Campylobacter hepaticus causa enfermedad hepática moteada en ponedoras con alta mortalidad

La enfermedad causa mortalidad en gallinas ponedoras y pérdidas económicas significativas en producción de huevos.
La bacteria persiste incluso cuando se usan antibióticos
Los estudios de la Universidad de Georgia muestran que la clortetraciclina reduce lesiones pero no elimina la infección ni previene su transmisión.

En las granjas avícolas donde las gallinas ponedoras buscan su sustento en libertad, una bacteria silenciosa llamada Campylobacter hepaticus está dejando hígados moteados y producción de huevos en caída. Investigadores de la Universidad de Georgia han confirmado que ninguna raza escapa a la infección, y que los antibióticos disponibles, aunque alivian el daño visible, no logran expulsar al patógeno ni detener su paso de ave en ave. Es la historia de una enfermedad que, una vez instalada en una parvada, tiende a quedarse.

  • Campylobacter hepaticus destruye el tejido hepático de las gallinas ponedoras en pleno pico de producción, disparando la mortalidad y desplomando la postura de huevos.
  • Las razas Rhode Island Red y Rhode Island White sufren las lesiones más graves, pero ningún tipo de ave —ni siquiera los pollos de engorde— resulta inmune a la infección.
  • La clortetraciclina reduce el daño visible en el hígado, pero más de la mitad de las aves tratadas siguen albergando la bacteria, y las aves sanas expuestas a ellas también se infectan.
  • La transmisión horizontal persiste incluso bajo tratamiento antibiótico, lo que convierte a C. hepaticus en un huésped casi permanente una vez que penetra en una parvada.
  • Los productores enfrentan pérdidas económicas continuas sin una solución definitiva a la vista, lo que exige medidas de control más agresivas que el uso puntual de antibióticos.

Una bacteria llamada Campylobacter hepaticus está causando estragos silenciosos en parvadas de gallinas ponedoras: deja el hígado cubierto de lesiones moteadas, eleva la mortalidad y reduce drásticamente la producción de huevos. Investigadores de la Universidad de Georgia presentaron sus hallazgos en la reunión anual de 2025 de la Asociación Americana de Patólogos Aviares, revelando un panorama más complejo y preocupante de lo esperado.

Catherine Logue y su equipo expusieron a distintas dosis de la bacteria a cinco tipos de aves —Rhode Island White, Rhode Island Red, White Leghorn, reproductoras de pollos de engorde y pollos de engorde— para determinar si todas eran igualmente vulnerables. Los resultados mostraron diferencias claras: las Rhode Island Red y Rhode Island White desarrollaron las lesiones hepáticas más graves, mientras que las White Leghorn y los pollos de engorde presentaron daños menores y tasas de infección de entre 40 y 50 por ciento. Las razas Rhode Island y las reproductoras superaron el 80 por ciento de prevalencia. Aun así, la enfermedad se reprodujo experimentalmente en todos los grupos, confirmando que ninguna raza está a salvo.

La segunda parte de la investigación, liderada por Roel Becerra y Logue, buscó responder qué ocurre tras la infección y si los antibióticos pueden resolver el problema. Ochenta gallinas ponedoras fueron inoculadas con C. hepaticus; dieciséis días después, la mitad recibió clortetraciclina durante cinco días y la otra mitad no recibió tratamiento. También se introdujeron aves centinela —no infectadas— en ambos grupos para medir la transmisión.

Los resultados fueron desalentadores: las aves sin tratamiento mantuvieron lesiones persistentes, y aunque la clortetraciclina redujo significativamente el daño hepático, más del 50 por ciento de las aves tratadas seguían siendo positivas para la bacteria. Más grave aún, las aves centinela expuestas a los grupos tratados también resultaron infectadas, demostrando que el antibiótico no frena la transmisión horizontal.

La conclusión es incómoda: una vez que Campylobacter hepaticus entra en una parvada —especialmente en sistemas de crianza en libertad, donde el contacto entre aves es constante—, es probable que permanezca. Los antibióticos alivian síntomas pero no ofrecen una solución definitiva, lo que obliga a los productores a pensar en estrategias de control más integrales para contener las pérdidas económicas.

Una bacteria llamada Campylobacter hepaticus está causando estragos en las parvadas de gallinas ponedoras, provocando una enfermedad que deja el hígado moteado de lesiones y que mata aves mientras reduce drásticamente la producción de huevos. Investigadores de la Universidad de Georgia han estado estudiando cómo esta enfermedad se comporta en diferentes razas y qué tan bien responden al tratamiento, y sus hallazgos, presentados en la reunión anual de 2025 de la Asociación Americana de Patólogos Aviares, revelan un panorama complejo y preocupante.

Catherine Logue y sus colegas diseñaron un experimento para entender si todas las razas de ponedoras eran igualmente vulnerables a la infección. Tomaron cinco tipos diferentes de aves —Rhode Island White, Rhode Island Red, White Leghorn, reproductoras de pollos de engorde y pollos de engorde— y expusieron a treinta aves de cada tipo a distintas dosis de Campylobacter hepaticus. Las aves fueron alojadas en condiciones idénticas y monitoreadas cuidadosamente. En intervalos posteriores a la exposición, los investigadores sacrificaban grupos de aves para examinar sus hígados, buscar lesiones características y confirmar la presencia de la bacteria mediante análisis histopatológico, cultivo bacteriológico y PCR.

