En un mundo golpeado por el proteccionismo, el Mercosur es un baluarte
En Asunción, el canciller brasileño Mauro Vieira compareció ante el Consejo del Mercado Común para celebrar tres décadas de integración que multiplicaron por once el comercio regional, pero también para lanzar una advertencia que pocas veces se pronuncia en voz alta: la unidad de un bloque no se mide solo por sus acuerdos externos, sino por la lealtad silenciosa de sus propios miembros. En un mundo que abraza el proteccionismo, el Mercosur acumula tratados con la Unión Europea, Japón y Canadá, pero enfrenta una grieta interna que amenaza la Tarifa Externa Común y, con ella, la capacidad del bloque de hablar con una sola voz. La paradoja es antigua: los grandes proyectos colectivos suelen fracturarse no desde afuera, sino desde adentro.
- El Mercosur llega a su 68ª reunión ministerial con un historial comercial envidiable —de 4.500 millones a casi 51.000 millones de dólares desde 1991— pero con tensiones internas que contradicen ese éxito.
- Brasil denuncia que uno o más socios del bloque están impulsando iniciativas unilaterales al margen del Consejo de Ministros, socavando la Tarifa Externa Común que da al Mercosur su poder negociador.
- Esas acciones no solo debilitan la arquitectura interna del bloque, sino que envían señales contradictorias a la Unión Europea, Japón, Canadá y otros socios con quienes se negocian o ya se firmaron acuerdos.
- Vieira evitó nombrar al infractor, pero la advertencia pública ante el Consejo convierte una disputa diplomática discreta en una presión política visible sobre todos los miembros.
- La distribución de cuotas arancelarias del acuerdo UE-Mercosur permanece sin resolver, y Brasil exige que cualquier solución respete criterios transparentes y no favorezca a unos socios sobre otros.
- El Mercosur enfrenta su prueba más delicada: sostener la cohesión interna justo cuando su agenda externa alcanza su mayor ambición histórica.
En Asunción, el canciller brasileño Mauro Vieira se presentó ante la 68ª Reunión del Consejo del Mercado Común con un discurso de dos caras. La primera celebraba: desde el Tratado de Asunción hace 35 años, el comercio del bloque saltó de 4.500 millones a casi 51.000 millones de dólares, y el Mercosur acumulaba acuerdos con la Unión Europea, la EFTA, Singapur, y negociaciones activas con Japón, Canadá, Vietnam e India. En un mundo marcado por el proteccionismo, el bloque se presentaba como un refugio de apertura comercial.
La segunda cara era una advertencia. Brasil había tomado conocimiento —a veces por la prensa, a veces por socios regionales— de iniciativas que se gestaban al margen del Consejo de Ministros. Esas acciones, dijo Vieira, atentaban contra el espíritu del Tratado de Asunción y amenazaban la Tarifa Externa Común, el mecanismo que permite al bloque negociar como una sola voz. Peor aún: enviaban señales contradictorias a los países con quienes el Mercosur ya había firmado acuerdos o mantenía negociaciones abiertas.
Vieira no nombró a ningún país, pero el mensaje era inequívoco: alguien dentro del bloque actuaba por su cuenta, comprometiendo la credibilidad externa del Mercosur en el momento en que más necesitaba proyectar unidad. El canciller también señaló que la distribución de cuotas arancelarias del acuerdo con la UE requería una solución negociada, basada en criterios transparentes y equilibrados, sin favoritismos entre miembros.
La pregunta que quedó flotando en la sala era la misma que define el futuro de cualquier proyecto colectivo: ¿puede un bloque sostener su cohesión cuando algunos de sus miembros buscan ventajas propias? Los logros externos eran reales e impresionantes. Pero la capacidad de actuar como bloque —el activo más valioso del Mercosur— estaba en disputa.
En Asunción, el canciller brasileño Mauro Vieira se presentó ante la 68 Reunión del Consejo del Mercado Común con un mensaje dividido: celebrar los logros comerciales del bloque mientras advertía sobre fracturas internas que amenazaban su unidad. El momento, dijo, era paradójico. Hacia afuera, el Mercosur cosechaba victorias diplomáticas. Hacia adentro, algo se resquebrajaba.
Los números que Vieira compartió pintaban un cuadro de expansión sostenida. Desde la firma del Tratado de Asunción hace 35 años, el comercio total del bloque había saltado de 4.500 millones de dólares en 1991 a casi 51.000 millones en 2025. Las exportaciones entre los países miembros crecieron de forma consistente durante el período 2000-2025. Eran cifras que justificaban el optimismo, prueba de que la integración regional funcionaba cuando los gobiernos remaban en la misma dirección.
