Bukele defiende reelección indefinida y compara a El Salvador con democracias europeas

La gestión de Bukele enfrenta acusaciones de violaciones masivas de derechos humanos y concentración del poder, aunque mantiene altos niveles de seguridad ciudadana.
Cada pueblo elige su propio camino, pero el camino elegido aquí fue acelerado
Bukele defiende su reforma constitucional como expresión de voluntad democrática, aunque fue aprobada sin debate previo en una sola sesión legislativa.

En El Salvador, el presidente Nayib Bukele defiende su camino hacia un tercer mandato consecutivo, amparado en una reforma constitucional aprobada en 2025 que amplía los períodos presidenciales y suprime la segunda vuelta electoral. Frente a quienes lo equiparan con líderes autoritarios de la región, Bukele invoca el ejemplo de democracias europeas consolidadas y la legitimidad de una supermayoría legislativa elegida en las urnas. La pregunta que subyace no es solo jurídica, sino filosófica: ¿puede un proceso formalmente democrático producir una concentración de poder que erosione la democracia misma?

  • La reforma constitucional fue aprobada en una sola sesión legislativa en julio de 2025, sin debate previo, por un Congreso dominado por el partido de Bukele, lo que generó alarmas sobre la calidad del proceso.
  • Organizaciones internacionales como WOLA colocaron a El Salvador en el mismo grupo que Venezuela y Nicaragua, desatando una disputa pública sobre la naturaleza del régimen salvadoreño.
  • Bukele contraatacó con una lista de democracias europeas que permiten reelección indefinida, argumentando que la comparación desfavorable responde a sesgos ideológicos y no a los hechos.
  • Mientras el mandatario ganó sin competencia aparente las primarias internas de Nuevas Ideas, las elecciones presidenciales se adelantaron a febrero de 2027, con su candidatura formal prevista entre octubre y noviembre de 2026.
  • El Salvador exhibe logros reales en seguridad ciudadana, pero acumula acusaciones de violaciones masivas de derechos humanos y una concentración del poder ejecutivo que tensiona el estado de derecho.

El presidente salvadoreño Nayib Bukele salió esta semana a defender su búsqueda de un tercer mandato consecutivo, argumentando que la reforma constitucional que lo hace posible fue aprobada legítimamente por el Congreso y expresa la voluntad democrática del pueblo. La polémica estalló cuando la presidenta de WOLA, Carolina Jiménez Sandoval, agrupó a El Salvador junto a Venezuela y Nicaragua como países con reelección indefinida, insinuando que Bukele se sumaba a un club de gobiernos autoritarios.

Bukele respondió con una extensa lista de democracias europeas —entre ellas Alemania, Reino Unido, Suecia y Suiza— que también permiten la reelección sin límite, y subrayó que ningún organismo multilateral ni país alguno ha cuestionado la transparencia de sus procesos electorales. En un segundo mensaje, recordó que la reforma fue aprobada por una supermayoría legislativa elegida en las urnas y observada por miles de veedores internacionales.

La reforma en cuestión fue adoptada el 31 de julio de 2025 en una sola sesión, sin debate previo. El Congreso, controlado por Nuevas Ideas, modificó varios artículos constitucionales para ampliar el mandato presidencial de cinco a seis años, eliminar la segunda vuelta electoral y adelantar los comicios a febrero de 2027. Bukele ya había asumido su segundo período en junio de 2024, cuando la Constitución original aún lo prohibía.

El lunes, Nuevas Ideas anunció que Bukele, de 42 años, ganó las primarias internas sin competencia aparente. El siguiente paso es inscribir su candidatura ante el Tribunal Supremo Electoral entre octubre y noviembre de 2026. El mandatario sostiene que los salvadoreños reformaron su Constitución mediante una fiesta cívica, a diferencia de otros países que lo hicieron a través de guerras o golpes de Estado.

Sin embargo, su gestión enfrenta críticas de fondo: aunque la violencia se redujo de manera notable, su administración acumula acusaciones de violaciones masivas de derechos humanos y una concentración excesiva del poder ejecutivo. Las elecciones de 2027 se celebrarán en un país más seguro, pero donde las preguntas sobre el estado de derecho y las libertades fundamentales siguen sin respuesta clara.

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, salió al paso esta semana de las críticas internacionales sobre su búsqueda de un tercer mandato consecutivo, argumentando que la reforma constitucional que lo permite fue aprobada legítimamente por el Congreso y reflejó la voluntad democrática del pueblo salvadoreño. La polémica se encendió cuando Carolina Jiménez Sandoval, presidenta de la organización Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), publicó un mensaje en redes sociales agrupando a El Salvador junto a Venezuela y Nicaragua como países con reelección presidencial indefinida, sugiriendo que Bukele se sumaba a un club de gobiernos autoritarios.

