% ha recurrido a autolesiones. Las causas que la gente identifica son concretas: dificultades económicas, incertidumbre sobre el futuro y el estrés de una sociedad cada vez más exigente e individualista.

El sistema sanitario no da abasto. Solo el 26,2% de quienes lo necesitan accede a un especialista en salud mental. Ante esa escasez, la respuesta por defecto ha sido la medicación: el 73% de quienes toman psicofármacos lo hace a diario, y en más de la mitad de los casos es el médico de Atención Primaria quien los prescribe. Nel González, presidente de la Confederación, lo resumió sin eufemismos: se medica porque no hay suficientes profesionales para ofrecer terapia.

Lo que el informe revela sobre las hospitalizaciones psiquiátricas añade otra capa de inquietud. El 60,1% de los ingresos fue involuntario. Casi la mitad de los pacientes hospitalizados no recibió información clara sobre su diagnóstico, los efectos secundarios de su medicación o los tratamientos alternativos disponibles.

La sociedad española, sin embargo, tiene claro lo que pide: más profesionales de salud mental, continuidad en el tratamiento, más centros, medidas contra el estrés laboral y programas de prevención en las escuelas. El país sabe dónde duele. Lo que falta es la voluntad colectiva e institucional de ponerse a curar.

Más de un año después de que la pandemia dejara de ser noticia de primera plana, España sigue atrapada en una crisis de salud mental que apenas se ve. Casi seis de cada diez españoles —el 57%— viven con preocupación constante, miedo, depresión o tristeza. La mitad ha experimentado ataques de ansiedad. Y casi uno de cada cinco adultos, el 18,9% de la población mayor de 18 años, consume psicofármacos para sobrellevar lo que siente. Estos números provienen del Informe sobre la Situación de la Salud Mental en España, elaborado por la Confederación Salud Mental España y la Fundación Mutua Madrileña, un estudio que durante cuatro meses de 2022 entrevistó a más de dos mil personas y que pinta un cuadro desalentador de cómo está el país por dentro.

Los números se vuelven más oscuros cuando se profundiza. El 47,6% de los españoles reconoce haber sufrido ataques de pánico o ansiedad. El 42% ha pasado por una depresión. El 36,9% ha experimentado ansiedad prolongada. Pero lo más grave está en los números que hablan de daño real: el 14,5% de la población ha tenido ideas suicidas o ha intentado quitarse la vida. En el grupo de jóvenes de 18 a 24 años, esas cifras se disparan hasta el 31,8% en ideas o intentos de suicidio, y el 30,7% ha recurrido a autolesiones. El 74,7% de los españoles cree que la salud mental ha empeorado en los últimos años.

Las causas que la gente identifica son claras y concretas: las dificultades económicas encabezan la lista con el 91,4% de menciones, seguidas por la incertidumbre sobre el futuro (89%) y el estrés diario, la presión y las exigencias constantes (88,8%). La pandemia sigue siendo un factor, pero también aparece algo más profundo: la sensación de vivir en una sociedad cada vez más individualista y competitiva. Los jóvenes menores de 24 años son los que peor evalúan su propia salud mental; solo el 30% de ellos considera que está bien.

El sistema de salud mental está desbordado. Solo el 26,2% de la población accede actualmente a un especialista: el 20,8% a psicología y el 17,6% a psiquiatría. Ante esta escasez de profesionales, lo que ocurre es una medicalización por defecto. El 18,9% de los adultos consume psicofármacos, y el 73% de ellos lo hace a diario. Los ansiolíticos son los más utilizados (61,9%), seguidos de antidepresivos (47,2%). Más del 90% los toma bajo prescripción médica. El problema es quién los prescribe: el 55,1% de las veces es el médico de Atención Primaria, no un especialista. Nel González, presidente de la Confederación Salud Mental España, lo expresó sin rodeos: la falta de psicólogos y psiquiatras obliga a medicar a los pacientes porque no hay suficientes profesionales para ofrecer la terapia que necesitan.

El perfil de quienes sufren estos problemas tiene características claras. La edad promedio del primer diagnóstico es los 26 años. El 61,3% de las personas diagnosticadas son mujeres, frente al 38,3% de hombres. Los detonantes más comunes son los problemas en las relaciones familiares (36,3%) y la autoexigencia en el trabajo o los estudios (32,4%). Cuando llega el tratamiento, el 57,1% se basa en medicamentos, el 47,6% en psicoterapia y el 27,4% en programas sociales de apoyo.

Lo que revela el informe sobre la hospitalización psiquiátrica es particularmente inquietante. Una de cada cinco personas diagnosticadas con un problema de salud mental ha sido ingresada en un área de psiquiatría. De esas personas hospitalizadas, el 60,1% fue ingresado de forma involuntaria. El 40,3% dice que recibió poca o ninguna información clara sobre su trastorno. El 46,3% afirma que no le explicaron adecuadamente los efectos secundarios de la medicación. El 48,1% nunca supo qué tratamientos alternativos existían.

La población española es consciente de que algo falla. El 67,8% pide que aumente el número de profesionales de salud mental. El 48,7% demanda continuidad en el tratamiento con el mismo profesional. El 46,4% quiere más centros de salud mental. En el plano social, el 58% pide medidas contra el estrés laboral y el acoso. El 51,3% reclama iniciativas comunitarias para combatir la soledad. El 48% aboga por programas de prevención en las escuelas. Lo que está claro es que España sabe dónde duele, pero aún no ha encontrado cómo curarse.

La falta de profesionales de salud mental lleva a la medicalización de los pacientes para encauzar la problemática y paliar síntomas
— Nel González, presidente de la Confederación Salud Mental España
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué el informe insiste tanto en que los jóvenes están peor que el resto?

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Porque los números no mienten. Solo el 30% de los menores de 24 años cree que su salud mental es buena. Y cuando hablas de ideas suicidas o autolesiones, esa cifra sube al 31,8% y 30,7% respectivamente. Es casi una de cada tres personas en ese grupo.

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¿Crees que la pandemia es la culpa principal?

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El informe la menciona, pero no es lo primero. Lo primero es el dinero: el 91,4% señala las dificultades económicas. Luego la incertidumbre. La pandemia está ahí, pero parece que lo que realmente quiebra a la gente es la sensación de que no hay futuro seguro y que la sociedad es cada vez más competitiva.

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Entonces ¿por qué tanta gente toma psicofármacos si el problema es económico y social?

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Porque no hay otra opción disponible. Solo el 26% accede a un psicólogo o psiquiatra. El resto va al médico de cabecera, que prescribe una pastilla porque es lo que puede hacer en quince minutos. Nel González lo dijo claramente: es medicalización por falta de profesionales, no porque sea la mejor solución.

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¿Qué significa que el 60% de los hospitalizados fueron ingresados de forma involuntaria?

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Significa que llegaron al punto de crisis. Y lo más preocupante es que después, el 48% dice que nadie le explicó qué otras opciones de tratamiento existían. Fueron medicados sin entender realmente qué les pasaba ni qué alternativas había.

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¿Qué pide la gente que se haga?

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Lo obvio: más psicólogos, más psiquiatras, más centros. Pero también cosas más profundas: menos estrés laboral, menos soledad, educación sobre salud mental desde la escuela. Entienden que el problema no es solo médico, es social.

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¿Hay esperanza en estos números?

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La hay en que la gente lo ve claro. El 74,7% sabe que algo está mal. Eso es el primer paso. El problema es que saber no es lo mismo que poder cambiar.

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