En el frente externo, el bloque había acumulado acuerdos de envergadura. El más reciente y visible era el tratado con la Unión Europea, firmado en enero de ese año en la misma Asunción. Antes había llegado el acuerdo con la Asociación Europea de Libre Comercio en septiembre de 2025 y el de Singapur en diciembre de 2023. Durante la cumbre presidencial que se realizaría al día siguiente, se lanzaría formalmente la negociación de un acuerdo comercial amplio con Japón. Canadá había completado tres rondas de negociaciones en el primer semestre. Vietnam entraría en conversaciones en agosto. India vería ampliado su acuerdo preferencial. En un mundo atravesado por el proteccionismo, el unilateralismo y la xenofobia, Vieira describía al Mercosur como un baluarte de libertad comercial y de movimiento de personas.
Pero luego vino la advertencia. Brasil había tomado conocimiento, a través de socios regionales y a veces por la prensa, de iniciativas que se gestaban al margen del Consejo de Ministros. Esas iniciativas, según Vieira, atentaban contra el espíritu del Tratado de Asunción y amenazaban el mantenimiento de la Tarifa Externa Común, el mecanismo que permitía que el bloque negociara como una sola voz. No estaban en consonancia con las decisiones que determinaban las negociaciones conjuntas con socios externos. Más grave aún: enviaban una señal equivocada a los países con los cuales el Mercosur ya había firmado acuerdos o mantenía negociaciones activas.
Vieira no nombró explícitamente qué país o países estaban detrás de esas iniciativas unilaterales, pero el mensaje era claro: alguien dentro del bloque estaba actuando por su cuenta. Eso no solo afectaba el funcionamiento interno del Mercosur, sino que comprometía su credibilidad externa en el momento en que más necesitaba proyectar unidad.
El canciller también abordó un asunto técnico pero crucial: la distribución de las cuotas arancelarias previstas en el acuerdo con la Unión Europea. Brasil se declaró dispuesto a continuar negociando una solución con los demás socios, pero insistió en que debía basarse en criterios transparentes, equilibrados y compatibles con los principios de la integración regional. Era una forma diplomática de decir que no aceptaría arreglos que favorecieran a unos miembros sobre otros.
Lo que quedaba sin resolver era la pregunta fundamental: ¿podía el Mercosur mantener su cohesión mientras algunos de sus miembros buscaban ventajas bilaterales? Los números externos eran impresionantes, pero los números internos —la capacidad de actuar como bloque— estaban en juego.
Notable Quotes
El Mercosur atraviesa un momento paradójico: registra importantes resultados en su agenda externa pero enfrenta debates internos sobre el rumbo de la integración— Mauro Vieira, canciller brasileño
Existen iniciativas que atentan contra el espíritu del Tratado de Asunción y amenazan el mantenimiento de la Tarifa Externa Común— Mauro Vieira
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué Vieira destacó tanto los acuerdos externos si lo que realmente lo preocupaba eran los problemas internos?
Porque necesitaba establecer que el Mercosur funciona cuando actúa unido. Los acuerdos con Europa, Japón, Canadá, son prueba de eso. Pero alguien está rompiendo esa unidad desde adentro, y eso invalida todo lo que se logró afuera.
¿Quién está haciendo eso? ¿Lo dijo directamente?
No. Fue deliberadamente vago. Pero cuando un canciller dice que se entera de iniciativas «por la prensa», está señalando que hay gobiernos actuando a espaldas del bloque. Probablemente Paraguay o Uruguay buscando acuerdos bilaterales.
¿Qué es la Tarifa Externa Común y por qué es tan importante?
Es el arancel que el bloque aplica a productos de terceros países. Si cada miembro negocia sus propias excepciones, la tarifa se desmorona y el Mercosur deja de ser un bloque. Se convierte en cuatro países solos.
Entonces los números de comercio que mencionó, ¿son reales o son propaganda?
Son reales. El comercio intrazona creció, los acuerdos externos se firmaron. Pero esos logros dependen de que todos sigan las reglas. Si algunos miembros empiezan a hacer sus propias cosas, esos números empiezan a significar menos.
¿Qué pasa con las cuotas arancelarias del acuerdo con Europa?
Hay que decidir cuánto puede exportar cada país miembro a Europa sin pagar aranceles. Si Brasil se lleva la mayor parte porque es el más grande, los otros se sienten perjudicados. Vieira dice que quiere una solución equilibrada, pero eso es lo difícil de lograr.
¿Esto es una crisis?
No todavía. Es una advertencia. Vieira está diciendo: miren lo que hemos logrado juntos, ahora no lo echen a perder. Pero si esas iniciativas unilaterales continúan, sí puede convertirse en una.