El sistema inmunitario despierta, aprende a atacar el tumor
Cada año, miles de españoles reciben un diagnóstico que hasta hace poco significaba pocas opciones y escasa esperanza. El cáncer de riñón, con más de nueve mil nuevos casos previstos en España para 2026, atraviesa hoy una transformación terapéutica profunda: la inmunoterapia y los fármacos antiangiogénicos han reescrito el pronóstico de una enfermedad que afecta principalmente a hombres en la sexta década de vida. Lo que la ciencia está aprendiendo sobre la biología tumoral no solo alarga la supervivencia, sino que empieza a personalizar el tratamiento como nunca antes.
- Con 9.165 diagnósticos esperados en 2026 y 2.189 fallecidos solo en 2024, el cáncer renal sigue siendo una carga humana y sanitaria de primer orden en España.
- Durante décadas, la cirugía fue casi la única respuesta; hoy, la llegada de la inmunoterapia y los antiangiogénicos ha roto ese límite y abierto un abanico de combinaciones terapéuticas antes impensables.
- Pembrolizumab se ha consolidado como referencia tras la cirugía en pacientes de alto riesgo, respaldado por cinco años de datos que muestran beneficios reales en supervivencia global.
- Nuevas combinaciones como belzutifan con lenvatinib prometen avanzar aún más, aunque la toxicidad y la falta de datos maduros de supervivencia global exigen cautela.
- El siguiente horizonte es la medicina de precisión: biomarcadores moleculares y ADN tumoral circulante que permitan elegir el tratamiento exacto para cada paciente concreto.
Este año, más de nueve mil españoles recibirán un diagnóstico de cáncer de riñón —9.165 casos según la Sociedad Española de Oncología Médica—, siendo el octavo tumor más frecuente del país y afectando casi el doble a hombres que a mujeres, generalmente entre los 60 y los 65 años. En 2024, la enfermedad causó 2.189 fallecimientos. Sin embargo, los especialistas hablan hoy de una auténtica revolución terapéutica.
Hace apenas unos años, la cirugía era prácticamente la única opción para los tumores localizados y los pacientes con enfermedad avanzada tenían escasas alternativas. La llegada de los fármacos antiangiogénicos —que bloquean los vasos sanguíneos que nutren el tumor— y posteriormente de la inmunoterapia cambió ese panorama de forma radical. El conocimiento de la vía biológica VHL-HIF-VEGF, central en el carcinoma de células claras —que representa entre el 70 y el 80 por ciento de los casos—, abrió la puerta a terapias dirigidas cada vez más precisas.
Uno de los avances más significativos es el de pembrolizumab como tratamiento adyuvante tras la cirugía. Los datos a cinco años del estudio Keynote-564 lo consolidan como referencia en pacientes con alto riesgo de recaída, al demostrar beneficios tanto en supervivencia libre de enfermedad como en supervivencia global. El estudio Litespark-022 ha explorado combinarlo con belzutifan, mostrando mejoras prometedoras aunque con mayor toxicidad y datos de supervivencia global aún preliminares.
En la enfermedad avanzada, las combinaciones de inmunoterapia con antiangiogénicos —pembrolizumab más axitinib, nivolumab más cabozantinib, pembrolizumab más lenvatinib— se han convertido en opciones de primera línea. Belzutifan, inhibidor oral de HIF-2α ya autorizado en Europa, abre nuevas vías en líneas posteriores de tratamiento.
Un factor que ha mejorado el pronóstico general es la detección incidental: muchos tumores se descubren hoy durante pruebas de imagen realizadas por otros motivos, lo que permite intervenir en fases más tempranas. El gran desafío que queda es la medicina de precisión: identificar biomarcadores moleculares, analizar ADN tumoral circulante y perfiles transcriptómicos para personalizar cada decisión terapéutica. Los expertos subrayan además que el acompañamiento psicosocial y el trabajo multidisciplinar son tan esenciales como los fármacos para quienes conviven con la enfermedad.
Este año, más de nueve mil españoles recibirán un diagnóstico de cáncer de riñón. La cifra exacta es 9.165 casos, según el informe que la Sociedad Española de Oncología Médica acaba de publicar coincidiendo con el Día Mundial de la enfermedad. De ellos, 6.263 serán hombres y 2.902 mujeres. Es el octavo tumor más frecuente en el país, responsable de aproximadamente el 3 por ciento de todos los diagnósticos oncológicos. La enfermedad típicamente aparece entre los 60 y los 65 años, y afecta a los hombres con una frecuencia casi el doble que a las mujeres. En 2024, dejó 2.189 fallecidos en España.
Pero hay una razón para la esperanza en estos números. Durante las últimas décadas, el tratamiento del cáncer renal ha experimentado una transformación tan profunda que los especialistas hablan de revolución terapéutica. Hace apenas unos años, la cirugía era prácticamente la única opción para los tumores localizados, y quienes padecían la enfermedad avanzada tenían pocas alternativas. Hoy el panorama es completamente distinto. La llegada de los fármacos antiangiogénicos —capaces de bloquear la formación de nuevos vasos sanguíneos que alimentan el tumor— y posteriormente de la inmunoterapia, ha cambiado de forma significativa cómo evoluciona la enfermedad en los pacientes.
