Bajo el suelo canadiense descubren hidrógeno blanco que revolucionaría la energía limpia

Bajo los pies existe una fuente de energía que ha permanecido sin explotar
La profesora Sherwood Lollar describe el potencial del hidrógeno blanco canadiense como un recurso nacional rentable.

Bajo las antiguas formaciones rocosas de Ontario, Canadá, fluye en silencio un gas que la Tierra ha estado produciendo durante miles de millones de años sin que la humanidad lo aprovechara. Investigadores liderados por la profesora Bárbara Sherwood Lollar confirmaron que el hidrógeno blanco —generado de forma completamente natural mediante procesos químicos en la corteza continental— emerge en volúmenes suficientes para alimentar comunidades enteras. Este hallazgo no es solo un dato científico: es un recordatorio de que la solución a algunas de las crisis más urgentes del presente puede estar literalmente bajo nuestros pies, esperando que aprendamos a escuchar lo que la roca lleva eones susurrando.

  • El mundo busca con urgencia alternativas a los combustibles fósiles, y el hidrógeno blanco irrumpe como una respuesta que no requiere fabricarse: ya existe, fluyendo de manera constante bajo el suelo canadiense.
  • En una sola mina de Ontario se estiman más de 140 toneladas anuales de este gas limpio, suficiente para abastecer a más de 400 hogares durante un año, lo que convierte el hallazgo en algo difícil de ignorar.
  • A diferencia del hidrógeno convencional, cuyo transporte es costoso y complejo, el hidrógeno blanco puede usarse directamente donde se produce, ofreciendo energía descentralizada a industrias y comunidades remotas.
  • La carrera global por la descarbonización ahora tiene un nuevo competidor: un recurso que no se fabrica ni se importa, sino que las propias rocas del territorio generan mediante serpentinización y radiólisis desde tiempos inmemoriales.

Mientras el mundo celebraba el Mundial 2026, investigadores canadienses confirmaban algo que podría pesar más en la historia: bajo el suelo de Ontario fluye hidrógeno blanco, un gas producido de forma completamente natural, sin emisiones ni intervención humana. A diferencia del hidrógeno de laboratorio —que depende de combustibles fósiles—, este emerge de procesos químicos que ocurren en la corteza continental desde hace miles de millones de años.

Lo que transformó la sospecha en certeza fue un estudio exhaustivo en minas canadienses. Los datos revelaron que el gas no aparece en trazas insignificantes: en una sola ubicación de Ontario, la producción anual supera las 140 toneladas, energía suficiente para abastecer a más de 400 hogares durante un año completo. La profesora Bárbara Sherwood Lollar, quien lideró la investigación, fue directa: bajo los pies de Canadá existe una fuente de energía rentable que ha permanecido sin explotar.

El mecanismo es elegante en su simplicidad. Cuando el agua subterránea contacta rocas antiguas, dos procesos actúan en conjunto: la serpentinización transforma minerales y libera hidrógeno, mientras que la radiólisis —impulsada por la radiación natural de las rocas— separa el hidrógeno del oxígeno en las moléculas de agua. Estos procesos han alimentado incluso formas de vida microscópicas en la oscuridad profunda, mucho antes de que la humanidad supiera que existían.

Uno de los mayores atractivos del hidrógeno blanco es su lógica de uso local: dado que estas rocas se distribuyen por gran parte de la corteza continental, comunidades e industrias remotas podrían tener su propia fuente de energía sin importar hidrocarburos. Sherwood Lollar subraya que este recurso ofrece una solución hecha en Canadá, capaz de apoyar centros industriales y reducir dependencias externas.

El descubrimiento llega en un momento en que la carrera global por descarbonizar la economía se intensifica. El hidrógeno blanco no es una promesa lejana: es un flujo permanente que ya ocurre, ahora mismo, en las profundidades. La pregunta que queda no es si puede transformar el futuro energético, sino cuándo comenzará la humanidad a extraerlo en serio.

Mientras el mundo seguía un partido de fútbol en el Mundial 2026, los investigadores canadienses estaban ocupados con otro tipo de descubrimiento. Bajo el suelo de Ontario, en las profundidades de antiguas formaciones rocosas, fluye un gas que podría reconfigurar la manera en que el planeta produce energía. Se llama hidrógeno blanco, y a diferencia de su primo de laboratorio —que requiere combustibles fósiles y deja un rastro de contaminación—, este se genera de forma completamente natural, sin intervención humana, sin emisiones.

Los científicos llevan años sospechando que el hidrógeno natural existe en cantidades significativas bajo tierra. Pero las sospechas no son datos. Lo que cambió fue un estudio exhaustivo en minas canadienses que demostró algo sorprendente: el gas fluye de manera constante y en volúmenes masivos. En una sola ubicación minera en Ontario, los investigadores estimaron una producción anual superior a 140 toneladas. Para ponerlo en perspectiva, esa cantidad de energía podría alimentar a más de 400 hogares durante un año completo. No es una gota en el océano. Es un flujo permanente, renovable, que ha estado ocurriendo durante miles de millones de años sin que nadie lo aprovechara.