Bukele respondió con una lista de democracias europeas consolidadas que también permiten la reelección indefinida: Canadá, Reino Unido, Alemania, Australia, Nueva Zelanda, Irlanda, Italia, Países Bajos, Bélgica, Suecia, Noruega, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Luxemburgo, Austria, Suiza, y Japón, entre otros. El mandatario sugirió que la comparación desfavorable obedecía a una intención de hacer parecer mal su decisión, independientemente de los hechos. En un segundo mensaje, enfatizó que la Constitución fue reformada por una supermayoría legislativa elegida democráticamente por los salvadoreños en las urnas, y que miles de observadores internacionales han presenciado sus procesos electorales sin que ningún organismo multilateral ni país alguno haya cuestionado su transparencia.

La reforma constitucional en cuestión fue aprobada por la Asamblea Legislativa el 31 de julio de 2025 en una sola sesión, sin debate previo ni análisis detallado. El Congreso, dominado por el partido Nuevas Ideas de Bukele, modificó los artículos 75, 80, 133, 152 y 154 de la Constitución, ampliando el período presidencial de cinco a seis años y eliminando la segunda vuelta electoral. Bukele ya asumió su segundo mandato el 1 de junio de 2024, a pesar de que en ese momento la Constitución lo prohibía. Con la reforma, las elecciones presidenciales se adelantaron a febrero de 2027, cuando también se elegirán diputados y alcaldes.

El partido Nuevas Ideas anunció el lunes que Bukele, de 42 años, ganó las primarias internas celebradas el domingo para asegurar la candidatura presidencial para 2027. No hubo aparentemente competencia en ese proceso. Como siguiente paso, Bukele deberá inscribir su candidatura ante el Tribunal Supremo Electoral entre el 1 de octubre y el 19 de noviembre de 2026, según el calendario electoral establecido.

Bukele también argumentó que prácticamente todos los países han modificado sus constituciones en algún momento, pero que en muchos casos esos cambios ocurrieron mediante guerras, golpes de Estado o procesos violentos. En contraste, sostuvo que los salvadoreños realizaron su reforma a través de lo que llamó una fiesta cívica en las urnas. El mandatario enfatizó que cada pueblo elige su propio camino y que ningún organismo internacional de izquierda ni de derecha ha cuestionado la libertad, transparencia y carácter democrático de sus elecciones.

Sin embargo, la gestión de Bukele enfrenta críticas sustanciales. Aunque su administración ha logrado reducir significativamente los niveles de violencia y delincuencia en el país, ha sido acusada de cometer violaciones masivas de derechos humanos y de concentrar excesivamente el poder ejecutivo. Además, la población ha expresado crecientes demandas económicas que no han sido satisfechas. Las elecciones de febrero de 2027 ocurrirán en un contexto donde la seguridad ciudadana es un logro tangible, pero donde las preocupaciones sobre el estado de derecho y las libertades fundamentales permanecen como puntos de tensión significativos.

La Constitución fue reformada por una supermayoría legislativa, otorgada democráticamente por el pueblo salvadoreño en las urnas
— Nayib Bukele, presidente de El Salvador
Países con reelección indefinida en América Latina: Venezuela, Nicaragua, El Salvador. Que quede muy claro en qué club entra ahora Nayib Bukele
— Carolina Jiménez Sandoval, presidenta de WOLA
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué Bukele sintió la necesidad de responder específicamente a WOLA comparándose con democracias europeas?

Model

Porque la comparación con Venezuela y Nicaragua toca un nervio. Esos países son sinónimos de autoritarismo en América Latina. Al listar democracias europeas consolidadas, Bukele intenta reposicionar su reforma como algo normal, no excepcional ni sospechoso.

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Pero la reforma se aprobó en una sola sesión sin debate. ¿Eso no sugiere algo diferente a cómo funcionan esas democracias europeas?

Model

Exactamente. Ahí está la tensión real. Bukele dice que fue democrático porque una supermayoría legislativa lo aprobó, y técnicamente tiene razón. Pero el proceso fue acelerado, sin deliberación pública. Las democracias europeas que menciona tienen sistemas de frenos y contrapesos más robustos.

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¿Qué significa que ganara las primarias sin aparente competencia?

Model

Significa que dentro de su propio partido no hay desafío real a su liderazgo. Eso es diferente a lo que ocurre en democracias consolidadas, donde incluso los candidatos del partido gobernante enfrentan competencia interna genuina.

Inventor

¿Y los derechos humanos? ¿Cómo encaja eso en su defensa?

Model

No encaja. Bukele no los mencionó en su respuesta. Habló de elecciones libres y transparentes, pero las acusaciones de violaciones masivas de derechos humanos son un problema separado que su argumento no toca.

Inventor

¿Qué pasa en octubre de 2026?

Model

Ese es el momento en que Bukele debe inscribir formalmente su candidatura. Entre ahora y entonces, hay tiempo para que ocurran cosas: presión internacional, cambios en la opinión pública, o simplemente el avance hacia lo que parece ser una reelección casi segura.

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¿Entonces la seguridad ciudadana es lo que lo mantiene en el poder?

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Parece ser el factor más importante. Ha reducido la violencia dramáticamente. Para muchos salvadoreños, eso pesa más que las preocupaciones sobre concentración de poder. Es un intercambio que algunos aceptan y otros rechazan profundamente.

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