Uno de los hitos más relevantes se ha producido en el tratamiento adyuvante, el que se administra después de la cirugía para reducir el riesgo de que el cáncer reaparezca. Pembrolizumab se ha consolidado como el primer fármaco que ha demostrado beneficios tanto en supervivencia libre de enfermedad como en supervivencia global en pacientes con alto riesgo de recaída. Los datos actualizados a cinco años del estudio Keynote-564 refuerzan su papel como tratamiento de referencia en pacientes seleccionados. Más recientemente, el estudio Litespark-022 ha evaluado la combinación de pembrolizumab con belzutifan frente a pembrolizumab en solitario, mostrando una mejora significativa en la supervivencia libre de enfermedad, aunque los datos de supervivencia global aún son preliminares y se ha observado un aumento relevante de la toxicidad.
Este progreso no es casualidad. El conocimiento cada vez más profundo de la biología del carcinoma renal de células claras —que representa entre el 70 y el 80 por ciento de todos los casos— ha permitido identificar mecanismos clave en el desarrollo tumoral. La vía VHL-HIF-VEGF, responsable de estimular la formación de vasos sanguíneos que favorecen el crecimiento, fue el primer descubrimiento que abrió la puerta al desarrollo de terapias dirigidas contra el factor VEGF y sus receptores. A esta estrategia se ha sumado la inmunoterapia moderna, basada en inhibidores de puntos de control inmunitario como PD-1, PD-L1 y CTLA-4, que ha logrado respuestas más eficaces y duraderas que los tratamientos inmunológicos de décadas anteriores. Belzutifan, un inhibidor oral de HIF-2α que actúa directamente sobre una de las vías biológicas centrales de la enfermedad, representa otro avance reciente. Actualmente está autorizado en Europa para pacientes con enfermedad avanzada previamente tratados con inmunoterapia y terapias antiangiogénicas.
En la enfermedad avanzada, la elección del tratamiento depende de múltiples factores: el estado general del paciente, la carga tumoral y el perfil pronóstico. Las combinaciones de inmunoterapia y fármacos antiangiogénicos —pembrolizumab más axitinib, nivolumab más cabozantinib, pembrolizumab más lenvatinib— se han consolidado como algunas de las opciones más eficaces en primera línea. También mantiene un papel destacado la combinación de doble inmunoterapia con nivolumab e ipilimumab, especialmente en pacientes con pronóstico intermedio o desfavorable. En líneas posteriores de tratamiento, nuevas estrategias como belzutifan combinado con lenvatinib están mostrando resultados prometedores.
Una circunstancia ha ayudado a mejorar el pronóstico general: una parte importante de los tumores se detecta actualmente de forma incidental durante pruebas de imagen realizadas por otros motivos médicos. Esta detección accidental ha permitido identificar más casos en fases tempranas, mejorando las posibilidades de tratamiento y supervivencia. Aunque la mayoría de los avances se han producido en el carcinoma de células claras, los especialistas subrayan la necesidad de seguir investigando en los tumores renales no células claras, que constituyen un grupo heterogéneo con menos opciones terapéuticas. Estudios recientes han mostrado resultados alentadores con combinaciones basadas en inmunoterapia y terapias dirigidas para algunos de estos subtipos.
El siguiente gran desafío es la medicina de precisión. Los investigadores trabajan en identificar biomarcadores que permitan seleccionar el tratamiento más adecuado para cada paciente. Se investigan marcadores moleculares, análisis transcriptómicos, ADN tumoral circulante y biomarcadores séricos como KIM-1, con el objetivo de avanzar hacia una oncología más personalizada. Más allá de los tratamientos farmacológicos, los expertos recuerdan la importancia de abordar las necesidades emocionales de los pacientes y sus familias. El acompañamiento psicosocial, la participación en ensayos clínicos, la información rigurosa y el trabajo multidisciplinar son elementos clave para mejorar la calidad de vida de quienes conviven con la enfermedad. Los especialistas coinciden en que los avances registrados en los últimos años han transformado por completo el panorama del cáncer renal, permitiendo ofrecer tratamientos más eficaces, personalizados y capaces de prolongar tanto la supervivencia como la calidad de vida.
Citações Notáveis
Los avances registrados en los últimos años han transformado por completo el panorama del cáncer renal, permitiendo ofrecer tratamientos más eficaces, personalizados y capaces de prolongar tanto la supervivencia como la calidad de vida de los pacientes.— Especialistas de la Sociedad Española de Oncología Médica
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué el cáncer de riñón se detecta tan a menudo de forma accidental?
Porque muchas de estas pruebas de imagen —tomografías, resonancias— se hacen por otras razones médicas. El tumor aparece casi por sorpresa en la pantalla. Y eso, paradójicamente, es bueno: significa que lo atrapamos antes de que cause síntomas.
¿Qué cambió exactamente cuando llegó la inmunoterapia?
Durante años, el cuerpo simplemente no podía defenderse del tumor. La inmunoterapia despierta el sistema inmunitario, le enseña a reconocer y atacar las células cancerosas. Es como quitarle un freno al cuerpo.
Pembrolizumab parece ser la estrella aquí. ¿Por qué es tan importante?
Porque fue el primero en demostrar que después de la cirugía, si das este fármaco, la gente vive más tiempo sin que el cáncer reaparezca. Y eso es enorme. Cambió lo que esperamos de un tratamiento adyuvante.
¿Qué pasa con los pacientes que ya han recibido otros tratamientos?
Ahí es donde entran fármacos como belzutifan. Actúa sobre una vía biológica diferente. Si el primer tratamiento no funcionó, tienes otra opción. Y luego otra combinación más.
¿Esto significa que el cáncer de riñón ya no es una sentencia de muerte?
No es una sentencia. Es una enfermedad crónica que ahora podemos controlar mejor, prolongar la vida, mejorar cómo vive el paciente. Pero todavía hay mucho por hacer, especialmente en los tipos de cáncer renal que no son de células claras.