Sin autonomía económica es prácticamente imposible salir de una relación abusiva
El ingreso promedio mensual femenino es S/1.521,9 versus S/2.039,7 en hombres, con disparidades aún mayores en regiones como Piura, Moquegua y Tacna. Solo el 10% de CEOs en empresas importantes son mujeres; aunque representan 54% de empleados financieros, están confinadas a tareas operativas sin acceso a dirección.
- Las mujeres ganan S/1.521,9 mensuales versus S/2.039,7 en hombres (brecha de 25,4%)
- Solo el 10% de CEOs en empresas importantes son mujeres
- La tasa de desempleo femenino es 9,6%, tres puntos más alta que la masculina
- Entre 2015 y 2021, tres mujeres fueron víctimas de feminicidio cada 10 días en Perú
- En 2022, el 58% de personas interesadas en invertir en negocios eran mujeres
Las mujeres peruanas ganan 25.4% menos que los hombres según el INEI, ocupan principalmente puestos operativos y enfrentan mayores tasas de desempleo y precarización laboral.
En Lima Metropolitana, una mujer que trabaja a tiempo completo gana en promedio 518 soles menos cada mes que un hombre en la misma situación. Eso equivale a una brecha del 25,4 por ciento: mientras ellas perciben 1.521,9 soles mensuales, ellos reciben 2.039,7, según datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática. Las cifras son aún más dramáticas en otras regiones del país. En Piura, Moquegua y Tacna, las mujeres ganan apenas el 54, 59 y 60 por ciento respectivamente de lo que perciben los hombres.
Esta disparidad no es accidental. Refleja una segregación ocupacional profunda. Las mujeres se concentran en sectores de menor remuneración: servicios varios (36,4 por ciento) y comercio (27,5 por ciento). Los hombres dominan agricultura, manufactura, transportes y construcción, rubros que pagan significativamente más. En el sector financiero, por ejemplo, las mujeres representan el 54 por ciento de los 62.000 empleados, pero ocupan casi exclusivamente posiciones operativas. Solo el 10 por ciento de los directores ejecutivos en las principales empresas peruanas son mujeres. La pregunta que plantean los especialistas es incómoda: ¿no tienen las mismas capacidades, o simplemente no les dan las oportunidades?
María José Gómez, directora de la Fundación Forge Perú, advierte que esta brecha salarial comunica un mensaje corrosivo: que hay personas de primera categoría y personas de segunda. Lo preocupante es que la desigualdad económica no es solo un problema de justicia laboral. Es también una cuestión de supervivencia. Las mujeres que dependen económicamente de sus parejas tienen menos poder para negociar dentro de relaciones abusivas. Entre 2015 y 2021, tres mujeres fueron víctimas de feminicidio cada diez días en Perú. Sin autonomía económica, escapar de la violencia se vuelve prácticamente imposible. "¿Cómo te vas a divorciar si no eres poseedora de nada?", pregunta Gómez.
La precariedad laboral agrava el cuadro. De los 5 millones 93.000 peruanos empleados en enero de 2023, el 54 por ciento son hombres y el 46 por ciento mujeres. Pero cuando se desglosan los números, aparece una realidad más cruda: el 58 por ciento de los subempleados —aquellos cuyo salario no alcanza para cubrir la canasta básica— son mujeres. La tasa de desempleo femenino es del 9,6 por ciento, tres puntos porcentuales más alta que la masculina. Muchas mujeres buscan trabajo en la economía informal porque ofrece flexibilidad horaria para cuidar hijos o adultos mayores. Pero esa flexibilidad tiene un costo: menos protección legal, menos beneficios, menos estabilidad.
Aún así, hay señales de cambio. En 2022, el 58 por ciento de las personas interesadas en invertir en un negocio propio eran mujeres, según un estudio de la fintech tyba. En el instituto Certus, seis de cada diez estudiantes son mujeres, muchas de ellas enfocadas en negocios y finanzas. Caja Piura otorgó 7.969 créditos a emprendedoras en 2022, la mayoría mayores de 37 años, provenientes de Lima, Lambayeque y Piura. Isabel Espinoza, contadora de 30 años que trabaja en una constructora desde hace más de seis años, representa esta búsqueda de independencia. Aunque está en planilla y goza de beneficios legales, siente que su salario debería ser más alto dado el volumen y la variedad de sus funciones. Su meta es abrir su propio estudio contable, ser su propia jefa. Pero primero debe terminar sus estudios universitarios para poder colegiarse, un proceso que describe como largo.
El Foro Económico Mundial estima que en América Latina la paridad de género en todos los niveles, incluido el salarial, se logrará en 67 años. Eso significa que la generación actual de mujeres jóvenes no vivirá para verlo. El cambio, según Bárbara Castro, profesora de Finanzas de Pacífico Business School, llegará cuando las mujeres ocupen cargos de toma de decisiones. Pero para eso es necesario identificar y desmantelar los obstáculos culturales que las mantienen fuera. En la industria tecnológica, donde la brecha es particularmente pronunciada, algunas empresas ya están desarrollando políticas de contratación equitativa y talleres de deconstrucción de estereotipos de género. El déficit de 300.000 profesionales técnicos anuales en Perú representa una oportunidad real para que más mujeres accedan a sectores dominados históricamente por hombres. La pregunta ahora es si las empresas y la sociedad están dispuestas a romper los patrones que las han mantenido fuera.
Notable Quotes
La brecha salarial deja claro que hay personas de primera y segunda categoría, y también que está vinculada a la capacidad de negociación con la que llegan las mujeres a las relaciones amorosas— María José Gómez, directora de la Fundación Forge Perú
El cambio se va a generar cuando las mujeres podamos estar en cargos de toma de decisiones. Para ello tenemos que saber cuáles son los elementos culturales que nos obstaculizan llegar a estos puestos— Bárbara Castro, profesora de Finanzas de Pacífico Business School
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué una brecha salarial del 25 por ciento importa más allá de lo económico?
Porque el dinero es poder. Si una mujer no controla sus propios ingresos, no controla sus decisiones. No puede irse de una relación abusiva, no puede estudiar lo que quiere, no puede construir el futuro que imagina.
Pero las mujeres representan el 54 por ciento de los empleados en finanzas. ¿No debería eso traducirse en más poder?
Eso es lo irónico. Están ahí, pero en los escalones más bajos. Son mayoría en números, minoría en autoridad. Es como estar en una habitación llena de gente pero sin voz.
¿Qué explica que el 58 por ciento de las mujeres interesadas en invertir quieran emprender?
Tal vez es que ven que el sistema no les va a dar lo que merecen, así que deciden crearse sus propias oportunidades. Es un acto de resistencia disfrazado de ambición.
¿Cree que los estereotipos de género en tecnología son diferentes a los de otros sectores?
No, son los mismos. Solo que en tecnología se disfrazan de objetividad. "Los hombres son mejores en código." "Las mujeres son mejores en atención al cliente." Son los mismos mitos, solo con lenguaje más moderno.
¿Qué pasaría si mañana 50 por ciento de los CEOs fueran mujeres?
La dinámica cambiaría. No porque las mujeres sean mejores líderes, sino porque la cultura de la empresa dejaría de ser exclusivamente patriarcal. Habría otras perspectivas en la mesa cuando se toman decisiones.
¿Es realista esperar paridad en 67 años?
No es realista. Es un fracaso. Significa que aceptamos que tres generaciones más de mujeres vivirán con menos oportunidades, menos dinero, menos libertad. Eso no es un pronóstico, es una condena.