Bruselas encargará estudio sobre abolir el cambio de hora tras presión de Sánchez

Los ahorros resultan insignificantes, mientras los costes para la salud superan cualquier beneficio
El argumento central de España para abolir el cambio de hora en la Unión Europea, presentado ante el Consejo de Energía.

En el corazón de la gobernanza europea, España ha vuelto a plantear una pregunta que millones de ciudadanos llevan años haciéndose: ¿tiene sentido seguir ajustando los relojes dos veces al año? Pedro Sánchez, apoyado por Polonia y Finlandia, argumenta que el coste humano del cambio de hora supera con creces sus magros beneficios energéticos —apenas seis euros por hogar al año—, y pide a Bruselas que lo elimine en 2026. La Comisión Europea, atrapada entre la demanda ciudadana y la parálisis política de los Estados miembros, ha optado por encomendar un nuevo análisis antes de dar el paso definitivo.

  • España irrumpió en el Consejo de Energía de la UE con una propuesta concreta y fechada: abolir el cambio de hora en 2026, argumentando que sus costes sanitarios eclipsan cualquier ahorro energético.
  • El respaldo de Polonia y Finlandia fue inmediato, pero el silencio del resto de los Estados miembros dibujó una barrera diplomática que, en Bruselas, equivale a un bloqueo encubierto.
  • El debate no es nuevo: en 2018, 4,6 millones de ciudadanos europeos reclamaron el fin del cambio horario, pero la iniciativa legislativa quedó congelada y casi fue retirada a principios de este año.
  • El comisario de Energía, Dan Jørgensen, reconoció que el tema resuena profundamente entre la ciudadanía y anunció un análisis más profundo, señal de que Bruselas no ha cerrado la puerta, aunque tampoco la ha abierto del todo.
  • Para que el cambio sea real, España deberá construir una mayoría cualificada de Estados miembros, convirtiendo este impulso político en una coalición europea lo suficientemente amplia para legislar.

En el Consejo de Energía de la Unión Europea, España presentó esta semana una propuesta con una claridad inusual en la diplomacia comunitaria: abolir el cambio de hora en 2026. El embajador adjunto español, Oriol Escalas, expuso el argumento con precisión casi contable —el ajuste semestral de los relojes genera apenas seis euros de ahorro anual por hogar, mientras que sus costes para la salud y el bienestar ciudadano son incomparablemente mayores.

Detrás de la iniciativa está Pedro Sánchez, que ha decidido posicionarse como impulsor de este cambio en la arena europea. Su argumento central es que el ajuste biológico que exige el cambio de hora afecta negativamente la salud de las personas, y que ningún beneficio energético marginal puede justificarlo. Cuando un jefe de gobierno lleva un asunto al Consejo de Energía, los demás socios tienden a escuchar.

La respuesta fue reveladora en su ambigüedad. Polonia y Finlandia respaldaron la propuesta de inmediato; el representante finlandés fue especialmente explícito sobre los efectos negativos del cambio horario en países con largos períodos de oscuridad. El resto de los Estados miembros guardó silencio, una forma de resistencia pasiva que, en la diplomacia europea, equivale a una barrera considerable.

Este estancamiento no es nuevo. En 2018, una consulta pública de la Comisión Europea reunió 4,6 millones de respuestas ciudadanas, la mayoría favorables al cambio. Aun así, la iniciativa legislativa quedó bloqueada, y a principios de este año Bruselas llegó a considerar retirarla definitivamente.

El comisario de Energía, Dan Jørgensen, respondió con una mezcla de convicción y cautela: la Comisión sigue creyendo que eliminar el cambio de hora es la opción más lógica, pero reconoció que el tema no figura entre las prioridades políticas de la UE, aunque resuena profundamente entre millones de europeos. Su decisión fue pragmática: encargar un análisis más profundo sobre el impacto de la medida, que servirá de base para futuras decisiones.

El camino hacia el cambio sigue siendo largo. Para aprobarlo, España necesita construir una mayoría cualificada de Estados miembros, lo que implica convencer a países que hoy guardan silencio. Lo que ocurra cuando Bruselas presente su análisis determinará si esta propuesta avanza o vuelve a quedar atrapada en el limbo político europeo.

En el Consejo de Energía de la Unión Europea, España lanzó esta semana una propuesta que sorprendió por su claridad: abolir el cambio de hora en 2026. El embajador permanente adjunto español, Oriol Escalas, presentó el argumento ante sus colegas europeos con una precisión casi contable. El cambio de hora genera apenas seis euros de ahorro anual por hogar, explicó. Mientras tanto, los costes para la salud y el bienestar de los ciudadanos superan con creces cualquier beneficio energético que pudiera justificarse.

