No solo detener la deforestación, sino restaurar los bosques que son fundamentales
En la Cumbre de las Américas, Biden y Harris tendieron un puente entre la urgencia climática y la cooperación hemisférica, presentando una hoja de ruta para que América Latina y el Caribe generen el 70% de su electricidad renovable antes de 2030. La iniciativa, articulada a través de la plataforma RELAC y una alianza caribeña de cuatro pilares, convoca a bancos de desarrollo, capital privado y transferencia de conocimiento bajo la premisa de que ninguna nación puede enfrentar sola la vulnerabilidad climática. Es un gesto que reconoce tanto la magnitud del desafío como la distancia que aún separa los compromisos declarados de los recursos realmente movilizados.
- La crisis climática presiona con huracanes, inundaciones y mercados energéticos volátiles que amenazan la estabilidad de toda la región caribeña y latinoamericana.
- Cinco nuevos países —Guyana, Jamaica, Barbados, Brasil y Argentina— se suman a RELAC, ampliando el frente político pero también la complejidad de coordinar metas tan distintas.
- Harris lanza una alianza caribeña de cuatro pilares que busca cerrar la brecha entre financiamiento disponible y proyectos ejecutables, reconociendo que el capital sin capacidad técnica no alcanza.
- Cuatro bancos de desarrollo regionales se comprometen a movilizar hasta 50.000 millones de dólares en cinco años, mientras EE.UU. aporta 12 millones directos para frenar la deforestación amazónica.
- La iniciativa aterriza en un terreno incierto: la brecha entre objetivos ambiciosos y capacidad real de ejecución sigue siendo la incógnita más grande del horizonte 2030.
En la Cumbre de las Américas, Biden y Harris presentaron una estrategia continental para acelerar la transición energética: que América Latina y el Caribe generen el 70% de su electricidad desde fuentes renovables para 2030. La propuesta no solo apunta a la crisis climática, sino también a la creación de empleos verdes y a blindar la seguridad energética regional frente a mercados globales cada vez más inestables.
El vehículo principal es la plataforma RELAC, que sumó cinco nuevos miembros. Guyana, Jamaica y Barbados adoptarán directamente los objetivos de generación renovable; Brasil y Argentina participarán como colaboradores. Washington se comprometió a financiar cooperación técnica y a trabajar con bancos de desarrollo regionales e instituciones privadas para movilizar los recursos que la transformación exige.
Harris anunció además una alianza específica con el Caribe, estructurada en cuatro pilares: acceso a financiación, inversión en energía limpia, fortalecimiento de capacidades locales y colaboración regional. El marco se alinea con el Acuerdo de París y los ODS de la ONU, reconociendo que la región ya sufre amenazas crecientes de huracanes e inundaciones.
El BID, el CAF, el BDC y el BCIE se comprometieron a invertir hasta 50.000 millones de dólares en cinco años en proyectos climáticos. La administración Biden también flexibilizará criterios de acceso al financiamiento para países golpeados por desastres, entendiendo que la vulnerabilidad climática no siempre coincide con los indicadores económicos tradicionales. En paralelo, 12 millones de dólares irán a Brasil, Colombia y Perú a través de Amazon Connect para reducir deforestación y emisiones vinculadas a cadenas agrícolas.
La estrategia reconoce que el dinero es solo una parte: identificar proyectos viables, transferir conocimiento técnico y formar expertos locales resulta tan crítico como el capital. Aun así, la distancia entre los compromisos declarados y la capacidad real de ejecución regional sigue siendo la pregunta sin respuesta que definirá el verdadero alcance de esta iniciativa.
En la Cumbre de las Américas, el presidente Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris presentaron este jueves una estrategia para acelerar la transición energética del continente, con un objetivo ambicioso pero concreto: que América Latina y el Caribe generen el 70% de su electricidad a partir de fuentes renovables para 2030. La iniciativa busca no solo enfrentar la crisis climática, sino también crear empleos verdes y fortalecer la seguridad energética regional frente a la volatilidad de los mercados globales.
La propuesta estadounidense se articula a través de la plataforma RELAC (Energía Renovable para América Latina y el Caribe), que hasta ahora contaba con 15 miembros. Cinco nuevos países se han sumado al esfuerzo: Guyana, Jamaica y Barbados asumirán directamente los objetivos de generación renovable, mientras que Brasil y Argentina participarán como colaboradores en la plataforma. Washington se compromete a proporcionar apoyo financiero para la cooperación técnica y a trabajar con los bancos de desarrollo regionales, instituciones financieras privadas y otros socios para movilizar recursos adicionales que hagan viable la transformación.