Los resultados mostraron diferencias claras entre las razas. Las Rhode Island Red y Rhode Island White desarrollaron las lesiones hepáticas más graves, mientras que las White Leghorn mostraron lesiones significativamente menos severas. Las reproductoras de pollos de engorde y los pollos de engorde presentaron puntuaciones de lesión comparables a las White Leghorn. Sin embargo, cuando los investigadores analizaron la presencia de la bacteria en los tejidos, encontraron que las Rhode Island Red, Rhode Island White y las reproductoras de pollos de engorde tenían tasas de prevalencia similares, con más del 80 por ciento de las aves positivas para la bacteria. Las White Leghorn y los pollos de engorde mostraron prevalencia menor, entre 40 y 50 por ciento. Lo importante es que la enfermedad pudo reproducirse experimentalmente en todos los tipos de aves, confirmando que todas las razas son susceptibles a la infección.

Pero la pregunta más urgente para los productores es qué sucede después de la infección. ¿Se recuperan las aves? ¿Desaparecen las lesiones? Roel Becerra y Catherine Logue abordaron estas preguntas en un segundo estudio. Utilizaron 115 gallinas ponedoras de 24 semanas de edad. Ochenta de ellas recibieron tres dosis orales de Campylobacter hepaticus en días consecutivos. Dieciséis días después de la inoculación, dividieron a las aves infectadas en dos grupos: uno recibió clortetraciclina, un antibiótico común en la alimentación avícola, durante cinco días, mientras que el otro grupo no recibió tratamiento. También agregaron gallinas centinela —aves no infectadas— a ambos grupos para ver si la bacteria se transmitía entre aves.

Los hallazgos fueron desalentadores para quienes esperaban que los antibióticos resolvieran el problema. En las aves que no recibieron tratamiento, las lesiones hepáticas persistieron. En las aves tratadas con clortetraciclina, las lesiones fueron significativamente menos graves, lo que sugiere que el antibiótico ayuda a reducir el daño. Pero aquí está el problema: la clortetraciclina no eliminó la infección. Más del 50 por ciento de las aves tratadas seguían siendo positivas para la bacteria cuando se analizaron sus muestras. Peor aún, las gallinas centinela que fueron expuestas a las aves tratadas también resultaron positivas, lo que significa que el antibiótico no previno la transmisión horizontal de la enfermedad de un ave a otra.

Esto apunta a una realidad incómoda: Campylobacter hepaticus persiste en las parvadas incluso cuando se usan antibióticos. La enfermedad causa lesiones hepáticas multifocales que reducen la producción de huevos y aumentan la mortalidad, especialmente durante el pico de producción cuando las aves están bajo mayor estrés. Afecta principalmente a aves en sistemas de crianza en libertad, donde la transmisión entre aves es más probable. Y aunque los antibióticos pueden aliviar algunos de los síntomas, no ofrecen una solución definitiva. Para los productores, esto significa que una vez que Campylobacter hepaticus entra en una parvada, es probable que permanezca allí, causando pérdidas económicas continuas a menos que se implementen medidas de control más agresivas.

Las lesiones hepáticas persistieron en las aves que no recibieron clortetraciclina, pero incluso en las aves tratadas, la bacteria no fue eliminada
— Investigadores de la Universidad de Georgia, Roel Becerra y Catherine Logue
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Inventor

¿Por qué esta bacteria afecta más a las Rhode Island que a las White Leghorn si todas las razas pueden infectarse?

Model

Es una pregunta que los investigadores aún están trabajando para responder completamente. Lo que sabemos es que aunque todas las razas desarrollan la enfermedad cuando se exponen, algunas parecen montar una respuesta más severa. Podría ser una diferencia en cómo sus sistemas inmunológicos reaccionan, o quizás en cómo sus hígados procesan la infección. Pero la bacteria se establece en todas ellas.

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Si el antibiótico reduce las lesiones pero no mata la bacteria, ¿qué está haciendo exactamente?

Model

Probablemente está controlando la inflamación y permitiendo que el hígado se recupere parcialmente. Pero la bacteria sigue allí, escondida, capaz de volver a causar daño. Y como vimos, sigue siendo transmisible a otras aves, incluso después del tratamiento.

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Entonces, ¿cuál es el verdadero costo económico aquí?

Model

Es doble. Primero está la mortalidad directa de las aves. Pero más importante para un productor es la caída en la producción de huevos. Una parvada infectada simplemente no produce al mismo nivel. Y si la bacteria persiste, esa pérdida de producción continúa semana tras semana.

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¿Hay algo en estos estudios que sugiera cómo un productor podría prevenir esto?

Model

Eso es lo que falta. Estos estudios nos dicen qué sucede cuando la bacteria entra, pero no nos dicen cómo mantenerla fuera. Probablemente tenga que ver con bioseguridad estricta y manejo de aves en libertad, pero eso requiere más investigación.

Inventor

¿Y si una parvada ya está infectada?

Model

Basándose en estos datos, parece que tienes que aceptar que la bacteria va a estar allí. El antibiótico puede ayudar a reducir el daño, pero no va a eliminarla. Así que el enfoque probablemente debería ser en minimizar el estrés de las aves y optimizar todo lo demás para que puedan producir a pesar de estar infectadas.

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