La iniciativa llegó con el peso del presidente del Gobierno español detrás. Pedro Sánchez ha decidido posicionarse como impulsor de este cambio en la arena europea, argumentando que el ajuste semestral de los relojes daña los ritmos biológicos de las personas y afecta negativamente su salud. No es una cuestión menor en Bruselas: cuando alguien de la envergadura de un presidente de gobierno plantea un tema en el Consejo de Energía, los demás Estados miembros tienden a prestar atención.

La respuesta fue mixta pero reveladora. Polonia y Finlandia respaldaron inmediatamente la propuesta española. El representante finlandés fue explícito: en países con largos períodos de oscuridad, como Finlandia, el cambio de hora produce efectos negativos claros en la salud física de la población. Pero el resto de los Estados miembros guardó silencio. No fue un rechazo abierto, sino una ausencia de apoyo que, en la diplomacia europea, equivale a una barrera considerable.

Esta falta de consenso no es nueva. Bruselas ha estado atrapada en este debate durante años. En 2018, la Comisión Europea lanzó una consulta pública sobre el tema que generó un número récord de respuestas: 4,6 millones de ciudadanos europeos participaron, y la mayoría expresó un fuerte deseo de cambio. Esa cifra debería haber sido suficiente para impulsar una reforma. Sin embargo, cuando llegó el momento de legislar, el bloqueo fue casi total. En febrero de este año, Bruselas incluso consideró retirar su propuesta legislativa ante la imposibilidad de avanzar.

Dan Jørgensen, el comisario de Energía, respondió a la iniciativa española con una posición que mezcla convicción y pragmatismo. La Comisión sigue considerando que poner fin al cambio de hora dos veces al año es la opción más lógica para el futuro, afirmó. Pero reconoció también que aunque este tema no figura entre las principales prioridades políticas de la UE, resuena profundamente entre millones de ciudadanos europeos. Es una admisión importante: Bruselas sabe que hay demanda real para este cambio, pero enfrenta obstáculos políticos que van más allá de la lógica técnica.

La decisión que anunció Jørgensen fue pragmática: la Comisión realizará un análisis más profundo sobre el impacto de abolir el cambio de hora. Este estudio está previsto que comience próximamente y servirá para respaldar futuras decisiones sobre el asunto. Es, en cierto sentido, ganar tiempo mientras se construye una base de evidencia más sólida. Pero también es una señal de que Bruselas no ha abandonado la idea, a pesar de los años de estancamiento.

Para que cualquier cambio se concrete, se necesita mayoría cualificada de los Estados miembros. Eso significa que España, con el apoyo de Polonia y Finlandia, tendrá que convencer a otros países europeos de que los beneficios para la salud justifican el cambio. El camino es largo, pero la iniciativa de Sánchez ha reactivado un debate que parecía congelado. Lo que suceda en los próximos meses, cuando Bruselas presente su análisis, determinará si esta propuesta avanza o vuelve a quedar atrapada en el limbo político europeo.

Estos ahorros resultan insignificantes, mientras que los costes asociados para la salud y el bienestar superan cualquier posible beneficio
— Oriol Escalas, embajador permanente adjunto de España
La Comisión sigue considerando que poner fin al cambio de hora dos veces al año es la opción más lógica de cara al futuro
— Dan Jørgensen, comisario de Energía de la UE
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué España decide liderar esto ahora, después de años de silencio?

Model

Porque Sánchez vio una oportunidad política clara. Millones de ciudadanos europeos ya habían pedido este cambio en 2018. España simplemente decidió convertir esa demanda dormida en una propuesta concreta.

Inventor

Pero si hay 4,6 millones de personas que lo quieren, ¿por qué otros gobiernos no lo apoyan?

Model

Porque los gobiernos no siempre responden a lo que quieren los ciudadanos. Hay intereses económicos, inercia administrativa, y probablemente desacuerdos sobre si el cambio debería ser hacia la hora de verano permanente o la de invierno. Eso divide a los países.

Inventor

¿Realmente importan esos seis euros de ahorro anual?

Model

No importan en absoluto. Ese es precisamente el argumento de España. Si el ahorro es insignificante pero el daño a la salud es real, entonces la lógica dice que hay que cambiar. El problema es que la lógica no siempre gana en Europa.

Inventor

¿Qué cambia ahora con este nuevo estudio?

Model

Bruselas está buscando una rampa de salida del estancamiento. Un estudio profundo puede generar datos que hagan más difícil para los gobiernos seguir diciendo que no. Es una forma de construir presión desde la evidencia.

Inventor

¿Finlandia realmente tiene un problema especial con el cambio de hora?

Model

Sí. En invierno, Finlandia tiene muy pocas horas de luz. Cambiar la hora dos veces al año en un país así afecta más visiblemente los ritmos biológicos. Es un argumento que resuena en países nórdicos de forma diferente que en el sur de Europa.

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