Harris anunció además una alianza específica entre Estados Unidos y los países caribeños, estructurada en cuatro pilares: mejorar el acceso a financiación para el desarrollo; facilitar la inversión en proyectos de energía limpia; fortalecer las capacidades locales; y profundizar la colaboración regional. El marco responde a los compromisos del Acuerdo Climático de París y a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, reconociendo que la región enfrenta amenazas crecientes de huracanes, inundaciones y otros desastres climáticos.
La magnitud del financiamiento requerido es considerable. El Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), el Banco de Desarrollo del Caribe (BDC) y el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) se han comprometido a invertir hasta 50.000 millones de dólares en los próximos cinco años en proyectos climáticos. Estados Unidos está mejorando su coordinación con estas instituciones para atraer capital privado adicional. Además, el Gobierno de Biden está flexibilizando los criterios de acceso al financiamiento para países que enfrentan desastres climáticos, reconociendo que la vulnerabilidad climática no siempre se alinea con los indicadores económicos tradicionales.
La administración Biden subraya que el dinero es solo una parte de la ecuación. Igual de importante es ayudar a identificar proyectos viables, facilitar la capacidad técnica para ejecutarlos y formar expertos en cambio climático que puedan liderar la transición en sus propios países. Este enfoque reconoce que muchas naciones tienen acceso limitado a expertise especializado en energías renovables y que la transferencia de conocimiento es tan crítica como el capital.
En paralelo, Estados Unidos anunció un compromiso más modesto pero directo en la lucha contra la deforestación: 12 millones de dólares para Brasil, Colombia y Perú a través de la iniciativa Amazon Connect. Los fondos se destinarán a reducir la deforestación asociada a la explotación maderera y de materias primas, así como las emisiones de gases de efecto invernadero vinculadas a las cadenas de suministro agrícola. El objetivo es simultáneamente conservar la biodiversidad, mejorar los medios de vida locales e incrementar la resiliencia climática de las comunidades que dependen del bosque.
Un funcionario de la administración Biden enfatizó que la estrategia no se limita a detener la deforestación actual, incluyendo la tala ilegal, sino también a restaurar bosques y ecosistemas que son fundamentales para alcanzar la neutralidad de carbono global en 2050. La propuesta refleja una comprensión de que la Amazonia no es solo un asunto regional, sino un componente crítico del sistema climático planetario.
La iniciativa combina compromisos genéricos a largo plazo con medidas concretas y financiamiento identificable. Sin embargo, la brecha entre los objetivos declarados y los recursos movilizados sigue siendo sustancial, y la capacidad de los gobiernos regionales para ejecutar proyectos a la velocidad requerida permanece como una incógnita central en los próximos años.
Citações Notáveis
No solo se trata de detener la deforestación a nivel mundial, sino también restaurar los bosques y otros ecosistemas que son fundamentales para alcanzar un mundo de emisiones netas cero de carbono en 2050— Alto cargo del Gobierno de Biden
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué Estados Unidos está invirtiendo en energía renovable en América Latina ahora, en este momento específico?
Hay varias capas. Primero, el cambio climático no respeta fronteras, así que una crisis climática en el Caribe o la Amazonia afecta a todos. Pero también hay seguridad energética: si la región depende menos del petróleo importado, es más estable. Y hay oportunidad económica: el mercado de energía limpia es el futuro, y Estados Unidos quiere posicionarse como socio en esa transición.
¿Qué significa realmente que cinco nuevos países se sumen a RELAC? ¿Es un cambio importante o más bien simbólico?
Es ambos. Simbólicamente, muestra que hay momentum, que otros países ven que esto es viable. Pero en términos concretos, significa que Guyana, Jamaica y Barbados ahora tienen un marco internacional que los respalda, acceso a financiamiento coordinado, y presión positiva para cumplir objetivos. Eso es diferente a estar solo.
Los bancos de desarrollo regional van a poner 50.000 millones de dólares. ¿Es suficiente?
No. Es un número grande, pero la transición energética de toda una región requiere inversión masiva en infraestructura. Lo que importa es que es un piso, no un techo. El dinero privado tiene que venir después, atraído por proyectos viables y marcos regulatorios claros.
¿Por qué Estados Unidos solo aporta 12 millones para la Amazonia cuando habla de una crisis climática global?
Porque ese dinero no es para resolver el problema de la deforestación. Es para catalizar, para demostrar compromiso, para financiar iniciativas específicas como Amazon Connect que pueden servir de modelo. El dinero real tiene que venir de Brasil, Colombia, Perú, de sus propios presupuestos y de inversión privada.
¿Cuál es el riesgo de que esto fracase?
Que los gobiernos no tengan la capacidad técnica o política para ejecutar los proyectos rápido. Que el dinero se pierda en burocracia. Que los precios de los combustibles fósiles caigan y hagan menos atractiva la inversión renovable. O que simplemente no haya suficiente voluntad política cuando toque tomar decisiones difíciles sobre tierras, empleos en industrias tradicionales, y cambio estructural.