La profesora Bárbara Sherwood Lollar, quien lideró la investigación, lo expresó con claridad: bajo los pies de Canadá existe una fuente de energía rentable que ha permanecido sin explotar. El descubrimiento sugiere oportunidades cruciales para acceder a recursos energéticos nacionales producidos por las propias rocas del territorio. No es una promesa lejana. Es algo que ya está sucediendo, ahora mismo, en las profundidades.

El mecanismo detrás de este fenómeno es elegante. Dos procesos químicos trabajan en conjunto cuando el agua subterránea entra en contacto con rocas antiguas. El primero se llama serpentinización: una reacción donde el agua interactúa con minerales específicos de la roca, transformándolos y liberando hidrógeno en el proceso. El segundo es la radiólisis, donde la radiación natural de las rocas rompe las moléculas de agua, separando el hidrógeno del oxígeno. Estos procesos no son nuevos. Han estado ocurriendo durante eones, alimentando incluso formas de vida microscópicas que habitan en la oscuridad profunda, lejos de cualquier luz solar.

Uno de los mayores obstáculos del hidrógeno convencional es su transporte. Moverlo de un lugar a otro es costoso y complejo. Pero el hidrógeno blanco propone un modelo diferente: usar la energía justo donde se produce. Dado que estas rocas se encuentran en gran parte de la corteza continental, muchas industrias y comunidades remotas podrían tener su propia fuente de energía bajo el suelo, sin necesidad de importar combustibles. Sherwood Lollar subraya que este recurso proporciona una solución hecha en Canadá que podría apoyar a los centros industriales locales y reducir su dependencia de importaciones de hidrocarburos.

El interés global por este descubrimiento no es accidental. El mundo busca desesperadamente alternativas para abandonar el petróleo y el carbón, reduciendo así las emisiones de gases de efecto invernadero. El hidrógeno blanco aparece como una pieza fundamental en ese rompecabezas. Existe una carrera global para aumentar la disponibilidad de hidrógeno con el fin de descarbonizar la economía. Gracias a estos nuevos hallazgos, los científicos ahora comprenden mejor la viabilidad económica de este recurso, que puede compararse con depósitos de hidrógeno existentes en todo el mundo, tanto los ya conocidos como los que aún están por descubrir.

Lo que se ve en Canadá hoy es apenas el principio. El descubrimiento sugiere que existe un mapa global de riqueza energética oculta bajo nuestros pies, esperando ser cartografiado y aprovechado. Las rocas antiguas del planeta han estado produciendo este gas limpio durante miles de millones de años. Ahora que sabemos que está ahí, en cantidades significativas y accesibles, la pregunta ya no es si el hidrógeno blanco puede transformar el futuro energético. La pregunta es cuándo comenzaremos a extraerlo.

Los datos de este estudio sugieren que existen oportunidades cruciales sin explotar para acceder a una fuente nacional de energía rentable producida a partir de las rocas que se encuentran bajo nuestros pies
— Profesora Bárbara Sherwood Lollar, líder de la investigación
Proporciona un recurso 'hecho en Canadá' que podría apoyar a los centros industriales locales y regionales y reducir su dependencia de la importación de combustibles a base de hidrocarburos
— Profesora Bárbara Sherwood Lollar
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué este descubrimiento es diferente a otros anuncios sobre hidrógeno limpio que hemos escuchado antes?

Model

Porque no es una promesa de laboratorio. El hidrógeno blanco ya está siendo producido por la Tierra, ahora mismo, sin que nosotros hagamos nada. No necesitamos inventar el proceso. Solo necesitamos aprender a capturarlo.

Inventor

¿Y eso es realmente viable económicamente?

Model

Según los investigadores, sí. Una sola mina en Ontario produce más de 140 toneladas anuales. Eso es suficiente para alimentar cientos de hogares. Si eso se replica en otras ubicaciones, estamos hablando de un recurso masivo.

Inventor

¿Cuál es el verdadero cambio que esto traería?

Model

La descentralización. Hoy, la energía se produce en grandes plantas y se transporta. Con el hidrógeno blanco, las comunidades remotas y las industrias locales podrían tener su propia fuente bajo el suelo. No dependerían de importaciones.

Inventor

¿Hay algún riesgo o limitación que no se menciona?

Model

El estudio se enfoca en el potencial. Lo que falta es la escala industrial real. Saber que existe es una cosa. Extraerlo de manera segura y rentable a nivel mundial es otra.

Inventor

¿Cuánto tiempo crees que pasará antes de que esto cambie la realidad energética?

Model

Eso depende de la inversión y la voluntad política. Pero el hecho de que sea un recurso natural, renovable y limpio, sugiere que la carrera global por descarbonización acelerará su desarrollo.

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